27 de septiembre 2018    /   CREATIVIDAD
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Tipografías que imitan la letra manuscrita de Kafka, Warhol y otros grandes artistas

27 de septiembre 2018    /   CREATIVIDAD     por          
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Emular a los grandes autores es el sueño de muchos aficionados a la literatura. Ahora, ese deseo está al alcance de cualquiera mediante las fuentes digitales. Algunas de estas herramientas recrean el modo de escribir de importantes autores, dibujantes o artistas, al menos en lo que a la caligrafía se refiere. El fondo ya es otra historia.

La empresa Monotype presentó una fuente que imita el particular trazo de Quentin Blake, dibujante británico, conocido por su estrecha colaboración con el escritor Roald Dahl, para el que ha ilustrado ediciones de Charlie y la fábrica de chocolate, Matilda, y James el melocotón gigante, Las brujas o El superzorro, entre otros muchos títulos.

A pesar de sus 83 años, Blake continúa en activo. Colabora con editoriales, empresas de ocio digital y compañías de diferentes sectores que, en ocasiones, necesitan traducir sus textos a otros idiomas. Monotype ha creado esta fuente digital para facilitar su labor y que el artista octogenario no tenga que reescribir una y otra vez el mismo texto en las diferentes lenguas.

Esta solución es habitual en el caso de dibujantes de cómic como Daniel Clowes, los rotulistas de Marvel, Peter Bagge o Robert Crumb, autores que tienen su propia fuente digitalizada bien de forma oficial (es decir, hecha por ellos o por su editorial), o bien diseñada por fans a partir de sus tebeos.


En el caso de Blake, se ha tenido especial cuidado para que el resultado final no parezca excesivamente homogéneo o falto de vida. Es una de las pegas que tienen estas fuentes mecanizadas: todos y cada uno de los caracteres son idénticos, algo imposible en la escritura manual.

Para enmendarlo, los responsables de Monotype han digitalizado cuatro alfabetos completos con sus correspondientes acentos, puntos, signos de interrogación o caracteres especiales. De esta forma, cuando se presiona una letra o símbolo en el teclado, puede aparecer cualquiera de los cuatro disponibles. Este sistema aleatorio consigue que el conjunto no quede tan artificial y se asemeje a un verdadero trabajo manual.

El de Blake no es el único caso de artistas o escritores que han visto su caligrafía digitalizada. A principios de los 2000, el diseñador Pepe Gimeno lanzó una fuente basada en la característica forma de escribir de Julia Warhola, madre de Andy Warhol.

Durante los años 50 y 60, el artista pop le pedía a su madre que le escribiera determinados textos que luego él utilizaba en sus trabajos como ilustrador para revistas de moda o como portadista de discos para sellos como Blue Note o Prestige. Años después, Gimeno rescataría esa característica forma de escribir y crearía una tipografía digital que llevó el nombre de Pepe.


El diseñador de Verve David Stuart Martin también ha inspirado una fuente digital para usar en carteles y portadas de discos o libros. Se trata de Granz, del estudio PintassilgoPrints. Aunque la tipografía se basó en los trabajos Stuart Martin,  los creadores no quisieron desaprovechar la oportunidad para rendir homenaje al productor de jazz Norman Granz.


Si Andy Warhol, el rey del pop (o su madre) tiene una tipografía, el emperador de la cultura popular del siglo XX, Walt Disney, no podía ser menos. De hecho, varias fuentes se inspiran en la particular forma de escribir y firmar del dueño de Mickey Mouse, aunque ninguna está demasiado cuidada.

De hecho, el resultado de usar esas tipografías Disney en un trabajo no se aleja mucho de esos dibujos que intentan reproducir a Pluto, Dumbo o Donald en las atracciones de las ferias ambulantes: se sabe quiénes son, pero lucen desencajados y deformados; más que en una atracción infantil, parecen estar en un after.


Por los ejemplos mostrados hasta ahora, algunos podrían pensar que los artistas y dibujantes escriben más que los propios escritores. Pero también existen tipografías pensadas para aquellos que quieran emular el trazo de Emily Bronte, el de de Emily Dickinson o del escritor checo Franz Kafka.


La aparición de la máquina de escribir doméstica hizo que muchos escritores abandonasen la costumbre de escribir a mano. Por eso, a aquellos que, por ejemplo, quieran escribir como Jack Kerouac (que mecanografió En el camino en un larguísimo rollo de papel continuo para no tener que andar cambiando los folios), les basta y les sobra con seleccionar en el Word la American Typewriter o similares.

Lo más interesante, o inquietante, del diseño de tipografías partiendo de escritura manual es que, dentro de pocos años, el ordenador doméstico podrá imitar a la perfección el trazo del usuario independientemente de que sea o no famoso, de que sea un escritor de éxito o que solo agarre el boli para hacer la lista de la compra.

Gracias a un algoritmo que analiza los rasgos gráficos de la escritura del sujeto, un programa de ordenador prevé cómo dicha persona escribiría un determinado texto. Cuando se comparan los párrafos escritos por el humano y por la máquina, el resultado es verdaderamente sorprendente. No sería mala idea empezar a guardar la chequera en lugar seguro.

Emular a los grandes autores es el sueño de muchos aficionados a la literatura. Ahora, ese deseo está al alcance de cualquiera mediante las fuentes digitales. Algunas de estas herramientas recrean el modo de escribir de importantes autores, dibujantes o artistas, al menos en lo que a la caligrafía se refiere. El fondo ya es otra historia.

La empresa Monotype presentó una fuente que imita el particular trazo de Quentin Blake, dibujante británico, conocido por su estrecha colaboración con el escritor Roald Dahl, para el que ha ilustrado ediciones de Charlie y la fábrica de chocolate, Matilda, y James el melocotón gigante, Las brujas o El superzorro, entre otros muchos títulos.

A pesar de sus 83 años, Blake continúa en activo. Colabora con editoriales, empresas de ocio digital y compañías de diferentes sectores que, en ocasiones, necesitan traducir sus textos a otros idiomas. Monotype ha creado esta fuente digital para facilitar su labor y que el artista octogenario no tenga que reescribir una y otra vez el mismo texto en las diferentes lenguas.

Esta solución es habitual en el caso de dibujantes de cómic como Daniel Clowes, los rotulistas de Marvel, Peter Bagge o Robert Crumb, autores que tienen su propia fuente digitalizada bien de forma oficial (es decir, hecha por ellos o por su editorial), o bien diseñada por fans a partir de sus tebeos.


En el caso de Blake, se ha tenido especial cuidado para que el resultado final no parezca excesivamente homogéneo o falto de vida. Es una de las pegas que tienen estas fuentes mecanizadas: todos y cada uno de los caracteres son idénticos, algo imposible en la escritura manual.

Para enmendarlo, los responsables de Monotype han digitalizado cuatro alfabetos completos con sus correspondientes acentos, puntos, signos de interrogación o caracteres especiales. De esta forma, cuando se presiona una letra o símbolo en el teclado, puede aparecer cualquiera de los cuatro disponibles. Este sistema aleatorio consigue que el conjunto no quede tan artificial y se asemeje a un verdadero trabajo manual.

El de Blake no es el único caso de artistas o escritores que han visto su caligrafía digitalizada. A principios de los 2000, el diseñador Pepe Gimeno lanzó una fuente basada en la característica forma de escribir de Julia Warhola, madre de Andy Warhol.

Durante los años 50 y 60, el artista pop le pedía a su madre que le escribiera determinados textos que luego él utilizaba en sus trabajos como ilustrador para revistas de moda o como portadista de discos para sellos como Blue Note o Prestige. Años después, Gimeno rescataría esa característica forma de escribir y crearía una tipografía digital que llevó el nombre de Pepe.


El diseñador de Verve David Stuart Martin también ha inspirado una fuente digital para usar en carteles y portadas de discos o libros. Se trata de Granz, del estudio PintassilgoPrints. Aunque la tipografía se basó en los trabajos Stuart Martin,  los creadores no quisieron desaprovechar la oportunidad para rendir homenaje al productor de jazz Norman Granz.


Si Andy Warhol, el rey del pop (o su madre) tiene una tipografía, el emperador de la cultura popular del siglo XX, Walt Disney, no podía ser menos. De hecho, varias fuentes se inspiran en la particular forma de escribir y firmar del dueño de Mickey Mouse, aunque ninguna está demasiado cuidada.

De hecho, el resultado de usar esas tipografías Disney en un trabajo no se aleja mucho de esos dibujos que intentan reproducir a Pluto, Dumbo o Donald en las atracciones de las ferias ambulantes: se sabe quiénes son, pero lucen desencajados y deformados; más que en una atracción infantil, parecen estar en un after.


Por los ejemplos mostrados hasta ahora, algunos podrían pensar que los artistas y dibujantes escriben más que los propios escritores. Pero también existen tipografías pensadas para aquellos que quieran emular el trazo de Emily Bronte, el de de Emily Dickinson o del escritor checo Franz Kafka.


La aparición de la máquina de escribir doméstica hizo que muchos escritores abandonasen la costumbre de escribir a mano. Por eso, a aquellos que, por ejemplo, quieran escribir como Jack Kerouac (que mecanografió En el camino en un larguísimo rollo de papel continuo para no tener que andar cambiando los folios), les basta y les sobra con seleccionar en el Word la American Typewriter o similares.

Lo más interesante, o inquietante, del diseño de tipografías partiendo de escritura manual es que, dentro de pocos años, el ordenador doméstico podrá imitar a la perfección el trazo del usuario independientemente de que sea o no famoso, de que sea un escritor de éxito o que solo agarre el boli para hacer la lista de la compra.

Gracias a un algoritmo que analiza los rasgos gráficos de la escritura del sujeto, un programa de ordenador prevé cómo dicha persona escribiría un determinado texto. Cuando se comparan los párrafos escritos por el humano y por la máquina, el resultado es verdaderamente sorprendente. No sería mala idea empezar a guardar la chequera en lugar seguro.

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