21 de enero 2013    /   IDEAS
por
 

Naoshima: una isla tomada por el arte

21 de enero 2013    /   IDEAS     por          
Compártelo twitter facebook whatsapp
thumb image

Naoshima es un lugar que quiere escapar del mundo. Está en Japón (geográficamente hablando) pero podría ubicarse en ninguna parte. Eso es lo que pretende. Huir de la vida cotidiana y envolver a quien cruza el mar Seto Inland en una colección de obras de arte y la arquitectura de Tadao Ando. El destino de lo que hace 58 años era una solitaria isla de pescadores viró el día que el empresario Tetsuhiko Fukutake decidió que ese sería el suelo para llevar a escena su convicción del poder transformador del arte.
En 1971 el editor fundó la colección Fukutake y ocho años más tarde empezaron las exhibiciones de arte. El empresario murió pero la semilla de Benesse Holdings estaba sembrada. Su hijo, Soichiro Fukutake, tomó la estela y siguió construyendo lo que llaman “el distrito cultural y educacional de la Isla de Naoshima”.

En 1995 recibió el nombre por el que se conoce hoy: Benesse. La palabra, de origen latino, significa “vivir bien” y con ella quieren difundir una filosofía que proclama que la mezcla de arte, naturaleza, historia y arquitectura conduce a un progreso más armónico. La familia que construyó su imperio de la editorial Fukutake considera que “la cultura y la ética configuran un país” y que “la economía es una servidora de la cultura”.
Por eso el arte debería ser una parada obligatoria en la vida de una persona. Por eso elevaron esta fortaleza artística de 9.859 metros cuadrados en un lugar privilegiado de Japón donde cada trozo de suelo y de pared llaman al silencio interior.
En los años 90 decidieron que el arte no podía ser un lugar de paso. Debían ofrecer una estancia más profunda que incluyera alimento y sueño. En su obra Remain in Naoshima. Naoshima Contemporary Art Museum, editada por ellos mismos, cuentan que se les planteó una cuestión: hacer un “museo con un hotel” o un “hotel con un museo”.
El orden de las palabras es lo de menos. Lo hicieron. En 1992 inauguraron la Casa Museo Benesse, un edificio del arquitecto Tadao Ando, que alberga salas de exhibición con habitaciones de hotel, restaurante, cafetería y biblioteca. Los visitantes al museo solo entran a las salas de exposición y a la cafetería, pero los huéspedes se mueven libremente por todo el espacio. Los recintos que muestran obras de Jackson Pollock, Jasper Johns o Frank Stella permanecen abiertos para ellos las 24 horas del día. En las habitaciones, el restaurante y los alrededores del edificio también hay piezas que, en esta ocasión, son exclusivas para huéspedes.

Esta filosofía de promover el arte incluye, incluso, posarlo sobre los sueños. Hay pinturas originales en la cabecera de cada cama. Pero este arte es apto únicamente para el que esté dispuesto a pagar generosamente por ello. En el alojamiento, la comida y en cada uno de sus museos.
Dice el escritor Hatje Cantz, en el libro Naoshima. Naturaleza, arte, arquitectura, que este espacio se diseñó para invitar a cada individuo que lo visitara a reflexionar sobre qué podía hacer por su sociedad. Querían que fuese un lugar alejado de lo cotidiano, destinado a “proporcionar inspiración a quienes intentan conducir el desarrollo de un país con un profundo sentido de la originalidad”. Algo así como una gasolinera para llenar con arte y ética el depósito mental de empresarios y personas responsables de construir el mundo.
Por eso dicen a sus inquilinos que la conexión con el mundo exterior solo puede producirse en la librería y en la cafetería del Art House Project. Es decir, wifi a cuentagotas, como en el resto del país.

Casa Museo Benesee


la isla de Naoshima
la isla de Naoshima
la isla de Naoshima
la isla de Naoshima
la isla de Naoshima




la isla de Naoshima
la isla de Naoshima
la isla de Naoshima
la isla de Naoshima
El espacio para hospedaje creció en 1995. Ese año inauguraron Benesse Casa Oval. Lo hizo el mismo arquitecto, Tadao Ando, con la intención de mimetizarlo con la naturaleza que le rodeaba. El japonés le dio esa forma para que desde su tejado se pudiese ver una vista panorámica del mar Seto Inland. En su interior, unas cataratas bajan por una escalera en una metáfora del agua que desemboca en el océano y, detrás de un pasillo envuelto en cristaleras, aguarda un tren minúsculo que baja una pequeña colina hasta llegar al museo de arte contemporáneo.

El Oval de Naoshima


la isla de Naoshima
la isla de Naoshima
la isla de Naoshima
la isla de Naoshima
la isla de Naoshima
la isla de Naoshima
la isla de Naoshima
la isla de Naoshima
la isla de Naoshima
la isla de Naoshima
la isla de Naoshima
la isla de Naoshima
la isla de Naoshima
la isla de Naoshima
El complejo cuenta, además, con una zona en la que han ubicado, en la hierba, varias esculturas (llamada Parque) y la calabaza amarilla de fibra de vidrio creada por Yayoi Kusama que estiran con furor en su merchandising (Playa).

La calabaza amarilla

la calabaza amarilla de Naoshima
la calabaza amarilla de Naoshima
la isla de Naoshima
la isla de Naoshima
El arte continúa en los museos Chichu y Lee Ufan. Ambos, otra vez, de Tadao Ando. El primero guarda pinturas de Claude Monet, trabajos de luz de James Turrell e instalaciones de Walter de María. El segundo, de tan solo tres recintos distintos, es la última incorporación de Benesse Holding (2010). Todo el trabajo es del artista coreano Lee Ufan y los únicos materiales que emplea son cemento, piedras, pintura y la luz artificial de un proyector. La arquitectura del edificio simula la sensación de paz que produce la naturaleza. La intención es inducir a la meditación mediante la máxima sencillez, el silencio absoluto y la desnudez de zapatos.

Museo Lee Ufan

la isla de Naoshima
la isla de Naoshima
la isla de Naoshima
la isla de Naoshima
la isla de Naoshima
la isla de Naoshima
la isla de Naoshima
Naoshima reside lejos del mundo. Incluso lejos de Japón. No es un lugar conocido. Ni tampoco rabiosamente accesible. Aquel espacio se mueve en el arriesgado filo de un arte que eleva el pensamiento a otros habitáculos y un arte caprichoso del que acostumbra a nadar en yenes.

La calabaza roja

la isla de Naoshima
(A la llegada a la isla. En el puerto)
la isla de Naoshima
(En el interior)
Te puede interesar también:
Si quieres viajar, no escuches a tu madre
El sobreturismo o por qué quizá deberías dejar de viajar
Los paniora, maorís con sangre española
El bus hotel lento para viajar durmiendo y otras moderneces

Naoshima es un lugar que quiere escapar del mundo. Está en Japón (geográficamente hablando) pero podría ubicarse en ninguna parte. Eso es lo que pretende. Huir de la vida cotidiana y envolver a quien cruza el mar Seto Inland en una colección de obras de arte y la arquitectura de Tadao Ando. El destino de lo que hace 58 años era una solitaria isla de pescadores viró el día que el empresario Tetsuhiko Fukutake decidió que ese sería el suelo para llevar a escena su convicción del poder transformador del arte.
En 1971 el editor fundó la colección Fukutake y ocho años más tarde empezaron las exhibiciones de arte. El empresario murió pero la semilla de Benesse Holdings estaba sembrada. Su hijo, Soichiro Fukutake, tomó la estela y siguió construyendo lo que llaman “el distrito cultural y educacional de la Isla de Naoshima”.

En 1995 recibió el nombre por el que se conoce hoy: Benesse. La palabra, de origen latino, significa “vivir bien” y con ella quieren difundir una filosofía que proclama que la mezcla de arte, naturaleza, historia y arquitectura conduce a un progreso más armónico. La familia que construyó su imperio de la editorial Fukutake considera que “la cultura y la ética configuran un país” y que “la economía es una servidora de la cultura”.
Por eso el arte debería ser una parada obligatoria en la vida de una persona. Por eso elevaron esta fortaleza artística de 9.859 metros cuadrados en un lugar privilegiado de Japón donde cada trozo de suelo y de pared llaman al silencio interior.
En los años 90 decidieron que el arte no podía ser un lugar de paso. Debían ofrecer una estancia más profunda que incluyera alimento y sueño. En su obra Remain in Naoshima. Naoshima Contemporary Art Museum, editada por ellos mismos, cuentan que se les planteó una cuestión: hacer un “museo con un hotel” o un “hotel con un museo”.
El orden de las palabras es lo de menos. Lo hicieron. En 1992 inauguraron la Casa Museo Benesse, un edificio del arquitecto Tadao Ando, que alberga salas de exhibición con habitaciones de hotel, restaurante, cafetería y biblioteca. Los visitantes al museo solo entran a las salas de exposición y a la cafetería, pero los huéspedes se mueven libremente por todo el espacio. Los recintos que muestran obras de Jackson Pollock, Jasper Johns o Frank Stella permanecen abiertos para ellos las 24 horas del día. En las habitaciones, el restaurante y los alrededores del edificio también hay piezas que, en esta ocasión, son exclusivas para huéspedes.

Esta filosofía de promover el arte incluye, incluso, posarlo sobre los sueños. Hay pinturas originales en la cabecera de cada cama. Pero este arte es apto únicamente para el que esté dispuesto a pagar generosamente por ello. En el alojamiento, la comida y en cada uno de sus museos.
Dice el escritor Hatje Cantz, en el libro Naoshima. Naturaleza, arte, arquitectura, que este espacio se diseñó para invitar a cada individuo que lo visitara a reflexionar sobre qué podía hacer por su sociedad. Querían que fuese un lugar alejado de lo cotidiano, destinado a “proporcionar inspiración a quienes intentan conducir el desarrollo de un país con un profundo sentido de la originalidad”. Algo así como una gasolinera para llenar con arte y ética el depósito mental de empresarios y personas responsables de construir el mundo.
Por eso dicen a sus inquilinos que la conexión con el mundo exterior solo puede producirse en la librería y en la cafetería del Art House Project. Es decir, wifi a cuentagotas, como en el resto del país.

Casa Museo Benesee


la isla de Naoshima
la isla de Naoshima
la isla de Naoshima
la isla de Naoshima
la isla de Naoshima




la isla de Naoshima
la isla de Naoshima
la isla de Naoshima
la isla de Naoshima
El espacio para hospedaje creció en 1995. Ese año inauguraron Benesse Casa Oval. Lo hizo el mismo arquitecto, Tadao Ando, con la intención de mimetizarlo con la naturaleza que le rodeaba. El japonés le dio esa forma para que desde su tejado se pudiese ver una vista panorámica del mar Seto Inland. En su interior, unas cataratas bajan por una escalera en una metáfora del agua que desemboca en el océano y, detrás de un pasillo envuelto en cristaleras, aguarda un tren minúsculo que baja una pequeña colina hasta llegar al museo de arte contemporáneo.

El Oval de Naoshima


la isla de Naoshima
la isla de Naoshima
la isla de Naoshima
la isla de Naoshima
la isla de Naoshima
la isla de Naoshima
la isla de Naoshima
la isla de Naoshima
la isla de Naoshima
la isla de Naoshima
la isla de Naoshima
la isla de Naoshima
la isla de Naoshima
la isla de Naoshima
El complejo cuenta, además, con una zona en la que han ubicado, en la hierba, varias esculturas (llamada Parque) y la calabaza amarilla de fibra de vidrio creada por Yayoi Kusama que estiran con furor en su merchandising (Playa).

La calabaza amarilla

la calabaza amarilla de Naoshima
la calabaza amarilla de Naoshima
la isla de Naoshima
la isla de Naoshima
El arte continúa en los museos Chichu y Lee Ufan. Ambos, otra vez, de Tadao Ando. El primero guarda pinturas de Claude Monet, trabajos de luz de James Turrell e instalaciones de Walter de María. El segundo, de tan solo tres recintos distintos, es la última incorporación de Benesse Holding (2010). Todo el trabajo es del artista coreano Lee Ufan y los únicos materiales que emplea son cemento, piedras, pintura y la luz artificial de un proyector. La arquitectura del edificio simula la sensación de paz que produce la naturaleza. La intención es inducir a la meditación mediante la máxima sencillez, el silencio absoluto y la desnudez de zapatos.

Museo Lee Ufan

la isla de Naoshima
la isla de Naoshima
la isla de Naoshima
la isla de Naoshima
la isla de Naoshima
la isla de Naoshima
la isla de Naoshima
Naoshima reside lejos del mundo. Incluso lejos de Japón. No es un lugar conocido. Ni tampoco rabiosamente accesible. Aquel espacio se mueve en el arriesgado filo de un arte que eleva el pensamiento a otros habitáculos y un arte caprichoso del que acostumbra a nadar en yenes.

La calabaza roja

la isla de Naoshima
(A la llegada a la isla. En el puerto)
la isla de Naoshima
(En el interior)
Te puede interesar también:
Si quieres viajar, no escuches a tu madre
El sobreturismo o por qué quizá deberías dejar de viajar
Los paniora, maorís con sangre española
El bus hotel lento para viajar durmiendo y otras moderneces

¡Descarga Yorokobu gratis en formato digital!

Llévate el PDF de la Gran Oportunidad por la cara haciendo clic aquí.

Compártelo twitter facebook whatsapp
Un viaje en bicicleta en busca de otras formas de educar
En el Ojo Ajeno: Lo que verdaderamente preocupa a los españoles
¿Y tú de qué te ríes? Cuéntaselo al señor juez, para que se ría también
Usted no está diseñado para ser feliz, así que ni lo intente
 
Especiales
 
facebook twitter whatsapp
Opiniones 9
  • Un objetivo para ahorrar, sin duda alguna, o cuya filosofía copiar para poder meditar sobre qué hacer por los demás. No tengo muy claro que prohibir el WIFi forzando una zona muerta sea bueno, si bien no tenerlo ayuda a concentrarse, pero el forzarlo le da un punto de manicomio japonés que es lo único que no me gusta del concepto general. Por lo demás, me apuntaría mañana!

  • Comentarios cerrados.

    El rollo legal de las cookies

    La Ley 34/2002 nos obliga a avisarte de que usamos cookies propias y de terceros (ni de cuartos ni de quintos) con objetivos estadísticos y de sesión y para mostrarte la 'publi' que nos da de comer. Tenemos una política de cookies majísima y bla bla bla. Si continúas navegando, asumimos que aceptas y que todo guay. Si no te parece bien, huye y vuelve por donde has venido, que nadie te obliga a entrar aquí. Pincha este enlace para conocer los detalles. Tranquilo, este mensaje solo sale una vez. Esperamos.

    ACEPTAR
    Aviso de cookies
    Publicidad