4 de diciembre 2019    /   CREATIVIDAD
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NeonTalk: El Delorean de Instagram

4 de diciembre 2019    /   CREATIVIDAD     por          
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La vida se nos va gastando y hay momentos a los que ya no podemos volver. Intentamos captarlos en cosas: fotografías, objetos, canciones y películas. Acaban convirtiéndose en anclajes al pasado, máquinas del tiempo, los horrocruxes de una vida ya muerta. Una vida a la que todos queremos asomarnos.

La nostalgia vende. Facebook lo sabe cuando nos propone recuperar aquella foto de nuestras vacaciones de hace cinco años, cuando estábamos en otras playas, al abrazo de otro amor, viviendo otra vida. Lo sabe también Netflix, cuando viste sus nuevos productos con estéticas añejas y música ochentera. Lo sabe mejor que nadie Hilding Bengtsson.

 

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Un post condiviso da 🌴🍉 80’s Aesthetics🌴🍉 (@neontalk) in data:

Este diseñador sueco gestiona el Instagram y la web de NeonTalk, una cuenta dedicada a ensalzar la estética retro de los 80. «Lo cierto es que no solo me interesa esta época, soy un nerd de lo retro en general», indica Bengtsson en conversación con Yorokobu. «Por eso empecé esta cuenta hace ahora cinco años. Demonios, sí que pasa rápido el tiempo», se sorprende.

De eso va NeonTalk, de lo rápido que pasa el tiempo. Cardados, calentadores, colores flúor y bien de brillos. Su Instagram es un Delorean tamaño bolsillo que nos traslada a otra época. «Pongo cosas de los 80 porque me gustan, pero también porque creo que es la época en la que hay cosas más raras y curiosas», explica Bengtsson, que tiene un interés desmesurado por la estética kitsch y el diseño, sin importar su origen o su fecha de fabricación.

De esa fascinación nació su cuenta hermana, ConceptTalk, más centrada en el diseño, siempre imbuído de una estética retro y su web decoredeco, que reúne el trabajo de diseñadores como Mark Conlan, Léna Mačka, Daphna Sebbane and Yeye Weller.

 

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Pero Bengtsson no se limita a recopilar postales viejunas, su especialidad es remezclaras, retorcelas y añadirle música hortera. «De hecho, esto nació de mezclar la estética vintage con mi otra pasión: el synthtunes, el new romantic y el italo disco», comenta. NeonTalk no solo luce como el pasado, también suena a años 80.

Su éxito no ha sido orgánico y pausado. Lo cierto es que NeonTalk no se hizo tanto viral como pandémico. Apenas tenía seguidores cuando Bengtsson subió un vídeo, Spacer Woman, en el que se veía a una mujer bailando a ritmo italo disco. Los visionados superaron el millón y medio, los compartidos se contaban por decenas de miles y el vídeo se ganó el corazoncito (virtual) de gente como Katy Perry, o ASAP Rocky.

Y con ello llegó el éxito. Un telefilm estonio sobre el Joker, un disfraz de Alien hecho con crochet o diseños de artistas actuales imitando los códigos de aquella época. NeonTalk se configura como un cajón de sastre ochentero, un lugar en el que las imágenes nostálgicas se amontonan a ritmo de italo disco. Y el batiburrillo parece gustar a todos por igual.

El 25% de los seguidores de NeonTalk tiene entre 18 y 24 años; el 50% anda entre los 25 y los 34, y el 25% restante tiene entre 35 y 45 años, explica Bengtsson, tirando de los datos de su Instagram, que rebasa ya los 400.000 seguidores. «La verdad es que mis seguidores no tienen una edad concreta, pero llama la atención que parece no haber muchos de los que fueron adolescentes en los 80».

El porqué de este misterio Bengtsson lo explica en clave personal. «Nací en 1984, así que sí, soy un niño de los 80, pero mi adolescencia transcurrió en los 90, que la verdad es una época que me gusta menos. Quizá sea porque la adolescencia suele ser una etapa más dramática. No lo sé, pero es una cuestión interesante».

Sí parece tener más claro el porqué de este revival cíclico, que ahora parece haber puesto a los 80 en su punto de mira.

La gente que ahora dirige estudios, películas y marcas de ropa, aquellos que producen discos y dirigen empresas fueron niños de los 80, es la generación que dirige el cotarro cultural (y la que más dinero se deja en consumirlo). Son los tan mencionados milenials. Muchos dicen que el futuro será suyo. Mientras tanto ellos parecen empeñados en volver al pasado.

La vida se nos va gastando y hay momentos a los que ya no podemos volver. Intentamos captarlos en cosas: fotografías, objetos, canciones y películas. Acaban convirtiéndose en anclajes al pasado, máquinas del tiempo, los horrocruxes de una vida ya muerta. Una vida a la que todos queremos asomarnos.

La nostalgia vende. Facebook lo sabe cuando nos propone recuperar aquella foto de nuestras vacaciones de hace cinco años, cuando estábamos en otras playas, al abrazo de otro amor, viviendo otra vida. Lo sabe también Netflix, cuando viste sus nuevos productos con estéticas añejas y música ochentera. Lo sabe mejor que nadie Hilding Bengtsson.

 

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Este diseñador sueco gestiona el Instagram y la web de NeonTalk, una cuenta dedicada a ensalzar la estética retro de los 80. «Lo cierto es que no solo me interesa esta época, soy un nerd de lo retro en general», indica Bengtsson en conversación con Yorokobu. «Por eso empecé esta cuenta hace ahora cinco años. Demonios, sí que pasa rápido el tiempo», se sorprende.

De eso va NeonTalk, de lo rápido que pasa el tiempo. Cardados, calentadores, colores flúor y bien de brillos. Su Instagram es un Delorean tamaño bolsillo que nos traslada a otra época. «Pongo cosas de los 80 porque me gustan, pero también porque creo que es la época en la que hay cosas más raras y curiosas», explica Bengtsson, que tiene un interés desmesurado por la estética kitsch y el diseño, sin importar su origen o su fecha de fabricación.

De esa fascinación nació su cuenta hermana, ConceptTalk, más centrada en el diseño, siempre imbuído de una estética retro y su web decoredeco, que reúne el trabajo de diseñadores como Mark Conlan, Léna Mačka, Daphna Sebbane and Yeye Weller.

 

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Pero Bengtsson no se limita a recopilar postales viejunas, su especialidad es remezclaras, retorcelas y añadirle música hortera. «De hecho, esto nació de mezclar la estética vintage con mi otra pasión: el synthtunes, el new romantic y el italo disco», comenta. NeonTalk no solo luce como el pasado, también suena a años 80.

Su éxito no ha sido orgánico y pausado. Lo cierto es que NeonTalk no se hizo tanto viral como pandémico. Apenas tenía seguidores cuando Bengtsson subió un vídeo, Spacer Woman, en el que se veía a una mujer bailando a ritmo italo disco. Los visionados superaron el millón y medio, los compartidos se contaban por decenas de miles y el vídeo se ganó el corazoncito (virtual) de gente como Katy Perry, o ASAP Rocky.

Y con ello llegó el éxito. Un telefilm estonio sobre el Joker, un disfraz de Alien hecho con crochet o diseños de artistas actuales imitando los códigos de aquella época. NeonTalk se configura como un cajón de sastre ochentero, un lugar en el que las imágenes nostálgicas se amontonan a ritmo de italo disco. Y el batiburrillo parece gustar a todos por igual.

El 25% de los seguidores de NeonTalk tiene entre 18 y 24 años; el 50% anda entre los 25 y los 34, y el 25% restante tiene entre 35 y 45 años, explica Bengtsson, tirando de los datos de su Instagram, que rebasa ya los 400.000 seguidores. «La verdad es que mis seguidores no tienen una edad concreta, pero llama la atención que parece no haber muchos de los que fueron adolescentes en los 80».

El porqué de este misterio Bengtsson lo explica en clave personal. «Nací en 1984, así que sí, soy un niño de los 80, pero mi adolescencia transcurrió en los 90, que la verdad es una época que me gusta menos. Quizá sea porque la adolescencia suele ser una etapa más dramática. No lo sé, pero es una cuestión interesante».

Sí parece tener más claro el porqué de este revival cíclico, que ahora parece haber puesto a los 80 en su punto de mira.

La gente que ahora dirige estudios, películas y marcas de ropa, aquellos que producen discos y dirigen empresas fueron niños de los 80, es la generación que dirige el cotarro cultural (y la que más dinero se deja en consumirlo). Son los tan mencionados milenials. Muchos dicen que el futuro será suyo. Mientras tanto ellos parecen empeñados en volver al pasado.

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