22 de noviembre 2016    /   IDEAS
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Neosiervos: la explotación laboral de los entrenadores personales

22 de noviembre 2016    /   IDEAS     por          
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Las dinámicas de trabajo de los personal trainers muestran la cara más negra de lo que podría convertirse en la relación laboral habitual en el futuro del sector servicios. No hablamos del drama de los falsos autónomos, sino del paroxismo de la precariedad: muchos entrenadores personales pagan un alquiler por trabajar.

Uno no está menos explotado porque su profesión mantenga el nombre anglosajón y se oiga en los medios, sobre todo, asociada a la buena vida de los famosos y al culto a la estética, que siempre suena como algo prescindible, innecesario y, por lo tanto, cercano al lujo.

Una investigación de la Universidad de Birmingham, capitaneada por Geraint Harvey, ha estudiado esta modalidad de relación laboral: «Estos entrenadores autónomos, normalmente tienen un acuerdo de ‘alquiler’ con el gimnasio para usar su equipamiento y obtener acceso a la clientela. El precio es considerable: entre 410 y 528 euros en los sitios que investigamos», cuenta Harvey a Yorokobu.

En Reino Unido, en 2015, se midió que el 15% de los trabajadores funcionaban por cuenta propia. Se diría que es un país de mucha iniciativa. Sin embargo, una investigación de Citizens Advice Bureau activaba la sospecha: unos 460.000 podrían ser falsos autónomos. Ese formato de trabajo está muy implantado también en España: las empresas despiden a trabajadores en nómina para captar autónomos y ahorrarse impuestos, vacaciones, bajas…

En el caso de los trabajadores españoles, habría que añadir el agravante de una cuota de autónomo que casi roza los 300 euros. En Reino Unido no existe esta cuota.

Como publicaban los de Birmingham en The Conversation, ciertos estudios señalaban que estos empleados, como una suerte de contratistas, podían no implicarse en los objetivos de la empresa, acabar prestando sus servicios de mala gana (sobre todo en la atención al público) y, en consecuencia, generarle una mala imagen a la empresa. Para los empresarios, este sería el problema de los falsos autónomos: la desvinculación emocional de los trabajadores con la firma.

En cambio, el mercado de los personal trainers ha encontrado la solución para que la explotación cierre un círculo perfecto. Este trabajo conecta los intereses de la empresa con los del entrenador, de manera que resulta imposible que éste tenga un comportamiento errático porque eso atacaría directamente su sueldo.

Estas características han llevado al equipo investigador a comparar esta forma de trabajo con la vinculación que se creaba entre el señor feudal y sus vasallos en la Edad Media. El entrenador paga una cuota al dueño del salón de fitness independientemente de lo que gane a final de mes. El propietario obtiene un siervo: el sueldo del entrenador depende de lo bien que trate a los socios del gimnasio, de su simpatía, del estado que mantengan las instalaciones. Debe esforzarse por crear buen ambiente porque eso revierte en sus posibilidades de obtener clientes.

entrenadores personales
Foto: Wikicommons

Los gimnasios están prescindiendo de la plantilla de la que disponían habitualmente porque los personal trainers cubren gratuitamente muchas de sus funciones: «Es evidente que tener trabajadores independientes que proporcionan servicio al cliente al más alto nivel va a favor del interés comercial del propietario porque reduce la necesidad de trabajadores remunerados», explica Harvey.

Los neovasallos, además de asistir a sus clientes, se encargan de impartir algunas clases de ejercicios, guían y aconsejan a nuevos socios y hasta se implican en el mantenimiento y la limpieza del local. Harvey recuerda a uno de los participantes en el informe: «Dedicaba 60 horas semanales, de las cuales sólo la mitad eran sesiones pagadas, el resto eran movimientos para darse publicidad».

El entrenador también debe mantenerse en forma: su estética, su musculación influye en el número de clientes que puede obtener. Nadie se fía de un dentista al que le faltan dientes. El resultado es una vida dedicada al trabajo. La disponibilidad del trabajador es casi total: «La flexibilidad beneficia a los empleados también. En cambio, la hiperflexibilidad es un arreglo más unilateral que requiere poco de la organización pero mucho del empleado», sintetiza el investigador.

Como en todo buen timo, el factor emocional acapara protagonismo. «La relación que fraguan con los clientes es una suerte de amistad cercana. La cara más rentable de su trabajo es derrochar empatía, amiguismo, cercanía», indica Havery. Esto significa más horas de dedicación en las que se pretende borrar la sensación de que se está ante una transacción de un servicio a cambio de dinero. Mantener esa ficción es fundamental para el éxito de un personal trainer.

Desde la Universidad de Birmingham, temen que este esquema se expanda en el futuro por el resto del sector servicios. «Sin duda, es muy prometedor para las empresas del sector minorista que buscan explotar a los trabajadores». El neovasallo no tiene los ingresos garantizados, debe pagar un alquiler, trabaja a destajo. Una bicoca para las grandes empresas. La deslocalización en el propio país.

«La servidumbre podría introducirse en los grandes almacenes, por ejemplo, basando el sueldo del empleado sólo en la comisión, haciendo que los trabajadores paguen una cuota por trabajar (que podría basarse en el precio del producto y en su popularidad)». En estos casos, el servicio de atención al cliente de los trabajadores beneficiaría más a la tienda que a ellos mismos. La excusa sería que ellos se aprovecharían del tráfico de clientes convocado por la marca.

La equiparación con el feudalismo no es gratuita. Se trata de una esclavitud investida de modernidad. El marketing, la patronal y los gobiernos mantienen fresco el mito del emprendedurismo, un concepto que se ha glorificado y difuminado para incluir en él cualquier modalidad de autoempleo desesperado. En estos casos, el emprendedurismo es el respaldo moral de los explotados.

Las dinámicas de trabajo de los personal trainers muestran la cara más negra de lo que podría convertirse en la relación laboral habitual en el futuro del sector servicios. No hablamos del drama de los falsos autónomos, sino del paroxismo de la precariedad: muchos entrenadores personales pagan un alquiler por trabajar.

Uno no está menos explotado porque su profesión mantenga el nombre anglosajón y se oiga en los medios, sobre todo, asociada a la buena vida de los famosos y al culto a la estética, que siempre suena como algo prescindible, innecesario y, por lo tanto, cercano al lujo.

Una investigación de la Universidad de Birmingham, capitaneada por Geraint Harvey, ha estudiado esta modalidad de relación laboral: «Estos entrenadores autónomos, normalmente tienen un acuerdo de ‘alquiler’ con el gimnasio para usar su equipamiento y obtener acceso a la clientela. El precio es considerable: entre 410 y 528 euros en los sitios que investigamos», cuenta Harvey a Yorokobu.

En Reino Unido, en 2015, se midió que el 15% de los trabajadores funcionaban por cuenta propia. Se diría que es un país de mucha iniciativa. Sin embargo, una investigación de Citizens Advice Bureau activaba la sospecha: unos 460.000 podrían ser falsos autónomos. Ese formato de trabajo está muy implantado también en España: las empresas despiden a trabajadores en nómina para captar autónomos y ahorrarse impuestos, vacaciones, bajas…

En el caso de los trabajadores españoles, habría que añadir el agravante de una cuota de autónomo que casi roza los 300 euros. En Reino Unido no existe esta cuota.

Como publicaban los de Birmingham en The Conversation, ciertos estudios señalaban que estos empleados, como una suerte de contratistas, podían no implicarse en los objetivos de la empresa, acabar prestando sus servicios de mala gana (sobre todo en la atención al público) y, en consecuencia, generarle una mala imagen a la empresa. Para los empresarios, este sería el problema de los falsos autónomos: la desvinculación emocional de los trabajadores con la firma.

En cambio, el mercado de los personal trainers ha encontrado la solución para que la explotación cierre un círculo perfecto. Este trabajo conecta los intereses de la empresa con los del entrenador, de manera que resulta imposible que éste tenga un comportamiento errático porque eso atacaría directamente su sueldo.

Estas características han llevado al equipo investigador a comparar esta forma de trabajo con la vinculación que se creaba entre el señor feudal y sus vasallos en la Edad Media. El entrenador paga una cuota al dueño del salón de fitness independientemente de lo que gane a final de mes. El propietario obtiene un siervo: el sueldo del entrenador depende de lo bien que trate a los socios del gimnasio, de su simpatía, del estado que mantengan las instalaciones. Debe esforzarse por crear buen ambiente porque eso revierte en sus posibilidades de obtener clientes.

entrenadores personales
Foto: Wikicommons

Los gimnasios están prescindiendo de la plantilla de la que disponían habitualmente porque los personal trainers cubren gratuitamente muchas de sus funciones: «Es evidente que tener trabajadores independientes que proporcionan servicio al cliente al más alto nivel va a favor del interés comercial del propietario porque reduce la necesidad de trabajadores remunerados», explica Harvey.

Los neovasallos, además de asistir a sus clientes, se encargan de impartir algunas clases de ejercicios, guían y aconsejan a nuevos socios y hasta se implican en el mantenimiento y la limpieza del local. Harvey recuerda a uno de los participantes en el informe: «Dedicaba 60 horas semanales, de las cuales sólo la mitad eran sesiones pagadas, el resto eran movimientos para darse publicidad».

El entrenador también debe mantenerse en forma: su estética, su musculación influye en el número de clientes que puede obtener. Nadie se fía de un dentista al que le faltan dientes. El resultado es una vida dedicada al trabajo. La disponibilidad del trabajador es casi total: «La flexibilidad beneficia a los empleados también. En cambio, la hiperflexibilidad es un arreglo más unilateral que requiere poco de la organización pero mucho del empleado», sintetiza el investigador.

Como en todo buen timo, el factor emocional acapara protagonismo. «La relación que fraguan con los clientes es una suerte de amistad cercana. La cara más rentable de su trabajo es derrochar empatía, amiguismo, cercanía», indica Havery. Esto significa más horas de dedicación en las que se pretende borrar la sensación de que se está ante una transacción de un servicio a cambio de dinero. Mantener esa ficción es fundamental para el éxito de un personal trainer.

Desde la Universidad de Birmingham, temen que este esquema se expanda en el futuro por el resto del sector servicios. «Sin duda, es muy prometedor para las empresas del sector minorista que buscan explotar a los trabajadores». El neovasallo no tiene los ingresos garantizados, debe pagar un alquiler, trabaja a destajo. Una bicoca para las grandes empresas. La deslocalización en el propio país.

«La servidumbre podría introducirse en los grandes almacenes, por ejemplo, basando el sueldo del empleado sólo en la comisión, haciendo que los trabajadores paguen una cuota por trabajar (que podría basarse en el precio del producto y en su popularidad)». En estos casos, el servicio de atención al cliente de los trabajadores beneficiaría más a la tienda que a ellos mismos. La excusa sería que ellos se aprovecharían del tráfico de clientes convocado por la marca.

La equiparación con el feudalismo no es gratuita. Se trata de una esclavitud investida de modernidad. El marketing, la patronal y los gobiernos mantienen fresco el mito del emprendedurismo, un concepto que se ha glorificado y difuminado para incluir en él cualquier modalidad de autoempleo desesperado. En estos casos, el emprendedurismo es el respaldo moral de los explotados.

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Opiniones 2
  • Muy interesante.
    El sector del fitnes es un impulso a emprender en sí mismo. Una catapulta más bien.
    Y España, como en otros aspectos lidera la precariedad gracias a toda una serie de aspectos: el hachazo de la subida del IVA, la falta de una gestión profesional en muchos casos, etc.

  • Desde colombia, aca es igual , pero hay un problema aun mas grave, las empresas no se fijan que los personalizados cumplan con estudios o experiencia, solo les interesa recibir la cuota de alquiler mensual, lo que causa gran molestia, entre los que si somos profecionale y cobramos, mientras los otros llegan a regalar su trabajo. (Cobran menos).

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