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3 de diciembre 2013    /   CREATIVIDAD
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Oye, tú, ¿estás muerto?

3 de diciembre 2013    /   CREATIVIDAD     por          
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Puede que haya más muertos que vivos deambulando por la Tierra. No se nota porque a menudo ni ellos mismos lo saben. Respirar engaña. Parece que eso es todo, pero no. La vida es más que unas constantes vitales. Implica cierta consciencia. Pero a veces vivir se convierte en un trámite por el que un individuo pasa de espaldas.

Los zombies no tienen vuelta atrás. Los humanos, sí. Volver a vivir es una cuestión de actitud y tiene fácil remedio. El psicólogo Guzmán López ha escrito una especie de vademécum titulado 32 maneras de saber que estás muerto, donde, primero, intenta que el lector identifique si ya ha fallecido y, después, extiende la receta para ayudarle a resucitar o, como dice Guillermo Summers en el prólogo, “despertar de esa especie de sonambulismo que es dejarse arrastrar erráticamente por la vida”.

Olvidarse de vivir, a menudo, tiene su origen en otro recuerdo invisible. Olvidamos que somos mortales. Pensamos, según el autor, que tenemos “un crédito ilimitado en el tiempo para seguir jugando esta partida llamada vida”. Quizá por eso “algo tan evidente e importante en nuestras existencias como el tipo de vida que queremos llevar cotidianamente se nos pase por alto”.

Puede incluso que una persona jamás se haya preguntado por el sentido de su vida ni lo que quiere hacer. El experto en creatividad propone un test y lo hace inspirado por una escena de la película El club de la lucha. La pregunta es: ¿Qué desearías hacer antes de morir? Si no tienes respuesta, ya estás muerto.

López aborda asuntos tan cotidianos, y tan olvidados, como decidir, cuestionar, asumir riesgos… “Si la mayor locura de la que puedes acordarte en estos últimos años es haber aparcado en doble fila, haberte atiborrado a hidratos de carbono en una cena o haber escrito un informe sacrificando la todopoderosa Times New Roman, plantéatelo”, escribe. “Puede que lleves mucho tiempo siendo un cadáver demasiado acomodado”.

La lección de vida que plantea el psicólogo no tiene nada que ver con la búsqueda de refugios. Al contrario, el autor parafrasea al cómico George Carlin para decir que “la vida no se mide por el número de veces que tomamos aliento, sino por los extraordinarios momentos que nos lo quitan”.

La muerte del espíritu crítico es una muerte en toda regla. No asumir responsabilidades, también. “Aquello que nos metemos en la cabeza es responsabilidad únicamente nuestra. Podemos culpar al que da información errónea, a la sociedad, a los mentirosos y a los manipuladores de información, pero lo cierto es que nosotros somos los únicos que podemos controlar lo que queremos o no creer”.

La muerte (al menos, parcialmente) tiene mucho que ver también con una intoxicación digital. “¿No has pensado jamás que mientras navegas desde tu casa el mundo gira y no lo estás apreciando?”, escribe. “Si lo primero que haces al despertar es mirar tu teléfono, si cuando no funciona internet te bloqueas y no puedes hacer nada más o interaccionas más con tus amigos online que offline, tengo buenas noticias. Estás vivo, muy vivo. Pero solo en lo virtual”.

El autor lanza más piedras. “Somos unos enamorados de las rutinas; de lo repetitivo, en definitiva; de llevar el piloto automático puesto el mayor tiempo posible”. Esa es la actitud de un muerto y este es el antídoto: “El secreto para vivir una vida plena radica en hacer más lo que te gusta y menos lo que no te gusta”.

Guzmán López descubrió estas 32 pistas después de varios años trabajando para estimular la creatividad en organizaciones y empresas. Pero, además, el autor aprendió de las enseñanzas de Vickie el vikingo, Bruce Lee y los exploradores. Del primero entendió “la importancia de pensar diferente y de forma creativa”. Del segundo tomó su “actitud, el afán de superación, la reflexión y el cambio constante”. Y de los exploradores aprendió la capacidad de sentirse cómodo en lo incómodo, de descubrir nuevos territorios e indagar nuevas ideas. He ahí su artillería para escapar de la tumba.

Imagen de portada: Rupert Ganzer, reproducida bajo licencia CC.

Puede que haya más muertos que vivos deambulando por la Tierra. No se nota porque a menudo ni ellos mismos lo saben. Respirar engaña. Parece que eso es todo, pero no. La vida es más que unas constantes vitales. Implica cierta consciencia. Pero a veces vivir se convierte en un trámite por el que un individuo pasa de espaldas.

Los zombies no tienen vuelta atrás. Los humanos, sí. Volver a vivir es una cuestión de actitud y tiene fácil remedio. El psicólogo Guzmán López ha escrito una especie de vademécum titulado 32 maneras de saber que estás muerto, donde, primero, intenta que el lector identifique si ya ha fallecido y, después, extiende la receta para ayudarle a resucitar o, como dice Guillermo Summers en el prólogo, “despertar de esa especie de sonambulismo que es dejarse arrastrar erráticamente por la vida”.

Olvidarse de vivir, a menudo, tiene su origen en otro recuerdo invisible. Olvidamos que somos mortales. Pensamos, según el autor, que tenemos “un crédito ilimitado en el tiempo para seguir jugando esta partida llamada vida”. Quizá por eso “algo tan evidente e importante en nuestras existencias como el tipo de vida que queremos llevar cotidianamente se nos pase por alto”.

Puede incluso que una persona jamás se haya preguntado por el sentido de su vida ni lo que quiere hacer. El experto en creatividad propone un test y lo hace inspirado por una escena de la película El club de la lucha. La pregunta es: ¿Qué desearías hacer antes de morir? Si no tienes respuesta, ya estás muerto.

López aborda asuntos tan cotidianos, y tan olvidados, como decidir, cuestionar, asumir riesgos… “Si la mayor locura de la que puedes acordarte en estos últimos años es haber aparcado en doble fila, haberte atiborrado a hidratos de carbono en una cena o haber escrito un informe sacrificando la todopoderosa Times New Roman, plantéatelo”, escribe. “Puede que lleves mucho tiempo siendo un cadáver demasiado acomodado”.

La lección de vida que plantea el psicólogo no tiene nada que ver con la búsqueda de refugios. Al contrario, el autor parafrasea al cómico George Carlin para decir que “la vida no se mide por el número de veces que tomamos aliento, sino por los extraordinarios momentos que nos lo quitan”.

La muerte del espíritu crítico es una muerte en toda regla. No asumir responsabilidades, también. “Aquello que nos metemos en la cabeza es responsabilidad únicamente nuestra. Podemos culpar al que da información errónea, a la sociedad, a los mentirosos y a los manipuladores de información, pero lo cierto es que nosotros somos los únicos que podemos controlar lo que queremos o no creer”.

La muerte (al menos, parcialmente) tiene mucho que ver también con una intoxicación digital. “¿No has pensado jamás que mientras navegas desde tu casa el mundo gira y no lo estás apreciando?”, escribe. “Si lo primero que haces al despertar es mirar tu teléfono, si cuando no funciona internet te bloqueas y no puedes hacer nada más o interaccionas más con tus amigos online que offline, tengo buenas noticias. Estás vivo, muy vivo. Pero solo en lo virtual”.

El autor lanza más piedras. “Somos unos enamorados de las rutinas; de lo repetitivo, en definitiva; de llevar el piloto automático puesto el mayor tiempo posible”. Esa es la actitud de un muerto y este es el antídoto: “El secreto para vivir una vida plena radica en hacer más lo que te gusta y menos lo que no te gusta”.

Guzmán López descubrió estas 32 pistas después de varios años trabajando para estimular la creatividad en organizaciones y empresas. Pero, además, el autor aprendió de las enseñanzas de Vickie el vikingo, Bruce Lee y los exploradores. Del primero entendió “la importancia de pensar diferente y de forma creativa”. Del segundo tomó su “actitud, el afán de superación, la reflexión y el cambio constante”. Y de los exploradores aprendió la capacidad de sentirse cómodo en lo incómodo, de descubrir nuevos territorios e indagar nuevas ideas. He ahí su artillería para escapar de la tumba.

Imagen de portada: Rupert Ganzer, reproducida bajo licencia CC.

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Opiniones 2
  • Me han gustado las reflexiones escritas sobre la muerte. Soy escritor desde hace 6 años y desde entonces no puedo parar de escribir todos los dias cuentos, relatos, novelas y artículos que un dia me haré corregir para imprimirlo después.con el único fin de dejar esos escritos a mis hijos y nietos y poderme leer a mi mismo un dia. si decido volver del mas allá. Últimamente he escrito bastantes relatos donde la muerte esta presente en ellos. Es el mayor misterio que existe en la vida.A menudo me digo. ¿cuando no he estado vivo? yo no recuerdo no haber existido, por tanto siempre pienso que de una manera o otra
    he estado vivo.siempre¿Tal vez con otro aspecto o en otro lugar? ¿ donde iré cuando me muera? ¿que es eso de morir? ¿que haré entonces? ¿donde ira mi alma y donde ha estado antes que aquí? de una cosa yo estoy seguro. no desapareceré porque el alma es indestructible y después de seguir ese túnel del que muchos coinciden en hablar de sus experiencias iremos a un lugar conocido o por conocer o que no recordaremos haber conocido. El caso es que estoy convencido de que no nos convertiremos en totalidad en polvo y seremos barridos por una escoba.

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