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22 de junio 2017    /   BUSINESS
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¿Se puede ser monógamo sin ser fiel?

22 de junio 2017    /   BUSINESS     por          
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Ser o no ser, he ahí la cuestión. Hay pocos temas que se hayan debatido tanto como la monogamia y la fidelidad y, sin embargo, parece que se sigue sin llegar a un consenso en el que todo el mundo esté de acuerdo.

Es cierto, vivimos en un mundo en el que, salvo excepciones, las parejas monógamas y cerradas, es decir, solo yo contigo y tú conmigo, y a ser posible hasta que la suerte nos separe (aunque sea como un ideal romántico que nos cuesta abandonar, pese a las estadísticas de la realidad), entendiendo que lo tuyo es mío y lo mío es tuyo, siguen siendo el modelo imperante.

Pero precisamente esa es la idea. Que son un modelo. Y no el único modelo.

Porque hay parejas que entienden que son románticamente monógamas, porque comparten su vida con una sola persona, pero no son fieles a un nivel sexual, porque concluyen que amor y sexo no siempre tienen que ser la misma cosa.

Hacerlo como animales

Cuando se abre la caja de pandora sobre el debate de si la monogamia es natural o no, uno de los argumentos más comunes es buscar otros ejemplos en la naturaleza. Es decir, analizar las relaciones de los animales. Y sí, es cierto que hay animales que buscan una pareja para toda la vida, pero eso no quiere decir que no tengan sus escarceos de vez en cuando.

Si bien se considera, por ejemplo, que el 90 % de las aves son monógamas ya que macho y hembra pasan más tiempo juntos, suelen aparearse juntos y colaboran juntos en el cuidado de las crías, es mucho más infrecuente que sean monógamos también en el sexo. Es decir, que se sean fieles desde nuestro punto de vista.

La explicación científica parece sencilla. La «monogamia social» puede ser necesaria para que haya unos padres que se responsabilicen de las crías y así asegurar su supervivencia. Pero la «monogamia sexual» dificultaría la propia evolución porque la idea es aparearse con los mejores genes, y para eso es mejor ir probando variedad y no solo quedarse con el vecino de al lado.

Sin embargo, ¿es todo esto aplicable a las relaciones sentimentales entre personas? Evidentemente, las relaciones humanas son más complejas que las de los animales, pero incluso las de los animales son más complejas que lo que muestran las películas de Disney. Así, en el libro Sexo en la tierra de Jules Howard (Blackie Books) nos enseñaban que el sexo en el mundo animal tiene sus (bastantes) perversiones, por así decirlo.

Sin embargo, hay teorías que explican que la evolución de la monogamia social en el ser humano sí que tiene que ver un poco con esa idea de crear una familia en la que los hijos puedan crecer protegidos. Pese a ello, si a los animales lo de la fidelidad no les ha convencido del todo, parece que a la especie humana tampoco.

Otras formas de entender la pareja

Quizás, parte del problema es que seguimos confundiendo el concepto de monogamia con el de fidelidad. Es decir, que se puede tener una pareja, pero no tiene por qué tenerse solo relaciones sexuales con la misma. Lo aclara la sexóloga Cristina Callao, «el concepto de monogamia hace referencia al compromiso de exclusividad emocional», sin embargo la idea de fidelidad, algo más abstracta según los conceptos de cada uno, «está sujeta a modificaciones internas de la propia pareja».

Así, si cada pareja es un mundo, el concepto de fidelidad de cada una también. Porque, ¿chatear con alguien es ser infiel? ¿No, si no hay webcam? ¿Y estar en Tinder aunque no se quede con nadie? ¿Y un beso tonto que no ha ido a mayores en la cena de la empresa?

Según Callao, «en la actualidad, el concepto y significado de fidelidad ha sufrido una reformulación, y el ser fiel viene determinado por los pactos internos y explícitos que se hacen dentro de la pareja».

Por ello, la sexóloga recuerda que «las parejas son como empresas y, como tales, necesitan hacer explicitas sus necesidades para poder elaborar pactos conjuntos. La comunicación es el motor para que una relación de pareja evolucione. El poder expresar los deseos y llevar a cabo compromisos es fundamental y es el eje diferenciador entre ambas tipologías de pareja».

En este sentido Callao recuerda que aunque es cierto que socialmente haya un modelo establecido sobre lo que entendemos como pareja, en la vida real, lógicamente, hay mucha más diversidad. «Sería muy aburrido que todas las parejas fueran iguales. A parte de las características intrínsecas y necesidades de cada individuo, cada pareja busca y demanda diferentes requisitos».

Igualmente, no olvida recordar que el concepto de monogamia también ha ido variando, ya que ahora no solo hay parejas formadas por dos personas, sino por tres o más, dentro del concepto del «poliamor».

De esta forma la clave está en no dejarse llevar solo  por el diccionario y buscar el modelo que mejor siente a cada uno.

Ser o no ser, he ahí la cuestión. Hay pocos temas que se hayan debatido tanto como la monogamia y la fidelidad y, sin embargo, parece que se sigue sin llegar a un consenso en el que todo el mundo esté de acuerdo.

Es cierto, vivimos en un mundo en el que, salvo excepciones, las parejas monógamas y cerradas, es decir, solo yo contigo y tú conmigo, y a ser posible hasta que la suerte nos separe (aunque sea como un ideal romántico que nos cuesta abandonar, pese a las estadísticas de la realidad), entendiendo que lo tuyo es mío y lo mío es tuyo, siguen siendo el modelo imperante.

Pero precisamente esa es la idea. Que son un modelo. Y no el único modelo.

Porque hay parejas que entienden que son románticamente monógamas, porque comparten su vida con una sola persona, pero no son fieles a un nivel sexual, porque concluyen que amor y sexo no siempre tienen que ser la misma cosa.

Hacerlo como animales

Cuando se abre la caja de pandora sobre el debate de si la monogamia es natural o no, uno de los argumentos más comunes es buscar otros ejemplos en la naturaleza. Es decir, analizar las relaciones de los animales. Y sí, es cierto que hay animales que buscan una pareja para toda la vida, pero eso no quiere decir que no tengan sus escarceos de vez en cuando.

Si bien se considera, por ejemplo, que el 90 % de las aves son monógamas ya que macho y hembra pasan más tiempo juntos, suelen aparearse juntos y colaboran juntos en el cuidado de las crías, es mucho más infrecuente que sean monógamos también en el sexo. Es decir, que se sean fieles desde nuestro punto de vista.

La explicación científica parece sencilla. La «monogamia social» puede ser necesaria para que haya unos padres que se responsabilicen de las crías y así asegurar su supervivencia. Pero la «monogamia sexual» dificultaría la propia evolución porque la idea es aparearse con los mejores genes, y para eso es mejor ir probando variedad y no solo quedarse con el vecino de al lado.

Sin embargo, ¿es todo esto aplicable a las relaciones sentimentales entre personas? Evidentemente, las relaciones humanas son más complejas que las de los animales, pero incluso las de los animales son más complejas que lo que muestran las películas de Disney. Así, en el libro Sexo en la tierra de Jules Howard (Blackie Books) nos enseñaban que el sexo en el mundo animal tiene sus (bastantes) perversiones, por así decirlo.

Sin embargo, hay teorías que explican que la evolución de la monogamia social en el ser humano sí que tiene que ver un poco con esa idea de crear una familia en la que los hijos puedan crecer protegidos. Pese a ello, si a los animales lo de la fidelidad no les ha convencido del todo, parece que a la especie humana tampoco.

Otras formas de entender la pareja

Quizás, parte del problema es que seguimos confundiendo el concepto de monogamia con el de fidelidad. Es decir, que se puede tener una pareja, pero no tiene por qué tenerse solo relaciones sexuales con la misma. Lo aclara la sexóloga Cristina Callao, «el concepto de monogamia hace referencia al compromiso de exclusividad emocional», sin embargo la idea de fidelidad, algo más abstracta según los conceptos de cada uno, «está sujeta a modificaciones internas de la propia pareja».

Así, si cada pareja es un mundo, el concepto de fidelidad de cada una también. Porque, ¿chatear con alguien es ser infiel? ¿No, si no hay webcam? ¿Y estar en Tinder aunque no se quede con nadie? ¿Y un beso tonto que no ha ido a mayores en la cena de la empresa?

Según Callao, «en la actualidad, el concepto y significado de fidelidad ha sufrido una reformulación, y el ser fiel viene determinado por los pactos internos y explícitos que se hacen dentro de la pareja».

Por ello, la sexóloga recuerda que «las parejas son como empresas y, como tales, necesitan hacer explicitas sus necesidades para poder elaborar pactos conjuntos. La comunicación es el motor para que una relación de pareja evolucione. El poder expresar los deseos y llevar a cabo compromisos es fundamental y es el eje diferenciador entre ambas tipologías de pareja».

En este sentido Callao recuerda que aunque es cierto que socialmente haya un modelo establecido sobre lo que entendemos como pareja, en la vida real, lógicamente, hay mucha más diversidad. «Sería muy aburrido que todas las parejas fueran iguales. A parte de las características intrínsecas y necesidades de cada individuo, cada pareja busca y demanda diferentes requisitos».

Igualmente, no olvida recordar que el concepto de monogamia también ha ido variando, ya que ahora no solo hay parejas formadas por dos personas, sino por tres o más, dentro del concepto del «poliamor».

De esta forma la clave está en no dejarse llevar solo  por el diccionario y buscar el modelo que mejor siente a cada uno.

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