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8 de febrero 2018    /   ENTRETENIMIENTO
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Nemini Parco: retrato descarnado de la España rural

8 de febrero 2018    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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España es el cuarto país de Europa con mayor densidad de población en zonas urbanas. El 48,5% de los españoles reside en grandes ciudades, según datos de Eurostat. Frente a esta tendencia que no ha parado de crecer en el último siglo, un 20,7% de la población vive en municipios con menos de 10.000 habitantes. En este porcentaje se encuadra la población rural, cuyo estilo de vida es desconocido para la mayoría de los urbanitas e hipsters que habitan las principales ciudades de España.

En su libro Nemini Parco, el fotógrafo valenciano Jesús Monterde traza un retrato vivo y descarnado del Maestrazgo de Castellón y de Teruel, donde nació y donde sigue viviendo hasta hoy. «Es un territorio montañoso y áspero, alejado de las grandes urbes y muy despoblado. Este aislamiento, junto a una tierra pobre y un clima continental, ha esculpido el carácter de sus habitantes», cuenta Monterde desde el pueblo de Benassal.

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«En el pasado se han vivido momentos muy dolorosos en esta zona, que también han marcado la personalidad de sus gentes, entre los que destacaría la posguerra civil. La zona, por su orografía, fue territorio de maquis y hubo una represión bastante fuerte por parte del Estado. Mi pueblo y otros tres sufrieron un bombardeo experimental por parte de los nazis durante la Guerra Civil, en el que murió mucha gente. Podría ser considerado otro Guernika», agrega.

Nemini Parco en latín significa «no perdono a nadie». Antiguamente esta inscripción solía aparecer en la guadañas, que en muchas culturas son el símbolo de la muerte. «¿Conoces a alguien que no haya vivido momentos difíciles?», pregunta el autor del libro para justificar el titular.

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Su mirada cómplice muestra el día a día de estas comarcas de una forma cercana. Sin embargo, sus imágenes resultan inquietantes y cautivadoras. Monterde retrata con crudeza, a golpe de flash, los escenarios en lo que creció. A mismo tiempo que construye un universo misterioso para el espectador metropolitano, el fotógrafo se sumerge en su mundo interior, en busca de sus orígenes. «En un principio solo quería retratar un estilo de vida que bien podría recordar a la España de los años 40. Pero a medida que iba avanzando, me di cuenta de que realmente estaba buscando mis raíces. Cada imagen podría ser un recuerdo de mi infancia», revela.

Monterde es un autodidacta que llegó a la fotografía después de los 30 años. Su pasión por el senderismo, que practicó con más ahínco tras la muerte de su padre, le llevó a conocer y fotografiar los rincones más perdidos de su comarca. «En esta serie de fotos intento mostrar la vida tal como es, sin esconder nada. Sé que pueden resultar perturbadoras y dolorosas, pero son reales. Quizás por eso asustan», afirma.

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En la documentación de su propia realidad rural se mezclan varios factores. A su búsqueda personal se suma una denuncia social. Monterde cita el olvido institucional cuando habla de su tierra. «No hay hospitales, universidades ni una ínfima ayuda social. Y eso que pagamos los mismos impuestos que otros ciudadanos», señala. «Trabajar en el campo es duro físicamente y no esté suficientemente valorado a nivel social, a pesar de ser el más importante. ¿Qué comeríamos si nadie hiciese este trabajo?», añade.

Operario en una empresa textil desde hace 21 años, Monterde ha llegado a la literatura, a la filosofía y a la pintura gracias a la fotografía. «Antes nunca había leído un libro por mi propia iniciativa, quizás alguno de autoayuda. Recuerdo que en las clases de fotografía Julián Barón [quien dirigió la ya extinta escuela Blank Paper Valencia] no dejaba de decir lo importante que era leer, pero a mi no me atraía. Aún así decidí intentarlo. Uno de los primeros libros que leí fue España invertebrada de Ortega y Gasset. No entendí nada», reconoce.

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«Unos meses más tarde empecé La rebelión de las masas [del mismo autor], pero lo dejé por imposible. Sin embargo, un año después lo abrí por azar y leí un párrafo que me cautivó. Decidí leérmelo todo. Poco a poco fue mejorando mi entendimiento de estos libros, gracias a autores como Joseph Campbell, tan profundo como Nietszche, pero más sencillo», agrega.

Hoy entre sus referentes cita a algunos clásicos de la literatura rusa y a pintores como Brueghel, El Greco, Velázquez, Goya y Caravaggio. Su inquietud fotográfica también le ha arrancado de su mundo rural y le ha permitido conocer otras realidades, algunas veces a miles de kilómetros de su casa. «La fotografía y el senderismo han sido y son mi amuleto. La fascinación que siento por estas disciplinas me ha llevado a viajar por todo el mundo. Me da un miedo espantoso volar e ir al extranjero, pero por ejemplo en 2011 me fui a Tanzania solo para subir el Kilimanjaro. La curiosidad por ver cosas nuevas disipa mis temores», cuenta.

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«Lo poco que he viajado me ha ayudado a ampliar mi mente. Siempre enfoco mis viajes para hacer senderismo en zonas rurales de alta montaña y pobres, que usualmente pertenecen a otra cultura. Busco lugares que me puedan recordar la vida que tuvieron mis padres a mediados del siglo pasado. Estoy siempre en una continua búsqueda del porqué soy como soy. Observar estas culturas tan diferentes me ha servido para liberarme de muchos estereotipos que hay en España», añade.

Monterde, que el año pasado publicó su libro con la editorial mexicana RM, sigue viviendo en Benassal. «Me siento más rural, pero sin despreciar lo urbano. Para ser más sincero, es como si viviera en la frontera de dos mundos opuestos, lo cual amplia mi visión y me ofrece equilibrio», asegura.

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España es el cuarto país de Europa con mayor densidad de población en zonas urbanas. El 48,5% de los españoles reside en grandes ciudades, según datos de Eurostat. Frente a esta tendencia que no ha parado de crecer en el último siglo, un 20,7% de la población vive en municipios con menos de 10.000 habitantes. En este porcentaje se encuadra la población rural, cuyo estilo de vida es desconocido para la mayoría de los urbanitas e hipsters que habitan las principales ciudades de España.

En su libro Nemini Parco, el fotógrafo valenciano Jesús Monterde traza un retrato vivo y descarnado del Maestrazgo de Castellón y de Teruel, donde nació y donde sigue viviendo hasta hoy. «Es un territorio montañoso y áspero, alejado de las grandes urbes y muy despoblado. Este aislamiento, junto a una tierra pobre y un clima continental, ha esculpido el carácter de sus habitantes», cuenta Monterde desde el pueblo de Benassal.

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«En el pasado se han vivido momentos muy dolorosos en esta zona, que también han marcado la personalidad de sus gentes, entre los que destacaría la posguerra civil. La zona, por su orografía, fue territorio de maquis y hubo una represión bastante fuerte por parte del Estado. Mi pueblo y otros tres sufrieron un bombardeo experimental por parte de los nazis durante la Guerra Civil, en el que murió mucha gente. Podría ser considerado otro Guernika», agrega.

Nemini Parco en latín significa «no perdono a nadie». Antiguamente esta inscripción solía aparecer en la guadañas, que en muchas culturas son el símbolo de la muerte. «¿Conoces a alguien que no haya vivido momentos difíciles?», pregunta el autor del libro para justificar el titular.

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Su mirada cómplice muestra el día a día de estas comarcas de una forma cercana. Sin embargo, sus imágenes resultan inquietantes y cautivadoras. Monterde retrata con crudeza, a golpe de flash, los escenarios en lo que creció. A mismo tiempo que construye un universo misterioso para el espectador metropolitano, el fotógrafo se sumerge en su mundo interior, en busca de sus orígenes. «En un principio solo quería retratar un estilo de vida que bien podría recordar a la España de los años 40. Pero a medida que iba avanzando, me di cuenta de que realmente estaba buscando mis raíces. Cada imagen podría ser un recuerdo de mi infancia», revela.

Monterde es un autodidacta que llegó a la fotografía después de los 30 años. Su pasión por el senderismo, que practicó con más ahínco tras la muerte de su padre, le llevó a conocer y fotografiar los rincones más perdidos de su comarca. «En esta serie de fotos intento mostrar la vida tal como es, sin esconder nada. Sé que pueden resultar perturbadoras y dolorosas, pero son reales. Quizás por eso asustan», afirma.

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En la documentación de su propia realidad rural se mezclan varios factores. A su búsqueda personal se suma una denuncia social. Monterde cita el olvido institucional cuando habla de su tierra. «No hay hospitales, universidades ni una ínfima ayuda social. Y eso que pagamos los mismos impuestos que otros ciudadanos», señala. «Trabajar en el campo es duro físicamente y no esté suficientemente valorado a nivel social, a pesar de ser el más importante. ¿Qué comeríamos si nadie hiciese este trabajo?», añade.

Operario en una empresa textil desde hace 21 años, Monterde ha llegado a la literatura, a la filosofía y a la pintura gracias a la fotografía. «Antes nunca había leído un libro por mi propia iniciativa, quizás alguno de autoayuda. Recuerdo que en las clases de fotografía Julián Barón [quien dirigió la ya extinta escuela Blank Paper Valencia] no dejaba de decir lo importante que era leer, pero a mi no me atraía. Aún así decidí intentarlo. Uno de los primeros libros que leí fue España invertebrada de Ortega y Gasset. No entendí nada», reconoce.

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«Unos meses más tarde empecé La rebelión de las masas [del mismo autor], pero lo dejé por imposible. Sin embargo, un año después lo abrí por azar y leí un párrafo que me cautivó. Decidí leérmelo todo. Poco a poco fue mejorando mi entendimiento de estos libros, gracias a autores como Joseph Campbell, tan profundo como Nietszche, pero más sencillo», agrega.

Hoy entre sus referentes cita a algunos clásicos de la literatura rusa y a pintores como Brueghel, El Greco, Velázquez, Goya y Caravaggio. Su inquietud fotográfica también le ha arrancado de su mundo rural y le ha permitido conocer otras realidades, algunas veces a miles de kilómetros de su casa. «La fotografía y el senderismo han sido y son mi amuleto. La fascinación que siento por estas disciplinas me ha llevado a viajar por todo el mundo. Me da un miedo espantoso volar e ir al extranjero, pero por ejemplo en 2011 me fui a Tanzania solo para subir el Kilimanjaro. La curiosidad por ver cosas nuevas disipa mis temores», cuenta.

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«Lo poco que he viajado me ha ayudado a ampliar mi mente. Siempre enfoco mis viajes para hacer senderismo en zonas rurales de alta montaña y pobres, que usualmente pertenecen a otra cultura. Busco lugares que me puedan recordar la vida que tuvieron mis padres a mediados del siglo pasado. Estoy siempre en una continua búsqueda del porqué soy como soy. Observar estas culturas tan diferentes me ha servido para liberarme de muchos estereotipos que hay en España», añade.

Monterde, que el año pasado publicó su libro con la editorial mexicana RM, sigue viviendo en Benassal. «Me siento más rural, pero sin despreciar lo urbano. Para ser más sincero, es como si viviera en la frontera de dos mundos opuestos, lo cual amplia mi visión y me ofrece equilibrio», asegura.

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