7 de marzo 2017    /   IDEAS
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¿Qué quieren decir cuando envían un narcomensaje?

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Colgados en puentes, en las plazas, en cartulinas junto a los cadáveres. Incluso, en los casos más fuertes, en las páginas de publicidad en la prensa. La Familia no mata por paga, no mata mujeres, no mata inocentes, sólo muere quien debe morir. Sépalo toda la gente; esto es justicia divina, pudo leerse en dos periódicos de Michoacan en 2005. Dirigidos a sus rivales en el negocio del narcotráfico, pero también a la población civil.

Roberto Saviano, en su libro CeroCeroCero, teoriza con que «la crueldad funciona si se propaga como un contagio, de boca en boca, de persona en persona. Decapitaciones, ahogamientos y despellejamientos son su departamento de marketing». Son los narcomensajes, la oficina de publicidad de los grandes cárteles del tráfico de drogas.

En la prensa mexicana se ven con frecuencia. De los últimos han sido cuando un político de un pequeño municipio del Estado de Puebla fue encontrado baleado junto con un cartón donde se leía «Esto lesba a pasar a los que no paguen pizo» [sic], en referencia a la extorsión llamada derecho de piso. Otro fue en una ciudad de Morelos, donde dejaron un cuerpo desmembrado en varias localizaciones —una de ellas frente a una escuela— junto con una cartulina, firmada «Atentamente, Cartel Jalisco Nueva Generación», donde avisaban a policías y ciudadanos que estaban en la ciudad para limpiarla.

«Se puede hacer una histografía de México a través de los narcomensajes, pero hay que tener en cuenta que la mayoría de las muertes en México no están etiquetadas, no sabemos si la víctima o el victamario pertenecían a alguna organización criminal, así que la historia que hacemos y las conclusiones a las que llegamos son con sólo el 11% de las muertes que observamos en el país», dice Laura Ateusta, autora de Un análisis de la evolución del crimen organizado en México a través de los narcomensajes, publicado por el prestigioso Centro de Investigación y Docencia Económicas.

De acuerdo a su tesis, los grandes cárteles de la droga como el de Sinaloa, los Beltrám Leyva o el del Golfo, creados a principios del siglo XX, han sido poco a poco reemplazadas por nuevas asociaciones que quieren hacerse con el control territorial y usan como excusa proteger a la población civil. Su modus operandi pasó de las sombras a buscar una visibilización de la violencia, etiquetando sus acciones y buscando la aprobación de la población.

Un ejemplo pudo verse cuando, hace pocos meses, se encontró en Guadalajara (México) el cadáver de un hombre y otras cinco personas vivas pero sin manos. Todos tenían escrito por diferentes partes del cuerpo «Soy Ratero» y junto al cuerpo había una cartulina que decía: «ESTO NOS PASÓ POR RATEROS. Por no respetar mujeres ni menores, si con esto no entienden putos roba carros, roba motos, cadenas, celulares, conejeros, casa, habitación y rateros en general. DOBLE PUTOS LACRA MATA MENORES. 🙂 Att. Grupo Élite Antirratas» [sic].

Si bien la impresión inicial es que un grupo de ciudadanos enfadadaos se tomaron la justicia por su mano, las autoridades creen que eran vendedores de droga para una célula del cártel Jalisco Nueva Generación y les robaron la mercancía o no pagaron por ella, amputándoles las manos como advertencia al resto de delincuentes.

Su estudio califica y analiza más de 2.600 mensajes mandados por el narcotráfico en México, entre 2007 y 2012 y en 25 de los 32 estados del país. En él observa los contenidos, el lugar donde aparecieron y a qué clase de homicidio se refiere. El análisis arroja que el 44% de los mensajes son de amenaza o de ataque a grupos rivales, pero el 22% son los llamados mensajes justicieros, donde se advierte que la persona asesinada era un delincuente y un 10% son dirigidos al Gobierno o cualquier autoridad relacionada como militares, marinos o policías.

«Una de las marcas más importantes es que el origen de las organizaciones ha cambiado, ya que mientras las tradicionales se habían creado específicamente para comerciar con drogas, las nuevas tienen un origen en el pueblo, que busca defenderse de aquellos que atacan a la población», razona Ateusta, «esto no quiere decir que no trafiquen con drogas, como la Familia Michoacana, pero su origen es más justiciero, tratando de justificar su violencia». Esta tendencia empieza en 2009, cuando surgen grupos como el El Sacerdote Mata Narcos o El Señor Justicia.

«El hecho de dejar narcomensajes, hacer visible la violencia, atribuirse homicidios y usar prácticas cada vez más violentas, es una forma que los grupos criminales tienen para dar señales de su poder al Estado, a la población y a otros grupos criminales», concluye, «en un mundo donde no hay contratos legales porque todo sucede en la ilegalidad, el ‘signaling’ se vuelve una práctica importante», ya que «si la mayoría de los grupos criminales empiezan a hacerse visible, quien no decida seguir la práctica puede ser considerado como un grupo débil o vulnerable que puede ser atacado».

Una guerra de mercadotecnia que tiene la violencia extrema como marca registrada. En 661 narcomensajes, la víctima fue decapitada o desmembrada. Como dice Saviano, su departamento de marketing.

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Colgados en puentes, en las plazas, en cartulinas junto a los cadáveres. Incluso, en los casos más fuertes, en las páginas de publicidad en la prensa. La Familia no mata por paga, no mata mujeres, no mata inocentes, sólo muere quien debe morir. Sépalo toda la gente; esto es justicia divina, pudo leerse en dos periódicos de Michoacan en 2005. Dirigidos a sus rivales en el negocio del narcotráfico, pero también a la población civil.

Roberto Saviano, en su libro CeroCeroCero, teoriza con que «la crueldad funciona si se propaga como un contagio, de boca en boca, de persona en persona. Decapitaciones, ahogamientos y despellejamientos son su departamento de marketing». Son los narcomensajes, la oficina de publicidad de los grandes cárteles del tráfico de drogas.

En la prensa mexicana se ven con frecuencia. De los últimos han sido cuando un político de un pequeño municipio del Estado de Puebla fue encontrado baleado junto con un cartón donde se leía «Esto lesba a pasar a los que no paguen pizo» [sic], en referencia a la extorsión llamada derecho de piso. Otro fue en una ciudad de Morelos, donde dejaron un cuerpo desmembrado en varias localizaciones —una de ellas frente a una escuela— junto con una cartulina, firmada «Atentamente, Cartel Jalisco Nueva Generación», donde avisaban a policías y ciudadanos que estaban en la ciudad para limpiarla.

«Se puede hacer una histografía de México a través de los narcomensajes, pero hay que tener en cuenta que la mayoría de las muertes en México no están etiquetadas, no sabemos si la víctima o el victamario pertenecían a alguna organización criminal, así que la historia que hacemos y las conclusiones a las que llegamos son con sólo el 11% de las muertes que observamos en el país», dice Laura Ateusta, autora de Un análisis de la evolución del crimen organizado en México a través de los narcomensajes, publicado por el prestigioso Centro de Investigación y Docencia Económicas.

De acuerdo a su tesis, los grandes cárteles de la droga como el de Sinaloa, los Beltrám Leyva o el del Golfo, creados a principios del siglo XX, han sido poco a poco reemplazadas por nuevas asociaciones que quieren hacerse con el control territorial y usan como excusa proteger a la población civil. Su modus operandi pasó de las sombras a buscar una visibilización de la violencia, etiquetando sus acciones y buscando la aprobación de la población.

Un ejemplo pudo verse cuando, hace pocos meses, se encontró en Guadalajara (México) el cadáver de un hombre y otras cinco personas vivas pero sin manos. Todos tenían escrito por diferentes partes del cuerpo «Soy Ratero» y junto al cuerpo había una cartulina que decía: «ESTO NOS PASÓ POR RATEROS. Por no respetar mujeres ni menores, si con esto no entienden putos roba carros, roba motos, cadenas, celulares, conejeros, casa, habitación y rateros en general. DOBLE PUTOS LACRA MATA MENORES. 🙂 Att. Grupo Élite Antirratas» [sic].

Si bien la impresión inicial es que un grupo de ciudadanos enfadadaos se tomaron la justicia por su mano, las autoridades creen que eran vendedores de droga para una célula del cártel Jalisco Nueva Generación y les robaron la mercancía o no pagaron por ella, amputándoles las manos como advertencia al resto de delincuentes.

Su estudio califica y analiza más de 2.600 mensajes mandados por el narcotráfico en México, entre 2007 y 2012 y en 25 de los 32 estados del país. En él observa los contenidos, el lugar donde aparecieron y a qué clase de homicidio se refiere. El análisis arroja que el 44% de los mensajes son de amenaza o de ataque a grupos rivales, pero el 22% son los llamados mensajes justicieros, donde se advierte que la persona asesinada era un delincuente y un 10% son dirigidos al Gobierno o cualquier autoridad relacionada como militares, marinos o policías.

«Una de las marcas más importantes es que el origen de las organizaciones ha cambiado, ya que mientras las tradicionales se habían creado específicamente para comerciar con drogas, las nuevas tienen un origen en el pueblo, que busca defenderse de aquellos que atacan a la población», razona Ateusta, «esto no quiere decir que no trafiquen con drogas, como la Familia Michoacana, pero su origen es más justiciero, tratando de justificar su violencia». Esta tendencia empieza en 2009, cuando surgen grupos como el El Sacerdote Mata Narcos o El Señor Justicia.

«El hecho de dejar narcomensajes, hacer visible la violencia, atribuirse homicidios y usar prácticas cada vez más violentas, es una forma que los grupos criminales tienen para dar señales de su poder al Estado, a la población y a otros grupos criminales», concluye, «en un mundo donde no hay contratos legales porque todo sucede en la ilegalidad, el ‘signaling’ se vuelve una práctica importante», ya que «si la mayoría de los grupos criminales empiezan a hacerse visible, quien no decida seguir la práctica puede ser considerado como un grupo débil o vulnerable que puede ser atacado».

Una guerra de mercadotecnia que tiene la violencia extrema como marca registrada. En 661 narcomensajes, la víctima fue decapitada o desmembrada. Como dice Saviano, su departamento de marketing.

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