3 de agosto 2018    /   CREATIVIDAD
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Virgenes, princesas Disney y porno: Naro Pinosa juega con los límites de la censura en tiempos de Instagram

3 de agosto 2018    /   CREATIVIDAD     por          
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«Me gustaría saber dónde empieza la censura en Instagram, pero sinceramente, no tengo ni idea». La frase se queda colgando de los labios de Fernando, huérfana de una subordinada, esperando un matiz, una reflexión que le insufle vida.

No llega. Uno esperaría algo más de concreción por parte de Fernando, alias Naro Pinosa. A fin de cuentas, hablamos de uno de los artista del collage más polémicos de la actualidad. Tiene más de cinco («o seis, no me acuerdo») cuentas a sus espaldas y lo cierto es que se las ha perdido a pulso.

Naro Pinosa no es un artista. Al menos él no se considera tal. No piensan lo mismo las dos galerías de arte que comercializan su trabajo en Estados Unidos. Naro Pinosa, Fernando para los amigos, solo es un tipo con un hobby que le ha llevado a hacer «cosas muy chulas».

Cosas como los títulos de crédito de Kiki, el amor se hace, y la cartelería de festivales de cine internacionales como el de Tribeca o el de Guadalajara, México.

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Este creador valenciano lleva cuatro años llevando al límite sus imágenes, probando hasta dónde puede llegar, como si fuera un niño retador y desafiante. Tiene una relación de amor-odio con Instagram. Podría burlar la censura con facilidad en otras como Twitter o Tumblr, pero se rige por los rectos estándares morales de la red de Zuckerberg.

Comprueba cuántos centímetros de piel se pueden mostrar aquí, cuantos conceptos sexuales se pueden sugerir. Lo hace con imágenes tan divertidas como provocativas, yuxtaponiendo pornografía, princesas Disney, imaginería católica, elementos de la cultura pop y arte.

Elementos antagónicos que colisionan en sus obras sin llegar a difuminarse sus límites. Mezclados, no agitados, que diría James Bond.

Él lo dice de una forma más gráfica. «La verdad es que soy un cutre, me gustaría no ser tan cutre», asegura. Se refiere de esta forma a su manera de mezclar las imágenes, de forma digital, sin transiciones ni difuminados, sin más filtros que los que crea la mente cuando tiene delante una buena idea.

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En el fondo es consciente de que sus obras funcionan más por el concepto que por la ejecución y que «dejar de ser un cutre» no garantiza nada. «A veces te lo curras mucho y la foto apenas recibe atención, y sin embargo otra que has hecho en cinco minutos funciona super bien», reconoce.

A pesar de lo explícito de sus imágenes, Pinosa asegura no hacer esto para provocar. No solo. En cualquier caso, ha aprendido que la provocación y la ofensa se miden en números.

«Cuantos más seguidores tienes, más permisivo es Instagram con tus publicaciones», indica. Ahora, que amasa 118.000, le caparían al instante publicaciones que con su anterior cuenta, 30.000 seguidores, le permitían sin problema. Claro, que tener muchos seguidores tampoco garantiza mayor libertad creativa, más bien lo contrario.

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No lo hago solo para provocar, el primero que admira todo este tipo de imágenes soy yo. Me fascina la imaginería religiosa

 

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Hemos puesto el foco en los administradores de Instagram, pero los usuarios pueden ser tan censores y mojigatos como estos. O más. A Naro Pinosa le han llamado degenerado, racista y hereje. Le han hackeado la cuenta y le han amenazado con denuncias.

Especialmente virulento fue el ataque cuando superpuso la imagen de una virgen con los colmillos de un vampiro. Resultó que la imagen pertenecía a una cofradía de Córdoba. La de la Virgen, se entiende. Las amenazas subieron de tono y la polémica se hizo mayor.

Pinosa no llegaba a entender tanta crítica. «Yo lo hago porque me parece estéticamente interesante», defiende, «el primero que admira todo este tipo de imágenes soy yo. Me fascina la imaginería religiosa».

De todas formas las polémicas no le afectan demasiado. Hace tiempo que no lee los comentarios de sus publicaciones. Por higiene mental, dice. Lo cierto es que, si lo hiciera, encontraría más mensajes de admiración que de crítica. Ya se sabe, los censores a veces hacen más ruido que los admiradores. Pero son menos persistentes.

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«Me gustaría saber dónde empieza la censura en Instagram, pero sinceramente, no tengo ni idea». La frase se queda colgando de los labios de Fernando, huérfana de una subordinada, esperando un matiz, una reflexión que le insufle vida.

No llega. Uno esperaría algo más de concreción por parte de Fernando, alias Naro Pinosa. A fin de cuentas, hablamos de uno de los artista del collage más polémicos de la actualidad. Tiene más de cinco («o seis, no me acuerdo») cuentas a sus espaldas y lo cierto es que se las ha perdido a pulso.

Naro Pinosa no es un artista. Al menos él no se considera tal. No piensan lo mismo las dos galerías de arte que comercializan su trabajo en Estados Unidos. Naro Pinosa, Fernando para los amigos, solo es un tipo con un hobby que le ha llevado a hacer «cosas muy chulas».

Cosas como los títulos de crédito de Kiki, el amor se hace, y la cartelería de festivales de cine internacionales como el de Tribeca o el de Guadalajara, México.

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Este creador valenciano lleva cuatro años llevando al límite sus imágenes, probando hasta dónde puede llegar, como si fuera un niño retador y desafiante. Tiene una relación de amor-odio con Instagram. Podría burlar la censura con facilidad en otras como Twitter o Tumblr, pero se rige por los rectos estándares morales de la red de Zuckerberg.

Comprueba cuántos centímetros de piel se pueden mostrar aquí, cuantos conceptos sexuales se pueden sugerir. Lo hace con imágenes tan divertidas como provocativas, yuxtaponiendo pornografía, princesas Disney, imaginería católica, elementos de la cultura pop y arte.

Elementos antagónicos que colisionan en sus obras sin llegar a difuminarse sus límites. Mezclados, no agitados, que diría James Bond.

Él lo dice de una forma más gráfica. «La verdad es que soy un cutre, me gustaría no ser tan cutre», asegura. Se refiere de esta forma a su manera de mezclar las imágenes, de forma digital, sin transiciones ni difuminados, sin más filtros que los que crea la mente cuando tiene delante una buena idea.

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En el fondo es consciente de que sus obras funcionan más por el concepto que por la ejecución y que «dejar de ser un cutre» no garantiza nada. «A veces te lo curras mucho y la foto apenas recibe atención, y sin embargo otra que has hecho en cinco minutos funciona super bien», reconoce.

A pesar de lo explícito de sus imágenes, Pinosa asegura no hacer esto para provocar. No solo. En cualquier caso, ha aprendido que la provocación y la ofensa se miden en números.

«Cuantos más seguidores tienes, más permisivo es Instagram con tus publicaciones», indica. Ahora, que amasa 118.000, le caparían al instante publicaciones que con su anterior cuenta, 30.000 seguidores, le permitían sin problema. Claro, que tener muchos seguidores tampoco garantiza mayor libertad creativa, más bien lo contrario.

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No lo hago solo para provocar, el primero que admira todo este tipo de imágenes soy yo. Me fascina la imaginería religiosa

 

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Hemos puesto el foco en los administradores de Instagram, pero los usuarios pueden ser tan censores y mojigatos como estos. O más. A Naro Pinosa le han llamado degenerado, racista y hereje. Le han hackeado la cuenta y le han amenazado con denuncias.

Especialmente virulento fue el ataque cuando superpuso la imagen de una virgen con los colmillos de un vampiro. Resultó que la imagen pertenecía a una cofradía de Córdoba. La de la Virgen, se entiende. Las amenazas subieron de tono y la polémica se hizo mayor.

Pinosa no llegaba a entender tanta crítica. «Yo lo hago porque me parece estéticamente interesante», defiende, «el primero que admira todo este tipo de imágenes soy yo. Me fascina la imaginería religiosa».

De todas formas las polémicas no le afectan demasiado. Hace tiempo que no lee los comentarios de sus publicaciones. Por higiene mental, dice. Lo cierto es que, si lo hiciera, encontraría más mensajes de admiración que de crítica. Ya se sabe, los censores a veces hacen más ruido que los admiradores. Pero son menos persistentes.

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Opiniones 7
  • Me encanta. Hay que provocar a los poderes teofácticos; si tiene o no tiene talento, ya lo decidiremos nosotros, cada uno. También se dijo mucho eso de “mierdas” como Un Perro Andaluz o Marcel Duchamp. Olé por Naro, quien juega a un juego tan necessário como delicioso: desmontar dogmas, creencias, moralinas.

  • Si estos collage que hace le gustan a el.. pues genial.. que se lis cuelgue en su habitacion y los disfrute..
    Yo no digo que este no sea arte.. porque si que lo es…
    Pero no se quien le habra dicho que tiene talento.. quiza por quedar bien con el.
    Es horrendo y cualquiera puede pegar un culo en la cara de alguien y subirlo a la red.

    A mi me ha parecido imagenes muy feas y faciles de montar

  • Las imágenes me parecen fantásticas. Ahora bien, no veo coherente la crítica a instagram, entre otras cosas porque hay muchas alternativas.

  • Ala, en serio alguien ha conseguido provocar a religiosos con imágenes picantonas ?? No me lo puedo creer, lo nunca visto . Menuda ocurrencia . FENÓMENO

  • Pues a mi me encanta Naro! Le sigo desde hace tiempo, tiene muchos imitadores pero lo suyo se sale!

  • Comentarios cerrados.

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