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19 de septiembre 2015    /   IDEAS
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¿Y si Napoleón hubiese salido victorioso en Bailén?

19 de septiembre 2015    /   IDEAS     por          
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En la película Another Earth, triunfadora en Sundance, se plantea la existencia de un planeta gemelo a la Tierra en el que cada uno de los que habitamos en este mundo (al que llamaremos, egocéntricamente, ‘Tierra Uno’) tiene un sosias, un doble, una réplica con nuestra misma genética, pero cuya peripecia vital ha tomado otros derroteros, quizá por un capítulo biográfico leve y azaroso, tal vez cataclísmico. Puede que tu igual en la Tierra Dos se quedara gagá por comerse aquel tripi que tu yo de aquí sensatamente rechazó en 1988. O tal vez esté criando churumbeles con el doble de aquel pretendiente ante el que levantaste una infranqueable empalizada de NO.
En realidad, Another Earth —la respuesta indie a la pródiga Interstellar— plantea una posibilidad que ya contempló la física cuántica… o al menos alguna de las interpretaciones más esotéricas de la ciencia, surgidas al calor de los universos paralelos: la Hipótesis de los Muchos Mundos (Alexander Vilenkin, 2006) sostiene que una infinidad de universos conviven en dimensiones paralelas, cada cual con sus mismos actores y distintos ‘guiones’, por resumirlo pronto y mal.
En alguna de las ‘versiones’ de este Multiverso los aztecas han conquistado Europa, Superman ha aterrizado en la provincia de Ávila (y es conocido como Hombretón) y la Antártida ha sido colonizada por los indios patagones. En otro universo paralelo jamás te echas sin querer sal en el café.
En el planeta Tierra 3-AC, Napoleón sale victorioso en la batalla de Bailén y su hermano, el rey José I (Pepe Botella), no tiene que salir por piernas de Madrid, como le sucedió al José Bonaparte de este lado. En aquella versión del mundo, los afrancesados pueden culminar su ambicioso plan de modernización del país y embarcar por la fuerza a España en el tren de la modernidad, aunque sea en el vagón del Imperio. En ese mundo paralelo, la nación se libra prematuramente del más nefasto de sus reyes, Fernando VII, y, de paso, de la estirpe borbónica. L’Espagne (‘trua puants’) sale ganadora en el gambito de monarcas gabachos.
Pero el Multiverso es caprichoso y si el aleteo de una mariposa en Lugo es capaz de desencadenar un tifón en Taiwán, ¿quién se puede resistir a un emperador invencible? En uno de los universos posibles, Tierra 3-AC1, Napoleón se instala en el Virreinato de Perú y exporta la administración francesa y el idioma a los dominios españoles en ultramar, ahora bajo su égida. En esta historia paralela, no hay Waterloo que valga, porque Bonaparte firma una paz de conveniencia con sus antiguos enemigos en el continente mientras echa un pulso a Inglaterra en los mares y Simón Bolívar es nombrado gobernador de la Gran Colombia (Le Grand Colombê).
La mal llamada ‘sabiduría popular’ asume que la victoria de la advenediza dinastía Bonaparte sobre la borbónica hubiese transformado para siempre la historia de España y que episodios de infausto recuerdo, como el franquismo, simplemente no hubieran tenido lugar. En realidad, en una de las bifurcaciones de Tierra 3-AC, España es una democracia parlamentaria en la órbita de Francia, pero al igual que esta sucumbe al nazismo durante la II Guerra Mundial. Alternativamente, en un universo paralelo muy cercano, las potencias centrales vencen en la I Guerra Mundial y, liberadas de las reparaciones de posguerra, el nazismo nunca existió.
Puede que en un universo paralelo Napoleón no hubiese cometido el error de enviar sus tropas a Rusia para caer derrotadas por el ‘general Invierno’. Puede que tú mismo no abrieras jamás aquella franquicia de Gambrinus que te arruinó, pero no creas que esquivar los tropiezos de esta dimensión son garantía de felicidad: tu doble en Tierra Dos puede haberla cagado de mil una maneras que no puedes ni imaginar.

En la película Another Earth, triunfadora en Sundance, se plantea la existencia de un planeta gemelo a la Tierra en el que cada uno de los que habitamos en este mundo (al que llamaremos, egocéntricamente, ‘Tierra Uno’) tiene un sosias, un doble, una réplica con nuestra misma genética, pero cuya peripecia vital ha tomado otros derroteros, quizá por un capítulo biográfico leve y azaroso, tal vez cataclísmico. Puede que tu igual en la Tierra Dos se quedara gagá por comerse aquel tripi que tu yo de aquí sensatamente rechazó en 1988. O tal vez esté criando churumbeles con el doble de aquel pretendiente ante el que levantaste una infranqueable empalizada de NO.
En realidad, Another Earth —la respuesta indie a la pródiga Interstellar— plantea una posibilidad que ya contempló la física cuántica… o al menos alguna de las interpretaciones más esotéricas de la ciencia, surgidas al calor de los universos paralelos: la Hipótesis de los Muchos Mundos (Alexander Vilenkin, 2006) sostiene que una infinidad de universos conviven en dimensiones paralelas, cada cual con sus mismos actores y distintos ‘guiones’, por resumirlo pronto y mal.
En alguna de las ‘versiones’ de este Multiverso los aztecas han conquistado Europa, Superman ha aterrizado en la provincia de Ávila (y es conocido como Hombretón) y la Antártida ha sido colonizada por los indios patagones. En otro universo paralelo jamás te echas sin querer sal en el café.
En el planeta Tierra 3-AC, Napoleón sale victorioso en la batalla de Bailén y su hermano, el rey José I (Pepe Botella), no tiene que salir por piernas de Madrid, como le sucedió al José Bonaparte de este lado. En aquella versión del mundo, los afrancesados pueden culminar su ambicioso plan de modernización del país y embarcar por la fuerza a España en el tren de la modernidad, aunque sea en el vagón del Imperio. En ese mundo paralelo, la nación se libra prematuramente del más nefasto de sus reyes, Fernando VII, y, de paso, de la estirpe borbónica. L’Espagne (‘trua puants’) sale ganadora en el gambito de monarcas gabachos.
Pero el Multiverso es caprichoso y si el aleteo de una mariposa en Lugo es capaz de desencadenar un tifón en Taiwán, ¿quién se puede resistir a un emperador invencible? En uno de los universos posibles, Tierra 3-AC1, Napoleón se instala en el Virreinato de Perú y exporta la administración francesa y el idioma a los dominios españoles en ultramar, ahora bajo su égida. En esta historia paralela, no hay Waterloo que valga, porque Bonaparte firma una paz de conveniencia con sus antiguos enemigos en el continente mientras echa un pulso a Inglaterra en los mares y Simón Bolívar es nombrado gobernador de la Gran Colombia (Le Grand Colombê).
La mal llamada ‘sabiduría popular’ asume que la victoria de la advenediza dinastía Bonaparte sobre la borbónica hubiese transformado para siempre la historia de España y que episodios de infausto recuerdo, como el franquismo, simplemente no hubieran tenido lugar. En realidad, en una de las bifurcaciones de Tierra 3-AC, España es una democracia parlamentaria en la órbita de Francia, pero al igual que esta sucumbe al nazismo durante la II Guerra Mundial. Alternativamente, en un universo paralelo muy cercano, las potencias centrales vencen en la I Guerra Mundial y, liberadas de las reparaciones de posguerra, el nazismo nunca existió.
Puede que en un universo paralelo Napoleón no hubiese cometido el error de enviar sus tropas a Rusia para caer derrotadas por el ‘general Invierno’. Puede que tú mismo no abrieras jamás aquella franquicia de Gambrinus que te arruinó, pero no creas que esquivar los tropiezos de esta dimensión son garantía de felicidad: tu doble en Tierra Dos puede haberla cagado de mil una maneras que no puedes ni imaginar.

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Opiniones 1
  • La soberbia puede ser confundida con cinismo, el cinismo con sabiduría, la sabiduría con entereza y la entereza con la tranquilidad, la tranquilidad del fuerte.
    Gozas de un gran sentido de la ironía, logras con ella ser constructivo e inspirador y no destructivo.
    La idea se pierde entre otras muchas cosas porque a la gente le gusta razonar y actuar por las formas, no por el fondo, y aunque de ninguna manera quiero decir que sea algo banal, los medios son adyacentes, dispensables, fugaces y aún así los conservas.
    No se puede estar mejor de lo que se está, por mucho que se piense en lo mal que se hicieron las cosas, por más máquinas del tiempo que se aborden, por más agujeros de gusano que se atraviesen y por más gritos que dé uno. Gran artículo Iñaki, una sensibilidad distinta la tuya, no la pierdas.
    Ojalá dejen de ver el dedo cuando señales el paisaje.

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