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2 de mayo 2014    /   DIGITAL
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Del mote al postureo en las redes sociales

2 de mayo 2014    /   DIGITAL     por          
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En los pueblos están los motes; en las redes, los auto-motes o postureo.

Un hombre mayor comenta en un programa de televisión que durante décadas le molestó que en el pueblo le llamaran el Lechuzo. Con el tiempo lo aceptó porque, según dijo, era una herencia de familia. Los pueblos y los motes como los coches y la gasolina. Lechuzo quizá no sea un mal mote.
En el pueblo de mis padres hay motes como maldiciones bíblicas que influyen en cómo los lugareños ven a los nietos y a los bisnietos de los demás, urbanitas que visitan una vez al año, como mucho, a los primos.
No seas como los Cazaritos, todavía se dice. Los Cazaritos se meten en todo, les llamen o no les llamen; al menos es la creencia popular. De todos modos, los Cazaritos es entre los motes malos, el mejor. Hay motes que se refieren a la racanería de la familia, a lo embusteros que son, a su falta de higiene…
Algunas personas son víctimas de una doble maldición cuando el inevitable mote familiar está ligado a un mote conseguido por deméritos propios. El Follapava de los Puño, aunque parezca referirse a una extravagante práctica sexual, significa que el poseedor es muermo por sí mismo y tacaño por herencia. Los zoófilos son Follavacas o Follacabras o Follagallinas, como aquel desdichado al que se le cayó una piedra encima y fue objeto de contraportada de algunos periódicos de los 90.
En la ciudad no hay motes unidos a un apellido, salvo en los barrios populosos con olor a pueblo que significa paredes que remedan la cal, abuelas sentadas en la calle, ropas tendidas en la acera y una churrería que sólo vende churros.
Los motes en la ciudad son unipersonales. En los barrios hay motes como el Chino (que no lo es), el Loco (que tiró un tabique de un puñetazo) y el Rambo (que salta por las azoteas para robar las bragas a las vecinas). En los institutos hay motes acorde con los tiempos que viven los estudiantes. En mis años estaban el Fume, el Porky (e-e-e-eso es todo amigos), el Abuelo (por apuntar barba), el Starky (por el personaje de la serie) o la Farala (un chico delicadito)…
En muchos casos, tanto en el barrio como en el instituto, los motes no se eligen; alguien tiene la ocurrencia de llamar Pantera Rosa a otro, y la comunidad lo acoge si considera acertada la correspondencia. Es una suerte ser el Rubio o Bormu (por ser de Bormujos), motes neutros que no predisponen a la masa contra el individuo.
Una persona en un barrio o en el instituto o en el trabajo puede como mucho hacer méritos para ganarse un mote digno. Esto es importante en ocasiones. El mote sitúa en el mundo, es una referencia para los demás. En principio, entre dos mecánicos de motos es mejor elegir al Pedales antes que al Doblao (al segundo lo llaman así porque los fines de semana camina con la vertical perdida).
Con las redes sociales, hay un giro: del ruralismo y el poligonerismo se pasa al postureo. El mote pasa de ser impuesto por los vecinos, compañeros de trabajo y amigos malintencionados a ser elegido. El mote se transforma para convertirse en marca (personal). Esto provoca que muchos usuarios quieran ser popularmente conocidos por su profesión o por sus intenciones.
Es sencillo colocar el nombre de la profesión con una coletilla: Carpintero Cordobés, Carpintero cabreado, Carpinter-OH (para una cuenta pretendidamente humorística). Otros colocan como mote pretendidas extravagancias sexuales, apelan al imaginario común o a taras mentales. (Lo último, muy extendido entre aspirantes a artistas, como si esto concediera ipso facto, etiqueta de autor maldito).
Las personas sin reparo en mostrar un ego hiperbólico se presentan en sociedad como TuCoach o SoyAutor. Junto al auto-mote, definiciones de lo que hacen o dicen hacer en inglés, porque queda como fino y sofisticado. De manera que el escritor de una hoja volante impresa en el barrio es freelance writer and editor; el que hace cortos de zombies con los amigotes, filmmaker of Low Budget Horror Feature; y el que no ha salido en su vida de El Castillo de las Alcaparras, Traveller, Fool and Poet.
El auto-mote en las redes sociales, postureo en muchos casos, puede ser una estrategia para llamar la atención, para vender/venderse o un acto preventivo: este soy yo, así quiero que me llamen, así quiero ser conocido. En cualquier caso, la comunidad suele poner a cada persona en su sitio.

En los pueblos están los motes; en las redes, los auto-motes o postureo.

Un hombre mayor comenta en un programa de televisión que durante décadas le molestó que en el pueblo le llamaran el Lechuzo. Con el tiempo lo aceptó porque, según dijo, era una herencia de familia. Los pueblos y los motes como los coches y la gasolina. Lechuzo quizá no sea un mal mote.
En el pueblo de mis padres hay motes como maldiciones bíblicas que influyen en cómo los lugareños ven a los nietos y a los bisnietos de los demás, urbanitas que visitan una vez al año, como mucho, a los primos.
No seas como los Cazaritos, todavía se dice. Los Cazaritos se meten en todo, les llamen o no les llamen; al menos es la creencia popular. De todos modos, los Cazaritos es entre los motes malos, el mejor. Hay motes que se refieren a la racanería de la familia, a lo embusteros que son, a su falta de higiene…
Algunas personas son víctimas de una doble maldición cuando el inevitable mote familiar está ligado a un mote conseguido por deméritos propios. El Follapava de los Puño, aunque parezca referirse a una extravagante práctica sexual, significa que el poseedor es muermo por sí mismo y tacaño por herencia. Los zoófilos son Follavacas o Follacabras o Follagallinas, como aquel desdichado al que se le cayó una piedra encima y fue objeto de contraportada de algunos periódicos de los 90.
En la ciudad no hay motes unidos a un apellido, salvo en los barrios populosos con olor a pueblo que significa paredes que remedan la cal, abuelas sentadas en la calle, ropas tendidas en la acera y una churrería que sólo vende churros.
Los motes en la ciudad son unipersonales. En los barrios hay motes como el Chino (que no lo es), el Loco (que tiró un tabique de un puñetazo) y el Rambo (que salta por las azoteas para robar las bragas a las vecinas). En los institutos hay motes acorde con los tiempos que viven los estudiantes. En mis años estaban el Fume, el Porky (e-e-e-eso es todo amigos), el Abuelo (por apuntar barba), el Starky (por el personaje de la serie) o la Farala (un chico delicadito)…
En muchos casos, tanto en el barrio como en el instituto, los motes no se eligen; alguien tiene la ocurrencia de llamar Pantera Rosa a otro, y la comunidad lo acoge si considera acertada la correspondencia. Es una suerte ser el Rubio o Bormu (por ser de Bormujos), motes neutros que no predisponen a la masa contra el individuo.
Una persona en un barrio o en el instituto o en el trabajo puede como mucho hacer méritos para ganarse un mote digno. Esto es importante en ocasiones. El mote sitúa en el mundo, es una referencia para los demás. En principio, entre dos mecánicos de motos es mejor elegir al Pedales antes que al Doblao (al segundo lo llaman así porque los fines de semana camina con la vertical perdida).
Con las redes sociales, hay un giro: del ruralismo y el poligonerismo se pasa al postureo. El mote pasa de ser impuesto por los vecinos, compañeros de trabajo y amigos malintencionados a ser elegido. El mote se transforma para convertirse en marca (personal). Esto provoca que muchos usuarios quieran ser popularmente conocidos por su profesión o por sus intenciones.
Es sencillo colocar el nombre de la profesión con una coletilla: Carpintero Cordobés, Carpintero cabreado, Carpinter-OH (para una cuenta pretendidamente humorística). Otros colocan como mote pretendidas extravagancias sexuales, apelan al imaginario común o a taras mentales. (Lo último, muy extendido entre aspirantes a artistas, como si esto concediera ipso facto, etiqueta de autor maldito).
Las personas sin reparo en mostrar un ego hiperbólico se presentan en sociedad como TuCoach o SoyAutor. Junto al auto-mote, definiciones de lo que hacen o dicen hacer en inglés, porque queda como fino y sofisticado. De manera que el escritor de una hoja volante impresa en el barrio es freelance writer and editor; el que hace cortos de zombies con los amigotes, filmmaker of Low Budget Horror Feature; y el que no ha salido en su vida de El Castillo de las Alcaparras, Traveller, Fool and Poet.
El auto-mote en las redes sociales, postureo en muchos casos, puede ser una estrategia para llamar la atención, para vender/venderse o un acto preventivo: este soy yo, así quiero que me llamen, así quiero ser conocido. En cualquier caso, la comunidad suele poner a cada persona en su sitio.

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Opiniones 7
  • Me ha gustado este tema. Sobre todo me ha gustado que se mencionen los motes de ciudad, pensaba que se iba a quedar en el tópico de los pueblos. Pero yo mismo (que soy de pueblo) nunca me había fijado en la diferencia entre motes urbanos y rurales (pero sí, es verdad que en la ciudad no van unidos a la familia y no se heredan).
    Ahora me he quedado pensativo, nunca había visto así el tema de los nicks de internet.

  • Muy bien todo, hasta que he llegado a lo de que «la comunidad suele poner a cada uno en su sitio». ¿Realmente confías tanto en el criterio de la gente? Porque cada vez que me paro a pensar y a mirar, me parecen desoladores los procesos que siguen las masas en casi cualquier ámbito de la vida.

  • «Otros colocan como mote pretendidas extravagancias sexuales, apelan al imaginario común o a taras mentales. (Lo último, muy extendido entre aspirantes a artistas, como si esto concediera ipso facto, etiqueta de autor maldito).»
    ¿O sea, algo así como «Poeta Esquizofrénico»/Escultor Neurótico» para auto promoción ? Qué fuerte XD

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