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12 de enero 2017    /   IDEAS
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La profesora cuyos alumnos leen 40 libros al año (y lo hacen por placer)

12 de enero 2017    /   IDEAS     por          
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A principios de semana fueron los datos de los editores los que nos dejaron en evidencia. Pese a que el 92% de la población se considera ‘lectora’ (de prensa, cómics, webs, etc.), casi el 40% de los españoles no ha leído un libro en el último año. Los responsables del estudio tienen claro que el desapego por la lectura no es una buena noticia para el desarrollo y el progreso de un país.

El representante del gobierno que asistió a la presentación del informe también lo reconoció así. Ante la denuncia de los editores sobre «el ambiente difuso, sin concretar» en el que la lectura se sitúa dentro del nuevo panorama educativo inaugurado con la LOMCE, Fernando Benzo, secretario de estado de Cultura, admitió el papel secundario que esta actividad viene desempeñando tradicionalmente en la escuela. «Deberíamos darle el mismo tiempo, por ejemplo, que le damos a la Educación Física», propuso como posible solución.

Que el hábito de la lectura se genere en la aula y se consolide en casa es una máxima que Nancie Atwell lleva practicando desde hace más de 40 años. Con ella, la profesora y fundadora de Center for Teaching & Learning (CTL), en Maine (EEUU), ha conseguido que sus alumnos de 7º y 8º grado (el equivalente a 1º y 2º de la ESO) lean una media de unos 40 libros al año (cuando la del país ronda los 10). Y que lo hagan por gusto.

«La clave es que sean ellos los que decidan lo que quieren leer», explica la propia Atwell en el vídeo de su candidatura a los Global Teacher Prize, el “Nobel” de los maestros, que la estadounidense consiguió en 2015.

Para conseguirlo, lo ideal es disponer de una oferta de libros lo suficientemente amplia para que abarque todos los temas de interés de los alumnos. «Mis estudiante pueden llegar a leer entre 30 y 100 libros al año. Los devoran porque la biblioteca del aula está llena de historias interesantes, porque disponen de tiempo a diario para leer en la escuela y porque confío en que sigan leyendo en casa todas las noches», escribía Atwall en un artículo de 2010.

Tiempo y espacio reservado para la lectura resultan cruciales para conseguir que el alumno lea por placer. Por eso, en CTL abundan las estanterías repletas de libros (unos 20 por alumno, más o menos) y los sillones y almohadones en los que los niños se tumban a leer.

Un niño sentado leyendo tranquilamente puede que no se considere un método educativo muy comercial pero es la manera en la que alguien se convierte en un lector

La labor del educador pasa por acompañar al pequeño lector. Escucharle mientras lee en alto, enseñarle a entonar frases o explicarle el significado de palabras que no entiende entra dentro de esta labor. Esta continúa una vez finalizada la lectura. Es entonces cuando se anima al alumno a conversar sobre lo leído. Incluso a escribir sobre ello. Una práctica muy común en CTL son las cartas al profesor en las que los lectores dan su opinión sobre el libro, expresan lo que ha significado para ellos, etc.

Un seguimiento personalizado y constante que dista mucho de las habituales fichas, resúmenes, controles o presentaciones orales “poslibro” que, en opinión de Atwell, no suelen aportar mucho desde el punto de vista del aprendizaje. Además, tampoco contribuyen a que el lector encuentre su Reading Zone, ese estadio que se alcanza cuando uno “se mete” de lleno en lo que está leyendo, y que da título a uno de los libros de Atwell en los que explica su metodología a otros docentes.

La fundadora de CTL dice que sus cuatro décadas de experiencia le han enseñado que su trabajo consiste en «leer, disfrutar y recomendar literatura juvenil a los jóvenes a los que enseño». Aunque no es la única, ya que una de las claves de su método son las listas de recomendaciones de libros elaboradas por los propios estudiantes.

Entre los alumnos de Atwell hay lectores de todos los niveles, «desde disléxicos hasta lectores rápidos y sofisticados críticos literarios». Pero todos, asegura, tienen un denominador común: «Les gustan los libros. Encuentran sus intereses, necesidades, luchas y sueños proclamados en las historias elaboradas que llenan su biblioteca». Aunque para la profesora lo más relevante es el impacto de la lectura en la empatía de los lectores (algo refrendado por más de un estudio): « (…) llegan a experimentar los intereses, necesidades, luchas y sueños de los jóvenes que se diferencia de ellos mismos. En una coyuntura crítica, aprenden sobre una diversidad de experiencias humanas y empiezan a considerar tanto lo que les interesa como quién pueden atreverse a ser».

A principios de semana fueron los datos de los editores los que nos dejaron en evidencia. Pese a que el 92% de la población se considera ‘lectora’ (de prensa, cómics, webs, etc.), casi el 40% de los españoles no ha leído un libro en el último año. Los responsables del estudio tienen claro que el desapego por la lectura no es una buena noticia para el desarrollo y el progreso de un país.

El representante del gobierno que asistió a la presentación del informe también lo reconoció así. Ante la denuncia de los editores sobre «el ambiente difuso, sin concretar» en el que la lectura se sitúa dentro del nuevo panorama educativo inaugurado con la LOMCE, Fernando Benzo, secretario de estado de Cultura, admitió el papel secundario que esta actividad viene desempeñando tradicionalmente en la escuela. «Deberíamos darle el mismo tiempo, por ejemplo, que le damos a la Educación Física», propuso como posible solución.

Que el hábito de la lectura se genere en la aula y se consolide en casa es una máxima que Nancie Atwell lleva practicando desde hace más de 40 años. Con ella, la profesora y fundadora de Center for Teaching & Learning (CTL), en Maine (EEUU), ha conseguido que sus alumnos de 7º y 8º grado (el equivalente a 1º y 2º de la ESO) lean una media de unos 40 libros al año (cuando la del país ronda los 10). Y que lo hagan por gusto.

«La clave es que sean ellos los que decidan lo que quieren leer», explica la propia Atwell en el vídeo de su candidatura a los Global Teacher Prize, el “Nobel” de los maestros, que la estadounidense consiguió en 2015.

Para conseguirlo, lo ideal es disponer de una oferta de libros lo suficientemente amplia para que abarque todos los temas de interés de los alumnos. «Mis estudiante pueden llegar a leer entre 30 y 100 libros al año. Los devoran porque la biblioteca del aula está llena de historias interesantes, porque disponen de tiempo a diario para leer en la escuela y porque confío en que sigan leyendo en casa todas las noches», escribía Atwall en un artículo de 2010.

Tiempo y espacio reservado para la lectura resultan cruciales para conseguir que el alumno lea por placer. Por eso, en CTL abundan las estanterías repletas de libros (unos 20 por alumno, más o menos) y los sillones y almohadones en los que los niños se tumban a leer.

Un niño sentado leyendo tranquilamente puede que no se considere un método educativo muy comercial pero es la manera en la que alguien se convierte en un lector

La labor del educador pasa por acompañar al pequeño lector. Escucharle mientras lee en alto, enseñarle a entonar frases o explicarle el significado de palabras que no entiende entra dentro de esta labor. Esta continúa una vez finalizada la lectura. Es entonces cuando se anima al alumno a conversar sobre lo leído. Incluso a escribir sobre ello. Una práctica muy común en CTL son las cartas al profesor en las que los lectores dan su opinión sobre el libro, expresan lo que ha significado para ellos, etc.

La labor del educador pasa por acompañar al pequeño lector. Escucharle mientras lee en alto, enseñarle a entonar frases o explicarle el significado de palabras que no entiende entra dentro de esta labor. Esta continúa una vez finalizada la lectura. Es entonces cuando se anima al alumno a conversar sobre lo leído. Incluso a escribir sobre ello. Una práctica muy común en CTL son las cartas al profesor en las que los lectores dan su opinión sobre el libro, expresan lo que ha significado para ellos, etc.

Un seguimiento personalizado y constante que dista mucho de las habituales fichas, resúmenes, controles o presentaciones orales “poslibro” que, en opinión de Atwell, no suelen aportar mucho desde el punto de vista del aprendizaje. Además, tampoco contribuyen a que el lector encuentre su Reading Zone, ese estadio que se alcanza cuando uno “se mete” de lleno en lo que está leyendo, y que da título a uno de los libros de Atwell en los que explica su metodología a otros docentes.

La fundadora de CTL dice que sus cuatro décadas de experiencia le han enseñado que su trabajo consiste en «leer, disfrutar y recomendar literatura juvenil a los jóvenes a los que enseño». Aunque no es la única, ya que una de las claves de su método son las listas de recomendaciones de libros elaboradas por los propios estudiantes.

Entre los alumnos de Atwell hay lectores de todos los niveles, «desde disléxicos hasta lectores rápidos y sofisticados críticos literarios». Pero todos, asegura, tienen un denominador común: «Les gustan los libros. Encuentran sus intereses, necesidades, luchas y sueños proclamados en las historias elaboradas que llenan su biblioteca». Aunque para la profesora lo más relevante es el impacto de la lectura en la empatía de los lectores (algo refrendado por más de un estudio): « (…) llegan a experimentar los intereses, necesidades, luchas y sueños de los jóvenes que se diferencia de ellos mismos. En una coyuntura crítica, aprenden sobre una diversidad de experiencias humanas y empiezan a considerar tanto lo que les interesa como quién pueden atreverse a ser».

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Opiniones 20
  • Navegar entre letras es un verdadero placer.
    Leer es una experiencia intelectual, emocional y social que permite a cada ser humano, entre otros beneficios, tener una óptica del mundo desde distintas perspectivas.
    Los medios de comunicación impresos ( libros, revistas, prensa, etc ) deben ser vistos como instrumentos que ayudan a masificar y democratizar los procesos de alfabetización, lo cual redunda en una mejor calidad de vida.
    La lectura y la escritura son herramientas que permiten a los seres humanos de cualquier sociedad salir del oscurantismo cultural ( en general ) y convertirlos en mejores ciudadanos.
    No sólo corresponde a las escuelas, la enseñanza de la lectura y la escritura, también, fuera de las aulas sería muy ético, que cada uno de nosotros pudiera motorizar actividades de Mentoría en el campo de la lectura o la escritura para forjar ciudadanos con
    conocimientos, responsables, críticos y sobre todo libres.

  • Un libro es el amigo que siempre esta contigo, te hace reir, emocionarte, viajar a lugares misteriosos y lejanos. En el instituto tenia una profesora de lengua q nos transmitio el placer de la lectura, nos hacia oarticipar en concursos literarios y una de sus recompensas fue q dos alumnas suyas ganaron el 1 y 2 puestos en uno de esos concursos literarios. Yo fui una de ellas y asemas emigrante.

  • Es verdaderamente genial la labor que hace la maestra y más que debido a ella logre que sus alumnos leean un promedio de 40 libros por año; enorme diferencia aquí en México donde el promedio escasamente alcanza los 2 libros por año con una triste tendencia a bajar a 1 libro por año.
    Felicidades por hacer que el gusto y el placer por el delicioso sabor de las palabras crezca.

  • Está claro que en España, el sistema educativo no funciona. Y menos cuando se trata de leer. En mi caso, siempre he sido una buena lectora; un hábito que se me inculcó desde casa y desde que era bien pequeña. Siempre he leído, y por gusto. Imaginad mi frustración cuando llegaba al colegio/instituto y nos obligaban a todos a leer los mismos libros, la mayoría de ellos novelas infumables y algunos clásicos que por muy clásicos que fueran, eran insoportables. Si a mí, que me gustaba leer se me quitaban las ganas (porque eran libros obligatorios, que pretendían gustarnos a todos los alumnos, fueras más de novela policíaca, de aventuras o fantástica), podéis imaginar perfectamente qué pasaba con los niños que no estaban acostumbrados a leer asiduamente.

    Estoy totalmente de acuerdo con el método que propone Nancie Atwell: el sistema educativo no debería obligar a nadie a leer, en cambio, debería acompañar a los alumnos.

  • Definitivamente es una extraordinaria experiencia y felicitaciones a la docente. Les cuento, también pido a mis estudiantes elijan las obras, leen muy emocionados y si terminas en una tertulia es mucho mejor. No puedo decir que he roto el récord en lectura de obras porque la dificultad es no tenerlas en forma física, tanto en variedad de temas como en cantidad de ejemplares. Con lo que tenemos y con lo que se consiga, seguiremos avanzando. Saludos cariñosos.

  • Qué opinión puedan dar con respecto a insentivar a la lectura a los niños con capacidades diferentes!? Qué métodos sugiere para iniciarlos a leer y que le tomen el gusto a los libros?!

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