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29 de octubre 2018    /   IDEAS
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Narrativa audiovisual: cómo hacer que alumno y profesor hablen el mismo idioma

29 de octubre 2018    /   IDEAS     por          
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YouTube, Instagram, Facebook, Twitter, videojuegos con gráficos de vértigo… frente a pupitres, pizarra y tiza. Aparentemente, dos mundos a años luz. Los más jóvenes necesitan otras maneras de aprender y formarse más cercanas a su realidad.

La escuela y la universidad quieren dejar atrás sus maneras de escuela rancia en blanco y negro para empezar a buscar la forma de hacer llegar su mensaje a quienes prefieren la pizarra digital al encerado de toda la vida. Y la narrativa audiovisual es una de esas tácticas de aproximación.

Ahora bien, ¿qué demonios es eso de narrativa audiovisual?

Los profesores Estíbaliz Aberasturi (Didáctica de la Expresión Plástica) y José Miguel Correa (Didáctica y Planificación Organizacional) de la Universidad del País Vasco explican este concepto un tanto abstracto como «espacios creativos», enseñanzas y técnicas que permitan al alumno entender la realidad que le rodea (pero desde distintos ángulos y visiones), «permitiendo que el estudiante añada aportaciones creativas e interpretativas que puedan abrir nuevas posibilidades al aprendizaje».

O lo que es lo mismo, implicar a los alumnos en su propia formación, por lo que no basta solo con transcribir a formato audiovisual lo que hasta ahora se enseña en los libros.

Todo apunta, pues, a una nueva manera de enseñar en la que la creatividad del educador tiene mucho que ver. Algo como lo que hizo Juanito Libritos, el profesor malagueño de Historia que se hizo viral hace un año gracias a una clase en la que sus alumnos reproducían lo aprendido sobre la Edad Media creando grupos de WhatsApp.

Otros profesionales de la enseñanza, como Oriol Borras-Gene (@oriolupm), profesor asociado en la universidad Rey Juan Carlos y técnico asesor TIC en el Gabinete de Tele-Educación (GATE) de la Universidad Politécnica de Madrid, introducen en sus clases otro tipo de recursos.

«Yo, por ejemplo, estoy ahora muy interesado en los escape rooms porque plantean juegos colaborativos y de competitividad. Por un lado, tienen que trabajar en grupo para conseguir un objetivo dentro de una narrativa que te inventes. Y por otro, al jugar en equipos, deben competir con otros para vencer», comenta Borras-Gene.

En realidad, se trata de acercar lenguajes. El de los alumnos, inmersos en un mundo en el que todo es digital, y el de la enseñanza, mucho más analógico. El papel del profesor es fundamental porque deberá servir de puente entre ambos. Y para ello debe buscar otras formas de enseñar que complementen –no que sustituyan– a las tradicionales.

La literatura transmedia es un ejemplo. La novela Los nombres del fuego, de Nando López, escritor de novelas juveniles, coordinador del proyecto Loqueleo de Santillana y docente en excedencia, es usada por muchos educadores como una manera de fomentar la lectura, la escritura y el pensamiento crítico. Los alumnos, como lectores, abandonan ese rol pasivo y asumen más información, se convierten en lectores creativos y colaboran con el autor para hacer crecer ese universo.

A Juanito Libritos, como él mismo aclara, lo que le funciona es aquello que tiene que ver con la realidad de sus estudiantes. «Cosas que ellos pueden hacer desde su experiencia usando las herramientas que ya conocen».

Utilizar el reguetón para reflexionar sobre el feminismo o crear una lista de Spotify para hablar de machismo. Emplear la cámara del móvil para conocer la realidad de su ciudad… son solo algunas de las herramientas que a él le han funcionado en sus clases.

Borras-Gene, por su parte, es más de usar redes sociales para establecer esa complicidad con los alumnos y favorecer la empatía digital con ellos. «A mí me han llegado a hacer preguntas a través de Instagram. O las Stories, una manera de explicarles conceptos que acaban enganchándoles», explica.

Evidentemente, el profesorado necesita también formación en ese sentido. El GATE, el gabinete de la Politécnica en el que trabaja Oriol Borras-Gene, se encarga de asesorar a los docentes de la universidad sobre herramientas tecnológicas que les sirvan para complementar sus clases.

«Nosotros formamos a los profesores en eso. Pero también es verdad que tienes que ser un poco friki», puntualiza Borras-Gene. «Si te quedaste en Farmacia de guardia, pues quizá no vas a conectar con los alumnos. Tienes que estar un poco al día en ese aspecto. Y no tiene por qué ir necesariamente relacionado con la edad».

«Solo podemos recomendar que quién esté interesado en introducir la narrativa visual en clase, converse con sus estudiantes e investigue sobre temáticas relevantes para entender el mundo en el que vivimos», recomiendan los dos docentes de la Universidad del País Vasco; «que escuche y ponga en valor las propuestas de los estudiantes haciendo aportaciones que les permitan comprender y avanzar en el tema; y que recupere las preguntas que la humanidad viene haciéndose: qué, cómo, cuándo, porqué…».

YouTube, Instagram, Facebook, Twitter, videojuegos con gráficos de vértigo… frente a pupitres, pizarra y tiza. Aparentemente, dos mundos a años luz. Los más jóvenes necesitan otras maneras de aprender y formarse más cercanas a su realidad.

La escuela y la universidad quieren dejar atrás sus maneras de escuela rancia en blanco y negro para empezar a buscar la forma de hacer llegar su mensaje a quienes prefieren la pizarra digital al encerado de toda la vida. Y la narrativa audiovisual es una de esas tácticas de aproximación.

Ahora bien, ¿qué demonios es eso de narrativa audiovisual?

Los profesores Estíbaliz Aberasturi (Didáctica de la Expresión Plástica) y José Miguel Correa (Didáctica y Planificación Organizacional) de la Universidad del País Vasco explican este concepto un tanto abstracto como «espacios creativos», enseñanzas y técnicas que permitan al alumno entender la realidad que le rodea (pero desde distintos ángulos y visiones), «permitiendo que el estudiante añada aportaciones creativas e interpretativas que puedan abrir nuevas posibilidades al aprendizaje».

O lo que es lo mismo, implicar a los alumnos en su propia formación, por lo que no basta solo con transcribir a formato audiovisual lo que hasta ahora se enseña en los libros.

Todo apunta, pues, a una nueva manera de enseñar en la que la creatividad del educador tiene mucho que ver. Algo como lo que hizo Juanito Libritos, el profesor malagueño de Historia que se hizo viral hace un año gracias a una clase en la que sus alumnos reproducían lo aprendido sobre la Edad Media creando grupos de WhatsApp.

Otros profesionales de la enseñanza, como Oriol Borras-Gene (@oriolupm), profesor asociado en la universidad Rey Juan Carlos y técnico asesor TIC en el Gabinete de Tele-Educación (GATE) de la Universidad Politécnica de Madrid, introducen en sus clases otro tipo de recursos.

«Yo, por ejemplo, estoy ahora muy interesado en los escape rooms porque plantean juegos colaborativos y de competitividad. Por un lado, tienen que trabajar en grupo para conseguir un objetivo dentro de una narrativa que te inventes. Y por otro, al jugar en equipos, deben competir con otros para vencer», comenta Borras-Gene.

En realidad, se trata de acercar lenguajes. El de los alumnos, inmersos en un mundo en el que todo es digital, y el de la enseñanza, mucho más analógico. El papel del profesor es fundamental porque deberá servir de puente entre ambos. Y para ello debe buscar otras formas de enseñar que complementen –no que sustituyan– a las tradicionales.

La literatura transmedia es un ejemplo. La novela Los nombres del fuego, de Nando López, escritor de novelas juveniles, coordinador del proyecto Loqueleo de Santillana y docente en excedencia, es usada por muchos educadores como una manera de fomentar la lectura, la escritura y el pensamiento crítico. Los alumnos, como lectores, abandonan ese rol pasivo y asumen más información, se convierten en lectores creativos y colaboran con el autor para hacer crecer ese universo.

A Juanito Libritos, como él mismo aclara, lo que le funciona es aquello que tiene que ver con la realidad de sus estudiantes. «Cosas que ellos pueden hacer desde su experiencia usando las herramientas que ya conocen».

Utilizar el reguetón para reflexionar sobre el feminismo o crear una lista de Spotify para hablar de machismo. Emplear la cámara del móvil para conocer la realidad de su ciudad… son solo algunas de las herramientas que a él le han funcionado en sus clases.

Borras-Gene, por su parte, es más de usar redes sociales para establecer esa complicidad con los alumnos y favorecer la empatía digital con ellos. «A mí me han llegado a hacer preguntas a través de Instagram. O las Stories, una manera de explicarles conceptos que acaban enganchándoles», explica.

Evidentemente, el profesorado necesita también formación en ese sentido. El GATE, el gabinete de la Politécnica en el que trabaja Oriol Borras-Gene, se encarga de asesorar a los docentes de la universidad sobre herramientas tecnológicas que les sirvan para complementar sus clases.

«Nosotros formamos a los profesores en eso. Pero también es verdad que tienes que ser un poco friki», puntualiza Borras-Gene. «Si te quedaste en Farmacia de guardia, pues quizá no vas a conectar con los alumnos. Tienes que estar un poco al día en ese aspecto. Y no tiene por qué ir necesariamente relacionado con la edad».

«Solo podemos recomendar que quién esté interesado en introducir la narrativa visual en clase, converse con sus estudiantes e investigue sobre temáticas relevantes para entender el mundo en el que vivimos», recomiendan los dos docentes de la Universidad del País Vasco; «que escuche y ponga en valor las propuestas de los estudiantes haciendo aportaciones que les permitan comprender y avanzar en el tema; y que recupere las preguntas que la humanidad viene haciéndose: qué, cómo, cuándo, porqué…».

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