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Neil Harbisson, el cíborg que escucha los colores: «Estamos en el renacimiento de nuestra especie»

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El color del desierto es fa sostenido; el azul, un do. La gama de colores de Times Square suena a melodía caótica y la del espacio exterior está dominada por frecuencias sonoras tan altas que son insoportables para un mortal durante un tiempo prolongado. El rojo pasión es un sonido inocente y grave mientras que el violeta es agudo y chirriante. Por eso, en un hipotético «mundo sonocromático», los semáforos nos ordenarían detenernos en el tono del arcoiris más próximo al planeta.

Estas son algunas de las reflexiones de Neil Harbisson, el primer cíborg reconocido oficialmente por un gobierno. En su pasaporte de Reino Unido, luce el dispositivo que se ha implantado en la cabeza para escuchar los colores que nosotros creemos silenciosos.

No podía percibirlos con sus ojos por culpa de una disfunción congénita que le obliga ver el mundo en escala de grises. En 2003, logró sentirlos como vibraciones gracias a una peculiar antena que sobrevuela su cabeza. Con ella, puede percibir hasta las tonalidades de un atardecer en Melbourne. El dispositivo es tan inteligente que está conectado con cinco personas de todo el planeta a través de internet.

Como cualquier pionero, Harbisson ha sufrido las caras de extrañeza del resto de los mortales, si bien la percepción social de ese implante que le permite oír los colores del espectro visible e invisible cual notas musicales ha ido cambiando según la tecnología de moda.

Al principio, los limitados humanos querían saber si era una lámpara de noche o un micrófono. Después, pensaron que se trataba de un manos libres y, con el tiempo, elucubraban sobre la posibilidad de que fuera el nuevo modelo de GoPro o unas Google Glass desconocidas. «Lo último que me ha pasado es que algunos niños me preguntaron si es algún tipo de selfie stick», ha señalado Harbisson en un reciente evento en streaming organizado por Toyota España.

Aún nos resulta difícil asumir que uno de nuestros congéneres pueda escuchar la realidad visual terrestre y extraterrestre su implante se conecta tanto con internet como con los satélites de la NASA, por lo que se define como mentestronauta por un aparato fusionado con su cabeza. «No me siento más humano ni más máquina. Me siento híbrido, no es ni una cosa ni la otra, son las dos». Así lo ha asegurado en la presentación del nuevo Toyota Prius, en la que incluso ha reflexionado sobre la posibilidad futura de conectar su antena a este vehículo, híbrido como él aunque en un sentido diferente , para percibir la carretera desde su hogar.

Este artista británico, que crea retratos sonoros en formato MP3 o pinta cuadros traduciendo las melodías en colores, espera que dentro de poco la sociedad comprenda y apruebe su órgano sensorial. «Estamos en el renacimiento de nuestra especie. Podremos decidir muy pronto qué especie somos y veremos a mucha más gente con nuevos órganos y sentidos», pronostica Harbisson.

Neil2

En defensa de los derechos de los cíborgs

Harbisson ha iniciado ahora los trámites para conseguir la nacionalidad sueca. Al fin y al cabo, el país nórdico vio nacer su eyeborg. «Vamos a luchar para que si una persona tiene un órgano de un país durante un periodo largo de tiempo, ¿por qué no puede ser de ese país, si una parte de su cuerpo es sueca, si su percepción es sueca?».

Pese a que este británico sea el único cíborg oficial, no es el único que defiende los derechos de los híbridos humano-máquina. En 2010 fundó la Cyborg Foundation junto a Moon Ribas «para promover el uso de la tecnología como parte de cuerpo». La bailarina catalana también tiene una facultad sobrehumana: siente la respiración de la Tierra. Un dispositivo situado bajo su brazo vibra cada vez que hay un movimiento sísmico superior al nivel 1 en la escala de Richter.

Neil3

Amal Graafstra es otro de los humanos que ha decidido ampliar sus capacidades, si bien utiliza su chip para fines más mundanos que Harbisson o Ribas. Desde hace más una década, porta dos etiquetas RFID regrabables, una implantada en cada mano. Se han convertido en las llaves de su casa y de su coche, en la contraseña de su teléfono o en su ratón para subir vídeos a YouTube. Predicador del biohacking, Graafstra vende en su página web estos dispositivos y prepara lanzar a final de año el kit definitivo para controlar gran parte de nuestra vida.

Los cíborgs tienen ya hasta formación política propia: el Partido Transhumanista. Su primer candidato se presentó en un distrito a las elecciones en Reino Unido de 2015, un transhumanista recorrió Estados Unidos en un féretro con ruedas para llegar a la Casa Blanca, y hasta en España, Alianza Futurista lidera el movimiento para que superemos nuestras limitaciones humanas gracias a la ciencia y la tecnología.

¿Es natural mejorar la especie?

Si piensas que estos defensores de la modificación corporal están yendo demasiado lejos, tal vez debas plantearte si no te cuentas ya entre ellos. A juicio de Harbisson, todos somos ya «cíborgs psicológicos». ¿O acaso alguien no se ha sentido tan identificado con su ‘smartphone’ que ha expresado su defunción con un me estoy quedando sin batería en primera persona? ¿No están los wearables que monitorizan nuestros pasos, nuestro ritmo cardiaco o la calidad de nuestro sueño ligados a las funciones más íntimas de nuestro ser?

En realidad, para este artista británico la fusión con la tecnología nos ayudará paradójicamente a reconciliarnos con la naturaleza. Él mismo afirma sentirse cercano a las abejas o a los gatos, que aprecian tonalidades en el rango ultravioleta; a los delfines, que también oyen gracias a que el sonido es enviado a través de los huesos del cráneo; e incluso a los insectos, con los que comparte antena.

«La tecnología como extensión sensorial nos puede permitir ir más allá de lo que sería natural en nuestra especie. Nos podemos convertir en transespecie añadiendo sentidos y órganos que otras especies tienen y uniéndonos a ellas para percibir mejor la realidad», ha defendido Harbisson en la presentación del nuevo Toyota Prius.

Por otra parte, las innovaciones tecnológicas permitirán saltarse una de las peores consecuencias de nuestras limitaciones mortales: el envejecimiento. El propio Harbisson asegura que el paso de los años tendrá su parte positiva, ya que los avances permitirán que perciba los colores cada vez mejor. De hecho, su próximo objetivo es que la antena se mueva sin tener que tocarla. Lo conseguirá con el bluetooth tooth, el nombre que ha puesto a un sistema para comunicar uno de sus dientes con ese aparato.

Ideas no le faltan a este artista cíborg. Está convencido hasta de que replicaremos nuestro ADN gracias a las impresoras 3D. «Vamos a poder tener nuestros segundos cuerpos en Marte», asegura. «Vamos a poder sentir que vamos sin necesidad de ir, será una nueva forma de explorar el espacio y viajar».

Aunque los investigadores descartan que los avances actuales nos permitan teletransportarnos como en Star Trek mediante la impresión de nuestros cuerpos en 3D, sorprende la imaginación de este artista para idear hipotéticos escenarios futuros que parecen imposibles. También era irrealizable hace años que observara la vida a todo color y, sin embargo, ha acabado logrando que el rojo, el azul o el violeta se transformen en notas de una escala musical que sólo él puede percibir.  

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El color del desierto es fa sostenido; el azul, un do. La gama de colores de Times Square suena a melodía caótica y la del espacio exterior está dominada por frecuencias sonoras tan altas que son insoportables para un mortal durante un tiempo prolongado. El rojo pasión es un sonido inocente y grave mientras que el violeta es agudo y chirriante. Por eso, en un hipotético «mundo sonocromático», los semáforos nos ordenarían detenernos en el tono del arcoiris más próximo al planeta.

Estas son algunas de las reflexiones de Neil Harbisson, el primer cíborg reconocido oficialmente por un gobierno. En su pasaporte de Reino Unido, luce el dispositivo que se ha implantado en la cabeza para escuchar los colores que nosotros creemos silenciosos.

No podía percibirlos con sus ojos por culpa de una disfunción congénita que le obliga ver el mundo en escala de grises. En 2003, logró sentirlos como vibraciones gracias a una peculiar antena que sobrevuela su cabeza. Con ella, puede percibir hasta las tonalidades de un atardecer en Melbourne. El dispositivo es tan inteligente que está conectado con cinco personas de todo el planeta a través de internet.

Como cualquier pionero, Harbisson ha sufrido las caras de extrañeza del resto de los mortales, si bien la percepción social de ese implante que le permite oír los colores del espectro visible e invisible cual notas musicales ha ido cambiando según la tecnología de moda.

Al principio, los limitados humanos querían saber si era una lámpara de noche o un micrófono. Después, pensaron que se trataba de un manos libres y, con el tiempo, elucubraban sobre la posibilidad de que fuera el nuevo modelo de GoPro o unas Google Glass desconocidas. «Lo último que me ha pasado es que algunos niños me preguntaron si es algún tipo de selfie stick», ha señalado Harbisson en un reciente evento en streaming organizado por Toyota España.

Aún nos resulta difícil asumir que uno de nuestros congéneres pueda escuchar la realidad visual terrestre y extraterrestre su implante se conecta tanto con internet como con los satélites de la NASA, por lo que se define como mentestronauta por un aparato fusionado con su cabeza. «No me siento más humano ni más máquina. Me siento híbrido, no es ni una cosa ni la otra, son las dos». Así lo ha asegurado en la presentación del nuevo Toyota Prius, en la que incluso ha reflexionado sobre la posibilidad futura de conectar su antena a este vehículo, híbrido como él aunque en un sentido diferente , para percibir la carretera desde su hogar.

Este artista británico, que crea retratos sonoros en formato MP3 o pinta cuadros traduciendo las melodías en colores, espera que dentro de poco la sociedad comprenda y apruebe su órgano sensorial. «Estamos en el renacimiento de nuestra especie. Podremos decidir muy pronto qué especie somos y veremos a mucha más gente con nuevos órganos y sentidos», pronostica Harbisson.

Neil2

En defensa de los derechos de los cíborgs

Harbisson ha iniciado ahora los trámites para conseguir la nacionalidad sueca. Al fin y al cabo, el país nórdico vio nacer su eyeborg. «Vamos a luchar para que si una persona tiene un órgano de un país durante un periodo largo de tiempo, ¿por qué no puede ser de ese país, si una parte de su cuerpo es sueca, si su percepción es sueca?».

Pese a que este británico sea el único cíborg oficial, no es el único que defiende los derechos de los híbridos humano-máquina. En 2010 fundó la Cyborg Foundation junto a Moon Ribas «para promover el uso de la tecnología como parte de cuerpo». La bailarina catalana también tiene una facultad sobrehumana: siente la respiración de la Tierra. Un dispositivo situado bajo su brazo vibra cada vez que hay un movimiento sísmico superior al nivel 1 en la escala de Richter.

Neil3

Amal Graafstra es otro de los humanos que ha decidido ampliar sus capacidades, si bien utiliza su chip para fines más mundanos que Harbisson o Ribas. Desde hace más una década, porta dos etiquetas RFID regrabables, una implantada en cada mano. Se han convertido en las llaves de su casa y de su coche, en la contraseña de su teléfono o en su ratón para subir vídeos a YouTube. Predicador del biohacking, Graafstra vende en su página web estos dispositivos y prepara lanzar a final de año el kit definitivo para controlar gran parte de nuestra vida.

Los cíborgs tienen ya hasta formación política propia: el Partido Transhumanista. Su primer candidato se presentó en un distrito a las elecciones en Reino Unido de 2015, un transhumanista recorrió Estados Unidos en un féretro con ruedas para llegar a la Casa Blanca, y hasta en España, Alianza Futurista lidera el movimiento para que superemos nuestras limitaciones humanas gracias a la ciencia y la tecnología.

¿Es natural mejorar la especie?

Si piensas que estos defensores de la modificación corporal están yendo demasiado lejos, tal vez debas plantearte si no te cuentas ya entre ellos. A juicio de Harbisson, todos somos ya «cíborgs psicológicos». ¿O acaso alguien no se ha sentido tan identificado con su ‘smartphone’ que ha expresado su defunción con un me estoy quedando sin batería en primera persona? ¿No están los wearables que monitorizan nuestros pasos, nuestro ritmo cardiaco o la calidad de nuestro sueño ligados a las funciones más íntimas de nuestro ser?

En realidad, para este artista británico la fusión con la tecnología nos ayudará paradójicamente a reconciliarnos con la naturaleza. Él mismo afirma sentirse cercano a las abejas o a los gatos, que aprecian tonalidades en el rango ultravioleta; a los delfines, que también oyen gracias a que el sonido es enviado a través de los huesos del cráneo; e incluso a los insectos, con los que comparte antena.

«La tecnología como extensión sensorial nos puede permitir ir más allá de lo que sería natural en nuestra especie. Nos podemos convertir en transespecie añadiendo sentidos y órganos que otras especies tienen y uniéndonos a ellas para percibir mejor la realidad», ha defendido Harbisson en la presentación del nuevo Toyota Prius.

Por otra parte, las innovaciones tecnológicas permitirán saltarse una de las peores consecuencias de nuestras limitaciones mortales: el envejecimiento. El propio Harbisson asegura que el paso de los años tendrá su parte positiva, ya que los avances permitirán que perciba los colores cada vez mejor. De hecho, su próximo objetivo es que la antena se mueva sin tener que tocarla. Lo conseguirá con el bluetooth tooth, el nombre que ha puesto a un sistema para comunicar uno de sus dientes con ese aparato.

Ideas no le faltan a este artista cíborg. Está convencido hasta de que replicaremos nuestro ADN gracias a las impresoras 3D. «Vamos a poder tener nuestros segundos cuerpos en Marte», asegura. «Vamos a poder sentir que vamos sin necesidad de ir, será una nueva forma de explorar el espacio y viajar».

Aunque los investigadores descartan que los avances actuales nos permitan teletransportarnos como en Star Trek mediante la impresión de nuestros cuerpos en 3D, sorprende la imaginación de este artista para idear hipotéticos escenarios futuros que parecen imposibles. También era irrealizable hace años que observara la vida a todo color y, sin embargo, ha acabado logrando que el rojo, el azul o el violeta se transformen en notas de una escala musical que sólo él puede percibir.  

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