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7 de enero 2015    /   IDEAS
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El futuro es de los pequeños que hacen las cosas con pasión

7 de enero 2015    /   IDEAS     por          
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En un artículo aparecido hace meses en el diario La Nación, la ensayista Beatriz Sarlo afirmó que Buenos Aires había dejado de ser una ciudad ‘monocéntrica’. ¿Qué significa eso exactamente? Pues que sus casi veinte millones de habitantes se niegan ya a viajar durante horas para su chute semanal de cultura. Quizá por ello en el extrarradio han empezado a surgir –y no tan tímidamente— librerías, galerías y escuelas de arte y música.
El barrio de Florida, situado a cinco minutos de la capital, es el hogar de Musaraña Libros y su hermana siamesa Casa Florida Galería. Alejandro Bidegaray, dueño de la librería, nos cuenta: «Esta era la casa de mis abuelos. Al fallecer ellos, mi hermano, que es profesor de conservatorio, empezó a dar clases acá. Luego mi madre, fotógrafa, arrancó la galería. Y yo, que por entonces regresaba de vivir en España, abrí la librería con mi padre, Juan Carlos».
La apuesta por el suburbio es arriesgada. El público urbano está acostumbrado a que las librerías estén situadas en la calle Corrientes; las galerías, en Recoleta; y las salas de concierto, en San Telmo. «Cuando abrimos, en el 2012, nos dijeron que esto iba a ser un éxito… pero en Palermo. Pero nosotros éramos conscientes de que la ciudad se expande. Es más, está colapsando y Florida es el primer barrio hacia el norte. La nuestra fue una forma de llegar temprano a lo inevitable. Ahora basta tener paciencia».
1
Para la familia Bidegaray, estos afloramientos culturales son consecuencia natural de una cuestión demográfica harto evidente. Florida se ha visto repoblada por parejas y familias jóvenes que acaban de llegar. Huyen del monstruo moribundo que es la ciudad en busca de una zona arbolada por la que puedan pasear y hacerse su siesta. «Además esta es una zona tradicionalmente de vanguardia, acá han vivido y viven dibujantes e ilustradores consagrados como Trillo o Nine».
El auge de la novela ilustrada, una de las especialidades de Musaraña, es indiscutible. Pareciera que las ediciones ilustradas de calidad son una forma de defensa de la industria editorial ante el avance del libro electrónico. Obras que nunca llegarían al Kindle o que jamás podrían apreciarse en un iPad, se producen a ritmo vertiginoso en buen papel, con encuadernación cuidada y sobrecubierta. Algo parecido está ocurriendo con la literatura infantil. «Todo se ha vuelto un objeto de consumo y el libro también. Pero se trata de un objeto de consumo que está legitimado, que aún es algo noble», explica Alejandro.
En Florida todo nuevo emprendimiento que busque la excelencia es un triunfo sonado. No se sabe si es el perfil socioeconómico de los incondicionales del slow life o si es el propio ‘estilo slow’ lo que engendra una nueva ciudadanía ávida de grandes obras, o  con intención de grandeza. Pero el estrés en las macrourbes está produciendo cambios en el estilo de vida. Cuanto más inmensa la ciudad, más publicistas y ejecutivos acaban dejándolo todo y convirtiéndose al shiatsu y al yoga para salvaguardar su salud mental.
2
Musaraña Libros y Casa Florida Galería son dos caras de la misma moneda. Allí se exponen tanto ilustradores como fotógrafos noveles, pero también hay lugar para los clásicos. Hasta el 16 de diciembre de este año, expondrán al renombrado fotógrafo Óscar Pintor. Sin embargo las actividades no acaban ahí, también se dictan un gran número de talleres de cómics, fotografía y música; estos últimos dictados por María y Juan Bidegaray. «También damos talleres de collage y uno muy interesante que se llama Talismán de la Felicidad, un curso de cocina combinada con arte», señala  Alejandro. «Además organizamos conciertos, presentaciones de libros, y todo lo que podamos para convocar».
Y es que con tanta oferta hacerse conocer es una labor ardua. A eso hay que añadirle una apuesta ‘de calidad gourmet’ cuya viabilidad económica resulta en un equilibrio delicado. «Estamos siempre al borde, en un punto en que sentís que un viento fuerte puede tirarte». Pero Musaraña tiene seguidores, la librería funciona y va creciendo. Incluso han editado dos libros, Vapor y 500 dibujos, con su sello. Alejando advierte: «Eso sí, hay que tener resto (medios) para aguantar por lo menos el primer año».
3
Quizá Musaraña/Casa Florida sean proyectos que no dan beneficios económicos inmediatos, pero brindan otro tipo de rédito: el prestigio. Aunque solo para aquellos  dotados de tenacidad a toda prueba. Alejandro nos cuenta: «Ya hemos ido dos veces a la Feria del Cómic de Barcelona, representando a una selección de pequeñas editoriales de historieta argentina. Y en un par de días viajaré a la Feria del libro de Guadalajara, adonde me invitaron a presentar una exposición que organizamos en octubre de este año: Sudestada, dibujo e ilustración contemporánea argentina. Somos chiquitos pero globales». Esas ocasiones brindan muchas posibilidades de establecer contactos y de difundir a artistas y editoriales locales en el exterior.
Puede que tanta actividad parezca nacida de una ambición desmedida, pero solo es el trabajo que hay que hacer para no desaparecer del mapa. Un sueño como este no es un sprint, es una maratón. «Mucha gente está buscando la manera de huir de sus trabajos en empresas, de esta vida de mierda que tenemos que fumarnos (tolerar), por eso trabajamos tanto y quizá por eso mismo nos apoyan. Tengo clientes que me dicen ‘prefiero darte el dinero a vos’, y después me llaman preocupados para asegurarse de que no hayamos quebrado».
4
Dejo a Alejandro atendiendo a una pareja que viene en busca de libros de dibujantes mexicanos y salgo a hacer fotos. Recorro la muy blanca galería que ocupa la sala y el largo pasillo. Paso la cocina donde seguramente se hacen los cursos de cocina/arte y desemboco en el patio. Allí, chalando y tomando mate, están María Bidegaray, directora de la galería, y Martín Estol, director de Cámara Oscura, profesor de fotografía y uno de los muchos colaboradores de la casa. Me invitan a unos mates y me quedo. No tengo la grabadora, pero recuerdo claramente que la conversación glosaba sobre el mismo tema que acabo de tocar: el esfuerzo que implica congregar al público para llevar adelante un sueño. María lo define con la palabra precisa,  fidelizar. «Y mirá que no soy partidaria del lenguaje publicitario».
Dejo a mis anfitriones hablando de futuros talleres y actividades y regreso por el pasillo en busca de mi grabadora. Por el camino me detengo y tiro otro par de fotos. La señora que limpia me mira de reojo: sin querer le he vuelto a pisotear su suelo impoluto.
5
Pero antes de irme, le pregunto a Alejandro si tiene algún mensaje para los soñadores del mundo. Responde con una sonrisa ladeada, pero su tono de voz es resuelto: «Yo creo que el futuro es nuestro, de los pequeños que hacemos las cosas con pasión. No por forrarnos sino para promover un modo de vida lindo y agradable para nosotros y para todos. Sin esa necesidad de escaparse al campo o de ‘resistir’. Resistir solo termina deprimiéndote. Imaginate, ¿resistirte contra qué? Es como creer que nosotros no formamos parte de este proceso monstruoso que lo está destruyendo todo».
 
Fotos de Claudio Molinari

En un artículo aparecido hace meses en el diario La Nación, la ensayista Beatriz Sarlo afirmó que Buenos Aires había dejado de ser una ciudad ‘monocéntrica’. ¿Qué significa eso exactamente? Pues que sus casi veinte millones de habitantes se niegan ya a viajar durante horas para su chute semanal de cultura. Quizá por ello en el extrarradio han empezado a surgir –y no tan tímidamente— librerías, galerías y escuelas de arte y música.
El barrio de Florida, situado a cinco minutos de la capital, es el hogar de Musaraña Libros y su hermana siamesa Casa Florida Galería. Alejandro Bidegaray, dueño de la librería, nos cuenta: «Esta era la casa de mis abuelos. Al fallecer ellos, mi hermano, que es profesor de conservatorio, empezó a dar clases acá. Luego mi madre, fotógrafa, arrancó la galería. Y yo, que por entonces regresaba de vivir en España, abrí la librería con mi padre, Juan Carlos».
La apuesta por el suburbio es arriesgada. El público urbano está acostumbrado a que las librerías estén situadas en la calle Corrientes; las galerías, en Recoleta; y las salas de concierto, en San Telmo. «Cuando abrimos, en el 2012, nos dijeron que esto iba a ser un éxito… pero en Palermo. Pero nosotros éramos conscientes de que la ciudad se expande. Es más, está colapsando y Florida es el primer barrio hacia el norte. La nuestra fue una forma de llegar temprano a lo inevitable. Ahora basta tener paciencia».
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Para la familia Bidegaray, estos afloramientos culturales son consecuencia natural de una cuestión demográfica harto evidente. Florida se ha visto repoblada por parejas y familias jóvenes que acaban de llegar. Huyen del monstruo moribundo que es la ciudad en busca de una zona arbolada por la que puedan pasear y hacerse su siesta. «Además esta es una zona tradicionalmente de vanguardia, acá han vivido y viven dibujantes e ilustradores consagrados como Trillo o Nine».
El auge de la novela ilustrada, una de las especialidades de Musaraña, es indiscutible. Pareciera que las ediciones ilustradas de calidad son una forma de defensa de la industria editorial ante el avance del libro electrónico. Obras que nunca llegarían al Kindle o que jamás podrían apreciarse en un iPad, se producen a ritmo vertiginoso en buen papel, con encuadernación cuidada y sobrecubierta. Algo parecido está ocurriendo con la literatura infantil. «Todo se ha vuelto un objeto de consumo y el libro también. Pero se trata de un objeto de consumo que está legitimado, que aún es algo noble», explica Alejandro.
En Florida todo nuevo emprendimiento que busque la excelencia es un triunfo sonado. No se sabe si es el perfil socioeconómico de los incondicionales del slow life o si es el propio ‘estilo slow’ lo que engendra una nueva ciudadanía ávida de grandes obras, o  con intención de grandeza. Pero el estrés en las macrourbes está produciendo cambios en el estilo de vida. Cuanto más inmensa la ciudad, más publicistas y ejecutivos acaban dejándolo todo y convirtiéndose al shiatsu y al yoga para salvaguardar su salud mental.
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Musaraña Libros y Casa Florida Galería son dos caras de la misma moneda. Allí se exponen tanto ilustradores como fotógrafos noveles, pero también hay lugar para los clásicos. Hasta el 16 de diciembre de este año, expondrán al renombrado fotógrafo Óscar Pintor. Sin embargo las actividades no acaban ahí, también se dictan un gran número de talleres de cómics, fotografía y música; estos últimos dictados por María y Juan Bidegaray. «También damos talleres de collage y uno muy interesante que se llama Talismán de la Felicidad, un curso de cocina combinada con arte», señala  Alejandro. «Además organizamos conciertos, presentaciones de libros, y todo lo que podamos para convocar».
Y es que con tanta oferta hacerse conocer es una labor ardua. A eso hay que añadirle una apuesta ‘de calidad gourmet’ cuya viabilidad económica resulta en un equilibrio delicado. «Estamos siempre al borde, en un punto en que sentís que un viento fuerte puede tirarte». Pero Musaraña tiene seguidores, la librería funciona y va creciendo. Incluso han editado dos libros, Vapor y 500 dibujos, con su sello. Alejando advierte: «Eso sí, hay que tener resto (medios) para aguantar por lo menos el primer año».
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Quizá Musaraña/Casa Florida sean proyectos que no dan beneficios económicos inmediatos, pero brindan otro tipo de rédito: el prestigio. Aunque solo para aquellos  dotados de tenacidad a toda prueba. Alejandro nos cuenta: «Ya hemos ido dos veces a la Feria del Cómic de Barcelona, representando a una selección de pequeñas editoriales de historieta argentina. Y en un par de días viajaré a la Feria del libro de Guadalajara, adonde me invitaron a presentar una exposición que organizamos en octubre de este año: Sudestada, dibujo e ilustración contemporánea argentina. Somos chiquitos pero globales». Esas ocasiones brindan muchas posibilidades de establecer contactos y de difundir a artistas y editoriales locales en el exterior.
Puede que tanta actividad parezca nacida de una ambición desmedida, pero solo es el trabajo que hay que hacer para no desaparecer del mapa. Un sueño como este no es un sprint, es una maratón. «Mucha gente está buscando la manera de huir de sus trabajos en empresas, de esta vida de mierda que tenemos que fumarnos (tolerar), por eso trabajamos tanto y quizá por eso mismo nos apoyan. Tengo clientes que me dicen ‘prefiero darte el dinero a vos’, y después me llaman preocupados para asegurarse de que no hayamos quebrado».
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Dejo a Alejandro atendiendo a una pareja que viene en busca de libros de dibujantes mexicanos y salgo a hacer fotos. Recorro la muy blanca galería que ocupa la sala y el largo pasillo. Paso la cocina donde seguramente se hacen los cursos de cocina/arte y desemboco en el patio. Allí, chalando y tomando mate, están María Bidegaray, directora de la galería, y Martín Estol, director de Cámara Oscura, profesor de fotografía y uno de los muchos colaboradores de la casa. Me invitan a unos mates y me quedo. No tengo la grabadora, pero recuerdo claramente que la conversación glosaba sobre el mismo tema que acabo de tocar: el esfuerzo que implica congregar al público para llevar adelante un sueño. María lo define con la palabra precisa,  fidelizar. «Y mirá que no soy partidaria del lenguaje publicitario».
Dejo a mis anfitriones hablando de futuros talleres y actividades y regreso por el pasillo en busca de mi grabadora. Por el camino me detengo y tiro otro par de fotos. La señora que limpia me mira de reojo: sin querer le he vuelto a pisotear su suelo impoluto.
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Pero antes de irme, le pregunto a Alejandro si tiene algún mensaje para los soñadores del mundo. Responde con una sonrisa ladeada, pero su tono de voz es resuelto: «Yo creo que el futuro es nuestro, de los pequeños que hacemos las cosas con pasión. No por forrarnos sino para promover un modo de vida lindo y agradable para nosotros y para todos. Sin esa necesidad de escaparse al campo o de ‘resistir’. Resistir solo termina deprimiéndote. Imaginate, ¿resistirte contra qué? Es como creer que nosotros no formamos parte de este proceso monstruoso que lo está destruyendo todo».
 
Fotos de Claudio Molinari

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