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30 de enero 2019    /   ENTRETENIMIENTO
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Ibáñez: «Mortadelo y Filemón podrían haber sido todo lo contrario, gánsteres»

30 de enero 2019    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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Hace 50 años que Mortadelo y Filemón, ataviados con sus mejores galas –tanto que el jefe vestía incluso una lustrosa americana roja–, se acercaban por primera vez a la sede de la T.I.A.

Iban hacia un edificio imponente, con una arquitectura neoclásica soberbia. Solo que en el último momento giraron hacia una caseta destartalada contigua. Ese era su auténtico destino. Entraron para subirse al ascensor… Solo que habían robado el ascensor. Caída y dos chichones como dos huevos de gallina, uno para cada agente.

Ese sería su destino durante los próximos 50 años, desde que el 26 de enero de 1969 se publicaron en la revista Gran Pulgarcito las primeras páginas de El sulfato atómico, la primera historieta larga de Mortadelo y Filemón.

«De esto hace un montón de años», dice Ibáñez con un soplido. Él, que hace medio siglo puso a sus dos detectives disparatados en la pista de la vida adulta. Una década antes (en 1958) los había sacado a la luz por primera vez.

Desde entonces Mortadelo y Filemón se daban golpes por las revistas en forma de historietas cortas de una o cuatro páginas, culminadas en un gag final. Eran solo una pareja de detectives, con Sherlock Holmes y Watson como referentes. Pero con El sulfato atómico cambiaron muchas cosas. Ibáñez alumbró a la T.I.A, al Súper y al profesor Bacterio, con sus inventos trastornados.

Mortadelo y Filemón pasaron a parodiar figuras más modernas. Era la época de las películas de espías. James Bond vivía años dorados con la elegancia de Sean Connery y ya se había iniciado la serie Superagente 86, una caricatura del anterior. Las páginas de esta primera historieta larga, influenciadas enormemente por el cómic franco-belga del momento, se publicarían semanalmente para después reunirlas todas en un álbum independiente.

Cuenta Francisco Ibáñez (1936) que en aquella época una vez a la semana cogía las páginas, las metía en una carpeta y las llevaba a la editorial «como la modistilla cogía la ropa, la metía en el pañuelo y la llevaba a la tienda; nosotros hacíamos lo mismo». Después volvía a casa y empezaba la nueva tanda de ropa para la semana siguiente.

¿Cómo surgió la idea de una historieta larga de Mortadelo y Filemón?

Esto fue cosa de la antigua editorial (Bruguera). Ellos miraban lo que se hacía fuera de España y dijeron: «Vamos a hacer lo mismo aquí en España, vamos a hacer álbumes de 40 páginas igual que hacen los franceses». Cada semana se publicaban seis o cuatro páginas, una especie de historieta autoconclusiva, que a su vez enganchaba con la de la semana siguiente. Así hasta formar un álbum.

¿Costó que los personajes dieran la talla en una historieta larga?

Creo que cualquier personaje de historieta puede dar para una historia larga. Basta con romperse la cabeza y empezar a sacarle gags y gags y gags. Lo verdaderamente importante es el guion. Sinceramente, si el guion es malo, ya puedes hacer una virguería dibujando que aquello no tendrá éxito. Bueno, mejor dicho, lo importante no es ni el dibujo ni el guión ni los fondos. Lo importante es el librero, quien lo vende. Si no, estábamos perdidos.

► Ibáñez ríe con este último apunte. En aquel momento lo importante era vender. Por eso nació El sulfato atómico, como una forma de aumentar las ventas de la editorial. El universo se configuró en base a la moda del momento cultural y social.

No solo la T.I.A. (Técnicos de Investigación Aeroterráquea) era una clara referencia a la CIA. El Súper recuerda inevitablemente a M, el director del servicio de inteligencia británico que encarga las misiones al agente 007. El profesor Bacterio evoca a Q, el científico que crea los sofisticados inventos que ayudan al agente especial.

Precisamente, El sulfato atómico, cuyo título hace chiste del temor a la bomba atómica latente en los años 60, toma como excusa uno de los inventos del profesor Bacterio para armar su trama. Ibáñez reconoce la influencia de las historias de agentes especiales, pero puntualiza que todo aquello no tenía la más mínima importancia.

—De ahí salieron los agentes buenos al servicio de la justicia, aunque siempre metían la pata. Pero podían haber sido todo lo contrario. Al servicio del gansterismo, y hubieran metido la pata igual. Lo que tiene importancia en la historieta es que las páginas sean entretenidas. Cada tres o cuatro viñetas, que haya un nuevo gag que divierta a los lectores. Hasta que terminan el álbum y se quedan con las ganas de esperar al siguiente.

Foto: Marta Calvo

En el dibujo también hubo un cambio hacia una mayor complejidad. ¿Por qué se cuidó tanto este aspecto?

Se empeñó el director de la editorial. Quería que hiciéramos una cosa más terminadita, como lo hacían los franceses. Se hizo El sulfato atómico, con los personajes más terminaditos, con los trajes llenos de arruguitas. Todo en sí más rococó.

Fue una inversión de tiempo y esfuerzo que no se había hecho antes.

Eso lleva más tiempo, claro. Y como en aquel momento lo que quería la editorial era producción, producción, producción, el director me dijo «hombre, Ibáñez, esto que ha hecho de El sulfato atómico déjelo estar. Hagamos como siempre, una historieta con los personajes más sencillos; reserve los gags y produzca, produzca, produzca». Y ahí fuimos a parar.

► Pero ya estaban sembrados los ingredientes maestros para la receta del próximo medio siglo. No todos. Faltaba uno de los personajes secundarios más recurrentes: Ofelia. Es la primera mujer con protagonismo que aparece en las historias de Mortadelo y Filemón y no lo hace hasta el año 78, enterrada ya la censura. Por supuesto, era todo lo contrario a la secretaria Monneypenny, enamorada permanentemente de James Bond. Como Ofelia de Mortadelo.

En todo El sulfato Atómico no aparecen mujeres. Y esta tónica durará una década. «Incluir una señora en la historieta atraía una serie de problemas a veces insalvables completamente. Había que tener muy en cuenta la censura. Si no, podías matarte a trabajar, hacer una serie de páginas y que te vinieran luego a tachar con el terrible lápiz rojo de la censura», comenta.

«En aquellos tiempos, cuando hacíamos un extra de verano, donde los personajes aparecían en la playa, ellos podían salir en traje de baño, bañándose. Las señoras, no. Las señoras en la playa tenían que estar también con el abrigo de pieles, no podían estar con el traje de baño. Era tremendo».

Lo que sí ha permanecido inmutable a lo largo del tiempo en las historietas ha sido el humor físico, a base de golpes y porrazos.

Yo era un amante de lo que llaman el celuloide rancio. Aquellas peliculitas de Harold Lloyd, del propio Charlot. El conjunto del guion no tenía demasiada importancia. Lo que tenía importancia era lo que iba ocurriendo en cada minuto de proyección. Mortadelo y Filemón son simplemente aquello de ese cine pasado al papel.

Es un humor que hace tiempo que no está de moda. ¿Cómo han sobrevivido los personajes?

Para que eso no quede anquilosado en el tiempo muchas veces, sobre todo últimamente, metes cosas de actualidad. Por ejemplo haces aparecer a algún político. Simplemente para que se vea que Mortadelo y Filemón están en el ahora.

Salen políticos del momento, pero también acontecimientos, tendencias sociales.

Sí, ha habido álbumes de los problemas que hay en la actualidad, problemas que hay en sanidad, en hospitales, los problemas con la falta de piso, con los okupas. Muchos de esos temas los he tocado. Pero no para criticar, para que se entere el ministro de turno. Sino para buscarle la parte de coña.

Siempre ha defendido que no hace crítica social con Mortadelo y Filemón. ¿Sigue en sus trece?

No, no. Esto no es crítica. Es hacer salir unos cuantos detalles de los que ocurren en la actualidad, pero buscando el chiste del momento.

¿No hay nada de contenido político en sus tebeos?

Yo no quiero saber nada de la política. Creo que ya hay suficiente con todo lo que se habla de política en todos los periódicos, emisoras de radio, la televisión. Cada minuto está saliendo un político y otro y otro. Y cada día dicen lo mismo y cada vez son más pesados, cada vez son más aburridos. Yo no quiero saber nada de eso. No lo he hecho en estos 60 años y no pienso hacerlo en los 60 años que me quedan por delante.

► Con estas premisas y sus 82 años, Ibáñez sigue echándole horas a la historieta. Cuando su lápiz se acerca al final de un álbum, ya piensa en el siguiente. Dice que cada vez es más difícil encontrar ideas nuevas, sobre todo después de más de 200 tebeos publicados de Mortadelo y Filemón. Pero las encuentra.

Asegura que cuando se ponga delante del tablero y no se le ocurra nada, no lo dudará: «Cojo los papeles, las plumas, los lápices que tengo aquí; le meto una cerilla debajo y se acabó todo». De momento, ahora se lo toma con más calma. «Voy más despacio que antes. Cuando estoy con un álbum pienso ‘ya lo acabaremos’».

Se acabaron esos tiempos de producción, producción, producción entre los que brotaron sus dos agentes de la T.I.A.

Hace 50 años que Mortadelo y Filemón, ataviados con sus mejores galas –tanto que el jefe vestía incluso una lustrosa americana roja–, se acercaban por primera vez a la sede de la T.I.A.

Iban hacia un edificio imponente, con una arquitectura neoclásica soberbia. Solo que en el último momento giraron hacia una caseta destartalada contigua. Ese era su auténtico destino. Entraron para subirse al ascensor… Solo que habían robado el ascensor. Caída y dos chichones como dos huevos de gallina, uno para cada agente.

Ese sería su destino durante los próximos 50 años, desde que el 26 de enero de 1969 se publicaron en la revista Gran Pulgarcito las primeras páginas de El sulfato atómico, la primera historieta larga de Mortadelo y Filemón.

«De esto hace un montón de años», dice Ibáñez con un soplido. Él, que hace medio siglo puso a sus dos detectives disparatados en la pista de la vida adulta. Una década antes (en 1958) los había sacado a la luz por primera vez.

Desde entonces Mortadelo y Filemón se daban golpes por las revistas en forma de historietas cortas de una o cuatro páginas, culminadas en un gag final. Eran solo una pareja de detectives, con Sherlock Holmes y Watson como referentes. Pero con El sulfato atómico cambiaron muchas cosas. Ibáñez alumbró a la T.I.A, al Súper y al profesor Bacterio, con sus inventos trastornados.

Mortadelo y Filemón pasaron a parodiar figuras más modernas. Era la época de las películas de espías. James Bond vivía años dorados con la elegancia de Sean Connery y ya se había iniciado la serie Superagente 86, una caricatura del anterior. Las páginas de esta primera historieta larga, influenciadas enormemente por el cómic franco-belga del momento, se publicarían semanalmente para después reunirlas todas en un álbum independiente.

Cuenta Francisco Ibáñez (1936) que en aquella época una vez a la semana cogía las páginas, las metía en una carpeta y las llevaba a la editorial «como la modistilla cogía la ropa, la metía en el pañuelo y la llevaba a la tienda; nosotros hacíamos lo mismo». Después volvía a casa y empezaba la nueva tanda de ropa para la semana siguiente.

¿Cómo surgió la idea de una historieta larga de Mortadelo y Filemón?

Esto fue cosa de la antigua editorial (Bruguera). Ellos miraban lo que se hacía fuera de España y dijeron: «Vamos a hacer lo mismo aquí en España, vamos a hacer álbumes de 40 páginas igual que hacen los franceses». Cada semana se publicaban seis o cuatro páginas, una especie de historieta autoconclusiva, que a su vez enganchaba con la de la semana siguiente. Así hasta formar un álbum.

¿Costó que los personajes dieran la talla en una historieta larga?

Creo que cualquier personaje de historieta puede dar para una historia larga. Basta con romperse la cabeza y empezar a sacarle gags y gags y gags. Lo verdaderamente importante es el guion. Sinceramente, si el guion es malo, ya puedes hacer una virguería dibujando que aquello no tendrá éxito. Bueno, mejor dicho, lo importante no es ni el dibujo ni el guión ni los fondos. Lo importante es el librero, quien lo vende. Si no, estábamos perdidos.

► Ibáñez ríe con este último apunte. En aquel momento lo importante era vender. Por eso nació El sulfato atómico, como una forma de aumentar las ventas de la editorial. El universo se configuró en base a la moda del momento cultural y social.

No solo la T.I.A. (Técnicos de Investigación Aeroterráquea) era una clara referencia a la CIA. El Súper recuerda inevitablemente a M, el director del servicio de inteligencia británico que encarga las misiones al agente 007. El profesor Bacterio evoca a Q, el científico que crea los sofisticados inventos que ayudan al agente especial.

Precisamente, El sulfato atómico, cuyo título hace chiste del temor a la bomba atómica latente en los años 60, toma como excusa uno de los inventos del profesor Bacterio para armar su trama. Ibáñez reconoce la influencia de las historias de agentes especiales, pero puntualiza que todo aquello no tenía la más mínima importancia.

—De ahí salieron los agentes buenos al servicio de la justicia, aunque siempre metían la pata. Pero podían haber sido todo lo contrario. Al servicio del gansterismo, y hubieran metido la pata igual. Lo que tiene importancia en la historieta es que las páginas sean entretenidas. Cada tres o cuatro viñetas, que haya un nuevo gag que divierta a los lectores. Hasta que terminan el álbum y se quedan con las ganas de esperar al siguiente.

Foto: Marta Calvo

En el dibujo también hubo un cambio hacia una mayor complejidad. ¿Por qué se cuidó tanto este aspecto?

Se empeñó el director de la editorial. Quería que hiciéramos una cosa más terminadita, como lo hacían los franceses. Se hizo El sulfato atómico, con los personajes más terminaditos, con los trajes llenos de arruguitas. Todo en sí más rococó.

Fue una inversión de tiempo y esfuerzo que no se había hecho antes.

Eso lleva más tiempo, claro. Y como en aquel momento lo que quería la editorial era producción, producción, producción, el director me dijo «hombre, Ibáñez, esto que ha hecho de El sulfato atómico déjelo estar. Hagamos como siempre, una historieta con los personajes más sencillos; reserve los gags y produzca, produzca, produzca». Y ahí fuimos a parar.

► Pero ya estaban sembrados los ingredientes maestros para la receta del próximo medio siglo. No todos. Faltaba uno de los personajes secundarios más recurrentes: Ofelia. Es la primera mujer con protagonismo que aparece en las historias de Mortadelo y Filemón y no lo hace hasta el año 78, enterrada ya la censura. Por supuesto, era todo lo contrario a la secretaria Monneypenny, enamorada permanentemente de James Bond. Como Ofelia de Mortadelo.

En todo El sulfato Atómico no aparecen mujeres. Y esta tónica durará una década. «Incluir una señora en la historieta atraía una serie de problemas a veces insalvables completamente. Había que tener muy en cuenta la censura. Si no, podías matarte a trabajar, hacer una serie de páginas y que te vinieran luego a tachar con el terrible lápiz rojo de la censura», comenta.

«En aquellos tiempos, cuando hacíamos un extra de verano, donde los personajes aparecían en la playa, ellos podían salir en traje de baño, bañándose. Las señoras, no. Las señoras en la playa tenían que estar también con el abrigo de pieles, no podían estar con el traje de baño. Era tremendo».

Lo que sí ha permanecido inmutable a lo largo del tiempo en las historietas ha sido el humor físico, a base de golpes y porrazos.

Yo era un amante de lo que llaman el celuloide rancio. Aquellas peliculitas de Harold Lloyd, del propio Charlot. El conjunto del guion no tenía demasiada importancia. Lo que tenía importancia era lo que iba ocurriendo en cada minuto de proyección. Mortadelo y Filemón son simplemente aquello de ese cine pasado al papel.

Es un humor que hace tiempo que no está de moda. ¿Cómo han sobrevivido los personajes?

Para que eso no quede anquilosado en el tiempo muchas veces, sobre todo últimamente, metes cosas de actualidad. Por ejemplo haces aparecer a algún político. Simplemente para que se vea que Mortadelo y Filemón están en el ahora.

Salen políticos del momento, pero también acontecimientos, tendencias sociales.

Sí, ha habido álbumes de los problemas que hay en la actualidad, problemas que hay en sanidad, en hospitales, los problemas con la falta de piso, con los okupas. Muchos de esos temas los he tocado. Pero no para criticar, para que se entere el ministro de turno. Sino para buscarle la parte de coña.

Siempre ha defendido que no hace crítica social con Mortadelo y Filemón. ¿Sigue en sus trece?

No, no. Esto no es crítica. Es hacer salir unos cuantos detalles de los que ocurren en la actualidad, pero buscando el chiste del momento.

¿No hay nada de contenido político en sus tebeos?

Yo no quiero saber nada de la política. Creo que ya hay suficiente con todo lo que se habla de política en todos los periódicos, emisoras de radio, la televisión. Cada minuto está saliendo un político y otro y otro. Y cada día dicen lo mismo y cada vez son más pesados, cada vez son más aburridos. Yo no quiero saber nada de eso. No lo he hecho en estos 60 años y no pienso hacerlo en los 60 años que me quedan por delante.

► Con estas premisas y sus 82 años, Ibáñez sigue echándole horas a la historieta. Cuando su lápiz se acerca al final de un álbum, ya piensa en el siguiente. Dice que cada vez es más difícil encontrar ideas nuevas, sobre todo después de más de 200 tebeos publicados de Mortadelo y Filemón. Pero las encuentra.

Asegura que cuando se ponga delante del tablero y no se le ocurra nada, no lo dudará: «Cojo los papeles, las plumas, los lápices que tengo aquí; le meto una cerilla debajo y se acabó todo». De momento, ahora se lo toma con más calma. «Voy más despacio que antes. Cuando estoy con un álbum pienso ‘ya lo acabaremos’».

Se acabaron esos tiempos de producción, producción, producción entre los que brotaron sus dos agentes de la T.I.A.

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Opiniones 3
  • Pues yo me sabía otra historia. El «Sulfato Atómico» era una historieta dibujada por otro dibujante, a la que le dibujaron encima a Mortadelo y a Filemón sencillamente porque tenían más tirón de ventas, como ya hiciera Nintendo con Super Mario Bros 2.
    Por eso el estilo de dibujo es tan marcadamente diferente, y el guión es una anomalía al ser una única historia larga cuando la práctica totalidad de álbumes de Mortadelo se dividen por episodios, en el que tienen que detener a un único delincuente, o recuperar una única cosa.
    Según la fuente de la que lo leí, Mortadelo aparece encorvado en prácticamente todas las viñetas del Sulfato Atómico porque el personaje sobre el que se superpone era menos alto.

    • En teoría con el Sulfato Atómico no pasó eso… sino con el «Valor y al Toro» que si hay pruebas a base de los originales que las viñetas con los personajes están pegadas tal cual para camuflar esos otros personajes. Sin embargo en teoría esas historias eran de Ibañez, no de otro dibujante (entintador a saber…) aparte que este estilo es predominante en esas dos aventuras y en parte en las historias de esos primeros años (1969-1970) hasta que finalmente optase por uno más simple pero seguramente más rápido de hacer que el otro.

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