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16 de noviembre 2018    /   CREATIVIDAD
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Naranjalidad y el Yoga Book de Lenovo: cómo dibujar la felicidad serena

16 de noviembre 2018    /   CREATIVIDAD     por          
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El universo de Beatriz Ramo, más conocida como Naranjalidad, es femenino. Sus ilustraciones siempre muestran chicas delicadas, con una mirada un poco indiferente y por eso mismo, misteriosa, serena, a veces desafiante. Para enseñar cómo crea estos personajes cargados de fuerza y tan llenos de delicadeza y dulzura a la vez, Naranjalidad impartirá un taller gratuito de ilustración el domingo 25 de noviembre en El Muelle 36, en colaboración con Lenovo.

La ilustradora alicantina acude casi siempre al retrato porque, afirma, le gusta captar expresiones, miradas, y transmitir así sensaciones que le cuesta verbalizar. «Mis favoritas siempre son un poco tirando a nostalgia», intenta definirlas, «¿Tristeza? Yo no diría tristeza. A veces me dicen que parecen tristes mis chicas, pero yo no considero que estén tristes. Lo que pasa es que tienen todas ese aura como un poco de nostalgia, de mirada un poco intensa», continúa explicando.

Naranjalidad ve más tranquilidad, calma y serenidad en la expresión de sus mujeres que melancolía. A su manera, estas chicas son felices. Pero confiesa que ese sentimiento, el de la felicidad, es el que más le cuesta retratar.

«A lo mejor, una felicidad calmada podría ser; serena, por así decirlo. Pero alegría en plan explosivo… no. Porque yo creo que, al final, es como que tienen una fuerza diferente. No sé explicarlo bien. Creo que tiendo más a sentimientos un poco más tristes, nostalgia, etc. porque me parecen más rotundos».

Frida

 

«Yo creo que, al final, los dibujos, aunque la modelo física no sea yo, reflejan un poco lo que me pasa o lo que yo pretendo contar en cada una de mis obras», explica. «Al final, inevitablemente yo me siento más identificada con una mujer por el mero hecho de serlo, así de simple».

La vegetación siempre está presente en todos sus retratos y estos, podría decirse, son sus dos grandes temas. «Siempre hay algo de simbología semiesotérica escondida», y así juega con el espectador invitándole a mirar más despacio, a dar una segunda lectura. «Que encuentre cosillas que de primeras no se ven».

Naranjalidad estudió Arquitectura un poco por presión familiar, aunque el dibujo ya había calado hondo en ella. Siendo una buena estudiante, decían, cómo iba a hacer Bellas Artes… Mejor asegurarse un futuro algo más lucrativo.

Y así lo hizo. Aparcó el dibujo y se dedicó a sus estudios hasta que recurrió a él para no volverse loca mientras realizaba el proyecto de fin de carrera. Aquellos dibujos que realizaba como desahogo en los ratos libres que se tomaba los iba subiendo a Instagram. La sorpresa es que gustaban y mucho.

Después empezó a trabajar en un estudio de arquitectura y allí permaneció durante casi dos años, mientras compaginaba su trabajo con la ilustración. «Hasta que llegó un punto en que, dedicándole muchas menos horas a Naranjalidad, me salía mucho más rentable». Aparcó la arquitectura y se entregó de lleno al dibujo. «De eso hace ya dos años y superbién», expresa con satisfacción.

 

Para inspirarse, la música siempre ayuda. De entre todas las canciones que escucha, siempre hay una que está en todas sus listas de reproducción sí o sí: Rise, de Eddie Vedder, perteneciente a la BSO de Into de Wild. Otras veces, las ideas llegan leyendo un libro o simplemente conversando con algún amigo.

«De pronto, algo en concreto, una frase, un concepto muy particular, te hace clic en la cabeza», cuenta. Una vez que da con la idea, con el concepto, la ilustradora alicantina busca una modelo, una referencia que le sirva para ver la pose, el dibujo que quiere hacer. No son personas conocidas, sino imágenes de internet, fotos que tengan una luz bonita o una expresión llamativa.

Sofía

Empieza así el boceto a lápiz, alejándose ya por completo de ese modelo de referencia. Y después empieza a dar color. «Toda la parte de color es algo que improviso bastante. La cago mucho también, ¿eh? Pero generalmente la improviso. Incluso a veces salen cosas que a mí personalmente no me convencen mucho, pero luego, con el tiempo, me van gustando. Esa parte, la del color, es bastante bastante improvisada. Y para eso está el digital».

Aunque se confiesa una romántica de las técnicas tradicionales, Naranjalidad confiesa usar cada vez más lo digital. «Te quita mucho de encima el miedo a equivocarte. El miedo a la combinación de colores o no saber cómo va a quedar tal o cual recurso… O sea, te da una tranquilidad que hace que muchas veces te lances mucho más a lo loco y hagas cosas que, a lo mejor, en tradicional no harías por miedo a cargarte lo que estás haciendo», comenta.

«Es muy difícil quitarse de la cabeza el “la voy a cagar y llevo aquí 5 horas en este trabajo”. Lo bueno del digital es que eso te lo quitas. Te permite experimentar».

¿Se puede vivir de la ilustración?, le preguntamos. «Es complicado», responde con cierto pesar. «Yo, ahora mismo, trabajo más horas que cuando estaba en el estudio de arquitectura. Trabajo fines de semana. Trabajo fácilmente de 9 a 9 todos los días. ¿Se puede? Sí, se puede. Echando muchas horas, con paciencia y haciéndose valorar».

Después de Trópicos, está a punto de publicar un libro de poemas de DeFreds con 80 ilustraciones realizadas por ella. Un trabajazo, afirma, que le sirve como transición, de alguna manera, hasta encontrar las fuerzas y el tiempo necesario para lanzarse a escribir e ilustrar otro libro que sea completamente suyo. Escribir e ilustrar a la vez fue una experiencia que le satisfizo mucho y que está segura de volver a repetir en algún momento. Pero no aún.

¿De qué ilustración te sientes más orgullosa?, preguntamos poniéndola en la difícil tesitura de decir a quién quieres más, si a mamá o a papá. «Jo, es que si digo una, es como si traicionara a las demás», responde riendo. «Sí te digo que tiendo a que las ilustraciones que menos gustan en redes sociales sean a las que les suelo coger un cariño especial. Es como si me diera rabia. Aparte de eso, sí que hay una que es la única que tengo enmarcada. Se llama Sofía».

El taller gratuito que Naranjalidad impartirá en El Muelle 36 constará de dos sesiones de dos horas y media para 15 participantes por sesión. Todos ellos dispondrán de un Yoga Book de Lenovo para realizarlo. Ya puedes inscribirte en este enlace y hazlo rápido. Las plazas son muuuuy limitadas.

 

El universo de Beatriz Ramo, más conocida como Naranjalidad, es femenino. Sus ilustraciones siempre muestran chicas delicadas, con una mirada un poco indiferente y por eso mismo, misteriosa, serena, a veces desafiante. Para enseñar cómo crea estos personajes cargados de fuerza y tan llenos de delicadeza y dulzura a la vez, Naranjalidad impartirá un taller gratuito de ilustración el domingo 25 de noviembre en El Muelle 36, en colaboración con Lenovo.

La ilustradora alicantina acude casi siempre al retrato porque, afirma, le gusta captar expresiones, miradas, y transmitir así sensaciones que le cuesta verbalizar. «Mis favoritas siempre son un poco tirando a nostalgia», intenta definirlas, «¿Tristeza? Yo no diría tristeza. A veces me dicen que parecen tristes mis chicas, pero yo no considero que estén tristes. Lo que pasa es que tienen todas ese aura como un poco de nostalgia, de mirada un poco intensa», continúa explicando.

Naranjalidad ve más tranquilidad, calma y serenidad en la expresión de sus mujeres que melancolía. A su manera, estas chicas son felices. Pero confiesa que ese sentimiento, el de la felicidad, es el que más le cuesta retratar.

«A lo mejor, una felicidad calmada podría ser; serena, por así decirlo. Pero alegría en plan explosivo… no. Porque yo creo que, al final, es como que tienen una fuerza diferente. No sé explicarlo bien. Creo que tiendo más a sentimientos un poco más tristes, nostalgia, etc. porque me parecen más rotundos».

Frida

 

«Yo creo que, al final, los dibujos, aunque la modelo física no sea yo, reflejan un poco lo que me pasa o lo que yo pretendo contar en cada una de mis obras», explica. «Al final, inevitablemente yo me siento más identificada con una mujer por el mero hecho de serlo, así de simple».

La vegetación siempre está presente en todos sus retratos y estos, podría decirse, son sus dos grandes temas. «Siempre hay algo de simbología semiesotérica escondida», y así juega con el espectador invitándole a mirar más despacio, a dar una segunda lectura. «Que encuentre cosillas que de primeras no se ven».

Naranjalidad estudió Arquitectura un poco por presión familiar, aunque el dibujo ya había calado hondo en ella. Siendo una buena estudiante, decían, cómo iba a hacer Bellas Artes… Mejor asegurarse un futuro algo más lucrativo.

Y así lo hizo. Aparcó el dibujo y se dedicó a sus estudios hasta que recurrió a él para no volverse loca mientras realizaba el proyecto de fin de carrera. Aquellos dibujos que realizaba como desahogo en los ratos libres que se tomaba los iba subiendo a Instagram. La sorpresa es que gustaban y mucho.

Después empezó a trabajar en un estudio de arquitectura y allí permaneció durante casi dos años, mientras compaginaba su trabajo con la ilustración. «Hasta que llegó un punto en que, dedicándole muchas menos horas a Naranjalidad, me salía mucho más rentable». Aparcó la arquitectura y se entregó de lleno al dibujo. «De eso hace ya dos años y superbién», expresa con satisfacción.

 

Para inspirarse, la música siempre ayuda. De entre todas las canciones que escucha, siempre hay una que está en todas sus listas de reproducción sí o sí: Rise, de Eddie Vedder, perteneciente a la BSO de Into de Wild. Otras veces, las ideas llegan leyendo un libro o simplemente conversando con algún amigo.

«De pronto, algo en concreto, una frase, un concepto muy particular, te hace clic en la cabeza», cuenta. Una vez que da con la idea, con el concepto, la ilustradora alicantina busca una modelo, una referencia que le sirva para ver la pose, el dibujo que quiere hacer. No son personas conocidas, sino imágenes de internet, fotos que tengan una luz bonita o una expresión llamativa.

Sofía

Empieza así el boceto a lápiz, alejándose ya por completo de ese modelo de referencia. Y después empieza a dar color. «Toda la parte de color es algo que improviso bastante. La cago mucho también, ¿eh? Pero generalmente la improviso. Incluso a veces salen cosas que a mí personalmente no me convencen mucho, pero luego, con el tiempo, me van gustando. Esa parte, la del color, es bastante bastante improvisada. Y para eso está el digital».

Aunque se confiesa una romántica de las técnicas tradicionales, Naranjalidad confiesa usar cada vez más lo digital. «Te quita mucho de encima el miedo a equivocarte. El miedo a la combinación de colores o no saber cómo va a quedar tal o cual recurso… O sea, te da una tranquilidad que hace que muchas veces te lances mucho más a lo loco y hagas cosas que, a lo mejor, en tradicional no harías por miedo a cargarte lo que estás haciendo», comenta.

«Es muy difícil quitarse de la cabeza el “la voy a cagar y llevo aquí 5 horas en este trabajo”. Lo bueno del digital es que eso te lo quitas. Te permite experimentar».

¿Se puede vivir de la ilustración?, le preguntamos. «Es complicado», responde con cierto pesar. «Yo, ahora mismo, trabajo más horas que cuando estaba en el estudio de arquitectura. Trabajo fines de semana. Trabajo fácilmente de 9 a 9 todos los días. ¿Se puede? Sí, se puede. Echando muchas horas, con paciencia y haciéndose valorar».

Después de Trópicos, está a punto de publicar un libro de poemas de DeFreds con 80 ilustraciones realizadas por ella. Un trabajazo, afirma, que le sirve como transición, de alguna manera, hasta encontrar las fuerzas y el tiempo necesario para lanzarse a escribir e ilustrar otro libro que sea completamente suyo. Escribir e ilustrar a la vez fue una experiencia que le satisfizo mucho y que está segura de volver a repetir en algún momento. Pero no aún.

¿De qué ilustración te sientes más orgullosa?, preguntamos poniéndola en la difícil tesitura de decir a quién quieres más, si a mamá o a papá. «Jo, es que si digo una, es como si traicionara a las demás», responde riendo. «Sí te digo que tiendo a que las ilustraciones que menos gustan en redes sociales sean a las que les suelo coger un cariño especial. Es como si me diera rabia. Aparte de eso, sí que hay una que es la única que tengo enmarcada. Se llama Sofía».

El taller gratuito que Naranjalidad impartirá en El Muelle 36 constará de dos sesiones de dos horas y media para 15 participantes por sesión. Todos ellos dispondrán de un Yoga Book de Lenovo para realizarlo. Ya puedes inscribirte en este enlace y hazlo rápido. Las plazas son muuuuy limitadas.

 

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