4 de mayo 2011    /   IDEAS
por
 

Muéstralo para ocultarlo

4 de mayo 2011    /   IDEAS     por          
Compártelo twitter facebook whatsapp
thumb image


La explosión de información surgida a finales del siglo pasado, y que continúa su incremento en este, ha traído añadida una nueva tendencia: la transparencia en la información.
Lo que antes se tendía a ocultar ahora aparece a la vista de todos: los sitios a los que vamos con nuestras parejas son convenientemente etiquetados en facebook, nuestras fotos en situaciones poco confesables, posiciones y lugares comprometidos (fiestas, playas…) ahora aparecen por doquier y si tú no te etiquetas lo puede hacer hasta tu madre, que ya está en Facebook. Hace poco no dábamos un puñetero dato y nos escondíamos bajo el seudónimo de Pato Donald en cualquier página web que nos pidiera un nombre, y ahora nos hacemos fotos sexys para el avatar de nuestra red social y hablamos a cara (o nombre de usuario mejor) descubierta en cualquier foro de la Red.
Llevados por esa moda hasta los gobiernos y, sin duda, las empresas, han empezado una carrera para hacer públicos todos sus datos que luego, además, son remezclados por las redes sociales, los agregadores de actividad o los potentes programas para conseguir visualizaciones increibles que proporciona –¡¿cómo no?!– Google, para ofrecernos todavía más posibilidades de comprender las tendencias que hay en el interior de esas masas de nombres y números.
Y ante esa tendencia, que, sin duda apoyo porque es mejor tener acceso y porque este debe estar abierto a todos (open data), me surge de forma repetida una pregunta: ¿y si la mejor forma de ocultar algo es mostrarlo a todo el mundo?
Porque, en palabras de Krahe, una vez perdido el pudor, ya no tenemos decencia. ¿No es falta de pudor la imagen repetida y en directo de los reactores de Fukushima? ¿No es falta de pudor la rueda de prensa diaria de las tropas de ocupación de un país? ¿No es falta de pudor la comparecencia del ministro de trabajo apabullándonos con números sobre la situación del paro juvenil en España?
Richal Saul Wurman pronosticaba que la enfermedad del siglo 21 iba a ser la ansiedad informativa, generada por tal cantidad de todo aquello que se nos ofrece y que somos incapaces de procesar, y ya alertaba de que esa abundancia era una forma de conseguir que los ciudadanos no pudiéramos prestar atención ante todo lo que se ponía a nuestra disposición. La transparencia es un gran avance, pero por sí sola no nos asegura un mejor conocimiento.
¿Quiero saber hasta el último detalle sobre los datos del paro de cada provincia en nuestro país? No lo sé. No siempre. Quizas, de algunas cosas, nos rentaría más entender bien los grandes números, las grandes tendencias para que no nos distraigan con millones de detalles.
Ya lo decían los ocultistas, lo escribió Poe en su Carta robada y lo vimos en el cine en El Código Da Vinci: “La mejor manera de ocultar algo es mostrárselo a todo el mundo».
Que se lo pregunten a los expertos en comunicación o a Tamariz (el mago).

Mario Tascón es consultor de nuevos medios y fundador de Prodigioso Volcán
Este artículo fue publicado en el número de Mayo de Yorokobu
Foto de Portada: Jay Goldman reproducida bajo lic CC


La explosión de información surgida a finales del siglo pasado, y que continúa su incremento en este, ha traído añadida una nueva tendencia: la transparencia en la información.
Lo que antes se tendía a ocultar ahora aparece a la vista de todos: los sitios a los que vamos con nuestras parejas son convenientemente etiquetados en facebook, nuestras fotos en situaciones poco confesables, posiciones y lugares comprometidos (fiestas, playas…) ahora aparecen por doquier y si tú no te etiquetas lo puede hacer hasta tu madre, que ya está en Facebook. Hace poco no dábamos un puñetero dato y nos escondíamos bajo el seudónimo de Pato Donald en cualquier página web que nos pidiera un nombre, y ahora nos hacemos fotos sexys para el avatar de nuestra red social y hablamos a cara (o nombre de usuario mejor) descubierta en cualquier foro de la Red.
Llevados por esa moda hasta los gobiernos y, sin duda, las empresas, han empezado una carrera para hacer públicos todos sus datos que luego, además, son remezclados por las redes sociales, los agregadores de actividad o los potentes programas para conseguir visualizaciones increibles que proporciona –¡¿cómo no?!– Google, para ofrecernos todavía más posibilidades de comprender las tendencias que hay en el interior de esas masas de nombres y números.
Y ante esa tendencia, que, sin duda apoyo porque es mejor tener acceso y porque este debe estar abierto a todos (open data), me surge de forma repetida una pregunta: ¿y si la mejor forma de ocultar algo es mostrarlo a todo el mundo?
Porque, en palabras de Krahe, una vez perdido el pudor, ya no tenemos decencia. ¿No es falta de pudor la imagen repetida y en directo de los reactores de Fukushima? ¿No es falta de pudor la rueda de prensa diaria de las tropas de ocupación de un país? ¿No es falta de pudor la comparecencia del ministro de trabajo apabullándonos con números sobre la situación del paro juvenil en España?
Richal Saul Wurman pronosticaba que la enfermedad del siglo 21 iba a ser la ansiedad informativa, generada por tal cantidad de todo aquello que se nos ofrece y que somos incapaces de procesar, y ya alertaba de que esa abundancia era una forma de conseguir que los ciudadanos no pudiéramos prestar atención ante todo lo que se ponía a nuestra disposición. La transparencia es un gran avance, pero por sí sola no nos asegura un mejor conocimiento.
¿Quiero saber hasta el último detalle sobre los datos del paro de cada provincia en nuestro país? No lo sé. No siempre. Quizas, de algunas cosas, nos rentaría más entender bien los grandes números, las grandes tendencias para que no nos distraigan con millones de detalles.
Ya lo decían los ocultistas, lo escribió Poe en su Carta robada y lo vimos en el cine en El Código Da Vinci: “La mejor manera de ocultar algo es mostrárselo a todo el mundo».
Que se lo pregunten a los expertos en comunicación o a Tamariz (el mago).

Mario Tascón es consultor de nuevos medios y fundador de Prodigioso Volcán
Este artículo fue publicado en el número de Mayo de Yorokobu
Foto de Portada: Jay Goldman reproducida bajo lic CC

Compártelo twitter facebook whatsapp
Getaround: El airbnb de los coches
Un sello para estampar mensajes antidesahucio
Móviles vintage y la mítica serpiente de Nokia para combatir la obsolescencia programada
Escribir: Ideas para novelas, guiones…
 
Especiales
 
facebook twitter whatsapp
Opiniones 2
  • «del markerting 1.0 al 2.0». este articulo vuestro podria ser (en muchos aspectos) el resumen de la genial obra que he citado 🙂

  • Estoy de acuerdo en que, a veces, demasiada información es desinformación. Si alguien empieza a hablar de la influencia crucial de Robert Zimmerman en su generación puede resultar muy confuso para quienes no conocen el nombre real de Bob Dylan, a pesar de que, técnicamente, es muy preciso.
    Ser transparente es contar las cosas con la voluntad y la intención de que se entiendan.

  • Deja un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

    El rollo legal de las cookies

    La Ley 34/2002 nos obliga a avisarte de que usamos cookies propias y de terceros (ni de cuartos ni de quintos) con objetivos estadísticos y de sesión y para mostrarte la 'publi' que nos da de comer. Tenemos una política de cookies majísima y bla bla bla. Si continúas navegando, asumimos que aceptas y que todo guay. Si no te parece bien, huye y vuelve por donde has venido, que nadie te obliga a entrar aquí. Pincha este enlace para conocer los detalles. Tranquilo, este mensaje solo sale una vez. Esperamos.

    ACEPTAR
    Aviso de cookies