15 de enero 2013    /   BUSINESS
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Negathlón

15 de enero 2013    /   BUSINESS     por          
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La negathlón es una potente práctica que va a ayudar a enfrentarse a los conflictos negando la irreversibilidad de situaciones y experiencias. Todo individuo se encara a quebrantos emocionales y amenazas. Aceptar aspectos dolorosos de la realidad externa o de las experiencias subjetivas es altamente higiénico pues nos coloca en la adecuada línea de salida para entrenar la capacidad de saltar, correr o lanzar, según corresponda.
El negathlón, como disciplina deportiva, cobra cada día más adeptos, pues comprende la negación de diferentes y lastrantes aprendizajes sociales. Se practica en un variado tipo de situaciones que incluye saltos, carreras y lanzamientos. Una saludable práctica en la que sus atléticos adeptos son capaces de proezas envidiables en las distintas pruebas de las que consta.
En la disciplina de saltos podemos destacar dos pruebas que por su espectacularidad atraen a todo tipo de público. La primera, saltar más allá del potencial diagnosticado en el colegio, en las pruebas psicotécnicas o en las entrevistas profesionales de evaluación. Comporta negar que se haya bloqueado la capacidad de aprendizaje o adaptación y entrenar la sorpresa e ilusión en las propias capacidades.
La segunda prueba de salto consiste en hacerlo sobre la fantasía de la indigencia, aquella que nos asalta en los momentos en que la seguridad parece tambalearse. Íntimamente se activa un ancestral miedo a no tener los medios necesarios para mantener una vida digna cayendo en la indigencia más absoluta. Supondrá entrenar la autoestima de forma serena y constante. Saltos de longitud y altura, respectivamente, que estos atletas superan después de intensos entrenamientos.
En las carreras encontramos también dos pruebas estrella: la carrera puntual y espontánea para abandonar e ir más allá del propio personaje, dejando de lado el disfraz que la cotidianidad nos ha ido tejiendo. Es esta una carrera explosiva, de alta intensidad, que en ocasiones se siembra con la vallas de la falta de reconocimiento y el temor a la exploración de nuevos territorios. Difícil de mantener, requiere de sus practicantes alta concentración para deslizarse puntualmente más allá del propio disfraz.
Otra carrera, en esta ocasión de fondo, es la que persigue inexorablemente los propios deseos, prueba esta que supone un buen entrenamiento en la introspección de las íntimas necesidades para discriminar las propias, de las impuestas socialmente. Saber participar en ambas pruebas no es en absoluto sencillo pues comporta encontrarse en muy buena forma personal y relacional. Ambas son duras y exigen a sus practicantes severas y constantes incursiones autoexploratorias.
No podemos olvidar los ejercicios de lanzamiento: estos son disciplinas mucho más técnicas. Suponen desprenderse, lanzando a la mayor distancia posible, de todos los juicios aprendidos, los estereotipos culturales que nos oprimen, las valoraciones reactivas que nos anclan y martillean más allá de la propia voluntad. Supone un esfuerzo importante lanzarlas para alejarlas de uno mismo. Otra prueba de lanzamiento consiste en desprenderse del peso de las propias pertenencias que no son más que lastres acumulados en momentos de debilidad en los que la adquisición de objetos y propiedades suplantó alguna inseguridad.
Finalmente, debemos reconocer en los negathlonianos una inquebrantable ilusión por la completitud. Herederos del ideal griego, son el futuro esperanzado de quien no se conforma con los regalos que nuestros tiempos traen. Buscar su propia contribución yendo más allá y siendo protagonista de la propia historia. Sirva esta reflexión de invitación a la práctica negathloniana.

Francesc Beltri Gebrat es socio de Mediterráneo Consultores
Imagen: Minimal Desktops

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La negathlón es una potente práctica que va a ayudar a enfrentarse a los conflictos negando la irreversibilidad de situaciones y experiencias. Todo individuo se encara a quebrantos emocionales y amenazas. Aceptar aspectos dolorosos de la realidad externa o de las experiencias subjetivas es altamente higiénico pues nos coloca en la adecuada línea de salida para entrenar la capacidad de saltar, correr o lanzar, según corresponda.
El negathlón, como disciplina deportiva, cobra cada día más adeptos, pues comprende la negación de diferentes y lastrantes aprendizajes sociales. Se practica en un variado tipo de situaciones que incluye saltos, carreras y lanzamientos. Una saludable práctica en la que sus atléticos adeptos son capaces de proezas envidiables en las distintas pruebas de las que consta.
En la disciplina de saltos podemos destacar dos pruebas que por su espectacularidad atraen a todo tipo de público. La primera, saltar más allá del potencial diagnosticado en el colegio, en las pruebas psicotécnicas o en las entrevistas profesionales de evaluación. Comporta negar que se haya bloqueado la capacidad de aprendizaje o adaptación y entrenar la sorpresa e ilusión en las propias capacidades.
La segunda prueba de salto consiste en hacerlo sobre la fantasía de la indigencia, aquella que nos asalta en los momentos en que la seguridad parece tambalearse. Íntimamente se activa un ancestral miedo a no tener los medios necesarios para mantener una vida digna cayendo en la indigencia más absoluta. Supondrá entrenar la autoestima de forma serena y constante. Saltos de longitud y altura, respectivamente, que estos atletas superan después de intensos entrenamientos.
En las carreras encontramos también dos pruebas estrella: la carrera puntual y espontánea para abandonar e ir más allá del propio personaje, dejando de lado el disfraz que la cotidianidad nos ha ido tejiendo. Es esta una carrera explosiva, de alta intensidad, que en ocasiones se siembra con la vallas de la falta de reconocimiento y el temor a la exploración de nuevos territorios. Difícil de mantener, requiere de sus practicantes alta concentración para deslizarse puntualmente más allá del propio disfraz.
Otra carrera, en esta ocasión de fondo, es la que persigue inexorablemente los propios deseos, prueba esta que supone un buen entrenamiento en la introspección de las íntimas necesidades para discriminar las propias, de las impuestas socialmente. Saber participar en ambas pruebas no es en absoluto sencillo pues comporta encontrarse en muy buena forma personal y relacional. Ambas son duras y exigen a sus practicantes severas y constantes incursiones autoexploratorias.
No podemos olvidar los ejercicios de lanzamiento: estos son disciplinas mucho más técnicas. Suponen desprenderse, lanzando a la mayor distancia posible, de todos los juicios aprendidos, los estereotipos culturales que nos oprimen, las valoraciones reactivas que nos anclan y martillean más allá de la propia voluntad. Supone un esfuerzo importante lanzarlas para alejarlas de uno mismo. Otra prueba de lanzamiento consiste en desprenderse del peso de las propias pertenencias que no son más que lastres acumulados en momentos de debilidad en los que la adquisición de objetos y propiedades suplantó alguna inseguridad.
Finalmente, debemos reconocer en los negathlonianos una inquebrantable ilusión por la completitud. Herederos del ideal griego, son el futuro esperanzado de quien no se conforma con los regalos que nuestros tiempos traen. Buscar su propia contribución yendo más allá y siendo protagonista de la propia historia. Sirva esta reflexión de invitación a la práctica negathloniana.

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