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8 de julio 2015    /   CINE/TV
por
 

Mozart in the Jungle

8 de julio 2015    /   CINE/TV     por          
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La jovencita Alicia da tarta a un caballo blanco en un saloncito de la mansión. El director de la Filarmónica de Nueva York se acerca a la niña. La buscó durante toda la noche tras escucharla tocar la flauta:
—Hola, soy Rodrigo.
—Mi madre me enseñó un vídeo en YouTube —dice Alicia—. Pero te has cortado el pelo.
—Sí, sí, le gustaba a demasiada gente.
—Qué razón tan rara. A la mayoría le gusta gustar.
—Sí, pero no necesariamente por tu pelo.
En este breve diálogo está la esencia de Mozart in the Jungle. Rodrigo es el artista que quiere ser admirado por su arte y no por cuestiones ajenas al mismo. Cortarse el pelo es un pequeño acto de rebeldía contra las obligaciones como director de la Filarmónica de Nueva York.

LA OBLIGACIÓN DE CONTENTAR A LOS PATROCINADORES
Rodrigo divide su tiempo y energías entre la música y la promoción —a su pesar— de la marca Rodrigo.
—No sabemos si hacemos música para hacer dinero o hacemos dinero para hacer música —dice Rodrigo a Hailey, su asistente.
Rodrigo es reticente a venderse como producto. Procura llegar tarde a las fiestas para recaudar fondos y posa a disgusto para los carteles promocionales.
—No trabaje demasiado —dice la anfitriona de una fiesta a Rodrigo—: socialice, diviértase, sea el hombre encantador de siempre y el dinero manará.
Rodrigo sonríe, pero el verdadero Rodrigo quedó fuera de la mansión. Forma parte del teatro por los músicos a los que dirige. Más que un jefe se siente un compañero. Y para desgracia de Rodrigo, una orquesta sinfónica necesita de un elevado presupuesto. En esta escena uno recuerda a Jean Cocteau, poeta, pintor, músico y director de la bella película Bella y la Bestia.
«Una película será arte cuando sus materiales sean tan baratos como un lápiz y un papel».
Puede cambiarse «película» por «representación teatral», «ópera», «concierto» o cualquier arte que debe reunir distintos talentos y habilidades para tomar cuerpo. Entre estos talentos está saber promocionarse. (Recordemos que Hitchcock fue maestro del marketing; por ello considerado como un mercader más que como un artista por la crítica norteamericana de su tiempo).
—¿Por qué tengo que hacer esto? —dice a Gloria, la jefa de la Filarmónica—. La música clásica no es negocio.
—Todo es negocio —responde Gloria.
Mozart in Jungle - Rodrigo al violín
Rodrigo representa la tragedia del artista dentro de una industria que quiere resultados aquí y ahora. Es exhibido por su jefa como un Mozart niño en los palacios europeos. Es reveladora la escena en la uno de los patrocinadores obliga a Rodrigo a volver a tocar el violín por 200.000 dólares. Rodrigo juró años atrás que no volvería a tocar el violín.
—¿Quiere algo de mi tierra o le parece demasiado ilegal para usted? —dice Rodrigo.
—Lo que prefiera —dice el hombre de negocios—.Tiene fama de que le cuesta arrancar
Rodrigo toca Campanitas del lugar.
—Esta tonadilla no merece mi inversión —dice el hombre de negocios.
—Donaré 300.000 dólares si descubre quién compuso la siguiente variación de esta tonadilla.
Rodrigo ejecuta la versión de Campanillas del lugar de Mozart desconocida por el hombre de negocios. Gana la apuesta y humilla a un hombre que patrocina la música —como una inversión más—, pero la desconoce.
LA OBLIGACIÓN DE ATENERSE UNA PROGRAMACIÓN
Mozart in Jungle - Las calles
Rodrigo también es ejemplo del artista desorganizado que crea por impulso. Para desesperación de los patrocinadores, Rodrigo no quiere seguir la programación impuesta. Rodrigo quiere que Nueva York le inspire qué música necesita la ciudad. Por esto pasea, se mezcla con las personas, come en la calle, compra amuletos para rituales de magia animista, habla con un sacerdote y se somete a la hipnosis.
LA OBLIGACIÓN DE RESPETAR AL SINDICATO DE LOS MÚSICOS
Rodrigo llega con nuevos métodos: los músicos ensayan sin instrumentos y tocan en un solar abandonado en un suburbio para sentir la ciudad. Pero Rodrigo no controla al sindicato. Sus discursos inspiradores son con frecuencia cortados por el jefe sindical: «pausa para bocadillo» o «pausa para el baño». El sindicato marca cuándo comienzan los ensayos y cuándo acaban. Rodrigo no tuvo este problema en sus anteriores trabajos. Los músicos son artistas, pero también son trabajadores con derechos como todos.
Rodrigo bucea entre los impedimentos y crea magia en Mozart in the Jungle; y cuando no la crea, la magia le persigue.
MAGIA CUANDO RODRIGO CONOCE A HAILEY
La joven Hailey llega tarde a la audición: Rodrigo no está en la platea. Hailey se maldice por la oportunidad perdida y para relajarse toca el oboe tras una pantalla de tela. La intérprete es una sombra chinesca. Rodrigo deja los preliminares de sexo con su secretaria para conocer a quién toca tras la sombra.
MAGIA CUANDO RODRIGO CONOCE A ALICIA
—¿Qué sientes cuando tocas? —dice Rodrigo.
—Bueno, cuando toco delante de mi profesor casi siempre pienso en que no quiero equivocarme. Pero cuando estoy en casa y toco para mí no pienso en nada y cuando acabo es como si despertara de un sueño.
—Sí, te entiendo —dice Rodrigo conteniendo las lágrimas.
La pequeña que está patrocinada por un mecenas de la Filarmónica, provoca de forma involuntaria que Rodrigo vea necesario recaudar fondos para la música.
—Por ella merece la pena —dice Rodrigo a Hailey.
MAGIA Y VIOLENCIA CUANDO RODRIGO SE REENCUENTRA CON ANA MARÍA
Ana María es la esposa de Rodrigo, también una violinista «con sangre» y activista ecológica. Ella actúa en vertederos de residuos tóxicos y bosques amenazados. Bansky de la música.
Un Rodrigo desesperado y acuciado por los patrocinadores acude a Ana María para inaugurar la temporada. El director es consciente del peligro que corre. Y lo que temía ocurre:
—No quiero tocar para cerdos burgueses —dice Ana María al público— Deja esto y vente conmigo.
—No puedo, esta es mi orquesta —dice Rodrigo.
Rodrigo piensa como Ana María, pero tiene una responsabilidad hacia su tripulación. Pierde la oportunidad de recuperar a Ana María, pero se gana el respeto de sus músicos al cargar con las culpas. Aparece aquí la espontaneidad de Rodrigo: se convierte en un violinista más de la orquesta y pide a su mentor y rival que dirija la obra.
Pero Mozart in the Jungle es más que Rodrigo. La serie producida por Amazon ofrece una detallada galería de artistas. Jóvenes que se ven viejos para ser artistas tal y como soñaron siendo niños. Artistas maduros preocupados por los dolores de sus manos y de sus muñecas, y la dificultad para conseguir analgésicos. Músicos que consideran la música como una manera de pagar las facturas. Artistas pluriempleados. Artistas que trabajan en la calle y que piden dinero para continuar sus espectáculos. Y también artistas que están solos porque están centrados en el arte y artistas que están solos porque es difícil encontrar personas que comprendan a los artistas. Son realidades que desaparecen cuando la música llega.
Mozart in the Jungle es una serie con nervio que tiene la frescura que las grandes cadenas de televisión por cable perdieron hace tiempo. Un sueño de diez capítulos brevísimos (vistos de sopetón) del que he despertado.

La jovencita Alicia da tarta a un caballo blanco en un saloncito de la mansión. El director de la Filarmónica de Nueva York se acerca a la niña. La buscó durante toda la noche tras escucharla tocar la flauta:
—Hola, soy Rodrigo.
—Mi madre me enseñó un vídeo en YouTube —dice Alicia—. Pero te has cortado el pelo.
—Sí, sí, le gustaba a demasiada gente.
—Qué razón tan rara. A la mayoría le gusta gustar.
—Sí, pero no necesariamente por tu pelo.
En este breve diálogo está la esencia de Mozart in the Jungle. Rodrigo es el artista que quiere ser admirado por su arte y no por cuestiones ajenas al mismo. Cortarse el pelo es un pequeño acto de rebeldía contra las obligaciones como director de la Filarmónica de Nueva York.

LA OBLIGACIÓN DE CONTENTAR A LOS PATROCINADORES
Rodrigo divide su tiempo y energías entre la música y la promoción —a su pesar— de la marca Rodrigo.
—No sabemos si hacemos música para hacer dinero o hacemos dinero para hacer música —dice Rodrigo a Hailey, su asistente.
Rodrigo es reticente a venderse como producto. Procura llegar tarde a las fiestas para recaudar fondos y posa a disgusto para los carteles promocionales.
—No trabaje demasiado —dice la anfitriona de una fiesta a Rodrigo—: socialice, diviértase, sea el hombre encantador de siempre y el dinero manará.
Rodrigo sonríe, pero el verdadero Rodrigo quedó fuera de la mansión. Forma parte del teatro por los músicos a los que dirige. Más que un jefe se siente un compañero. Y para desgracia de Rodrigo, una orquesta sinfónica necesita de un elevado presupuesto. En esta escena uno recuerda a Jean Cocteau, poeta, pintor, músico y director de la bella película Bella y la Bestia.
«Una película será arte cuando sus materiales sean tan baratos como un lápiz y un papel».
Puede cambiarse «película» por «representación teatral», «ópera», «concierto» o cualquier arte que debe reunir distintos talentos y habilidades para tomar cuerpo. Entre estos talentos está saber promocionarse. (Recordemos que Hitchcock fue maestro del marketing; por ello considerado como un mercader más que como un artista por la crítica norteamericana de su tiempo).
—¿Por qué tengo que hacer esto? —dice a Gloria, la jefa de la Filarmónica—. La música clásica no es negocio.
—Todo es negocio —responde Gloria.
Mozart in Jungle - Rodrigo al violín
Rodrigo representa la tragedia del artista dentro de una industria que quiere resultados aquí y ahora. Es exhibido por su jefa como un Mozart niño en los palacios europeos. Es reveladora la escena en la uno de los patrocinadores obliga a Rodrigo a volver a tocar el violín por 200.000 dólares. Rodrigo juró años atrás que no volvería a tocar el violín.
—¿Quiere algo de mi tierra o le parece demasiado ilegal para usted? —dice Rodrigo.
—Lo que prefiera —dice el hombre de negocios—.Tiene fama de que le cuesta arrancar
Rodrigo toca Campanitas del lugar.
—Esta tonadilla no merece mi inversión —dice el hombre de negocios.
—Donaré 300.000 dólares si descubre quién compuso la siguiente variación de esta tonadilla.
Rodrigo ejecuta la versión de Campanillas del lugar de Mozart desconocida por el hombre de negocios. Gana la apuesta y humilla a un hombre que patrocina la música —como una inversión más—, pero la desconoce.
LA OBLIGACIÓN DE ATENERSE UNA PROGRAMACIÓN
Mozart in Jungle - Las calles
Rodrigo también es ejemplo del artista desorganizado que crea por impulso. Para desesperación de los patrocinadores, Rodrigo no quiere seguir la programación impuesta. Rodrigo quiere que Nueva York le inspire qué música necesita la ciudad. Por esto pasea, se mezcla con las personas, come en la calle, compra amuletos para rituales de magia animista, habla con un sacerdote y se somete a la hipnosis.
LA OBLIGACIÓN DE RESPETAR AL SINDICATO DE LOS MÚSICOS
Rodrigo llega con nuevos métodos: los músicos ensayan sin instrumentos y tocan en un solar abandonado en un suburbio para sentir la ciudad. Pero Rodrigo no controla al sindicato. Sus discursos inspiradores son con frecuencia cortados por el jefe sindical: «pausa para bocadillo» o «pausa para el baño». El sindicato marca cuándo comienzan los ensayos y cuándo acaban. Rodrigo no tuvo este problema en sus anteriores trabajos. Los músicos son artistas, pero también son trabajadores con derechos como todos.
Rodrigo bucea entre los impedimentos y crea magia en Mozart in the Jungle; y cuando no la crea, la magia le persigue.
MAGIA CUANDO RODRIGO CONOCE A HAILEY
La joven Hailey llega tarde a la audición: Rodrigo no está en la platea. Hailey se maldice por la oportunidad perdida y para relajarse toca el oboe tras una pantalla de tela. La intérprete es una sombra chinesca. Rodrigo deja los preliminares de sexo con su secretaria para conocer a quién toca tras la sombra.
MAGIA CUANDO RODRIGO CONOCE A ALICIA
—¿Qué sientes cuando tocas? —dice Rodrigo.
—Bueno, cuando toco delante de mi profesor casi siempre pienso en que no quiero equivocarme. Pero cuando estoy en casa y toco para mí no pienso en nada y cuando acabo es como si despertara de un sueño.
—Sí, te entiendo —dice Rodrigo conteniendo las lágrimas.
La pequeña que está patrocinada por un mecenas de la Filarmónica, provoca de forma involuntaria que Rodrigo vea necesario recaudar fondos para la música.
—Por ella merece la pena —dice Rodrigo a Hailey.
MAGIA Y VIOLENCIA CUANDO RODRIGO SE REENCUENTRA CON ANA MARÍA
Ana María es la esposa de Rodrigo, también una violinista «con sangre» y activista ecológica. Ella actúa en vertederos de residuos tóxicos y bosques amenazados. Bansky de la música.
Un Rodrigo desesperado y acuciado por los patrocinadores acude a Ana María para inaugurar la temporada. El director es consciente del peligro que corre. Y lo que temía ocurre:
—No quiero tocar para cerdos burgueses —dice Ana María al público— Deja esto y vente conmigo.
—No puedo, esta es mi orquesta —dice Rodrigo.
Rodrigo piensa como Ana María, pero tiene una responsabilidad hacia su tripulación. Pierde la oportunidad de recuperar a Ana María, pero se gana el respeto de sus músicos al cargar con las culpas. Aparece aquí la espontaneidad de Rodrigo: se convierte en un violinista más de la orquesta y pide a su mentor y rival que dirija la obra.
Pero Mozart in the Jungle es más que Rodrigo. La serie producida por Amazon ofrece una detallada galería de artistas. Jóvenes que se ven viejos para ser artistas tal y como soñaron siendo niños. Artistas maduros preocupados por los dolores de sus manos y de sus muñecas, y la dificultad para conseguir analgésicos. Músicos que consideran la música como una manera de pagar las facturas. Artistas pluriempleados. Artistas que trabajan en la calle y que piden dinero para continuar sus espectáculos. Y también artistas que están solos porque están centrados en el arte y artistas que están solos porque es difícil encontrar personas que comprendan a los artistas. Son realidades que desaparecen cuando la música llega.
Mozart in the Jungle es una serie con nervio que tiene la frescura que las grandes cadenas de televisión por cable perdieron hace tiempo. Un sueño de diez capítulos brevísimos (vistos de sopetón) del que he despertado.

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