22 de noviembre 2012    /   ENTRETENIMIENTO
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New York: Distrito Bici

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Es la guerra. Siempre es la guerra. La que mantienen las ciudades tal y como se conciben hoy, los motores y sus malos humos, los conductores y la suficiencia del que se ve en una posición más segura contra los ciclistas y sus locos cacharros. Sin embargo, la voluntad está en el armisticio. Los espacios están condenados a cambiar, a ser compartidos, a dejar de resultar hostiles para nadie. Por eso, los ciudadanos de Nueva york están confeccionando distritos bike-friendly en los que aquellos que van en bici son mirados con mejores ojos.

Todo ha comenzado en el East Village y el Lower East Side. Las estrategias para hacer de la bicicleta un medio de transporte aprovechable en una ciudad tan agresiva como Nueva York podrían haberse dibujado de diferentes maneras. Sin embargo, los impulsores de esta forma de surcar la ciudad, Transportation Alternatives (Transalt), pensaron que la mejor forma pasaba por crear comunidad. Optaron por tejer una red de más de 150 negocios bike-friendly, grupos ciudadanos y organizaciones artísticas que comparten la misión de promover un uso seguro de las bicis en los barrios. Más allá de luchar por más kilómetros de carriles bici o por una adecuada adaptación en el uso conjunto de los transportes públicos, han optado por la vía humana y le han dado, además, un cariz económico.

La iniciativa, a la que Transalt ha bautizado como Bike Friendly Business District, otorga venatajas a los comerciantes que dan facilidades a los ciclistas. “Gracias a los dueños de las tiendas, los ciclistas disfrutan de eventos y descuentos en restaurantes, teatros y comercios”, explica Miller Nuttle, uno de los impulsores de la iniciativa. Según Transalt, los comerciantes de todo el país se están dando cuenta del valor añadido que suponen unas calles llenas de ciclistas. “Las calles que priorizan a peatones y bicicletas han aumentado las ventas entre un 10 y un 35 %”, señala Nuttle.

Según el portavoz de la organización que trabaja para la difusión de medios de transporte sostenibles, los propietarios de las tiendas saben que las bicicletas significan negocio. “Hacen a los barrios más vibrantes y amigables”. Los interesados en participar pueden solicitar infraestructuras como aparcamientos para los ciclos, pueden ofrecer información acerca de seguridad vial o dar descuentos a aquellos que lleguen en bicicleta. Todo suma en el intento de instalar en la conciencia colectiva el sentimiento de aceptación ciclista.

Nuttle explica que Nueva York está dando grandes pasos para convertirse en una ciudad de bicis a nivel mundial. Las organizaciones comunitarias y las autoridades locales están, según señala, ofreciendo un importante apoyo en esta labor. El hito más importante en los últimos años se alcanzará en marzo de 2013, cuando la ciudad estadounidense lance Citi Bike, su servicio municipal de alquiler de bicicletas, que pondrá en las calles de la ciudad del Hudson más de 10.000 máquinas en los barrios de Manhattan, Brooklyn y Queens.

Lo que parecía complicado, que un núcleo urbano mastodóntico con un clima con extremos incómodos pudiera acoger vehículos sin motor de manera masiva, ha dejado de ser una utopía. Aún quedan pasos por dar. Como cuenta Miller Nuttle, “estamos insistiendo a la policía para que sea más dura con los conductores peligrosos e investigue con más insistencia los casos de atropello a ciclistas ya que hemos tomado el buen camino para crear calles más saludables para todos los neoyorquinos”.

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Es la guerra. Siempre es la guerra. La que mantienen las ciudades tal y como se conciben hoy, los motores y sus malos humos, los conductores y la suficiencia del que se ve en una posición más segura contra los ciclistas y sus locos cacharros. Sin embargo, la voluntad está en el armisticio. Los espacios están condenados a cambiar, a ser compartidos, a dejar de resultar hostiles para nadie. Por eso, los ciudadanos de Nueva york están confeccionando distritos bike-friendly en los que aquellos que van en bici son mirados con mejores ojos.

Todo ha comenzado en el East Village y el Lower East Side. Las estrategias para hacer de la bicicleta un medio de transporte aprovechable en una ciudad tan agresiva como Nueva York podrían haberse dibujado de diferentes maneras. Sin embargo, los impulsores de esta forma de surcar la ciudad, Transportation Alternatives (Transalt), pensaron que la mejor forma pasaba por crear comunidad. Optaron por tejer una red de más de 150 negocios bike-friendly, grupos ciudadanos y organizaciones artísticas que comparten la misión de promover un uso seguro de las bicis en los barrios. Más allá de luchar por más kilómetros de carriles bici o por una adecuada adaptación en el uso conjunto de los transportes públicos, han optado por la vía humana y le han dado, además, un cariz económico.

La iniciativa, a la que Transalt ha bautizado como Bike Friendly Business District, otorga venatajas a los comerciantes que dan facilidades a los ciclistas. “Gracias a los dueños de las tiendas, los ciclistas disfrutan de eventos y descuentos en restaurantes, teatros y comercios”, explica Miller Nuttle, uno de los impulsores de la iniciativa. Según Transalt, los comerciantes de todo el país se están dando cuenta del valor añadido que suponen unas calles llenas de ciclistas. “Las calles que priorizan a peatones y bicicletas han aumentado las ventas entre un 10 y un 35 %”, señala Nuttle.

Según el portavoz de la organización que trabaja para la difusión de medios de transporte sostenibles, los propietarios de las tiendas saben que las bicicletas significan negocio. “Hacen a los barrios más vibrantes y amigables”. Los interesados en participar pueden solicitar infraestructuras como aparcamientos para los ciclos, pueden ofrecer información acerca de seguridad vial o dar descuentos a aquellos que lleguen en bicicleta. Todo suma en el intento de instalar en la conciencia colectiva el sentimiento de aceptación ciclista.

Nuttle explica que Nueva York está dando grandes pasos para convertirse en una ciudad de bicis a nivel mundial. Las organizaciones comunitarias y las autoridades locales están, según señala, ofreciendo un importante apoyo en esta labor. El hito más importante en los últimos años se alcanzará en marzo de 2013, cuando la ciudad estadounidense lance Citi Bike, su servicio municipal de alquiler de bicicletas, que pondrá en las calles de la ciudad del Hudson más de 10.000 máquinas en los barrios de Manhattan, Brooklyn y Queens.

Lo que parecía complicado, que un núcleo urbano mastodóntico con un clima con extremos incómodos pudiera acoger vehículos sin motor de manera masiva, ha dejado de ser una utopía. Aún quedan pasos por dar. Como cuenta Miller Nuttle, “estamos insistiendo a la policía para que sea más dura con los conductores peligrosos e investigue con más insistencia los casos de atropello a ciclistas ya que hemos tomado el buen camino para crear calles más saludables para todos los neoyorquinos”.

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