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23 de enero 2019    /   ENTRETENIMIENTO
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La música asiática que se rebela contra la homofobia y el machismo

23 de enero 2019    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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La música asiática está en auge. Cada vez se escucha más y cada vez son más los artistas surcoreanos y japoneses que se lanzan a colaborar con otros músicos occidentales. Aunque Corea del Sur y Japón se llevan la palma, también esconden un lado oscuro: sus sociedades, las más conservadoras entre las potencias mundiales modernas, perpetúan la discriminación hacia quienes se salen de lo establecido. ¿Puede la música ayudar a cambiar esta «tendencia»?

Veamos algunos datos. El 58% de los surcoreanos se opone al matrimonio entre personas del mismo sexo y tan solo un 34% se muestra favorable. Son los resultados de una encuesta llevada a cabo por Gallup Korea en mayo de 2018.

Las cifras se mueven a un 52% en contra y un 41% a favor según otra encuesta del mismo grupo –en este caso, realizada en diciembre– para la cadena coreana MBC. La conclusión es similar: a pesar de la imagen moderna que sustenta Corea del Sur a nivel global, las relaciones homosexuales continúan siendo tabú en el país.

En 2008, el actor y modelo gay Kim Ji-hoo se suicidó. Tras dar a conocer públicamente su orientación sexual, su agencia de representación no renovó su contrato y varios programas de televisión y desfiles de moda cancelaron sus apariciones. La presión y discriminación social se cebaron con él.

Casi diez años más tarde, en 2017, salió a la luz que el ejército surcoreano estaba espiando a sus tropas para detectar soldados homosexuales. El país, que obliga a toda la población masculina a cumplir dos años de servicio militar, contempla como delito en su ley militar las relaciones entre dos hombres, con penas de hasta dos años de prisión.

La «caza de brujas» pudo haber incriminado a decenas de chicos, entre ellos un capitán del ejército que fue condenado a seis meses de prisión y un año de inhabilitación por mantener relaciones con otro soldado.

El surcoreano Holland, en el videoclip de ‘Neverland’

La situación de repulsa social generalizada, tal y como relataba The Korea Observer, está llevando a muchos coreanos a llevar una doble vida: mujeres y hombres casados, trabajadores y estudiantes sumidos en la rectitud de lo heteronormativo durante su vida diaria que, en privado, dan rienda suelta a lo que verdaderamente sienten.

Si la comparamos con el otro gran bastión asiático, Japón le lleva la delantera a Corea del Sur en cuanto a nivel de aceptación social –sin ser una situación idílica– de la comunidad LGTB. No están exentos de otras lacras: el nivel de empoderamiento de la mujer japonesa está a unos niveles sencillamente lamentables.

En el informe de brecha de género de 2017 del Foro Económico Mundial, Japón está situado en la posición 114 de un total de 144 países, con una diferencia salarial del 52,4%. Si hablamos del nivel de representación femenina y poder político, Japón desciende hasta el puesto 123.

No es casual. Los convencionalismos de la familia tradicional japonesa han arraigado en una sociedad en la que, en ocasiones, la mujer se ve relegada al hogar y los hijos. Aun así, la mujer japonesa nunca ha dejado de reivindicar su lugar.

Ya a principios de los años 70 cientos de mujeres tomaron las calles de Tokio, en el conocido como el primer movimiento de liberación femenino –uman libu; traducido, liberación de la mujer– en Japón. Por entonces, la respuesta mediática a aquellas primeras feministas niponas fue la de tacharlas de «histéricas» y «feas».

Aunque tanto en Corea del Sur como en Japón se han ido dando pasos en los últimos tiempos, temas como el feminismo o los derechos LGTB no gozan de demasiada salud. Tan solo unos pocos se atreven a alzar la voz. Pero existen; están ahí. Se sirven, como tantas otra veces en la historia de la humanidad, de la cultura: nada comparable a leer, ver y escuchar para abrir la mente y perpetrar cambios en las sociedades.

Esta es la historia de tres artistas, una chica japonesa y dos chicos surcoreanos, intentando cambiar el mundo en el que viven a través de la música.

AKKOGORILLA, la rapera japonesa que canta al feminismo

«Quiero expresarme libremente sin ser reducida a un estereotipo», dice AKKOGORILLA. Es japonesa y rapea. Acaba de lanzar GRRRLISM, un disco imposible en su país de origen. Y, con todo, ahí está: copando salas y hablando de temas inéditos en Japón. Canciones como Everyday Boo, en la que pone el foco sobre el vello femenino y exhibe, en el videoclip, a chicas plagadas de pelos en los sobacos.

La rapera japonesa AKKOGORILLA, en el videoclip de ‘Yoyu’

En Ultra Gender, la artista habla del género fluido diciéndole a la sociedad que despierte; diciéndole al mundo que se libere. En GRRRLISM, la canción que pone título al disco, la rapera entona el «my body, my choice» en el estribillo, que prosigue con «my life, my choice» o «my color, my choice», haciendo referencia al encasillamiento de género que niños y niñas sufren desde pequeños.

En Grandma, AKKOGORILLA clama a una sociedad acomplejada por la edad y la valía de las mujeres mayores. Una fórmula reivindicativa que se repite en otros temas como Yoyu, donde rapea sobre la infelicidad de llevar una vida en la que eres juzgado constantemente y la necesidad de empoderarse.

La celebración de nuestra libertad como individuos, sin importar género, raza o edad. Amor, good vibes y liberación personal que AKKOGORILLA utiliza para volver a poner el feminismo en boca de los japoneses. «¿Se supone que debemos usar maquillaje, hablar, vestirnos y comportarnos de acuerdo a nuestra edad? ¿Casarnos y tener hijos es la definición de nuestra felicidad? ¿Quién juzga eso? ¡Nosotras decidimos!».

Holland y MRSHLL: el K-Pop también es gay

El K-Pop no solo ha roto la barrera del idioma: grupos como BTS o BLACKPINK han logrado situar la música surcoreana en lo más alto del panorama internacional, encabezando un fenómeno que trasciende géneros y audiencias.

Ahora, nuevos artistas rompen con la dinámica comercial para poner el foco en temas que importan: en Neverland, que supera los 10 millones de reproducciones, Holland canta su propia historia –el artista surcoreano sufrió acoso escolar tras hablar a su entorno de su sexualidad– a través de un chico que intenta evitar la discriminación y escapar a un lugar donde amar libremente.

El tema, lanzado a principios de año, desató la polémica en Corea del Sur: el vídeo fue clasificado en edades para mayores de 19. ¿La razón? Un beso entre dos chicos. A pesar de su fama internacional y los buenos resultados de sus canciones en plataformas digitales, Holland ha financiado su próximo miniálbum a través de crowdfunding.

MRSHLL, en una imagen promocional

«Creo que es algo que está en proceso. Tras cinco años viviendo en Seúl, me da la sensación de que el sentir general en torno a la comunidad LGBTQ+ (especialmente entre la generación joven) es más positivo y abierto de mente. Pero aún queda mucho por hacer… Es 2018 y aún hay una falta total de representación LGBTQ+ a escala nacional», cuenta MRSHLL (Marshall Bang). Su caso es similar. Habló públicamente de su sexualidad solo un poco antes que Holland. Ahora acaba de lanzar su segundo EP, principalmente en inglés.

«Creo que es difícil para cualquier músico o artista hacerse un nombre, independientemente de hacia quién se sienta atraído», apunta Marshall, que celebra la situación actual en la que internet permite conectar a personas, llegar a los fans y «compartir con ellos directamente nuestra música».

Prueba de ello es Alien (Issa Mixtape), que acaba de salir en plataformas digitales e incluye colaboraciones con grandes nombres del panorama surcoreano como Min (del grupo miss A) o el rapero Junoflo. En él –una mezcla de pop, rap, R&B y electrónica– el mensaje es claro: «Libertad. Amor. Emociones sin complejos». El siguiente paso, un álbum de larga duración.

«Va a ser una carta de amor a mi yo del pasado», comenta. «En esencia, un mensaje de amor y coraje para todas aquellas personas que sientan que viven en los márgenes de la sociedad».

La música asiática está en auge. Cada vez se escucha más y cada vez son más los artistas surcoreanos y japoneses que se lanzan a colaborar con otros músicos occidentales. Aunque Corea del Sur y Japón se llevan la palma, también esconden un lado oscuro: sus sociedades, las más conservadoras entre las potencias mundiales modernas, perpetúan la discriminación hacia quienes se salen de lo establecido. ¿Puede la música ayudar a cambiar esta «tendencia»?

Veamos algunos datos. El 58% de los surcoreanos se opone al matrimonio entre personas del mismo sexo y tan solo un 34% se muestra favorable. Son los resultados de una encuesta llevada a cabo por Gallup Korea en mayo de 2018.

Las cifras se mueven a un 52% en contra y un 41% a favor según otra encuesta del mismo grupo –en este caso, realizada en diciembre– para la cadena coreana MBC. La conclusión es similar: a pesar de la imagen moderna que sustenta Corea del Sur a nivel global, las relaciones homosexuales continúan siendo tabú en el país.

En 2008, el actor y modelo gay Kim Ji-hoo se suicidó. Tras dar a conocer públicamente su orientación sexual, su agencia de representación no renovó su contrato y varios programas de televisión y desfiles de moda cancelaron sus apariciones. La presión y discriminación social se cebaron con él.

Casi diez años más tarde, en 2017, salió a la luz que el ejército surcoreano estaba espiando a sus tropas para detectar soldados homosexuales. El país, que obliga a toda la población masculina a cumplir dos años de servicio militar, contempla como delito en su ley militar las relaciones entre dos hombres, con penas de hasta dos años de prisión.

La «caza de brujas» pudo haber incriminado a decenas de chicos, entre ellos un capitán del ejército que fue condenado a seis meses de prisión y un año de inhabilitación por mantener relaciones con otro soldado.

El surcoreano Holland, en el videoclip de ‘Neverland’

La situación de repulsa social generalizada, tal y como relataba The Korea Observer, está llevando a muchos coreanos a llevar una doble vida: mujeres y hombres casados, trabajadores y estudiantes sumidos en la rectitud de lo heteronormativo durante su vida diaria que, en privado, dan rienda suelta a lo que verdaderamente sienten.

Si la comparamos con el otro gran bastión asiático, Japón le lleva la delantera a Corea del Sur en cuanto a nivel de aceptación social –sin ser una situación idílica– de la comunidad LGTB. No están exentos de otras lacras: el nivel de empoderamiento de la mujer japonesa está a unos niveles sencillamente lamentables.

En el informe de brecha de género de 2017 del Foro Económico Mundial, Japón está situado en la posición 114 de un total de 144 países, con una diferencia salarial del 52,4%. Si hablamos del nivel de representación femenina y poder político, Japón desciende hasta el puesto 123.

No es casual. Los convencionalismos de la familia tradicional japonesa han arraigado en una sociedad en la que, en ocasiones, la mujer se ve relegada al hogar y los hijos. Aun así, la mujer japonesa nunca ha dejado de reivindicar su lugar.

Ya a principios de los años 70 cientos de mujeres tomaron las calles de Tokio, en el conocido como el primer movimiento de liberación femenino –uman libu; traducido, liberación de la mujer– en Japón. Por entonces, la respuesta mediática a aquellas primeras feministas niponas fue la de tacharlas de «histéricas» y «feas».

Aunque tanto en Corea del Sur como en Japón se han ido dando pasos en los últimos tiempos, temas como el feminismo o los derechos LGTB no gozan de demasiada salud. Tan solo unos pocos se atreven a alzar la voz. Pero existen; están ahí. Se sirven, como tantas otra veces en la historia de la humanidad, de la cultura: nada comparable a leer, ver y escuchar para abrir la mente y perpetrar cambios en las sociedades.

Esta es la historia de tres artistas, una chica japonesa y dos chicos surcoreanos, intentando cambiar el mundo en el que viven a través de la música.

AKKOGORILLA, la rapera japonesa que canta al feminismo

«Quiero expresarme libremente sin ser reducida a un estereotipo», dice AKKOGORILLA. Es japonesa y rapea. Acaba de lanzar GRRRLISM, un disco imposible en su país de origen. Y, con todo, ahí está: copando salas y hablando de temas inéditos en Japón. Canciones como Everyday Boo, en la que pone el foco sobre el vello femenino y exhibe, en el videoclip, a chicas plagadas de pelos en los sobacos.

La rapera japonesa AKKOGORILLA, en el videoclip de ‘Yoyu’

En Ultra Gender, la artista habla del género fluido diciéndole a la sociedad que despierte; diciéndole al mundo que se libere. En GRRRLISM, la canción que pone título al disco, la rapera entona el «my body, my choice» en el estribillo, que prosigue con «my life, my choice» o «my color, my choice», haciendo referencia al encasillamiento de género que niños y niñas sufren desde pequeños.

En Grandma, AKKOGORILLA clama a una sociedad acomplejada por la edad y la valía de las mujeres mayores. Una fórmula reivindicativa que se repite en otros temas como Yoyu, donde rapea sobre la infelicidad de llevar una vida en la que eres juzgado constantemente y la necesidad de empoderarse.

La celebración de nuestra libertad como individuos, sin importar género, raza o edad. Amor, good vibes y liberación personal que AKKOGORILLA utiliza para volver a poner el feminismo en boca de los japoneses. «¿Se supone que debemos usar maquillaje, hablar, vestirnos y comportarnos de acuerdo a nuestra edad? ¿Casarnos y tener hijos es la definición de nuestra felicidad? ¿Quién juzga eso? ¡Nosotras decidimos!».

Holland y MRSHLL: el K-Pop también es gay

El K-Pop no solo ha roto la barrera del idioma: grupos como BTS o BLACKPINK han logrado situar la música surcoreana en lo más alto del panorama internacional, encabezando un fenómeno que trasciende géneros y audiencias.

Ahora, nuevos artistas rompen con la dinámica comercial para poner el foco en temas que importan: en Neverland, que supera los 10 millones de reproducciones, Holland canta su propia historia –el artista surcoreano sufrió acoso escolar tras hablar a su entorno de su sexualidad– a través de un chico que intenta evitar la discriminación y escapar a un lugar donde amar libremente.

El tema, lanzado a principios de año, desató la polémica en Corea del Sur: el vídeo fue clasificado en edades para mayores de 19. ¿La razón? Un beso entre dos chicos. A pesar de su fama internacional y los buenos resultados de sus canciones en plataformas digitales, Holland ha financiado su próximo miniálbum a través de crowdfunding.

MRSHLL, en una imagen promocional

«Creo que es algo que está en proceso. Tras cinco años viviendo en Seúl, me da la sensación de que el sentir general en torno a la comunidad LGBTQ+ (especialmente entre la generación joven) es más positivo y abierto de mente. Pero aún queda mucho por hacer… Es 2018 y aún hay una falta total de representación LGBTQ+ a escala nacional», cuenta MRSHLL (Marshall Bang). Su caso es similar. Habló públicamente de su sexualidad solo un poco antes que Holland. Ahora acaba de lanzar su segundo EP, principalmente en inglés.

«Creo que es difícil para cualquier músico o artista hacerse un nombre, independientemente de hacia quién se sienta atraído», apunta Marshall, que celebra la situación actual en la que internet permite conectar a personas, llegar a los fans y «compartir con ellos directamente nuestra música».

Prueba de ello es Alien (Issa Mixtape), que acaba de salir en plataformas digitales e incluye colaboraciones con grandes nombres del panorama surcoreano como Min (del grupo miss A) o el rapero Junoflo. En él –una mezcla de pop, rap, R&B y electrónica– el mensaje es claro: «Libertad. Amor. Emociones sin complejos». El siguiente paso, un álbum de larga duración.

«Va a ser una carta de amor a mi yo del pasado», comenta. «En esencia, un mensaje de amor y coraje para todas aquellas personas que sientan que viven en los márgenes de la sociedad».

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