24 de marzo 2015    /   IDEAS
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Es fácil motivar a un funcionario (si sabes cómo)

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No solamente se puede motivar a los funcionarios sino que muchos de ellos creen que rinden más cuanto más ilusionados se sienten con lo que hacen. Randstad publicó un informe en uno de los peores años de la crisis, 2012, que situaba a los de nuestro país entre los más desmoralizados de Europa. Según el mismo estudio de la multinacional holandesa, el 44% de los encuestados reconocieron que ni estaban satisfechos con los puestos que ocupaban ni tenían la menor intención de promocionarse.
Diana Muñoz, de Reimagínate Coaching, ha dado múltiples seminarios de motivación a funcionarios en los últimos cuatro años. Les ha enseñado sobre todo «inteligencia emocional, es decir, cómo canalizar la ira, la alegría, la tristeza y el estrés en una situación como la suya». El desafío comienza desde el primer minuto de las sesiones, el momento en el que «algunos te dicen que están allí solo por los puntos que les dan por asistir». La respuesta de Muñoz es contundente: «Ya que vienes, te sugiero que lo aproveches y si no lo aprovechas, te sugiero que te marches». Ella misma se ofrece a firmarles los papeles que necesitan como si hubiesen realizado el curso. Los que cambian de opinión y se quedan, recuerda, se lo suelen tomar en serio. Y son la inmensa mayoría.
Las dinámicas de grupo se convierten en un elemento crucial de estas sesiones. Muñoz las utiliza para preguntarles qué concepto tienen de ellos sus propios compañeros, algo que puede ser una buena forma de construir la autoestima si sienten que los demás valoran lo que hacen. Son también una herramienta muy útil, dice, «para que afloren las emociones y los motivos de su frustración», entre los que suelen destacar las consecuencias de los despidos de los empleados públicos, los recortes de los incentivos económicos y un ambiente hostil en la oficina.
Ahí es donde surgen frases como «solo trabajamos como autómatas», «con los recortes en mi departamento hacemos cada uno el trabajo de dos personas» y «mi compañera y yo no nos hablamos». Es peligroso, y contraproducente, reclutar para el mismo seminario a grandes antagonistas, porque no se van a reconciliar. El ejemplo más extremo que ha visto Diana es el de una jefa y una sindicalista del comité de empresa. «La primera acabó guardando silencio para evitar que la otra le saltase una y otra vez al cuello con reivindicaciones sobre lo que no se hacía bien».
No me hables de mi jefe
Joan Boada, especialista de la consultora Coaching Session y profesor de psicología en la Universidad Rovira i Virgili, asegura que uno de los principales motivos por los que los funcionarios necesitan motivación profesional es que «no son capaces de adaptarse al liderazgo de sus jefes» y que «necesitan planificar su futuro en un momento de crisis e incertidumbre». Joan cree que están viviendo el mismo shock que los empleados de una empresa familiar: «Tenían una visión del mundo marcada por la seguridad y la estabilidad y han descubierto de repente que ese mundo ya no existe».
¿Pero cómo pueden sufrir incertidumbre unos profesionales que tienen trabajo y sueldos prácticamente blindados en medio de una crisis tan destructiva como esta? El primer motivo es que antes estaban seguros de que tendrían la oportunidad de planificar promociones varias veces a lo largo de su carrera y, advierte Boada, «eso dejó de ser verdad hace 15 años debido, por lo general, al fuerte incremento de los empleados públicos y a los nombramientos de los políticos». El segundo es que, en línea con tantos otros trabajadores, muchos de ellos han empezado a esperar algo más de su vida laboral que un salario y un puesto fijo. No saben qué hacer para asumir nuevos retos y experiencias que desafíen su creatividad y capacidad de emprender.
Si quieren intentar promocionarse a pesar de las dificultades, Boada apuesta, para empezar, por animar a su clientes a que se visualicen en un plazo de tres a cinco años, a que cojan lápiz y papel para describir exactamente los pasos que tienen que dar para llegar hasta la posición soñada. Después deben analizar si es compatible con su vida actual, porque es posible que sus sueños impliquen trasladarse a otra comunidad autónoma y que en el fondo no estén dispuestos a hacerlo porque creen que perjudicaría gravemente a sus parejas y a sus hijos.
También es importante que, como las promociones suelen llevar consigo la gestión de equipos más numerosos de trabajo, aprendan a evaluar sus habilidades directivas. Lo que hacen en Coaching Session es diseñar una estrategia para que el funcionario evalúe su propio liderazgo, para que solicite opinión sobre su liderazgo a personas que lo conocen bien y para que concrete un plan que lo lleve a lograr exactamente las habilidades de gestión que se necesita.
Si lo que desean es, por el contrario, explorar nuevos caminos profesionales para hacer realidad sus sueños, Joan Boada les propone estudiar la Ley de Incompatibilidades para analizar las distintas opciones que tienen. Les anima a que identifiquen lo que les apasiona y abran, por ejemplo, un negocio con otros socios. Pueden aprovechar el espacio que les deja por las tardes su jornada laboral.
A veces, como ocurre en tantos otros trabajos, la mayor motivación que un funcionario puede recibir es la de sentirse útil e importante. Es la opción que han elegido los servicios de empleo de la Comunidad Valenciana y Aragón ante la imposibilidad de premiar su rendimiento y productividad con incentivos económicos y días libres. Les han dicho que muchos de sus vecinos necesitan su compromiso para encontrar un trabajo más que nunca y que cualquiera de las reformas que han lanzado para mejorar su oferta a los parados no tiene sentido sin ellos. Como recuerda el director del servicio valenciano, Fernando Díaz Requena, «les pedimos ayuda y muchos de los funcionarios han actuado en consecuencia».

No solamente se puede motivar a los funcionarios sino que muchos de ellos creen que rinden más cuanto más ilusionados se sienten con lo que hacen. Randstad publicó un informe en uno de los peores años de la crisis, 2012, que situaba a los de nuestro país entre los más desmoralizados de Europa. Según el mismo estudio de la multinacional holandesa, el 44% de los encuestados reconocieron que ni estaban satisfechos con los puestos que ocupaban ni tenían la menor intención de promocionarse.
Diana Muñoz, de Reimagínate Coaching, ha dado múltiples seminarios de motivación a funcionarios en los últimos cuatro años. Les ha enseñado sobre todo «inteligencia emocional, es decir, cómo canalizar la ira, la alegría, la tristeza y el estrés en una situación como la suya». El desafío comienza desde el primer minuto de las sesiones, el momento en el que «algunos te dicen que están allí solo por los puntos que les dan por asistir». La respuesta de Muñoz es contundente: «Ya que vienes, te sugiero que lo aproveches y si no lo aprovechas, te sugiero que te marches». Ella misma se ofrece a firmarles los papeles que necesitan como si hubiesen realizado el curso. Los que cambian de opinión y se quedan, recuerda, se lo suelen tomar en serio. Y son la inmensa mayoría.
Las dinámicas de grupo se convierten en un elemento crucial de estas sesiones. Muñoz las utiliza para preguntarles qué concepto tienen de ellos sus propios compañeros, algo que puede ser una buena forma de construir la autoestima si sienten que los demás valoran lo que hacen. Son también una herramienta muy útil, dice, «para que afloren las emociones y los motivos de su frustración», entre los que suelen destacar las consecuencias de los despidos de los empleados públicos, los recortes de los incentivos económicos y un ambiente hostil en la oficina.
Ahí es donde surgen frases como «solo trabajamos como autómatas», «con los recortes en mi departamento hacemos cada uno el trabajo de dos personas» y «mi compañera y yo no nos hablamos». Es peligroso, y contraproducente, reclutar para el mismo seminario a grandes antagonistas, porque no se van a reconciliar. El ejemplo más extremo que ha visto Diana es el de una jefa y una sindicalista del comité de empresa. «La primera acabó guardando silencio para evitar que la otra le saltase una y otra vez al cuello con reivindicaciones sobre lo que no se hacía bien».
No me hables de mi jefe
Joan Boada, especialista de la consultora Coaching Session y profesor de psicología en la Universidad Rovira i Virgili, asegura que uno de los principales motivos por los que los funcionarios necesitan motivación profesional es que «no son capaces de adaptarse al liderazgo de sus jefes» y que «necesitan planificar su futuro en un momento de crisis e incertidumbre». Joan cree que están viviendo el mismo shock que los empleados de una empresa familiar: «Tenían una visión del mundo marcada por la seguridad y la estabilidad y han descubierto de repente que ese mundo ya no existe».
¿Pero cómo pueden sufrir incertidumbre unos profesionales que tienen trabajo y sueldos prácticamente blindados en medio de una crisis tan destructiva como esta? El primer motivo es que antes estaban seguros de que tendrían la oportunidad de planificar promociones varias veces a lo largo de su carrera y, advierte Boada, «eso dejó de ser verdad hace 15 años debido, por lo general, al fuerte incremento de los empleados públicos y a los nombramientos de los políticos». El segundo es que, en línea con tantos otros trabajadores, muchos de ellos han empezado a esperar algo más de su vida laboral que un salario y un puesto fijo. No saben qué hacer para asumir nuevos retos y experiencias que desafíen su creatividad y capacidad de emprender.
Si quieren intentar promocionarse a pesar de las dificultades, Boada apuesta, para empezar, por animar a su clientes a que se visualicen en un plazo de tres a cinco años, a que cojan lápiz y papel para describir exactamente los pasos que tienen que dar para llegar hasta la posición soñada. Después deben analizar si es compatible con su vida actual, porque es posible que sus sueños impliquen trasladarse a otra comunidad autónoma y que en el fondo no estén dispuestos a hacerlo porque creen que perjudicaría gravemente a sus parejas y a sus hijos.
También es importante que, como las promociones suelen llevar consigo la gestión de equipos más numerosos de trabajo, aprendan a evaluar sus habilidades directivas. Lo que hacen en Coaching Session es diseñar una estrategia para que el funcionario evalúe su propio liderazgo, para que solicite opinión sobre su liderazgo a personas que lo conocen bien y para que concrete un plan que lo lleve a lograr exactamente las habilidades de gestión que se necesita.
Si lo que desean es, por el contrario, explorar nuevos caminos profesionales para hacer realidad sus sueños, Joan Boada les propone estudiar la Ley de Incompatibilidades para analizar las distintas opciones que tienen. Les anima a que identifiquen lo que les apasiona y abran, por ejemplo, un negocio con otros socios. Pueden aprovechar el espacio que les deja por las tardes su jornada laboral.
A veces, como ocurre en tantos otros trabajos, la mayor motivación que un funcionario puede recibir es la de sentirse útil e importante. Es la opción que han elegido los servicios de empleo de la Comunidad Valenciana y Aragón ante la imposibilidad de premiar su rendimiento y productividad con incentivos económicos y días libres. Les han dicho que muchos de sus vecinos necesitan su compromiso para encontrar un trabajo más que nunca y que cualquiera de las reformas que han lanzado para mejorar su oferta a los parados no tiene sentido sin ellos. Como recuerda el director del servicio valenciano, Fernando Díaz Requena, «les pedimos ayuda y muchos de los funcionarios han actuado en consecuencia».

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