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13 de octubre 2014    /   CIENCIA
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Tu cerebro es el mejor contando historias

13 de octubre 2014    /   CIENCIA     por          
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Los espacios en blanco que hay entre las viñetas de un tebeo se llaman ‘calles’. Podría parecer que son un trozo de papel que sobra, pero en realidad son la parte más importante del cómic. Ahí es donde ocurre toda la magia. Las viñetas congelan apenas unos segundos de la acción, pero nuestro cerebro recoge las diferencias que hay entre las dos viñetas, la forma y la colocación de los bocadillos, las onomatopeyas y las líneas cinéticas y rellena esos espacios en blanco con movimiento y con sonido. Por eso los neurocientíficos Hana Ros y Matteo Farinella dicen en su Neurocómic que el cerebro humano es un gran narrador, porque si no fuera por él, su libro solo serían pedazos inconexos de una historia.
Que hace falta un cerebro humano para poder leer cómics no es ningún hallazgo científico novedoso y revolucionario. De hecho, Farinella y Ros se remiten al libro Entender el cómic de Scott McCloud para explicar brevemente cómo funciona el lenguaje de los tebeos y cómo actúa nuestro cerebro sobre él.
El objetivo de Neurocómic es otro: intenta explicar de forma sencilla los misterios de la neurociencia. Y lo hace con una historia surrealista que unas veces recuerda a Érase una vez el cuerpo humano (el propio Farinella reconoce que esta serie le impactó mucho de joven y que, de forma inconsciente, el libro ha acabado homenajeando a aquellos dibujos animados) y otras a Alicia en el País de las Maravillas.
La fórmula funciona bastante bien: de hecho, incluso la revista científica The Lancet ha reseñado el cómic señalando que «es inevitable que un libro como este no presente toda la información técnica y los estudiantes tendrán que buscar más detalles en otro lado», sin embargo, dice la publicación, «el libro ayudará a muchos estudiantes en la aventura de entender cómo funciona el cerebro».
2
Neurocómic es un trabajo estupendo de síntesis y un gran ejercicio de equilibrio entre la metáfora y los datos científicos. Matteo Farinella es doctor en neurociencia, pero trabaja como dibujante y se encargó fundamentalmente de las ilustraciones; mientras que Hana Ros, que se dedica a la investigación, se ocupó de que todos los datos científicos fueran precisos y que las metáforas que utiliza el libro fueran adecuadas. Es curioso que mientras debatían sobre el guion, fuera Farinella quien reclamaba más datos y Ros la que quería poner más peso en la historia.
«Haciendo el cómic me ha sorprendido la cantidad de ciencia que estaba dispuesta a sacrificar para que la historia fluya», asegura Ros en el ‘making of’ del cómic.
The Lancet también aplaude que el libro no solo explique el funcionamiento del cerebro, sino que repase también los descubrimientos más importantes de la Historia de la neurociencia y que le dé la palabra a sus descubridores.
«Normalmente la Historia es una parte menor del estudio de la ciencia, así que la forma en que este libro la incluye es un mecanismo fantástico para asegurarse de que los lectores conocen los descubrimientos que nos han llevado hasta los conocimientos que tenemos hoy», dice la revista.
Ramón y Cajal, Golgi, Huxley, Pavlov o Berger aparecen en el libro como Sombrereros Locos, Gatos de Cheshire y Reinas de Corazones, asaltando y explicando sus hallazgos a un protagonista que ha quedado atrapado dentro de la Isla del Cerebro y solamente quiere escapar de allí lo antes posible.
«Creo que representar un concepto con un personaje, un objeto o un lugar hace que sea más fácil de comprender y memorizar para el lector», me explica Farinella por email, «Esto es lo que hemos intentado hacer en Neurocómic para representar algunos conceptos básicos de la neurociencia y unirlos todos en una sola narración».
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Muchas de las metáforas que guían todo el argumento del libro, explica Farinella, surgieron de forma muy sencilla porque «el cerebro es un órgano alucinante y está lleno de lugares y personajes geniales y muy gráficos, así que no fue tan difícil».
Y es cierto: la idea del cerebro como un bosque de neuronas funciona a la perfección, por ejemplo. La idea del cerebro como isla y Hans Berger, inventor del electroencefalograma, observándolo con un telescopio desde la distancia, también es estupenda. Y lo mismo se puede decir de Ramón y Cajal y Golgi liándose a hostias por los descubrimientos científicos con los que obtuvieron el Nobel de Medicina en el año 1906. En otras explicaciones, cómo el funcionamiento de las sinapsis o del cómic exige algo más de esfuerzo e imaginación al lector, pero todo termina encajando.
3
Neurocómic toca todos los grandes temas de la neurociencia, desde el funcionamiento del cerebro y la labor científica hasta la memoria, los sentimientos, las enfermedades mentales y los efectos de las drogas. No entra en detalles y no se pierde en las excepciones, pero está bien documentado y solo cuenta alguna mentira para que se entienda una verdad mayor.
Llama la atención cómo el lenguaje del cómic se moldea y se adapta a prácticamente cualquier contenido y consigue hacerlo mucho más accesible que otros medios. Cuidado, no quiero decir que leer cómics sea algo fácil. Como con todo, es necesaria una alfabetización y unos conocimientos previos: es probable que alguien que solo ha leído ‘Mortadelos’, por mencionar un tebeo más o menos accesible, tenga que esforzarse bastante para leer a Chris Ware.
Pero es cierto que la forma en que Joe Sacco mezcla periodismo y viñetas hace que zamparse un reportaje largo y profundo sobre el conflicto palestino-israelí sea mucho más sencillo; que las vivencias de Guy Delisle en Corea el Norte o en Birmania se digieren con más facilidad que otros relatos; o que la biografía de la activista estadounidense Margaret Sanger se lee de forma más ligera con el dibujo de Peter Bagge. Neurocómic es solo un ejemplo más de que la divulgación y el cómic forman un tándem magnífico.
«Joe Sacco, Art Spiegelman, Marjane Satrapi o Guy Delisle han demostrado ya que los cómics pueden usarse para hablar de temas complejos», dice Matteo Farinella, «pero creo que los cómics tienen incluso más potencial como vehículo para la comunicación científica». Farinella explica que la Biología, la Química y sobre todo la Física tienen conceptos abstractos difíciles de explicar y que no pueden plasmarse en vídeos y fotos, pero «los cómics, mezclando dibujos y palabras, son un medio flexible e ideal para hablar de estas ideas».
Además, Neurocómic es bonito. O sea, es un ‘objeto’ bonito. Tiene tapa dura, con adornos dorados y plateados. Es como un tratado antiguo de ciencia. Si la neurociencia te la trae floja, igual te sirve de adorno. Mola.

Aquí tenéis el ‘making of’ del libro, con entrevistas a sus autores:

Neurocómic está a la venta en castellano desde septiembre.

Los espacios en blanco que hay entre las viñetas de un tebeo se llaman ‘calles’. Podría parecer que son un trozo de papel que sobra, pero en realidad son la parte más importante del cómic. Ahí es donde ocurre toda la magia. Las viñetas congelan apenas unos segundos de la acción, pero nuestro cerebro recoge las diferencias que hay entre las dos viñetas, la forma y la colocación de los bocadillos, las onomatopeyas y las líneas cinéticas y rellena esos espacios en blanco con movimiento y con sonido. Por eso los neurocientíficos Hana Ros y Matteo Farinella dicen en su Neurocómic que el cerebro humano es un gran narrador, porque si no fuera por él, su libro solo serían pedazos inconexos de una historia.
Que hace falta un cerebro humano para poder leer cómics no es ningún hallazgo científico novedoso y revolucionario. De hecho, Farinella y Ros se remiten al libro Entender el cómic de Scott McCloud para explicar brevemente cómo funciona el lenguaje de los tebeos y cómo actúa nuestro cerebro sobre él.
El objetivo de Neurocómic es otro: intenta explicar de forma sencilla los misterios de la neurociencia. Y lo hace con una historia surrealista que unas veces recuerda a Érase una vez el cuerpo humano (el propio Farinella reconoce que esta serie le impactó mucho de joven y que, de forma inconsciente, el libro ha acabado homenajeando a aquellos dibujos animados) y otras a Alicia en el País de las Maravillas.
La fórmula funciona bastante bien: de hecho, incluso la revista científica The Lancet ha reseñado el cómic señalando que «es inevitable que un libro como este no presente toda la información técnica y los estudiantes tendrán que buscar más detalles en otro lado», sin embargo, dice la publicación, «el libro ayudará a muchos estudiantes en la aventura de entender cómo funciona el cerebro».
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Neurocómic es un trabajo estupendo de síntesis y un gran ejercicio de equilibrio entre la metáfora y los datos científicos. Matteo Farinella es doctor en neurociencia, pero trabaja como dibujante y se encargó fundamentalmente de las ilustraciones; mientras que Hana Ros, que se dedica a la investigación, se ocupó de que todos los datos científicos fueran precisos y que las metáforas que utiliza el libro fueran adecuadas. Es curioso que mientras debatían sobre el guion, fuera Farinella quien reclamaba más datos y Ros la que quería poner más peso en la historia.
«Haciendo el cómic me ha sorprendido la cantidad de ciencia que estaba dispuesta a sacrificar para que la historia fluya», asegura Ros en el ‘making of’ del cómic.
The Lancet también aplaude que el libro no solo explique el funcionamiento del cerebro, sino que repase también los descubrimientos más importantes de la Historia de la neurociencia y que le dé la palabra a sus descubridores.
«Normalmente la Historia es una parte menor del estudio de la ciencia, así que la forma en que este libro la incluye es un mecanismo fantástico para asegurarse de que los lectores conocen los descubrimientos que nos han llevado hasta los conocimientos que tenemos hoy», dice la revista.
Ramón y Cajal, Golgi, Huxley, Pavlov o Berger aparecen en el libro como Sombrereros Locos, Gatos de Cheshire y Reinas de Corazones, asaltando y explicando sus hallazgos a un protagonista que ha quedado atrapado dentro de la Isla del Cerebro y solamente quiere escapar de allí lo antes posible.
«Creo que representar un concepto con un personaje, un objeto o un lugar hace que sea más fácil de comprender y memorizar para el lector», me explica Farinella por email, «Esto es lo que hemos intentado hacer en Neurocómic para representar algunos conceptos básicos de la neurociencia y unirlos todos en una sola narración».
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Muchas de las metáforas que guían todo el argumento del libro, explica Farinella, surgieron de forma muy sencilla porque «el cerebro es un órgano alucinante y está lleno de lugares y personajes geniales y muy gráficos, así que no fue tan difícil».
Y es cierto: la idea del cerebro como un bosque de neuronas funciona a la perfección, por ejemplo. La idea del cerebro como isla y Hans Berger, inventor del electroencefalograma, observándolo con un telescopio desde la distancia, también es estupenda. Y lo mismo se puede decir de Ramón y Cajal y Golgi liándose a hostias por los descubrimientos científicos con los que obtuvieron el Nobel de Medicina en el año 1906. En otras explicaciones, cómo el funcionamiento de las sinapsis o del cómic exige algo más de esfuerzo e imaginación al lector, pero todo termina encajando.
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Neurocómic toca todos los grandes temas de la neurociencia, desde el funcionamiento del cerebro y la labor científica hasta la memoria, los sentimientos, las enfermedades mentales y los efectos de las drogas. No entra en detalles y no se pierde en las excepciones, pero está bien documentado y solo cuenta alguna mentira para que se entienda una verdad mayor.
Llama la atención cómo el lenguaje del cómic se moldea y se adapta a prácticamente cualquier contenido y consigue hacerlo mucho más accesible que otros medios. Cuidado, no quiero decir que leer cómics sea algo fácil. Como con todo, es necesaria una alfabetización y unos conocimientos previos: es probable que alguien que solo ha leído ‘Mortadelos’, por mencionar un tebeo más o menos accesible, tenga que esforzarse bastante para leer a Chris Ware.
Pero es cierto que la forma en que Joe Sacco mezcla periodismo y viñetas hace que zamparse un reportaje largo y profundo sobre el conflicto palestino-israelí sea mucho más sencillo; que las vivencias de Guy Delisle en Corea el Norte o en Birmania se digieren con más facilidad que otros relatos; o que la biografía de la activista estadounidense Margaret Sanger se lee de forma más ligera con el dibujo de Peter Bagge. Neurocómic es solo un ejemplo más de que la divulgación y el cómic forman un tándem magnífico.
«Joe Sacco, Art Spiegelman, Marjane Satrapi o Guy Delisle han demostrado ya que los cómics pueden usarse para hablar de temas complejos», dice Matteo Farinella, «pero creo que los cómics tienen incluso más potencial como vehículo para la comunicación científica». Farinella explica que la Biología, la Química y sobre todo la Física tienen conceptos abstractos difíciles de explicar y que no pueden plasmarse en vídeos y fotos, pero «los cómics, mezclando dibujos y palabras, son un medio flexible e ideal para hablar de estas ideas».
Además, Neurocómic es bonito. O sea, es un ‘objeto’ bonito. Tiene tapa dura, con adornos dorados y plateados. Es como un tratado antiguo de ciencia. Si la neurociencia te la trae floja, igual te sirve de adorno. Mola.

Aquí tenéis el ‘making of’ del libro, con entrevistas a sus autores:

Neurocómic está a la venta en castellano desde septiembre.

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