29 de octubre 2014    /   CREATIVIDAD
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Las faltas de ortografía y la Ley de Murphy

29 de octubre 2014    /   CREATIVIDAD     por          
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La escritura no escapa a la ley de Murphy («si algo puede salir mal, saldrá mal»).
Me asusta publicar un artículo y encontrar una falta de ortografía o de gramática. Si estoy en el sofá, salto al ordenador; si leo el artículo en la calle, deseo volver a casa. Necesito enmendar el error antes de que un lector lo airee y me haga sentir vergüenza.
Los periódicos y revistas que leí en mi niñez atribuían los errores de escritura a los duendes de la redacción. Duendes, fantasía que uno aceptaba como lector por la complejidad de la edición en papel, que comenzaba con la máquina de escribir manual y acababa con la rotativa.
Los ordenadores e Internet asesinaron a los duendes de la redacción. Los programas de escritura más populares señalan la mayoría de los errores de ortografía y sugieren correcciones gramaticales. A menudo, errores que surgen de una mecanografía rápida y poco precisa, y de una precipitada lectura mental. La escritura no escapa a la ley de Murphy. Hay una serie de contratiempos y paradojas.
1. TODOS LOS ERRORES APARECEN DESPUÉS DE LA PUBLICACIÓN
Como ya se ha dicho, a veces los errores en el lenguaje escapan al control de la tecnología y el esfuerzo del redactor. Horas de escritura y de edición embotan la cabeza y por las rendijas se cuelan acentos y comas criminales.

2. CUANTO MÁS CERCANA LA HORA DE COMER O IRSE A LA CAMA, MÁS ERRORES
«Trabaja hambriento», me dijo un guionista. Disiento. Cuando hay poco tiempo para escribir (poco para la ambición puesta en el texto) y hay hambre, está la tentación de enviar el trabajo antes de comer «para tener la tarde libre». Mala idea. El editor de la publicación también tiene sus horas para comer y para dormir, y está sujeto a las mismas debilidades.
3. CUANTO MEJOR SE QUIERE ESCRIBIR, MÁS ERRORES
Centrar la atención en pulir un puñado de frases puede cansar y llevar al descuido del conjunto. Así es como frases bruñidas se juntan con sorprendentes errores de ortografía y gramática. Para desgracia del redactor, habrá lectores que desdeñarán el texto —aun interesante— por un acento mal puesto.
4. LOS TEXTOS BREVES/LIGEROS TIENEN MÁS ERRORES QUE LOS TEXTOS LARGOS/PROFUNDOS
Un autor puede cometer más errores en un artículo breve que en un artículo largo. Una posible explicación: el texto largo es más ambicioso y se escribe en varias jornadas. Por el contrario, es posible que el texto ligero haya sido escrito con ligereza, con prisas antes de la hora de comer…
PARA EVITAR LOS ERRORES…
Una recomendación para evitar todos los errores: si es posible, congelar el texto dos o tres horas, al menos, y cambiar de actividad. Leer en voz alta también ayuda a detectar errores de puntuación y descubrir frases difíciles. (Flaubert atribuía al oído la precisión de la escritura).
NOTA DEL AUTOR: Este artículo ha sido revisado con mimo entre llamadas de teléfono antes de la hora de comer, pero no es excusa. Puesto que el sol entra por la ventana, tampoco acusaré a los duendes. Por si acaso, cruzo los dedos.

La escritura no escapa a la ley de Murphy («si algo puede salir mal, saldrá mal»).
Me asusta publicar un artículo y encontrar una falta de ortografía o de gramática. Si estoy en el sofá, salto al ordenador; si leo el artículo en la calle, deseo volver a casa. Necesito enmendar el error antes de que un lector lo airee y me haga sentir vergüenza.
Los periódicos y revistas que leí en mi niñez atribuían los errores de escritura a los duendes de la redacción. Duendes, fantasía que uno aceptaba como lector por la complejidad de la edición en papel, que comenzaba con la máquina de escribir manual y acababa con la rotativa.
Los ordenadores e Internet asesinaron a los duendes de la redacción. Los programas de escritura más populares señalan la mayoría de los errores de ortografía y sugieren correcciones gramaticales. A menudo, errores que surgen de una mecanografía rápida y poco precisa, y de una precipitada lectura mental. La escritura no escapa a la ley de Murphy. Hay una serie de contratiempos y paradojas.
1. TODOS LOS ERRORES APARECEN DESPUÉS DE LA PUBLICACIÓN
Como ya se ha dicho, a veces los errores en el lenguaje escapan al control de la tecnología y el esfuerzo del redactor. Horas de escritura y de edición embotan la cabeza y por las rendijas se cuelan acentos y comas criminales.

2. CUANTO MÁS CERCANA LA HORA DE COMER O IRSE A LA CAMA, MÁS ERRORES
«Trabaja hambriento», me dijo un guionista. Disiento. Cuando hay poco tiempo para escribir (poco para la ambición puesta en el texto) y hay hambre, está la tentación de enviar el trabajo antes de comer «para tener la tarde libre». Mala idea. El editor de la publicación también tiene sus horas para comer y para dormir, y está sujeto a las mismas debilidades.
3. CUANTO MEJOR SE QUIERE ESCRIBIR, MÁS ERRORES
Centrar la atención en pulir un puñado de frases puede cansar y llevar al descuido del conjunto. Así es como frases bruñidas se juntan con sorprendentes errores de ortografía y gramática. Para desgracia del redactor, habrá lectores que desdeñarán el texto —aun interesante— por un acento mal puesto.
4. LOS TEXTOS BREVES/LIGEROS TIENEN MÁS ERRORES QUE LOS TEXTOS LARGOS/PROFUNDOS
Un autor puede cometer más errores en un artículo breve que en un artículo largo. Una posible explicación: el texto largo es más ambicioso y se escribe en varias jornadas. Por el contrario, es posible que el texto ligero haya sido escrito con ligereza, con prisas antes de la hora de comer…
PARA EVITAR LOS ERRORES…
Una recomendación para evitar todos los errores: si es posible, congelar el texto dos o tres horas, al menos, y cambiar de actividad. Leer en voz alta también ayuda a detectar errores de puntuación y descubrir frases difíciles. (Flaubert atribuía al oído la precisión de la escritura).
NOTA DEL AUTOR: Este artículo ha sido revisado con mimo entre llamadas de teléfono antes de la hora de comer, pero no es excusa. Puesto que el sol entra por la ventana, tampoco acusaré a los duendes. Por si acaso, cruzo los dedos.

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