8 de mayo 2018    /   ENTRETENIMIENTO
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La invasión del electrochotis

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La revolución generacional llegará bailando. Ya no es que aún estemos con los contoneos de Childish Gambino en This is America, es que el ser humanos tiene esa necesidad desde que es un bicho intrauterino. A lo mejor, por eso conviene inocular desde pequeños el virus de la electrónica a los herederos de nuestras deudas. Ya que les dejamos el marrón, que tengan alguna recompensa.

Music & Dealers quiso poner a las familias enteras a bailar y, por eso, el festival llega a su cuarta edición esta semana, del 11 al 14 de mayo, en medio de todo el meollo de las fiestas madrileñas de San Isidro. «El carácter del festival es popular, de ahí que el mejor momento para celebrarlo sea el de las fiestas más populares de la ciudad», explica Juanjo Bernardo, director de Music & Dealers.

La cita, por mucho que tenga a la música electrónica como núcleo musical, empieza en el Matadero de Madrid con chotis: show, baile y taller para 60 niños. Con eso, los organizadores definen su festival como «evento mutante o experiencia neocastiza. Celebramos todos nuestros tópicos típicos, reivindicando de dónde venimos, pero actualizando el contenido. En realidad, no creemos que haya mucha diferencia entre cómo se celebraba San Isidro hace doscientos cincuenta años (por ejemplo) y como lo celebramos ahora. Los tiempos han cambiado, está claro, pero el mensaje debe ser el mismo: diversión, respeto, aprendizaje y música», señala Juanjo Bernardo.

A partir de ahí y a grandes rasgos, la mañana del sábado es para los talleres y los conciertos para peques y las tardes y la noche están dedicadas a la electrónica family-friendly. Como dice Bernardo, habrá «actividades infantiles y familiares de inclusión, vanguardia tecnológica y artística, comercio, etc… Son muchas variables que pueden hacer parecer que el evento es confuso, cuando es todo lo contrario. Cualquier persona podrá encontrar algo que le mole en cualquier momento».

El director del festival lamenta las dificultades con las que cuenta un festival gratuito como este. «Music & Dealers es un evento autogestionado, autoproducido, gratuito y… deficitario», lamenta. «Tras cuatro años seguimos sin encontrar la forma de hacerlo no ya rentable, sino sostenible Pese a que recientemente hemos recibido una ayuda (en forma de subvención) por parte del Ayuntamiento de Madrid, la situación financiera da miedo. Hoy por hoy, la ilusión y el apoyo del público, comerciantes, promotores, sellos y artistas en todas las ediciones nos hacen olvidar los puntos tristes».

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La misión en la que se han metido Bernardo y sus compañeros de equipo es, como en la mayoría de estos casos, por amor al arte y con la aspiración de que, en algún momento, el tinglado se mantendrá. Se decantaron por hacer lo que creían correcto más allá de consideraciones comerciales. «Queríamos hacer algo en lo que se tuviesen en cuenta factores que veíamos que pasaban desapercibidos o, directamente, no existían. Por ejemplo, la recuperación de espacios para el disfrute del ciudadano, el apoyo al pequeño comerciante y al emprendedor, el apoyo incondicional a la escena de base cultural o artística de la ciudad. Por ello, la alta presencia y apoyo a artistas que desarrollan sus carreras en Madrid y que, en la mayoría de los casos, están fuera del circuito habitual de festivales». Y, por supuesto, para todos los públicos.

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Y rock ‘n’ roll del de quemar pianos

Al día, siguiente, el 15 de mayo y en el mismo escenario, Pichikids recoge el testigo para educar a los enanos en la fe del rock. La versión infantil y juvenil de San Isidro ofrece saraos musicales de swing, soul o pop; talleres de robótica o genética y uno para remarcar el papel de las mujeres en la historia de la ciencia; también habrá talleres de pintura y, como guinda, el concierto del incendiario pianista Mike Sánchez.

Si la semana que viene, la mitad de los niños de Madrid no están graduados en underground, es que no estamos haciendo bien nuestro papel como sociedad.

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Music & Dealers quiso poner a las familias enteras a bailar y, por eso, el festival llega a su cuarta edición esta semana, del 11 al 14 de mayo, en medio de todo el meollo de las fiestas madrileñas de San Isidro. «El carácter del festival es popular, de ahí que el mejor momento para celebrarlo sea el de las fiestas más populares de la ciudad», explica Juanjo Bernardo, director de Music & Dealers.

La cita, por mucho que tenga a la música electrónica como núcleo musical, empieza en el Matadero de Madrid con chotis: show, baile y taller para 60 niños. Con eso, los organizadores definen su festival como «evento mutante o experiencia neocastiza. Celebramos todos nuestros tópicos típicos, reivindicando de dónde venimos, pero actualizando el contenido. En realidad, no creemos que haya mucha diferencia entre cómo se celebraba San Isidro hace doscientos cincuenta años (por ejemplo) y como lo celebramos ahora. Los tiempos han cambiado, está claro, pero el mensaje debe ser el mismo: diversión, respeto, aprendizaje y música», señala Juanjo Bernardo.

A partir de ahí y a grandes rasgos, la mañana del sábado es para los talleres y los conciertos para peques y las tardes y la noche están dedicadas a la electrónica family-friendly. Como dice Bernardo, habrá «actividades infantiles y familiares de inclusión, vanguardia tecnológica y artística, comercio, etc… Son muchas variables que pueden hacer parecer que el evento es confuso, cuando es todo lo contrario. Cualquier persona podrá encontrar algo que le mole en cualquier momento».

El director del festival lamenta las dificultades con las que cuenta un festival gratuito como este. «Music & Dealers es un evento autogestionado, autoproducido, gratuito y… deficitario», lamenta. «Tras cuatro años seguimos sin encontrar la forma de hacerlo no ya rentable, sino sostenible Pese a que recientemente hemos recibido una ayuda (en forma de subvención) por parte del Ayuntamiento de Madrid, la situación financiera da miedo. Hoy por hoy, la ilusión y el apoyo del público, comerciantes, promotores, sellos y artistas en todas las ediciones nos hacen olvidar los puntos tristes».

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La misión en la que se han metido Bernardo y sus compañeros de equipo es, como en la mayoría de estos casos, por amor al arte y con la aspiración de que, en algún momento, el tinglado se mantendrá. Se decantaron por hacer lo que creían correcto más allá de consideraciones comerciales. «Queríamos hacer algo en lo que se tuviesen en cuenta factores que veíamos que pasaban desapercibidos o, directamente, no existían. Por ejemplo, la recuperación de espacios para el disfrute del ciudadano, el apoyo al pequeño comerciante y al emprendedor, el apoyo incondicional a la escena de base cultural o artística de la ciudad. Por ello, la alta presencia y apoyo a artistas que desarrollan sus carreras en Madrid y que, en la mayoría de los casos, están fuera del circuito habitual de festivales». Y, por supuesto, para todos los públicos.

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Y rock ‘n’ roll del de quemar pianos

Al día, siguiente, el 15 de mayo y en el mismo escenario, Pichikids recoge el testigo para educar a los enanos en la fe del rock. La versión infantil y juvenil de San Isidro ofrece saraos musicales de swing, soul o pop; talleres de robótica o genética y uno para remarcar el papel de las mujeres en la historia de la ciencia; también habrá talleres de pintura y, como guinda, el concierto del incendiario pianista Mike Sánchez.

Si la semana que viene, la mitad de los niños de Madrid no están graduados en underground, es que no estamos haciendo bien nuestro papel como sociedad.

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