31 de octubre 2014    /   CREATIVIDAD
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Musas de piel rugosa

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«Se nos dice que nuestros cuerpos tienen que tener cierta altura, cierto tamaño y un peso determinado, pero las imágenes que vemos son completamente irreales. Lo sabemos cuando nos fijamos en ellas en las revistas. Y sin embargo, todavía nos comparamos». Las palabras son de la artista estadounidense Aleah Chapin y está hablando de su última colección de pinturas, Aunties Project. Esta vez, la creadora ha pincelado la belleza no lisa de las musas sexagenarias.
Esa es la mínima edad que Chapin considera para posar en sus retratos. De ahí para arriba. A sus 28 años de edad, la pintora no ha querido mantenerse ciega a la imposición del icono de mujer bella que dictan los cánones. Pechos caídos, cesáreas, intervenciones, pelo grisáceo o los simples pliegues del tiempo son las referencias con las que ella esboza formas que crean obras de arte. Una declaración de guerra, al óleo, a la perfección de la era Photoshop.
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«Todo comenzó porque quería explorar mi historia y de dónde vengo. Estas mujeres son amigas de mi madre y yo crecí con ellas, por lo que se trataba de una cuestión muy personal», cuenta Chapin en entrevista a Yorokobu. «Pero también la hice porque siento que las mujeres de este grupo de edad han sido invisibles, y no creo que esto deba seguir siendo así».
Su afán por llevar al lienzo los cuerpos de los que huyen las miradas de sociedad y cultura, empezó en 2012 según The Daily Telegraph, cuando la autora ganó el BP Portrait Award de Londres al presentar los retratos gigantes de algunas de estas amigas de la familia. En esa línea continuó abogando por mostrar esos cuerpos que nos parecen inexistentes porque nunca se nos muestran. «Debemos poder aceptar cada tamaño y forma», esgrime, «quiero que a la gente, al conectar con este trabajo, le llegue un sentido de humanidad universal. Todos tenemos cuerpos. Nuestros cuerpos no son perfectos, pero nos llevan a través de la vida, y eso les hace hermosos. Es algo de lo que a veces nos olvidamos».
Lo suyo, según afirma, se trata de una cruzada para denunciar la invisibilidad en la que sumen a estas mujeres la industria cultural y los medios de comunicación. Asegura que estamos preparados para que nuestras miradas acepten la exposición de todo tipo de cuerpos, pero más lejos que eso, lo considera «necesario». «Creo que tenemos que ser capaces de mirar a lo normal, dejar de sobreidealizar los cuerpos y ver la belleza en ellos», aporta, «y a su vez, ver eso en nosotros mismos».
Las señoras que ella pinta, y sus perfecciones asimétricas, juegan en el caballete donde se las retrata, se tocan, se entrelazan y se muestran sensuales de cara a las galerías de Estados Unidos, Holanda y Alemania donde han sido expuestas. Para lograr formar la colección, la autora ha tenido delante de sus ojos y su paleta las epidermis de decenas de féminas dispuestas a mostrar la belleza de la experiencia. Según afirma Chapin, «el cuerpo femenino es algo increíble para pintar».
*Fuente: The Daily Telegraph
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Su afán por llevar al lienzo los cuerpos de los que huyen las miradas de sociedad y cultura, empezó en 2012 según The Daily Telegraph, cuando la autora ganó el BP Portrait Award de Londres al presentar los retratos gigantes de algunas de estas amigas de la familia. En esa línea continuó abogando por mostrar esos cuerpos que nos parecen inexistentes porque nunca se nos muestran. «Debemos poder aceptar cada tamaño y forma», esgrime, «quiero que a la gente, al conectar con este trabajo, le llegue un sentido de humanidad universal. Todos tenemos cuerpos. Nuestros cuerpos no son perfectos, pero nos llevan a través de la vida, y eso les hace hermosos. Es algo de lo que a veces nos olvidamos».
Lo suyo, según afirma, se trata de una cruzada para denunciar la invisibilidad en la que sumen a estas mujeres la industria cultural y los medios de comunicación. Asegura que estamos preparados para que nuestras miradas acepten la exposición de todo tipo de cuerpos, pero más lejos que eso, lo considera «necesario». «Creo que tenemos que ser capaces de mirar a lo normal, dejar de sobreidealizar los cuerpos y ver la belleza en ellos», aporta, «y a su vez, ver eso en nosotros mismos».
Las señoras que ella pinta, y sus perfecciones asimétricas, juegan en el caballete donde se las retrata, se tocan, se entrelazan y se muestran sensuales de cara a las galerías de Estados Unidos, Holanda y Alemania donde han sido expuestas. Para lograr formar la colección, la autora ha tenido delante de sus ojos y su paleta las epidermis de decenas de féminas dispuestas a mostrar la belleza de la experiencia. Según afirma Chapin, «el cuerpo femenino es algo increíble para pintar».
*Fuente: The Daily Telegraph
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