30 de noviembre 2020    /   CREATIVIDAD
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My Hotel Carpet: Tómate unas vacaciones visuales con estas fotos de alfombras de hoteles

30 de noviembre 2020    /   CREATIVIDAD     por          
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Sirven para acolchar nuestra caída en un lugar extraño. Convierten los duros taconeos en susurros mullidos. Dan a nuestros pasos un ritmo narcotizado y submarino. Quizá por eso, las alfombras se extienden por el interior de todos los hoteles del mundo. Dan igual las estrellas, la extensión o la localización. Están por todas partes. Sus acogedores filamentos han colonizado lobbies, han enmoquetado habitaciones e incluso han llegado (¡puaj!) hasta los comedores. Bill Young lo sabe muy bien. También lo saben los casi 400.000 seguidores de su cuenta de Instagram, My Hotel Carpet.

«Pensé que tenía sentido especializarme. Las alfombras, en general, son aburridas; pero una cuenta de alfombras de hotel era lo suficientemente extravagante como para ser interesante», explica a Yorokobu.

Ayuda mucho su trabajo: Young es piloto; lleva 30 años visitando hoteles de todo el mundo. Solo hace cinco empezó a subir fotos de sus alfombras, exactamente el 27 de agosto de 2015. «¿Fue esta la primera vez que fotografié una alfombra? Probablemente no», se pregunta el fotógrafo. «Estoy seguro de que Miguel Ángel talló algunos bustos de mármol antes de mostrar al David. ¿Me estoy comparando con Miguel Ángel? Tal vez, tal vez no. Eso lo decidirá el futuro».

Bill Young no se toma demasiado en serio a sí mismo. «Probablemente un fotógrafo normal  estaría en un pozo de desesperación al ver que esta cuenta crece a un ritmo vertiginoso mientras que su cuenta seria tiene muchos menos seguidores», reconoce. Pero no es su caso. «A fin de cuentas, no tendría todos los seguidores que tengo en mi cuenta principal si no fuera por las alfombras», explica. Tampoco tendría un libro publicado y decenas de entrevistas (incluida esta) por todo el mundo. Y él lo sabe. 

Toda esta viralidad, más allá del evidente enganche que producen sus fotos, se debe a un deseo navideño. Hace unos años, su hija Jill comentó en Twitter que lo único que quería para Navidad era que la cuenta de su padre se hiciera viral. Las redes sociales pueden ser más eficientes que Papá Noel, así que en pocas horas, My Hotel Carpet ganaba seguidores a miles. Por cierto, «este año Jill ha pedido que se acabe el virus y podamos volver a una vida normal».

Pero Bill Young no es el único fotógrafo de viajes que tiene una obsesión con los suelos. Hace unos años, Parisians Floors vivió un fenómeno similar fijándose en azulejos más que en alfombras. A diferencia del preciosismo impostado de aquella, My Hotel Carpet no tiene miedo de ser cutre, camp u hortera. Muchos hoteles lo son.

Otro rasgo distintivo es que Young no incluye en sus fotos un vistazo a su lujosa colección de zapatos, como hacía su predecesor. «No creo que nadie quiera que mis pies arruinen una bonita foto de alfombras», explica el autor. 

Las fotos de My Hotel Carpet son abstractas. Carecen de cualquier elemento externo que las contextualice. Sus dibujos son suaves y mullidos; algunos tienen texturas a contrapelo, en otros se intuyen unas huellas brillantes y furtivas, inmortalizadas antes de desaparecer en un mar de blandita uniformidad. Son todas las pistas que tenemos de que, efectivamente, estamos viendo alfombras. Y ahí reside su potencial hipnótico.

 «Creo que pasar unos minutos haciendo la interpretación de Rorschach del patrón de la alfombra del salón de baile del Nagoya Marriott Hotel reduce temporalmente la ansiedad creada por toda la locura que está sucediendo en el mundo en este momento», afirma convencido Young. Y la verdad, puede que tenga razón. Hacer scroll por el feed de Instagram y encontrarte con una de sus mullidas instantáneas da una rara sensación de paz. Dan ganas de ponerse a interpretar formas y colores. De entrar en su mundo acolchado. De hacer check-in en esta cuenta y tomarte unas relajantes vacaciones visuales.

Sirven para acolchar nuestra caída en un lugar extraño. Convierten los duros taconeos en susurros mullidos. Dan a nuestros pasos un ritmo narcotizado y submarino. Quizá por eso, las alfombras se extienden por el interior de todos los hoteles del mundo. Dan igual las estrellas, la extensión o la localización. Están por todas partes. Sus acogedores filamentos han colonizado lobbies, han enmoquetado habitaciones e incluso han llegado (¡puaj!) hasta los comedores. Bill Young lo sabe muy bien. También lo saben los casi 400.000 seguidores de su cuenta de Instagram, My Hotel Carpet.

«Pensé que tenía sentido especializarme. Las alfombras, en general, son aburridas; pero una cuenta de alfombras de hotel era lo suficientemente extravagante como para ser interesante», explica a Yorokobu.

Ayuda mucho su trabajo: Young es piloto; lleva 30 años visitando hoteles de todo el mundo. Solo hace cinco empezó a subir fotos de sus alfombras, exactamente el 27 de agosto de 2015. «¿Fue esta la primera vez que fotografié una alfombra? Probablemente no», se pregunta el fotógrafo. «Estoy seguro de que Miguel Ángel talló algunos bustos de mármol antes de mostrar al David. ¿Me estoy comparando con Miguel Ángel? Tal vez, tal vez no. Eso lo decidirá el futuro».

Bill Young no se toma demasiado en serio a sí mismo. «Probablemente un fotógrafo normal  estaría en un pozo de desesperación al ver que esta cuenta crece a un ritmo vertiginoso mientras que su cuenta seria tiene muchos menos seguidores», reconoce. Pero no es su caso. «A fin de cuentas, no tendría todos los seguidores que tengo en mi cuenta principal si no fuera por las alfombras», explica. Tampoco tendría un libro publicado y decenas de entrevistas (incluida esta) por todo el mundo. Y él lo sabe. 

Toda esta viralidad, más allá del evidente enganche que producen sus fotos, se debe a un deseo navideño. Hace unos años, su hija Jill comentó en Twitter que lo único que quería para Navidad era que la cuenta de su padre se hiciera viral. Las redes sociales pueden ser más eficientes que Papá Noel, así que en pocas horas, My Hotel Carpet ganaba seguidores a miles. Por cierto, «este año Jill ha pedido que se acabe el virus y podamos volver a una vida normal».

Pero Bill Young no es el único fotógrafo de viajes que tiene una obsesión con los suelos. Hace unos años, Parisians Floors vivió un fenómeno similar fijándose en azulejos más que en alfombras. A diferencia del preciosismo impostado de aquella, My Hotel Carpet no tiene miedo de ser cutre, camp u hortera. Muchos hoteles lo son.

Otro rasgo distintivo es que Young no incluye en sus fotos un vistazo a su lujosa colección de zapatos, como hacía su predecesor. «No creo que nadie quiera que mis pies arruinen una bonita foto de alfombras», explica el autor. 

Las fotos de My Hotel Carpet son abstractas. Carecen de cualquier elemento externo que las contextualice. Sus dibujos son suaves y mullidos; algunos tienen texturas a contrapelo, en otros se intuyen unas huellas brillantes y furtivas, inmortalizadas antes de desaparecer en un mar de blandita uniformidad. Son todas las pistas que tenemos de que, efectivamente, estamos viendo alfombras. Y ahí reside su potencial hipnótico.

 «Creo que pasar unos minutos haciendo la interpretación de Rorschach del patrón de la alfombra del salón de baile del Nagoya Marriott Hotel reduce temporalmente la ansiedad creada por toda la locura que está sucediendo en el mundo en este momento», afirma convencido Young. Y la verdad, puede que tenga razón. Hacer scroll por el feed de Instagram y encontrarte con una de sus mullidas instantáneas da una rara sensación de paz. Dan ganas de ponerse a interpretar formas y colores. De entrar en su mundo acolchado. De hacer check-in en esta cuenta y tomarte unas relajantes vacaciones visuales.

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