17 de mayo 2016    /   CREATIVIDAD
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El museo más rápido del mundo está en un tren bala

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No nos engañemos. Ni la música ni las películas son el mayor atractivo de los viajes en tren. Aunque a nadie le apetece hacer Huelva-Portbou escuchando a Stockhausen o viendo un maratón de Kaurismäki, tampoco estaría mal que la oferta cultural del tren fuera un poco mejor.

Atentos a estas demandas, los responsables del tren japonés Genbi Shinkansen pensaron que combinar tren y cultura podría ser una muy buena idea y, desde abril de este año, han puesto en marcha el que puede ser considerado el museo más rápido del mundo.

Según cuenta Spoon Tamago en su página web, este tren bala que cubre la línea Niigata-Echigo Yuzawa ha decorado sus vagones con obras que importantes figuras del arte contemporáneo han creado expresamente para Genbi Shinkansen.

La región donde se encuentra situada la estación de Niigata ha estado tradicionalmente vinculada al mundo del arte en todas sus manifestaciones. Uno de los puentes por los que discurría la antigua línea ferroviaria es citado en el clásico de Yasunari Kawabata El país de la nieve y, según cuenta el director creativo Toru Iwasa, «además de la trienal de arte Echigo-Tsumari, en Niigata tenemos la fábrica textil de Echigo-Jofu, reconocida por la Unesco como patrimonio intangible de la humanidad, artesanías como la fábrica de sedas de Shiozawa-Tsumigi o las artes tradicionales de Shiozawa Kabuki, que han pasado de generación en generación».

Durante la época Edo, Niigata acogía también uno de los principales festivales de danza del país. «Durante cuatro días y cuatro noches la gente no paraba de bailar», explica Takeshi Noto, responsable del festival Art Mix Japan. «Después de la Guerra el festival desapareció, pero en 2002 se intentó recuperar con el Niigata Soh-Odori Festival que, tras 14 años, se ha convertido en el festival de danza más importante de Japón». En él los habitantes de Niigata, que según Noto suelen ser descritos como tímidos, golpean enérgicamente un enorme tambor fabricado con un barril de sake que sirve para marcar el ritmo de las diferentes danzas.

No es extraño por tanto que, cuando los responsables de Genbi Shinkansen decidieran decorar una de sus líneas ferroviarias con arte, eligieran la de Niigata-Echigo Yuzawa.

En los 54 minutos que dura el trayecto de este tren bala, los viajeros pueden disfrutar de obras de Nao Matsumoto, de las fotografías de Naoki Ishikawa, del trabajo con espejos de Yusuke Komuta relativo a la importancia de los preparativos a la hora de emprender un viaje, o de las instalaciones de Paramodel, colectivo de artistas que ha creado una maqueta de tren dentro del propio tren para que el vagón, «espacio que la mayoría de los niños suele encontrar aburrido, se convierta en un lugar de diversión».

Todos los artistas salvo uno son originarios de Japón. La excepción es Brian Alfred, natural de Pittsburgh, Estados Unidos, que presenta una serie de animaciones inspiradas en los paisajes por los que discurre el tren. «Muchas de las imágenes de mi trabajo son escenarios que veo a lo largo de mis viajes, lo que hace que estén estrechamente relacionados con ellos», afirma.

Para los responsables de este proyecto, el concepto de museo no se limita únicamente al interior del tren. De hecho, desde el momento en el que el convoy está parado en la estación, ya empieza a funcionar la galería dado que las imágenes del fotógrafo y cineasta Mika Ninagawa recubren la totalidad de la locomotora y vagones.

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Atentos a estas demandas, los responsables del tren japonés Genbi Shinkansen pensaron que combinar tren y cultura podría ser una muy buena idea y, desde abril de este año, han puesto en marcha el que puede ser considerado el museo más rápido del mundo.

Según cuenta Spoon Tamago en su página web, este tren bala que cubre la línea Niigata-Echigo Yuzawa ha decorado sus vagones con obras que importantes figuras del arte contemporáneo han creado expresamente para Genbi Shinkansen.

La región donde se encuentra situada la estación de Niigata ha estado tradicionalmente vinculada al mundo del arte en todas sus manifestaciones. Uno de los puentes por los que discurría la antigua línea ferroviaria es citado en el clásico de Yasunari Kawabata El país de la nieve y, según cuenta el director creativo Toru Iwasa, «además de la trienal de arte Echigo-Tsumari, en Niigata tenemos la fábrica textil de Echigo-Jofu, reconocida por la Unesco como patrimonio intangible de la humanidad, artesanías como la fábrica de sedas de Shiozawa-Tsumigi o las artes tradicionales de Shiozawa Kabuki, que han pasado de generación en generación».

Durante la época Edo, Niigata acogía también uno de los principales festivales de danza del país. «Durante cuatro días y cuatro noches la gente no paraba de bailar», explica Takeshi Noto, responsable del festival Art Mix Japan. «Después de la Guerra el festival desapareció, pero en 2002 se intentó recuperar con el Niigata Soh-Odori Festival que, tras 14 años, se ha convertido en el festival de danza más importante de Japón». En él los habitantes de Niigata, que según Noto suelen ser descritos como tímidos, golpean enérgicamente un enorme tambor fabricado con un barril de sake que sirve para marcar el ritmo de las diferentes danzas.

No es extraño por tanto que, cuando los responsables de Genbi Shinkansen decidieran decorar una de sus líneas ferroviarias con arte, eligieran la de Niigata-Echigo Yuzawa.

En los 54 minutos que dura el trayecto de este tren bala, los viajeros pueden disfrutar de obras de Nao Matsumoto, de las fotografías de Naoki Ishikawa, del trabajo con espejos de Yusuke Komuta relativo a la importancia de los preparativos a la hora de emprender un viaje, o de las instalaciones de Paramodel, colectivo de artistas que ha creado una maqueta de tren dentro del propio tren para que el vagón, «espacio que la mayoría de los niños suele encontrar aburrido, se convierta en un lugar de diversión».

Todos los artistas salvo uno son originarios de Japón. La excepción es Brian Alfred, natural de Pittsburgh, Estados Unidos, que presenta una serie de animaciones inspiradas en los paisajes por los que discurre el tren. «Muchas de las imágenes de mi trabajo son escenarios que veo a lo largo de mis viajes, lo que hace que estén estrechamente relacionados con ellos», afirma.

Para los responsables de este proyecto, el concepto de museo no se limita únicamente al interior del tren. De hecho, desde el momento en el que el convoy está parado en la estación, ya empieza a funcionar la galería dado que las imágenes del fotógrafo y cineasta Mika Ninagawa recubren la totalidad de la locomotora y vagones.

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