27 de julio 2017    /   DIGITAL
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Muerte en el WhatsApp

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Un wasap al grupo de vecinos del edificio poco antes de las diez de la noche:

Me acaba de comunicar el presidente que ha fallecido (…) del bloque…

No caigo ahora, responde alguien.

Era uno grandote que siempre andaba con (…). Murió en el taller de un ictus.

Se suceden los mensajes:

Ostia qué fuerte.

Qué lástima.

Lo siento por quienes lo conocisteis…

Mi hija va a la misma guardería que su hija…

Cuando abro el móvil todos han respondido, todos los vecinos de mi bloque. Falto yo. Las primeras palabras que me vienen a la cabeza son:

Qué triste morir en el trabajo.

Imagino al grandote atosigado por el jefe y los clientes. La acumulación de coches dentro y fuera del taller. El calor del verano de Sevilla. Pero temo que mis palabras no sean adecuadas. Son egoístas, creo. Pienso en mis padres. Pienso en mi mujer. En sus trabajos. Apenas intercambié con el fallecido dos frases, pero quiero mostrarme respetuoso.

Joder que pena, no está cogido. Sería adecuado junto al ostia que pena, pero sonaría falso.

Pienso otra frase:

Mis condolencias para los familiares y amigos.

Es válida para salir del paso. Un cliché. Pero alguien las usó en el último mensaje. Mi respuesta parecería un corta y pega carente de un mínimo de empatía. En la calle habría dicho: «Vaya». Después habría meneado la cabeza y mirado al suelo. No sería una actuación. Conozco mis respuestas naturales y están enfrentadas al WhatsApp.

En los funerales he abrazado a familiares de la persona fallecida. No he querido usar palabras. No consuelan aunque el cine se empeña en mostrar lo contrario. Un abrazo es cálido. Quien siente la pérdida de una persona necesita abrazos como placebo.

¿Cómo interpretaría mi silencio el grupo de WhatsApp? Hemos asumido que en las comunicaciones a distancia, el silencio del receptor es una negativa o un desprecio.

Dejo pasar la noche. A la mañana siguiente, poco antes del desayuno aporto mi mensaje. Nada original. Debería existir un protocolo social cuando un wasap comunica la muerte de una persona apenas conocida, pero querida por otros. Hemos aprendido que podemos responder a un correo electrónico a la manera de una carta de otros tiempos: pasados unos días de su recepción. Es uno de los protocolos analógicos aceptados para un mundo rápido y digital.

Un emoticono para el duelo sería sencillo, pero falso, carente de empatía. Sigo pensando que el silencio, mi silencio, es lo más sincero, pero a WhatsApp no le gustan los silencios.

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Un wasap al grupo de vecinos del edificio poco antes de las diez de la noche:

Me acaba de comunicar el presidente que ha fallecido (…) del bloque…

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Era uno grandote que siempre andaba con (…). Murió en el taller de un ictus.

Se suceden los mensajes:

Ostia qué fuerte.

Qué lástima.

Lo siento por quienes lo conocisteis…

Mi hija va a la misma guardería que su hija…

Cuando abro el móvil todos han respondido, todos los vecinos de mi bloque. Falto yo. Las primeras palabras que me vienen a la cabeza son:

Qué triste morir en el trabajo.

Imagino al grandote atosigado por el jefe y los clientes. La acumulación de coches dentro y fuera del taller. El calor del verano de Sevilla. Pero temo que mis palabras no sean adecuadas. Son egoístas, creo. Pienso en mis padres. Pienso en mi mujer. En sus trabajos. Apenas intercambié con el fallecido dos frases, pero quiero mostrarme respetuoso.

Joder que pena, no está cogido. Sería adecuado junto al ostia que pena, pero sonaría falso.

Pienso otra frase:

Mis condolencias para los familiares y amigos.

Es válida para salir del paso. Un cliché. Pero alguien las usó en el último mensaje. Mi respuesta parecería un corta y pega carente de un mínimo de empatía. En la calle habría dicho: «Vaya». Después habría meneado la cabeza y mirado al suelo. No sería una actuación. Conozco mis respuestas naturales y están enfrentadas al WhatsApp.

En los funerales he abrazado a familiares de la persona fallecida. No he querido usar palabras. No consuelan aunque el cine se empeña en mostrar lo contrario. Un abrazo es cálido. Quien siente la pérdida de una persona necesita abrazos como placebo.

¿Cómo interpretaría mi silencio el grupo de WhatsApp? Hemos asumido que en las comunicaciones a distancia, el silencio del receptor es una negativa o un desprecio.

Dejo pasar la noche. A la mañana siguiente, poco antes del desayuno aporto mi mensaje. Nada original. Debería existir un protocolo social cuando un wasap comunica la muerte de una persona apenas conocida, pero querida por otros. Hemos aprendido que podemos responder a un correo electrónico a la manera de una carta de otros tiempos: pasados unos días de su recepción. Es uno de los protocolos analógicos aceptados para un mundo rápido y digital.

Un emoticono para el duelo sería sencillo, pero falso, carente de empatía. Sigo pensando que el silencio, mi silencio, es lo más sincero, pero a WhatsApp no le gustan los silencios.

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Opiniones 4
  • Te prometo que cuando empecé a leer pensaba que la historia acabaría con todos pensando que el muerto eras tú por ser el único en no contestar

  • Da bastante que pensar tú articulo. Los silencios son una parte importante de la comunicación verbal, junto con las pausas. No obstante, en la comunicación escrita a través de redes sociales pueden malinterpretarse.

    Sin ir más lejos, yo admito que soy una persona que suele (solía más bien) malinterpretar los silencios comunicativos por redes sociales. Supongo que también es un punto de vista, por ejemplo hay gente que si no sabe si va a poder asistir a un evento prefiere no decir nada y en cambio yo soy de las personas que prefiero decir el «pues no sé si podré ir» ya que de esta manera comunicas a la otra persona exactamente eso y la otra persona sabe que has recibido el mensaje.

    Hay casos y casos por supuesto, y en tu caso un silencio sería lo más sincero sin duda. O un silencio, o un abrazo de consuelo. Pero como bien dices, en whatsapp no se puede expresar esto y es lo malo. Porque un silencio puede expresar muchísimo

    • Gracias, Alberto por tu comentario. Yo he aprendido a respetar los silencios ajenos y no darle vueltas.

  • Comentarios cerrados.

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