15 de noviembre 2017    /   CREATIVIDAD
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Muji, la no-marca que quiere inyectar belleza en el día a día de las personas

15 de noviembre 2017    /   CREATIVIDAD     por          
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Satoru Matsuzaki es un hombre sencillo y algo tímido. El presidente de Muji, la empresa japonesa más internacionalizada del mundo, habla inglés con un fuerte acento nipón. Encara la platea de la IE School of Architecture and Design, en Madrid, con cierto nerviosismo. Nada más comenzar, se le cae el mando del proyector en el que va a enseñar el Power Point sobre su empresa, que factura cerca de 2.200 millones de dólares por año.

Casi como para reafirmar su estatus de hombre de negocios, arranca su charla mostrando una retahíla de cifras y gráficos. Parece que Matsuzaki-san se siente más a gusto entre los números. Habla con orgullo del crecimiento de su empresa, que en 2006 trajo un pedazo de Japón a España con la apertura de la primera tienda en Barcelona. Unos cuantos gráficos después, este hombre bajito y de pelo canoso empieza a revelar las claves del éxito de su empresa, que ya cuenta con 861 establecimientos en todo el mundo.

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Muji es famosa mundialmente por ser la anti-marca. Su nombre es una contracción de la expresión Mujirushi Ryohin, que en japonés significa «productos de calidad sin marca». «Es el antítesis de los hábitos de consumo de la sociedad», señala el presidente de Muji, Satoru Matsuzaki.

Su concepto se basa en una combinación de calidad y estética, un diseño muy cuidado y casi siempre anónimo, materiales ecológicos y unos precios contenidos, asequibles para todos los bolsillos. «Nuestros tres principios básicos son la selección de materiales, los procesos de optimización y la simplificación de los embalajes», explica Matsuzaki.

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Muji quiere que el cliente compre sus colgadores, sus marcos o sus pantalones no por el nombre de la compañía, sino por su funcionalidad y por su diseño. La seña de identidad corporativa de Muji se resume en la palabra kanketsu, que en japonés significa simplicidad. Su austeridad se concretiza en productos fabricados con un estilo neutro y claro. La firma ha apostado por una paleta de colores sobrios y por tonos inspirados en la naturaleza.

Esta no-marca encarna la nueva tendencia del diseño japonés, basado en una peculiar versión del minimalismo oriental. Excepto por algunos artículos destacados, la mayoría de los productos no son fruto del trabajo de un único diseñador. Hay un equipo de profesionales en Tokio que se encarga de la producción entendida como un todo. En este sentido, la línea de Muji en conjunto gana más protagonismo que el nombre de sus autores. Diseñadores reconocidísimos como Jasper Morrison, Enzo Mari, Konstatin Grcic y Naoto Fukasawa han colaborado o siguen colaborando con esta firma. A pesar de ser estrellas del diseño, han aceptado diluir su identidad en pos de un concepto más global.

Bien es cierto que es algo más común de lo que parece. Cuando un diseño triunfa, su autoría termina siendo anónima. Ha pasado con la fregona, con el boli Bic o con el palillo para coger las aceitunas. Todos los usan, pero nadie prácticamente recuerda el nombre de quién los diseñó. Es más, conocer el nombre del autor no añade nada a la utilidad o pulcritud de estos objetos, que importan mucho más que quien los ideó. Han alcanzado una identidad propia.

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La empresa también se caracteriza por su preocupación por el medioambiente. «Estamos en contra de la producción en masa, del consumo de masas y de los residuos masivos», afirma Matsuzaki. Por esta razón, Muji evita todo embalaje innecesario. Los productos suelen estar envueltos en papel celofán y llevan etiquetas sencillas y claras.

La elección de los materiales es esencial en la filosofía de esta empresa. «Siempre tenemos en cuenta la realidad de los productores locales y respetamos el medioambiente. Escogemos los materiales tratando de evitar la polución e intentamos crear empleo en los lugares donde están los materiales, como Kirguistán y Cambodia», aclara el presidente de Muji.

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Las tiendas Muji, pensadas y organizadas hasta el último detalle, aportan al cliente es una visión global de cómo usar el diseño para mejorar su vida cotidiana. Es la consagración de una funcionalidad que puede ser aplicada al día a día. «Nuestro deseo es que su vida sea más bonita», resalta Matsuzaki.

Fundada en 1980, Muji nació como una marca blanca para la cadena japonesa de supermercados Seiyu. Inicialmente la firma solo tenía 40 tipo de productos domésticos y de alimentación. El diseño original se debe al primer director de arte, un diseñador gráfico llamado Ikko Tanaka, que junto a un arquitecto y a un consultor creativo sentó las bases de Muji hace 37 años.

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Hoy Muji ya fabrica más de 7.000 artículos diferentes. Las tiendas Muji venden un amplísimo espectro de objetos, desde muebles hasta ropa, material de oficina y artículos de belleza, y están presentes en 26 países. Su aplicativo tiene más de 10 millones de descargas solo en Japón.

En España hay seis tiendas, tres en Madrid y tres en Barcelona. Una porción importante de su facturación procede de los turistas. Por esta razón en Muji es muy importante la ubicación de sus tiendas, que siempre están en zonas centrales y muy cerca de las marcas más populares. En Barcelona, por ejemplo, el establecimiento de Muji se encuentra en un lugar tan estratégico como las Ramblas. En Madrid está en la céntrica Calle Fuencarral.

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La expansión internacional empezó en 1991 en Londres, con una primera tienda en Soho. Hoy el mercado internacional representa casi tres cuartas partes de su negocio global. La ventas en Japón corresponden al 26,9% del volumen total. El mercado chino, por supuesto, juega un papel crucial para el crecimiento de esta empresa. Además de la producción de artículos domésticos, Muji se está especializando en diseñar objetos pensado para ocupar espacios públicos, como muebles para tiendas, aeropuertos u oficinas.

A pesar de la expansión a un ritmo sostenido, Muji no quiere perder su esencia. «Queremos ser como el agua: calma, esencial, siempre próxima y capaz de ofrecer reposo y riqueza», afirma Matsuzaki-san. Es el «be water» a la oriental de un empresario de éxito que no olvida las posibilidades de marketing ligadas al tirón de los Juegos Olímpicos de Japón, previstos para el año 2020. Su tendencia minimalista ayuda a Muji a mantener su identidad a nivel global. La simplicidad sigue siendo su gran diferencial, capaz de atraer a los consumidores de varias culturas y continentes.

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Satoru Matsuzaki es un hombre sencillo y algo tímido. El presidente de Muji, la empresa japonesa más internacionalizada del mundo, habla inglés con un fuerte acento nipón. Encara la platea de la IE School of Architecture and Design, en Madrid, con cierto nerviosismo. Nada más comenzar, se le cae el mando del proyector en el que va a enseñar el Power Point sobre su empresa, que factura cerca de 2.200 millones de dólares por año.

Casi como para reafirmar su estatus de hombre de negocios, arranca su charla mostrando una retahíla de cifras y gráficos. Parece que Matsuzaki-san se siente más a gusto entre los números. Habla con orgullo del crecimiento de su empresa, que en 2006 trajo un pedazo de Japón a España con la apertura de la primera tienda en Barcelona. Unos cuantos gráficos después, este hombre bajito y de pelo canoso empieza a revelar las claves del éxito de su empresa, que ya cuenta con 861 establecimientos en todo el mundo.

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Muji es famosa mundialmente por ser la anti-marca. Su nombre es una contracción de la expresión Mujirushi Ryohin, que en japonés significa «productos de calidad sin marca». «Es el antítesis de los hábitos de consumo de la sociedad», señala el presidente de Muji, Satoru Matsuzaki.

Su concepto se basa en una combinación de calidad y estética, un diseño muy cuidado y casi siempre anónimo, materiales ecológicos y unos precios contenidos, asequibles para todos los bolsillos. «Nuestros tres principios básicos son la selección de materiales, los procesos de optimización y la simplificación de los embalajes», explica Matsuzaki.

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Muji quiere que el cliente compre sus colgadores, sus marcos o sus pantalones no por el nombre de la compañía, sino por su funcionalidad y por su diseño. La seña de identidad corporativa de Muji se resume en la palabra kanketsu, que en japonés significa simplicidad. Su austeridad se concretiza en productos fabricados con un estilo neutro y claro. La firma ha apostado por una paleta de colores sobrios y por tonos inspirados en la naturaleza.

Esta no-marca encarna la nueva tendencia del diseño japonés, basado en una peculiar versión del minimalismo oriental. Excepto por algunos artículos destacados, la mayoría de los productos no son fruto del trabajo de un único diseñador. Hay un equipo de profesionales en Tokio que se encarga de la producción entendida como un todo. En este sentido, la línea de Muji en conjunto gana más protagonismo que el nombre de sus autores. Diseñadores reconocidísimos como Jasper Morrison, Enzo Mari, Konstatin Grcic y Naoto Fukasawa han colaborado o siguen colaborando con esta firma. A pesar de ser estrellas del diseño, han aceptado diluir su identidad en pos de un concepto más global.

Bien es cierto que es algo más común de lo que parece. Cuando un diseño triunfa, su autoría termina siendo anónima. Ha pasado con la fregona, con el boli Bic o con el palillo para coger las aceitunas. Todos los usan, pero nadie prácticamente recuerda el nombre de quién los diseñó. Es más, conocer el nombre del autor no añade nada a la utilidad o pulcritud de estos objetos, que importan mucho más que quien los ideó. Han alcanzado una identidad propia.

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La empresa también se caracteriza por su preocupación por el medioambiente. «Estamos en contra de la producción en masa, del consumo de masas y de los residuos masivos», afirma Matsuzaki. Por esta razón, Muji evita todo embalaje innecesario. Los productos suelen estar envueltos en papel celofán y llevan etiquetas sencillas y claras.

La elección de los materiales es esencial en la filosofía de esta empresa. «Siempre tenemos en cuenta la realidad de los productores locales y respetamos el medioambiente. Escogemos los materiales tratando de evitar la polución e intentamos crear empleo en los lugares donde están los materiales, como Kirguistán y Cambodia», aclara el presidente de Muji.

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Las tiendas Muji, pensadas y organizadas hasta el último detalle, aportan al cliente es una visión global de cómo usar el diseño para mejorar su vida cotidiana. Es la consagración de una funcionalidad que puede ser aplicada al día a día. «Nuestro deseo es que su vida sea más bonita», resalta Matsuzaki.

Fundada en 1980, Muji nació como una marca blanca para la cadena japonesa de supermercados Seiyu. Inicialmente la firma solo tenía 40 tipo de productos domésticos y de alimentación. El diseño original se debe al primer director de arte, un diseñador gráfico llamado Ikko Tanaka, que junto a un arquitecto y a un consultor creativo sentó las bases de Muji hace 37 años.

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Hoy Muji ya fabrica más de 7.000 artículos diferentes. Las tiendas Muji venden un amplísimo espectro de objetos, desde muebles hasta ropa, material de oficina y artículos de belleza, y están presentes en 26 países. Su aplicativo tiene más de 10 millones de descargas solo en Japón.

En España hay seis tiendas, tres en Madrid y tres en Barcelona. Una porción importante de su facturación procede de los turistas. Por esta razón en Muji es muy importante la ubicación de sus tiendas, que siempre están en zonas centrales y muy cerca de las marcas más populares. En Barcelona, por ejemplo, el establecimiento de Muji se encuentra en un lugar tan estratégico como las Ramblas. En Madrid está en la céntrica Calle Fuencarral.

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La expansión internacional empezó en 1991 en Londres, con una primera tienda en Soho. Hoy el mercado internacional representa casi tres cuartas partes de su negocio global. La ventas en Japón corresponden al 26,9% del volumen total. El mercado chino, por supuesto, juega un papel crucial para el crecimiento de esta empresa. Además de la producción de artículos domésticos, Muji se está especializando en diseñar objetos pensado para ocupar espacios públicos, como muebles para tiendas, aeropuertos u oficinas.

A pesar de la expansión a un ritmo sostenido, Muji no quiere perder su esencia. «Queremos ser como el agua: calma, esencial, siempre próxima y capaz de ofrecer reposo y riqueza», afirma Matsuzaki-san. Es el «be water» a la oriental de un empresario de éxito que no olvida las posibilidades de marketing ligadas al tirón de los Juegos Olímpicos de Japón, previstos para el año 2020. Su tendencia minimalista ayuda a Muji a mantener su identidad a nivel global. La simplicidad sigue siendo su gran diferencial, capaz de atraer a los consumidores de varias culturas y continentes.

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Opiniones 4
  • Cómo puede generalizarse que sus productos están hechos con materiales ecológicos, si un buen montón de ellos son de plástico?

    • O decir que son productos asequibles al bolsillo de todos… A mí me encantan sus productos, pero baratos baratos no son…

    • Con plástico reciclado, o con plástico de origen orgánico, como ña fecula de patata, por ejemplo. Tmbien puede ser ecológico si no está pensado para durar 4 telediarios, los métodos de producción y distribución son eficientes etc…

  • Ese hombre es la maravilla del universo.
    Y por donde quiera que pase salva todas
    Las vidas que trabajan para el.
    Dios lo bendiga y le de mucha vida para
    Seguir viviendo en nuestra España.
    Celtibérica. …la embidia del mundo….jua

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