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3 de mayo 2019    /   CREATIVIDAD
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Entre el cine y la pintura: las batallas épicas de Mu Pan

Las obras de este artista taiwanés se exhiben en Espacio Solo, en Madrid

3 de mayo 2019    /   CREATIVIDAD     por          
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En la esquina inferior derecha comienza la batalla. Aparecen bestias de todos lados, lanzas, mujeres en tetas huyendo de las fieras. Van avanzando, atacando, escupiendo, hasta que en el rincón superior izquierdo Mu Pan pone fin a la historia.

Él no pinta. No hace arte. «Me considero un contador de historias y el dibujo es mi lenguaje», explica. «No me considero pintor. Uso pincel, pero mi técnica y mi forma de trabajar son propias del dibujo».

Desentrañar una historia de Mu Pan puede llevar tanto tiempo como leer Moby Dick; más que ver la trilogía de El señor de los anillos. Hay que estar ciego para ver en sus dibujos un cuadro; es cine. Cine dibujado. Cine atestado de tramas, subtramas, giros de guion, personajes, gritos, músicas y hasta cameos: el taiwanés y su hijo aparecen por ahí.

Hay una razón de que estas obras suenen cuando alguien las mira. Mu Pan dibuja jugando. Va haciendo los ruidos de las luchas mientras mueve el pincel: ¡Psssh! ¡Pum! ¡Crash! Canturrea las andanzas de los personajes y pronuncia sus lamentos: Oh!, Yes! Aaaarg!

En su estudio de Brooklyn (Nueva York), se ha producido, por unos días, un alto el fuego. Mu Pan está en Madrid. Ha venido a mostrar, por primera vez, su obra en España y lo ha hecho en un lugar de arte exquisito: Espacio Solo. En el centro de una de las salas de la exposición Mu Pan y otras bestias (hasta el 26 de julio) hay unas sillas. A nuestra espalda guerrean seres de rostro humano y cola de pez. Al frente, salen gritos acrílicos de un mar impetuoso. En este epicentro de los mundos construidos por Mu Pan transcurre la conversación.

Mu Pan en el Espacio Solo
Óscar Rivilla para Colección Solo

En muchos de tus personajes no hay una línea clara entre el animal y el humano. ¿Tiene algún significado?

Me gustan mucho los documentales y los dibujos de animales. Me gustan los poderes que les dan las historias mitológicas. Y los humanos formamos parte de su misma naturaleza: nosotros también somos animales.

Hay muchos monos en tus historias.

Nosotros somos una de las especies del mono. Pensamos que somos más inteligentes, pero seguimos siendo muy primarios. Tenemos las mismas necesidades básicas. Al principio, cuando empecé a dibujar, quería mostrar el inicio de la sociedad humana y pensé que el mono lo representa muy bien. La recolección, la caza, la guerra, la política, la religión… Y con los años, estos personajes fueron evolucionando en mis pinturas. De algún modo, fue ocurriendo así.

¿Eso significa que te vas dejando llevar cuando pintas?

Tengo una idea de lo que quiero hacer. Parto de una estructura muy vaga y luego voy viendo lo que va pasando. Empiezo un argumento sencillo por una esquina y sigo, y sigo, y si la historia cambia, la dejo que vaya por ahí. Las imágenes se van construyendo por sí mismas.

Fluyen…

Sí. Van surgiendo en función de mis emociones. Es como un registro de mi vida diaria: lo que me ocurre, lo que siento en las ocho horas que estoy dibujando queda reflejado ahí.

Tus obras parecen más una película que un cuadro. Podrían llamarse «narrativas pictóricas». ¿Cómo las describes tú?

Estudié ilustración y tengo un Master of Fine Arts en Narrative Image Making. El único modo en el que me siento cómodo creando imágenes es contando historias. Es el mismo tipo de dibujo que hacía cuando tenía cinco años. La única diferencia está en mis manos: ahora conozco más técnicas y he desarrollado la habilidad de dibujar, pero quiero mantener la misma sensación que tenía cuando era un niño.

Dejas que tu imaginación mande…

Sí. No quiero pensar demasiado. Para poder hacer obras tan grandes, a las que dedico tanto tiempo, me tienen que resultar interesantes. Así puedo continuar y no aburrirme. Tener esa mentalidad infantil que mantiene viva la curiosidad es muy importante para mí.

Dibujas muchos mares y océanos.

Me encantan los océanos. Crecí en una isla, en Taiwán, y en el mar me siento libre. También me hace sentir lo pequeño que soy: «¡Eh, vamos, no eres nada comparado con el océano!». Me gusta bucear; hay mucha paz en el agua. Me gusta cómo se ven las cosas: no las ves nítidas, pero sientes todo lo que hay a tu alrededor. Y también me hace sentir que aún estoy en el vientre de mi madre: me siento seguro.

Pintas muchas batallas.

Me gusta ese tipo de poder de la energía muscular. Me divierten las batallas, todas las técnicas que has de entrenar para el combate… Me gusta dibujar muchos elementos de la misma cosa, pero que cada una sea distinta. Eso encaja muy bien con la guerra. Todos los soldados van vestidos con el mismo uniforme, pero cada personaje tiene su propia personalidad. Parecen lo mismo, pero no lo son.

Los gestos de los personajes son asombrosos. En su cara lees lo que ocurre en la historia. Es uno de los elementos que convierte la obra en una historia de acción.

Ese es mi talento de actor. Los personajes no están basados en nadie. Para los uniformes y las armas busco referencias, pero para las personas, no busco nada. Actúo. Yo pongo el gesto de cada personaje y lo dibujo. Me pongo en su piel. Me imagino que soy un tipo de Arkansas y que tengo que ir a la guerra, pero, en realidad, quiero volver a casa. Incluso trato de hablar como él [Mu Pan pone acento de granjero de la América profunda]. Me siento como un productor de cine y hablo con un equipo invisible: «Consígueme un caballo», «Tráeme un gigante»…

Charles Dickens usaba un espejo para buscar los gestos y la personalidad de sus personajes. Así veía cómo se comportaban y luego escribía sobre ellos. ¿Tú también buscas los gestos de tu personaje en un espejo?

No. Me basta con imaginarlos. No quiero ver la imagen de un modelo. Lo que quiero conocer es la actitud de un personaje, no su imagen. Intento que cada individuo parezca convincente, creíble.

Dices que los superhéroes son racistas.

¡Oh, sí! [exclama con un énfasis y una voz que parece sacada de un bocadillo de un cómic]. Sí, los superhéroes americanos son racistas. No quiero que mi hijo vea sus aventuras; ni siquiera La guerra de las galaxias. ¿Por qué el mundo tiene que ser salvado por superhombres estadounidenses, a menudo rubios, con ojos azules? Odio la idea de que Estados Unidos es la solución para la paz. No es así: el Gobierno de EEUU es el que crea los problemas en el mundo. No quiero que mi hijo se sienta inferior que ellos porque no es anglosajón. No somos gente de segunda. No necesitamos que nos salven.

Ese rubio de ojos azules también aparece en los cuentos machistas del príncipe azul. Las mujeres tampoco necesitamos un principito ni un anglosajón que nos traiga la felicidad.

Cierto.

Para Mu Pan, dibujar es una forma de pedir justicia. Dice que aborrece el actual Gobierno de Estados Unidos y lo único que puede hacer es dibujar ese sentimiento. «Mis dibujos son muy personales. No quiero imponer a nadie lo que tiene que pensar. Yo hago esto porque me gusta. “¿No te gusta? Tú tampoco me gustas a mí”», ríe.

Y lo expresa casi en miniatura. Mu Pan trabaja con un casco provisto de lentes y luz en la cabeza para poder ver en grande lo que dibuja en pequeño. Algo parecido le ocurre al que mira: al llegar a la exposición de Espacio Solo, le dan una lupa. Eso le ayuda a apreciar los detalles, pero, además, es una llamada de atención. No son cuadros para mirar de pasada (y de paseo). En esos óleos y acrílicos hay una larga historia y muchos personajes huyendo de monstruos y fieras abominables.

Esa lupa es una indicación: estas imágenes no se ven; se leen. Y Mu Pan quiere que se observen con detenimiento: «Hey, mira ahí. He dedicado mi vida a hacer esto».

Mu Pan en su exposición en Madrid
Óscar Rivilla para Colección Solo

En la esquina inferior derecha comienza la batalla. Aparecen bestias de todos lados, lanzas, mujeres en tetas huyendo de las fieras. Van avanzando, atacando, escupiendo, hasta que en el rincón superior izquierdo Mu Pan pone fin a la historia.

Él no pinta. No hace arte. «Me considero un contador de historias y el dibujo es mi lenguaje», explica. «No me considero pintor. Uso pincel, pero mi técnica y mi forma de trabajar son propias del dibujo».

Desentrañar una historia de Mu Pan puede llevar tanto tiempo como leer Moby Dick; más que ver la trilogía de El señor de los anillos. Hay que estar ciego para ver en sus dibujos un cuadro; es cine. Cine dibujado. Cine atestado de tramas, subtramas, giros de guion, personajes, gritos, músicas y hasta cameos: el taiwanés y su hijo aparecen por ahí.

Hay una razón de que estas obras suenen cuando alguien las mira. Mu Pan dibuja jugando. Va haciendo los ruidos de las luchas mientras mueve el pincel: ¡Psssh! ¡Pum! ¡Crash! Canturrea las andanzas de los personajes y pronuncia sus lamentos: Oh!, Yes! Aaaarg!

En su estudio de Brooklyn (Nueva York), se ha producido, por unos días, un alto el fuego. Mu Pan está en Madrid. Ha venido a mostrar, por primera vez, su obra en España y lo ha hecho en un lugar de arte exquisito: Espacio Solo. En el centro de una de las salas de la exposición Mu Pan y otras bestias (hasta el 26 de julio) hay unas sillas. A nuestra espalda guerrean seres de rostro humano y cola de pez. Al frente, salen gritos acrílicos de un mar impetuoso. En este epicentro de los mundos construidos por Mu Pan transcurre la conversación.

Mu Pan en el Espacio Solo
Óscar Rivilla para Colección Solo

En muchos de tus personajes no hay una línea clara entre el animal y el humano. ¿Tiene algún significado?

Me gustan mucho los documentales y los dibujos de animales. Me gustan los poderes que les dan las historias mitológicas. Y los humanos formamos parte de su misma naturaleza: nosotros también somos animales.

Hay muchos monos en tus historias.

Nosotros somos una de las especies del mono. Pensamos que somos más inteligentes, pero seguimos siendo muy primarios. Tenemos las mismas necesidades básicas. Al principio, cuando empecé a dibujar, quería mostrar el inicio de la sociedad humana y pensé que el mono lo representa muy bien. La recolección, la caza, la guerra, la política, la religión… Y con los años, estos personajes fueron evolucionando en mis pinturas. De algún modo, fue ocurriendo así.

¿Eso significa que te vas dejando llevar cuando pintas?

Tengo una idea de lo que quiero hacer. Parto de una estructura muy vaga y luego voy viendo lo que va pasando. Empiezo un argumento sencillo por una esquina y sigo, y sigo, y si la historia cambia, la dejo que vaya por ahí. Las imágenes se van construyendo por sí mismas.

Fluyen…

Sí. Van surgiendo en función de mis emociones. Es como un registro de mi vida diaria: lo que me ocurre, lo que siento en las ocho horas que estoy dibujando queda reflejado ahí.

Tus obras parecen más una película que un cuadro. Podrían llamarse «narrativas pictóricas». ¿Cómo las describes tú?

Estudié ilustración y tengo un Master of Fine Arts en Narrative Image Making. El único modo en el que me siento cómodo creando imágenes es contando historias. Es el mismo tipo de dibujo que hacía cuando tenía cinco años. La única diferencia está en mis manos: ahora conozco más técnicas y he desarrollado la habilidad de dibujar, pero quiero mantener la misma sensación que tenía cuando era un niño.

Dejas que tu imaginación mande…

Sí. No quiero pensar demasiado. Para poder hacer obras tan grandes, a las que dedico tanto tiempo, me tienen que resultar interesantes. Así puedo continuar y no aburrirme. Tener esa mentalidad infantil que mantiene viva la curiosidad es muy importante para mí.

Dibujas muchos mares y océanos.

Me encantan los océanos. Crecí en una isla, en Taiwán, y en el mar me siento libre. También me hace sentir lo pequeño que soy: «¡Eh, vamos, no eres nada comparado con el océano!». Me gusta bucear; hay mucha paz en el agua. Me gusta cómo se ven las cosas: no las ves nítidas, pero sientes todo lo que hay a tu alrededor. Y también me hace sentir que aún estoy en el vientre de mi madre: me siento seguro.

Pintas muchas batallas.

Me gusta ese tipo de poder de la energía muscular. Me divierten las batallas, todas las técnicas que has de entrenar para el combate… Me gusta dibujar muchos elementos de la misma cosa, pero que cada una sea distinta. Eso encaja muy bien con la guerra. Todos los soldados van vestidos con el mismo uniforme, pero cada personaje tiene su propia personalidad. Parecen lo mismo, pero no lo son.

Los gestos de los personajes son asombrosos. En su cara lees lo que ocurre en la historia. Es uno de los elementos que convierte la obra en una historia de acción.

Ese es mi talento de actor. Los personajes no están basados en nadie. Para los uniformes y las armas busco referencias, pero para las personas, no busco nada. Actúo. Yo pongo el gesto de cada personaje y lo dibujo. Me pongo en su piel. Me imagino que soy un tipo de Arkansas y que tengo que ir a la guerra, pero, en realidad, quiero volver a casa. Incluso trato de hablar como él [Mu Pan pone acento de granjero de la América profunda]. Me siento como un productor de cine y hablo con un equipo invisible: «Consígueme un caballo», «Tráeme un gigante»…

Charles Dickens usaba un espejo para buscar los gestos y la personalidad de sus personajes. Así veía cómo se comportaban y luego escribía sobre ellos. ¿Tú también buscas los gestos de tu personaje en un espejo?

No. Me basta con imaginarlos. No quiero ver la imagen de un modelo. Lo que quiero conocer es la actitud de un personaje, no su imagen. Intento que cada individuo parezca convincente, creíble.

Dices que los superhéroes son racistas.

¡Oh, sí! [exclama con un énfasis y una voz que parece sacada de un bocadillo de un cómic]. Sí, los superhéroes americanos son racistas. No quiero que mi hijo vea sus aventuras; ni siquiera La guerra de las galaxias. ¿Por qué el mundo tiene que ser salvado por superhombres estadounidenses, a menudo rubios, con ojos azules? Odio la idea de que Estados Unidos es la solución para la paz. No es así: el Gobierno de EEUU es el que crea los problemas en el mundo. No quiero que mi hijo se sienta inferior que ellos porque no es anglosajón. No somos gente de segunda. No necesitamos que nos salven.

Ese rubio de ojos azules también aparece en los cuentos machistas del príncipe azul. Las mujeres tampoco necesitamos un principito ni un anglosajón que nos traiga la felicidad.

Cierto.

Para Mu Pan, dibujar es una forma de pedir justicia. Dice que aborrece el actual Gobierno de Estados Unidos y lo único que puede hacer es dibujar ese sentimiento. «Mis dibujos son muy personales. No quiero imponer a nadie lo que tiene que pensar. Yo hago esto porque me gusta. “¿No te gusta? Tú tampoco me gustas a mí”», ríe.

Y lo expresa casi en miniatura. Mu Pan trabaja con un casco provisto de lentes y luz en la cabeza para poder ver en grande lo que dibuja en pequeño. Algo parecido le ocurre al que mira: al llegar a la exposición de Espacio Solo, le dan una lupa. Eso le ayuda a apreciar los detalles, pero, además, es una llamada de atención. No son cuadros para mirar de pasada (y de paseo). En esos óleos y acrílicos hay una larga historia y muchos personajes huyendo de monstruos y fieras abominables.

Esa lupa es una indicación: estas imágenes no se ven; se leen. Y Mu Pan quiere que se observen con detenimiento: «Hey, mira ahí. He dedicado mi vida a hacer esto».

Mu Pan en su exposición en Madrid
Óscar Rivilla para Colección Solo

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