19 de mayo 2017    /   CREATIVIDAD
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Columpios pseudopeligrosos para que el niño se responsabilice de su seguridad

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Muchos de los que hoy pasan la tarde con sus hijos en el parque aún recuerdan aquellos toboganes de hierro (oxidados, en muchos casos) con los que jugaban en su infancia. Su funcionamiento estaba claro, como también lo estaba el del neumático a modo de columpio. Los juegos que diseña Monstrum no son tan obvios. Para saber cómo usarlos, los niños tiene que explorarlos. «Y no hay una única manera correcta de hacerlo. Hay múltiples opciones».

Ocurre con la ballena de madera varada en Hirsthals (Dinamarca). Tiene el tamaño de un ejemplar real y es posible trepar por su lomo porque su cuerpo está cubierto de agarres y de agujeros.

Sus aberturas laterales y su boca abierta y dentada permite a estos acceder a su interior. Allí pueden observar el esqueleto del animal.

«Cuando los niños ven a la ballena a tamaño natural sienten el deseo de subir encima de ella y explorar su vientre. Con ella también intentamos despertar la curiosidad de los niños para que quieran averiguar por qué es así su hocico o por qué es tan grande».

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La ballena está instalada en el exterior del North Sea Oceanarium de la localidad danesa. «El objetivo del proyecto era el de garantizar que el hilo conductor básico del museo (la naturaleza y la cultura del Mar del Norte) y las historias contadas en la exposición se reflejasen en el patio de recreo», explican Ole Barslund Nielsen y Christian Jensen, fundadores de Monstrum.

Hace 14 años, ambos dejaron el mundo de la producción teatral para dedicarse al diseño y construcción de parques infantiles. «Los patios de juego deben inspirar a los niños y desafiar sus habilidades motoras y su imaginación». Aunque lo que ellos crean, dicen, aspiran a algo más: «Son esculturas que se integran en el paisaje urbano y cuentan historias». Su propósito, añaden, es que se conviertan en puntos de referencia en su entorno: «Que tanto los niños como los adultos puedan decir: “Nos vemos luego en el Loro”».

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Para crear estos columpios/monumentos, el equipo de Monstrum parte siempre de una historia. Cualquier cosa es susceptible de resultar inspirador: desde un motor diesel a los edificios más emblemáticos de la capital danesa. Luego llega el diseño. Que resulte atractivo y divertido para niños de todas las edades es lo más complicado. «Si intentas construir un parque para todos ellos, lo más seguro es que la mayoría se aburra. Por eso normalmente solemos focalizar nuestros diseños a grupos concretos».

La seguridad es también clave en todos sus proyectos. «Cumplimos con la normativa europea al respecto. Aunque, a partir de ahí, tratamos de hacer parques que parezcan peligrosos pero que en realidad son seguros». Una estrategia que, aseguran, favorece el que el niño se haga responsable de su propia integridad física: «El mundo es un lugar verdaderamente fantástico pero que puede resultar peligroso. Los campos de juego deben ser una alternativa inspiradora donde los niños aprendan a evaluar los riesgos en un ambiente seguro».

El equipo de Monstrum está compuesto por 31 personas entre diseñadores, constructores y arquitectos. La madera procedente de explotaciones forestales sostenibles es su principal material. « Inspira tanto a niños como a adultos. Además, en caso de rotura es fácil de arreglar y no requiere de repuestos especiales».

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Ocurre con la ballena de madera varada en Hirsthals (Dinamarca). Tiene el tamaño de un ejemplar real y es posible trepar por su lomo porque su cuerpo está cubierto de agarres y de agujeros.

Sus aberturas laterales y su boca abierta y dentada permite a estos acceder a su interior. Allí pueden observar el esqueleto del animal.

«Cuando los niños ven a la ballena a tamaño natural sienten el deseo de subir encima de ella y explorar su vientre. Con ella también intentamos despertar la curiosidad de los niños para que quieran averiguar por qué es así su hocico o por qué es tan grande».

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La ballena está instalada en el exterior del North Sea Oceanarium de la localidad danesa. «El objetivo del proyecto era el de garantizar que el hilo conductor básico del museo (la naturaleza y la cultura del Mar del Norte) y las historias contadas en la exposición se reflejasen en el patio de recreo», explican Ole Barslund Nielsen y Christian Jensen, fundadores de Monstrum.

Hace 14 años, ambos dejaron el mundo de la producción teatral para dedicarse al diseño y construcción de parques infantiles. «Los patios de juego deben inspirar a los niños y desafiar sus habilidades motoras y su imaginación». Aunque lo que ellos crean, dicen, aspiran a algo más: «Son esculturas que se integran en el paisaje urbano y cuentan historias». Su propósito, añaden, es que se conviertan en puntos de referencia en su entorno: «Que tanto los niños como los adultos puedan decir: “Nos vemos luego en el Loro”».

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Para crear estos columpios/monumentos, el equipo de Monstrum parte siempre de una historia. Cualquier cosa es susceptible de resultar inspirador: desde un motor diesel a los edificios más emblemáticos de la capital danesa. Luego llega el diseño. Que resulte atractivo y divertido para niños de todas las edades es lo más complicado. «Si intentas construir un parque para todos ellos, lo más seguro es que la mayoría se aburra. Por eso normalmente solemos focalizar nuestros diseños a grupos concretos».

La seguridad es también clave en todos sus proyectos. «Cumplimos con la normativa europea al respecto. Aunque, a partir de ahí, tratamos de hacer parques que parezcan peligrosos pero que en realidad son seguros». Una estrategia que, aseguran, favorece el que el niño se haga responsable de su propia integridad física: «El mundo es un lugar verdaderamente fantástico pero que puede resultar peligroso. Los campos de juego deben ser una alternativa inspiradora donde los niños aprendan a evaluar los riesgos en un ambiente seguro».

El equipo de Monstrum está compuesto por 31 personas entre diseñadores, constructores y arquitectos. La madera procedente de explotaciones forestales sostenibles es su principal material. « Inspira tanto a niños como a adultos. Además, en caso de rotura es fácil de arreglar y no requiere de repuestos especiales».

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