fbpx
12 de abril 2018    /   CREATIVIDAD
por
 

Mr. Bingo: el mercenario que se convirtió en artista insultando a gente

12 de abril 2018    /   CREATIVIDAD     por          
Compártelo twitter facebook whatsapp
thumb image

Esta es la historia de un ilustrador que estaba hasta las pelotas de trabajar para clientes y se hizo artista. Ocurrió en arrebato. Geoff Hand estaba en su estudio trabajando de noche, solo, un poco borracho, y de pronto sintió la necesidad de enviar una postal a alguien. Una de las decenas de esas postales vintage y horteras que había ido comprando en tiendas de souvenirs, ferias y eventos de caridad para ir haciendo una colección del horror.

No se le ocurría a quién mandarla porque, en realidad, no tenía ningún interés en hablar con alguien ni tenía nada que contar. Lo único que le apetecía, y justo en ese instante, era echar al buzón una de sus postales cutres. Entró en su cuenta de Twitter y, sin pensarlo dos veces, publicó:

«Enviaré una postal con un mensaje ofensivo a la primera persona que responda a este tuit»

En apenas dos minutos unas 50 personas habían contestado. ¡Yo! Pero el más rápido fue un tal Jonathan Hopkins, de Forest Hill. El ilustrador cogió una postal, dibujó unas piernas gordas como botas y escribió:

«Que te jodan, Jonathan. Que te jodan y que jodan a tus piernas de mierda»

mr bingo

Al día siguiente, le puso un sello y, con la firma de Mr. Bingo, la envió a la dirección de Hopkins. Y justo antes de introducirla en el buzón le echó una foto y la publicó en sus redes sociales. Desde todas partes del mundo empezaron a llegarle peticiones para que les mandara una postal con un improperio dibujado.

Fueron tantas que Mr. Bingo pensó que ahí había negocio. A los pocos días creó un servicio llamado Hate Mail para enviar insultos a domicilio por solo cinco libras. Los pedidos lo desbordaron y al cabo de unos días decidió suspenderlos porque no daba abasto.

«Mis amigos me dijeron que abriera un estudio y contratara a varias personas para poder responder a todas las peticiones, pero no me pareció ético. Ellos me las pedían a mí. Esto no podía convertirse en una factoría», contó Mr. Bingo en el congreso de diseño Digital Design Days (DDD), celebrado en Milán.

bing1

El ilustrador envió los 400 insultos que había cobrado y cerró el servicio hasta nuevo aviso. A partir de entonces les subió el precio a 40 libras y solo lo abre cada cierto tiempo, un día, apenas unas horas, y ahí le llegan suficientes peticiones para dedicarse durante varias semanas a dibujar vituperios.

«Esos dos tuits, el mío y el de Jonathan, cambiaron mi vida», dijo el ilustrador, encima del escenario del DDD, vestido con un jersey naranja, unos pantalones cortos amarillos y unas botas rosas. «Llevaba 15 años trabajando para clientes y el Hate Mail me hizo ver que podía vivir de la gente. En vez de hacer encargos para empresas podía crear productos para personas».

Esa idea le hizo cambiar también el modo en el que se presentaba al mundo. Tiró sus tarjetas de ilustrador y empezó a presentarse como artista. «No esperes a que los demás te pongan un título. Muestra tú lo que quieras ser y al final acabarás siéndolo», aseguró.

bing2

Te odio por 40 libras

El Hate Mail estaba dando a conocer a Mr. Bingo en todo el mundo y un día llegó la editorial Penguin y le propuso llevar algunas de sus postales a un libro. La negociación no le convenció y pensó que en este asunto también era mejor montárselo por su cuenta que trabajar para una compañía. Lanzó una campaña en Kickstarter y ofreció recompensas como pegarse un viaje en tren con él, de ida y vuelta, solo para emborracharse juntos en el vagón cafetería. El proyecto alcanzó más de 135.000 libras esterlinas y hoy la obra está «available to buy on the fucking internet».

Mr. Bingo

«Mi proceso creativo»

Desde entonces se dedica a hacer lo que le apetece y, en vez de esperar la aprobación de un cliente, consulta sus ideas con decenas de desconocidos. En esto se basa parte de lo que presentó como su proceso creativo:

Pienso una idea estúpida.
La publico en internet.
Y si la mayoría dice que le gusta,
la hago realidad.

Mr. bingo
Diapositiva de Mr Bingo en su presentación en Digital Design Days

Así ocurrió, por ejemplo, tras el resultado del referéndum sobre el Brexit. Mr. Bingo, estupefacto, diseñó unos trapos de cocina para celebrar que muchos de los ancianos que votaron por salir de la Unión Europea a los dos días estaban muertos. A muchos les gustó, dieron su visto bueno en internet, y hoy secan sus platos en memoria de estos abuelos brexiters.

Mr. Bingo

«No trabajo para marcas, excepto…»

La respuesta habitual del artista al encargo de una compañía es no. Un NO en mayúsculas. Pero en Milán contó que a veces, si la empresa le deja hacer lo que él quiere sin rechistar ni poner un pero, acepta el proyecto. La oficina de Londres de la agencia KesselsKramer le dio carta blanca para que diseñara un papel de pared que decorara su sala de reuniones y Mr. Bingo se puso a ello.

El artista dibujó varias escenas de ejecutivos trabajando en una oficina. Todo muy convencional, sobrio, tan aburrido como las fotos de stock. Una mesa, sillas, una pantalla, mujeres con tacón de ejecutiva, hombres con chaqueta y corbata, pero Mr. Bingo metió al diablo en los detalles. Al mirar de cerca cada una de esas escenas aparece una canallada: un ejecutivo apuntándose con una pistola, un cadáver en el equipo de trabajo, dos tortugas fornicando…

Mr. Bingo

Mr. Bingo

Mr. Bingo

«No me llames»

A Mr. Bingo le irritan las llamadas telefónicas. Lo deja bien claro en un vídeo en el que pega un martillazo y patea un teléfono. Pero, si después de ver esto, alguien insiste en llamarlo, puede pagar 25 libras y el artista le enviará por correo postal su número de teléfono escrito en un papel y dentro de un sobre.

Porque Mr. Bingo no solo estaba hasta las pelotas de los clientes. También lo estaba de tanta llamada, tanto mail y tanta interrupción. Y ahora, como es artista, puede permitirse hacer lo que le da la gana.

Mr. Bingo

Esta es la historia de un ilustrador que estaba hasta las pelotas de trabajar para clientes y se hizo artista. Ocurrió en arrebato. Geoff Hand estaba en su estudio trabajando de noche, solo, un poco borracho, y de pronto sintió la necesidad de enviar una postal a alguien. Una de las decenas de esas postales vintage y horteras que había ido comprando en tiendas de souvenirs, ferias y eventos de caridad para ir haciendo una colección del horror.

No se le ocurría a quién mandarla porque, en realidad, no tenía ningún interés en hablar con alguien ni tenía nada que contar. Lo único que le apetecía, y justo en ese instante, era echar al buzón una de sus postales cutres. Entró en su cuenta de Twitter y, sin pensarlo dos veces, publicó:

«Enviaré una postal con un mensaje ofensivo a la primera persona que responda a este tuit»

En apenas dos minutos unas 50 personas habían contestado. ¡Yo! Pero el más rápido fue un tal Jonathan Hopkins, de Forest Hill. El ilustrador cogió una postal, dibujó unas piernas gordas como botas y escribió:

«Que te jodan, Jonathan. Que te jodan y que jodan a tus piernas de mierda»

mr bingo

Al día siguiente, le puso un sello y, con la firma de Mr. Bingo, la envió a la dirección de Hopkins. Y justo antes de introducirla en el buzón le echó una foto y la publicó en sus redes sociales. Desde todas partes del mundo empezaron a llegarle peticiones para que les mandara una postal con un improperio dibujado.

Fueron tantas que Mr. Bingo pensó que ahí había negocio. A los pocos días creó un servicio llamado Hate Mail para enviar insultos a domicilio por solo cinco libras. Los pedidos lo desbordaron y al cabo de unos días decidió suspenderlos porque no daba abasto.

«Mis amigos me dijeron que abriera un estudio y contratara a varias personas para poder responder a todas las peticiones, pero no me pareció ético. Ellos me las pedían a mí. Esto no podía convertirse en una factoría», contó Mr. Bingo en el congreso de diseño Digital Design Days (DDD), celebrado en Milán.

bing1

El ilustrador envió los 400 insultos que había cobrado y cerró el servicio hasta nuevo aviso. A partir de entonces les subió el precio a 40 libras y solo lo abre cada cierto tiempo, un día, apenas unas horas, y ahí le llegan suficientes peticiones para dedicarse durante varias semanas a dibujar vituperios.

«Esos dos tuits, el mío y el de Jonathan, cambiaron mi vida», dijo el ilustrador, encima del escenario del DDD, vestido con un jersey naranja, unos pantalones cortos amarillos y unas botas rosas. «Llevaba 15 años trabajando para clientes y el Hate Mail me hizo ver que podía vivir de la gente. En vez de hacer encargos para empresas podía crear productos para personas».

Esa idea le hizo cambiar también el modo en el que se presentaba al mundo. Tiró sus tarjetas de ilustrador y empezó a presentarse como artista. «No esperes a que los demás te pongan un título. Muestra tú lo que quieras ser y al final acabarás siéndolo», aseguró.

bing2

Te odio por 40 libras

El Hate Mail estaba dando a conocer a Mr. Bingo en todo el mundo y un día llegó la editorial Penguin y le propuso llevar algunas de sus postales a un libro. La negociación no le convenció y pensó que en este asunto también era mejor montárselo por su cuenta que trabajar para una compañía. Lanzó una campaña en Kickstarter y ofreció recompensas como pegarse un viaje en tren con él, de ida y vuelta, solo para emborracharse juntos en el vagón cafetería. El proyecto alcanzó más de 135.000 libras esterlinas y hoy la obra está «available to buy on the fucking internet».

Mr. Bingo

«Mi proceso creativo»

Desde entonces se dedica a hacer lo que le apetece y, en vez de esperar la aprobación de un cliente, consulta sus ideas con decenas de desconocidos. En esto se basa parte de lo que presentó como su proceso creativo:

Pienso una idea estúpida.
La publico en internet.
Y si la mayoría dice que le gusta,
la hago realidad.

Mr. bingo
Diapositiva de Mr Bingo en su presentación en Digital Design Days

Así ocurrió, por ejemplo, tras el resultado del referéndum sobre el Brexit. Mr. Bingo, estupefacto, diseñó unos trapos de cocina para celebrar que muchos de los ancianos que votaron por salir de la Unión Europea a los dos días estaban muertos. A muchos les gustó, dieron su visto bueno en internet, y hoy secan sus platos en memoria de estos abuelos brexiters.

Mr. Bingo

«No trabajo para marcas, excepto…»

La respuesta habitual del artista al encargo de una compañía es no. Un NO en mayúsculas. Pero en Milán contó que a veces, si la empresa le deja hacer lo que él quiere sin rechistar ni poner un pero, acepta el proyecto. La oficina de Londres de la agencia KesselsKramer le dio carta blanca para que diseñara un papel de pared que decorara su sala de reuniones y Mr. Bingo se puso a ello.

El artista dibujó varias escenas de ejecutivos trabajando en una oficina. Todo muy convencional, sobrio, tan aburrido como las fotos de stock. Una mesa, sillas, una pantalla, mujeres con tacón de ejecutiva, hombres con chaqueta y corbata, pero Mr. Bingo metió al diablo en los detalles. Al mirar de cerca cada una de esas escenas aparece una canallada: un ejecutivo apuntándose con una pistola, un cadáver en el equipo de trabajo, dos tortugas fornicando…

Mr. Bingo

Mr. Bingo

Mr. Bingo

«No me llames»

A Mr. Bingo le irritan las llamadas telefónicas. Lo deja bien claro en un vídeo en el que pega un martillazo y patea un teléfono. Pero, si después de ver esto, alguien insiste en llamarlo, puede pagar 25 libras y el artista le enviará por correo postal su número de teléfono escrito en un papel y dentro de un sobre.

Porque Mr. Bingo no solo estaba hasta las pelotas de los clientes. También lo estaba de tanta llamada, tanto mail y tanta interrupción. Y ahora, como es artista, puede permitirse hacer lo que le da la gana.

Mr. Bingo

Compártelo twitter facebook whatsapp
La surrealista forma de ganar dinero de Dalí
Cómo convertir el palito de mover el café en iluminación sostenible
Un paseo por un mundo nada virtual
Yeyei Gómez dibuja con los puños
 
Especiales
 
facebook twitter whatsapp
Opiniones 2
  • Deja un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *