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7 de noviembre 2011    /   IDEAS
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Muere el free-lance… Nace el free radical

7 de noviembre 2011    /   IDEAS     por          
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Desde que los programadores se metieron en su habitación a cambiar el mundo nada ha sido igual. Han ido poniendo fecha de caducidad a todas las industrias. Una por una. Y también a la forma de trabajar del siglo XX. Las grandes estructuras de oficinas en edificios mastodónticos con hora de entrada y salida, donde hay que fichar, huelen a rancio. Internet ha liberado a muchas profesiones de sus cadenas y está acabando con el término “free-lance” para convertirlo en “free radical”.

Hace unos años se empezó a hablar de un nuevo perfil de trabajador: el portfolio worker. El experto en management Charles Handy acuñó el nombre y lo describió como un profesional que vende su trabajo en función de su talento y su experiencia. Es la persona que prefiere trabajar en proyectos para varios clientes en lugar de emplear todo su tiempo a desarrollar una misma función para una sola empresa. Es el que busca flexibilidad y quiere abordar más de una disciplina o abarcar una mayor variedad de trabajos.

En su libro The Empty Raincoat, Handy indica que “ser portfolio implica cambiar un empleo full-time por independencia. El portfolio es una colección de diferentes bits y piezas para varios clientes. La palabra ‘empleo’ significa hoy un cliente… Les dije a mis hijos que cuando terminaran sus estudios buscaran clientes en vez de jefes”.

De esta misma figura habla ahora Scott Belsky. El responsable de Behance llama a este tipo de profesionales “radicales libres” y en su artículo ‘A Manifesto For Free Radicals: Less Paperwork, Less Waiting, More Action’, los compara con estas moléculas porque, en química, este grupo de átomos son imposibles de movilizar y, precisamente por eso, sus posibilidades son infinitas”.

Dice que llama radicales libres a este “nuevo tipo de profesional del siglo XXI” porque “manejan sus carreras con sus propias manos y ponen al mundo a trabajar para ellos”. Los recursos necesarios para gestionar una empresa era, antes, algo que un particular no se podía permitir. Ahora están en la nube y se han convertido en un commodity. A esto se une el open-source y la posibilidad de que los individuos dispongan del código de aplicaciones para usarlas a su medida.

“Los radicales libres son fuertes y resistentes, autosuficientes y extremadamente potentes. Los encontrarás trabajando por su cuenta, en pequeños equipos o en grandes compañías. Están en todos sitios y están configurando el futuro”, escribe Belsky.

Este es el manifiesto de los Free Radicals.

Hacemos trabajo que es, ante todo, reconfortante. Pero cuando hacemos algo esperamos una validación extrínseca. No creamos solo para nosotros mismos. Queremos conseguir un impacto real y duradero en el mundo que nos rodea.

Pedimos libertad, tanto si trabajamos en compañías o por nuestra cuenta, para experimentar, participar en múltiples proyectos a la vez y desarrollar nuestras ideas. Avanzamos dentro de la flexibilidad y somos más productivos cuando nos sentimos totalmente comprometidos.

Hacemos muchos proyectos y, por lo tanto, cometemos errores a menudo. Vemos los pequeños fallos como oportunidades de aprendizaje y parte de nuestra educación experimental.

Tenemos poca tolerancia con las fricciones de la burocracia, redes de influencia de vieja escuela y las prácticas de negocio anticuadas. A menudo cuestionamos los procedimientos estándar y nos hacemos valer. Pero incluso cuando no podemos, no nos rendimos al status quo. En su lugar, encontramos fórmulas más interesantes a nuestro alrededor.

Esperamos que las compañías saquen lo mejor de nuestro trabajo y talento, ya sea una start-up o una gran compañía. Cuando nuestros proyectos y aprendizajes se estancan, nos vamos. Pero cuando podemos producir un impacto en algo que nos interesa, ¡estamos encantados! Queremos hacer nuestro trabajo siempre lo mejor que podemos.

Consideramos el open source, las API y el inmenso conocimiento colectivo de internet nuestro arsenal personal. Wikipedia, Quora y las comunidades abiertas para diseñadores, desarrolladores y pensadores fueron creadas por nosotros y para nosotros. Siempre que sea posible, difundimos conocimiento colectivo para ayudar a tomar mejores decisiones para nosotros mismos y nuestros clientes.

Pensamos que “networking” es compartir. Al compartir nuestras creaciones y las cosas que nos fascinan, creamos una comunidad de seguidores que nos dan feedback, ánimo y nos conducen hacia nuevas oportunidades. Por este motivo (y otros más), a menudo (no siempre) optamos por la transparencia sobre la privacidad.

Creemos en la meritocracia y el poder de las redes online para mejorar las habilidades que nos permiten hacer lo que nos gusta. Vemos la competencia como una motivación positiva más que como una amenaza.

Nos ganamos muy bien la vida haciendo lo que nos gusta. Nos consideramos, a la vez, artesanos y empresarios. A menudo somos nuestros propios departamentos de contabilidad, nuestra agencia de publicidad, nuestro asesor de desarrollo de negocio y nuestro comercial. Dedicamos la energía necesaria para invertir en nosotros mismos como negocio y empleamos las mejores herramientas y conocimientos (la mayoría son libres y online) para gestionar nuestro trabajo como una empresa de hoy.

Imagen de portada de LuisB

Desde que los programadores se metieron en su habitación a cambiar el mundo nada ha sido igual. Han ido poniendo fecha de caducidad a todas las industrias. Una por una. Y también a la forma de trabajar del siglo XX. Las grandes estructuras de oficinas en edificios mastodónticos con hora de entrada y salida, donde hay que fichar, huelen a rancio. Internet ha liberado a muchas profesiones de sus cadenas y está acabando con el término “free-lance” para convertirlo en “free radical”.

Hace unos años se empezó a hablar de un nuevo perfil de trabajador: el portfolio worker. El experto en management Charles Handy acuñó el nombre y lo describió como un profesional que vende su trabajo en función de su talento y su experiencia. Es la persona que prefiere trabajar en proyectos para varios clientes en lugar de emplear todo su tiempo a desarrollar una misma función para una sola empresa. Es el que busca flexibilidad y quiere abordar más de una disciplina o abarcar una mayor variedad de trabajos.

En su libro The Empty Raincoat, Handy indica que “ser portfolio implica cambiar un empleo full-time por independencia. El portfolio es una colección de diferentes bits y piezas para varios clientes. La palabra ‘empleo’ significa hoy un cliente… Les dije a mis hijos que cuando terminaran sus estudios buscaran clientes en vez de jefes”.

De esta misma figura habla ahora Scott Belsky. El responsable de Behance llama a este tipo de profesionales “radicales libres” y en su artículo ‘A Manifesto For Free Radicals: Less Paperwork, Less Waiting, More Action’, los compara con estas moléculas porque, en química, este grupo de átomos son imposibles de movilizar y, precisamente por eso, sus posibilidades son infinitas”.

Dice que llama radicales libres a este “nuevo tipo de profesional del siglo XXI” porque “manejan sus carreras con sus propias manos y ponen al mundo a trabajar para ellos”. Los recursos necesarios para gestionar una empresa era, antes, algo que un particular no se podía permitir. Ahora están en la nube y se han convertido en un commodity. A esto se une el open-source y la posibilidad de que los individuos dispongan del código de aplicaciones para usarlas a su medida.

“Los radicales libres son fuertes y resistentes, autosuficientes y extremadamente potentes. Los encontrarás trabajando por su cuenta, en pequeños equipos o en grandes compañías. Están en todos sitios y están configurando el futuro”, escribe Belsky.

Este es el manifiesto de los Free Radicals.

Hacemos trabajo que es, ante todo, reconfortante. Pero cuando hacemos algo esperamos una validación extrínseca. No creamos solo para nosotros mismos. Queremos conseguir un impacto real y duradero en el mundo que nos rodea.

Pedimos libertad, tanto si trabajamos en compañías o por nuestra cuenta, para experimentar, participar en múltiples proyectos a la vez y desarrollar nuestras ideas. Avanzamos dentro de la flexibilidad y somos más productivos cuando nos sentimos totalmente comprometidos.

Hacemos muchos proyectos y, por lo tanto, cometemos errores a menudo. Vemos los pequeños fallos como oportunidades de aprendizaje y parte de nuestra educación experimental.

Tenemos poca tolerancia con las fricciones de la burocracia, redes de influencia de vieja escuela y las prácticas de negocio anticuadas. A menudo cuestionamos los procedimientos estándar y nos hacemos valer. Pero incluso cuando no podemos, no nos rendimos al status quo. En su lugar, encontramos fórmulas más interesantes a nuestro alrededor.

Esperamos que las compañías saquen lo mejor de nuestro trabajo y talento, ya sea una start-up o una gran compañía. Cuando nuestros proyectos y aprendizajes se estancan, nos vamos. Pero cuando podemos producir un impacto en algo que nos interesa, ¡estamos encantados! Queremos hacer nuestro trabajo siempre lo mejor que podemos.

Consideramos el open source, las API y el inmenso conocimiento colectivo de internet nuestro arsenal personal. Wikipedia, Quora y las comunidades abiertas para diseñadores, desarrolladores y pensadores fueron creadas por nosotros y para nosotros. Siempre que sea posible, difundimos conocimiento colectivo para ayudar a tomar mejores decisiones para nosotros mismos y nuestros clientes.

Pensamos que “networking” es compartir. Al compartir nuestras creaciones y las cosas que nos fascinan, creamos una comunidad de seguidores que nos dan feedback, ánimo y nos conducen hacia nuevas oportunidades. Por este motivo (y otros más), a menudo (no siempre) optamos por la transparencia sobre la privacidad.

Creemos en la meritocracia y el poder de las redes online para mejorar las habilidades que nos permiten hacer lo que nos gusta. Vemos la competencia como una motivación positiva más que como una amenaza.

Nos ganamos muy bien la vida haciendo lo que nos gusta. Nos consideramos, a la vez, artesanos y empresarios. A menudo somos nuestros propios departamentos de contabilidad, nuestra agencia de publicidad, nuestro asesor de desarrollo de negocio y nuestro comercial. Dedicamos la energía necesaria para invertir en nosotros mismos como negocio y empleamos las mejores herramientas y conocimientos (la mayoría son libres y online) para gestionar nuestro trabajo como una empresa de hoy.

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Opiniones 30
  • Interesante, …pero obviando algo conceptual básico: es gracias a la meritocracia que nos comemos con patatas la parte menos amable del neocapitalismo o como le queráis llamar. Lo cual no es muy responsable para con el mundo… La educación meritocrática es francamente un patinazo pedagógico frente a la racionalista o la incidental (Paul Goodman)… hablar de méritos, implica muchas cosas… cosas que en una sociedad pragmática vendrán “medidas” mayoritariamente por Don Dinero…. en ese sentido “free radicals” es algo light, cool, pero light.

    Es decir, que aunque algunas ideas de las expuestas son interesantes, se nota que es un “point of view” claramente anglosajón. Donde en tu resumé (cv) nunca se te exime de poner la edad… A mi personalmente me gusta hablar más de talentos y habilidades que de méritos o éxitos. Es un matiz cultural, pero importante. Es gracias a la falta de matices que las culturas de las grandes ciudades parecen homogeneizadas uniformemente como mantequilla sobre una gran tostada planetaria (vaya metáfora, me voy a por otro café).

    Comparto el punto de vista del comentario de Dani Blanco.

    Y sintetizando: somos lo que hacemos, por lo que definirse o tanta necesidad de definirse es un síntoma sociológicamente relevante de la necesidad de autodefinirse, construirse la identidad (no corporativa, ejem).

    Bueno de lo que sí estoy seguro es que hay partes del decálogo que me gustan… sin duda, y otras son insípidas.

    Necesito otro café, no me hagáis mucho caso…
    Marc

    PS: GraciasYorokobu (gracias Mar Abad, por tu escrutador y agudo ojo redactor!)

  • Curiosa forma de llamar a la neo esclavitud, la falta de derechos laborales de la empresa para con el trabajador, la nula presencia en el manifiesto de derechos sindicales o la ABSOLUTAMENTE NULA presencia, siquiera, del SUELDO, del modo de establecer remuneraciones justas por el trabajo. Lo vestimos con un ropaje ‘moderniki’, lo llamamos ‘free radikal’ que queda así muy postmoderno e inauguramos una nueva fase del capitalismo: despido libre, falta de responsabilidad social de la empresa para con el trabajador, sueldos de miseria o con condiciones siempre a la baja (sin un sindicato que te respalde…, porque tu eres un ‘radikal libre’, je, je, je…). En fin, el sueño de cualquier empresario.

  • Juanma, no te enteras amigo. Te has quedado en la mentalidad del empresario y el patrón. Ya no estamos en la sociedad industrial. Hay vida más allá de los sindicatos…Te reproduzco uno de los comentarios en este post:

    “Soy freelance y me siento completamente identificado. Llevo así bastantes años y tener esa libertad no la cambio por nada en el mundo. Poder trabajar para quien quieras no tiene precio, a parte de la diversidad de proyectos que puedes hacer tocando infinidad de estilos. La conciliación familiar, soy padre de una niña de 2 años, es algo que tiene un valor incalculable. Trabajar en una agencia 10 horas y llegar a las 20-21 a casa para encontrarme a mi hija ya durmiendo, es una jodida aberración. Romanticismo? lo dudo. No lo cambio por nada.”

    ¡Pobre explotado!

  • El que no te enteras eres tú, Piotr… Nadie habla de ir a fichar a una fábrica de ‘ilustraciones’ de 8 a 20 horas. No es eso… Simplemente el artículo refleja el deseo de cualquier empresario, especialmente si se dedica a los medios de comunicación. Bajo un ropaje postmoderno, el artículo ensalza el ‘sálvese quién pueda’. No se hace la menor mención a la inseguridad laboral, se hace un canto a la individualidad (porque la cooperación -o los tan denigrados sindicatos- son un freno a la explotación empresarial), bajo una aparente ‘libertad’ se da carta blanca a la libertad del empresario para hacer contigo lo que le salga de los huevos: te pago lo que me dé la gana y si no te gusta tengo 500 ‘free radikals’ detrás que lo harán más baratos que tú; no tengo la menor responsabilidad en cuanto a lo que te ocurra (si te partes la cara haciendo un trabajo o enfermas, allá te las compongas tú), etc. Es decir, el artículo es -en parte, no en todo- una celebración del “deme Vd. un producto, que yo haré con Vd. lo que me dé la gana”. No niego que una parte de la filosofía emprendedora que se refleja esté bien y que hay nuevas formas de negocio, pero lo dicho, lo que se propone es el sueño de cualquier empresario: trabajadores solitarios, no organizados, acojonados de exigir demasiado, que luchan por vender su producto al mejor postor y sin ningún derecho laboral.

  • soy free-radical desde hace 15 años, en silencio, sin hacer ruido, entro, impongo mis condiciones, soluciono el problema, más rápido, mejor y más barato con ingenio y creatividad, me involucro, me arriesgo.
    Otro nodo esta creado, mi red es ya inmensa, domino todas las disciplinas resuelvo todos los problemas, lo que no sé me lo invento. El problema…. ser secuencial, ser ubicuo, saber decir NO…..y creerte Dios.

  • francamente sorprendida por la mayoría de respuestas. yo digo bien alto:

    fFREE-RADICAL DE QUÉ?

    compitiendo con “colegas” MUY desleales, reventones de precios de escándalo, INTRUSISMOS a gogó y a la postre todos colocando bien el culo ante os encargos, haciendo más horas que los chinos, cobrando cuatro duros y, sin dejar de sonreír, demostrando nuestra profesionalidad aunque no hagamos los exigidos milagros que todos conocemos. jaja.. jajajja ay que me río. venga ya, quien no se sienta identificado que levante el ratón.

    no lo cambio por nada, pero tampoco idealicemos, señores. lo único de radical que tiene nuestra profesión es la sodomía que conlleva -ante nuestro propio silencio y el del resto de la sociedad.

  • A los que se indignan y ven el estado de free-radical, free-lance of simplemente trabajador independiente, como la quintaesencia de la explotación laboral por parte de los empresarios, quisiera hacerles notar un cosa: los empresarios somos nosotros.

    Somos nosotros los que trabajamos en red y con proveedores ocasionales o en cualquier caso sin ninguna responsabilidad sobre ellos. No solamente aportamos nuestro trabajo, sino que también lo creamos. Si hubiera tenido que hacer un contrato a cada colaborador al que le he dado trabajo, simplemente no hubiera ocurrido.

    Yo soy fotógrafo. Trabajo de esta manera desde el año 2001. tengo casa, hijo, coche y moto. Cuando un cliente me enfurece, no vuelvo a trabajar con él. Cuando un proveedor me gusta, le soy fiel. Es un ecosistema muy sencillo y esencialmente resiliente. Por supuesto se necesita una gran motivación personal. Aquí, lo del cafecito a las 11:00 no funciona.

    Este es un muy buen artículo, y se ve por cómo reaccionan los que se ven identificados con lo que se expone y en cómo reaccionan los que se quedan perplejos ante una situación que parece abrumarles. El concepto de trabajador de porfolio no es nuevo, como algunos apuntan, pero hoy en día es una opción no sólo válida, sino muy deseable. Eso sí, hay que tener un porfolio. Y renovarlo a menudo. Lo de vivir de las rentas en este sector es completamente imposible.

  • Muy interesante, sabia que no estaba equivocada en pensar lo importante que es salir de la universidad, ser libre trabajar y trabajar por mi cuenta con buscando nuevos contactos y distintos caminos.. Aprendiendo cosas nuevas e innovando incansablemente. Tanta gente no puede estar equivocada.

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