21 de octubre 2020    /   CINE/TV
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‘Newtopia’: por qué el chamán se hizo peón de obra

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Audun Amundsen quería llegar al lugar más alejado y virgen de la influencia occidental que hubiese en la Tierra. Creyó encontrarlo en un archipiélago de Sumatra, en Indonesia. No era cierto, o al menos no lo fue durante mucho tiempo. Allí convivió, durante un mes, con «un grupo de bárbaros cazadores de monos», como les llamaban los lugareños. Eran los mentawai, una de las cinco mil tribus indígenas que habitan el planeta. Amundsen descubrió que, ciertamente, cazaban monos, pero que no eran, ni mucho menos, bárbaros. Aprendió su lenguaje, apreció su cultura y se hizo amigo de Aman Paksa, el chamán del pueblo. Quedó en volver a verles.

Lo hizo dos años después, cargado con un equipo de cámaras y placas solares para grabar un documental. Quería registrar la pureza de una cultura ignota. Acabó documentando su decadencia. El resultado es Newtopia, la sugerente película que inaugura Another Way Film Festival (y que puede verse tanto en cines como en la plataforma del festival).

La cosa empieza mal. Ya desde su regreso, Amundsen nota que la tribu ha experimentado ciertos cambios, introduciendo utensilios occidentales en su día a día. En los primeros minutos de metraje confiesa al espectador: «No estoy entusiasmado con todo el plástico y la ropa que han comprado. Aunque su estilo de vida es esencialmente el mismo, encuentro que arruina mi película». Lo cierto es que ver al chamán cortando leña en taparrabos y katiuskas, con un piti en la boca, produce una sensación de desencaje cuando no cierta hilaridad. Pero, lejos de arruinar la película, la dota de profundidad.

Amundsen grabó 400 horas de metraje durante 15 años. En este tiempo asistió a la difuminación del estilo de vida mentawai, a su fagocitación en pos del progreso y la riqueza. Lo hizo con cierta impotencia, pero también con pasividad. «Es que tampoco creo que tenga derecho a negarles ese avance», explica en una entrevista vía email. El cineasta noruego es realista y consciente de que este es un dilema complejo. Los pueblos indígenas son los más vulnerables y marginados en todo el mundo. El 33% de las personas en situación de pobreza rural extrema pertenecen a comunidades indígenas. Por eso nadie puede extrañarse de que quieran una mayor riqueza para sus gentes.

La de Newtopia es la historia de una tribu que abandona sus costumbres en busca de un porvenir mejor. Pronto la imagen inicial, la de Aman Paksa en taparrabos, con botas, cortando ramas con su hacha es sustituida por otra en la que el chamán porta una motosierra. Después adecenta su aspecto con camisetas y pantalones, más tarde se corta el pelo porque su hija le dice que en la ciudad se van a reír de él.

La ciudad. Aunque apenas aparecen grandes urbes, solo al final del relato, la sombra de la vida urbana se proyecta larga y pesada sobre la jungla. Esta se hace más patente cuando los mentawai cambian los remos de sus canoas por motores chinos. Entonces los clanes pueden acercarse a comerciar a Muara Siberut, una aldea costera donde las carreteras están hechas de cemento y coral (no es una licencia poética, es tristemente real) y la chatarra se acumula en cada esquina. «Es la basura del mundo moderno lo que llega antes», lamenta el cineasta.

Este momento es señalado como punto de inflexión en la colonización cultural de la tribu. «No esperaba que sucediera tan rápido. Trajeron torres de teléfonos móviles, electricidad, televisión y bancos. Los clanes de la jungla vieron que se estaban quedando atrás y querían ponerse al día». En ese momento, era 2007, Amundsen se dio cuenta de que el alcance de su proyecto cinematográfico había cambiado: «Estaba documentando un cambio de paradigma cultural en tiempo real».

De esta manera, el cineasta documentó cómo varios miembros del clan, buscando dinero, cambiaron los arcos por los martillos y se dirigieron a la ciudad, convertidos en una curiosa cuadrilla de obra. Vemos así la mutación de Aman Paksa de chamán a chapuzas. Sus estragos para entender cómo funciona el sistema capitalista y para adaptarse a un mundo frenético que no entiende. Pero del que quiere formar parte.

Newtopia cuenta una historia chiquitita derivada de un fenómeno enorme: la globalización. Lo hace, no puede ser de otra forma, desde una óptica occidental. Pero Amundsen pasó un total de 15 años entre los aborígenes, conoce el otro lado de la historia y lo refleja en toda su crudeza. «Parece que la humanidad se está moviendo hacia un denominador común», explica cuando se le pide que resuma su experiencia. «Espero que dejemos espacio para una evolución sociocultural multilineal en lugar de una unilineal. Pero parece que la diversidad se está reduciendo en todos los niveles».

Audun Amundsen cree que esta historia se puede extrapolar a las que acontecen en otras regiones. «Hay muchas similitudes y diferencias en cada país», explica. «Al menos, lo que tienen en común todas las sociedades tradicionales del mundo es que se enfrentan a la explotación y el abuso».

Newtopia se está estrenando en pantallas de todo el mundo. Amundsen está preparando una charla TEDx para contar su experiencia y denunciar la desaparición de diversas culturas a manos de la globalización. Pero quizá el mayor logro de la película, lo que más ilusión le ha hecho al autor, es la aprobación de su amigo y protagonista. «Visité a Aman Paksa la última vez en 2019, y vimos juntos el montaje final de Newtopia. Le ha gustado mucho y está orgulloso de lo que hemos hecho», reconoce el director. Habla con él de vez en cuando, a través de WhatsApp. Ha encontrado un buen terreno en la jungla. Quiere mudarse de nuevo y recuperar su antigua vida.

Another Way Film Festival es un festival cinematográfico sobre progreso sostenible. Celebra su sexta edición del 22 al 29 de octubre en la Cineteca de Madrid, los cines Golem y la Sala Equis de Madrid, además de Filmin y la plataforma online del festival.

 

Audun Amundsen quería llegar al lugar más alejado y virgen de la influencia occidental que hubiese en la Tierra. Creyó encontrarlo en un archipiélago de Sumatra, en Indonesia. No era cierto, o al menos no lo fue durante mucho tiempo. Allí convivió, durante un mes, con «un grupo de bárbaros cazadores de monos», como les llamaban los lugareños. Eran los mentawai, una de las cinco mil tribus indígenas que habitan el planeta. Amundsen descubrió que, ciertamente, cazaban monos, pero que no eran, ni mucho menos, bárbaros. Aprendió su lenguaje, apreció su cultura y se hizo amigo de Aman Paksa, el chamán del pueblo. Quedó en volver a verles.

Lo hizo dos años después, cargado con un equipo de cámaras y placas solares para grabar un documental. Quería registrar la pureza de una cultura ignota. Acabó documentando su decadencia. El resultado es Newtopia, la sugerente película que inaugura Another Way Film Festival (y que puede verse tanto en cines como en la plataforma del festival).

La cosa empieza mal. Ya desde su regreso, Amundsen nota que la tribu ha experimentado ciertos cambios, introduciendo utensilios occidentales en su día a día. En los primeros minutos de metraje confiesa al espectador: «No estoy entusiasmado con todo el plástico y la ropa que han comprado. Aunque su estilo de vida es esencialmente el mismo, encuentro que arruina mi película». Lo cierto es que ver al chamán cortando leña en taparrabos y katiuskas, con un piti en la boca, produce una sensación de desencaje cuando no cierta hilaridad. Pero, lejos de arruinar la película, la dota de profundidad.

Amundsen grabó 400 horas de metraje durante 15 años. En este tiempo asistió a la difuminación del estilo de vida mentawai, a su fagocitación en pos del progreso y la riqueza. Lo hizo con cierta impotencia, pero también con pasividad. «Es que tampoco creo que tenga derecho a negarles ese avance», explica en una entrevista vía email. El cineasta noruego es realista y consciente de que este es un dilema complejo. Los pueblos indígenas son los más vulnerables y marginados en todo el mundo. El 33% de las personas en situación de pobreza rural extrema pertenecen a comunidades indígenas. Por eso nadie puede extrañarse de que quieran una mayor riqueza para sus gentes.

La de Newtopia es la historia de una tribu que abandona sus costumbres en busca de un porvenir mejor. Pronto la imagen inicial, la de Aman Paksa en taparrabos, con botas, cortando ramas con su hacha es sustituida por otra en la que el chamán porta una motosierra. Después adecenta su aspecto con camisetas y pantalones, más tarde se corta el pelo porque su hija le dice que en la ciudad se van a reír de él.

La ciudad. Aunque apenas aparecen grandes urbes, solo al final del relato, la sombra de la vida urbana se proyecta larga y pesada sobre la jungla. Esta se hace más patente cuando los mentawai cambian los remos de sus canoas por motores chinos. Entonces los clanes pueden acercarse a comerciar a Muara Siberut, una aldea costera donde las carreteras están hechas de cemento y coral (no es una licencia poética, es tristemente real) y la chatarra se acumula en cada esquina. «Es la basura del mundo moderno lo que llega antes», lamenta el cineasta.

Este momento es señalado como punto de inflexión en la colonización cultural de la tribu. «No esperaba que sucediera tan rápido. Trajeron torres de teléfonos móviles, electricidad, televisión y bancos. Los clanes de la jungla vieron que se estaban quedando atrás y querían ponerse al día». En ese momento, era 2007, Amundsen se dio cuenta de que el alcance de su proyecto cinematográfico había cambiado: «Estaba documentando un cambio de paradigma cultural en tiempo real».

De esta manera, el cineasta documentó cómo varios miembros del clan, buscando dinero, cambiaron los arcos por los martillos y se dirigieron a la ciudad, convertidos en una curiosa cuadrilla de obra. Vemos así la mutación de Aman Paksa de chamán a chapuzas. Sus estragos para entender cómo funciona el sistema capitalista y para adaptarse a un mundo frenético que no entiende. Pero del que quiere formar parte.

Newtopia cuenta una historia chiquitita derivada de un fenómeno enorme: la globalización. Lo hace, no puede ser de otra forma, desde una óptica occidental. Pero Amundsen pasó un total de 15 años entre los aborígenes, conoce el otro lado de la historia y lo refleja en toda su crudeza. «Parece que la humanidad se está moviendo hacia un denominador común», explica cuando se le pide que resuma su experiencia. «Espero que dejemos espacio para una evolución sociocultural multilineal en lugar de una unilineal. Pero parece que la diversidad se está reduciendo en todos los niveles».

Audun Amundsen cree que esta historia se puede extrapolar a las que acontecen en otras regiones. «Hay muchas similitudes y diferencias en cada país», explica. «Al menos, lo que tienen en común todas las sociedades tradicionales del mundo es que se enfrentan a la explotación y el abuso».

Newtopia se está estrenando en pantallas de todo el mundo. Amundsen está preparando una charla TEDx para contar su experiencia y denunciar la desaparición de diversas culturas a manos de la globalización. Pero quizá el mayor logro de la película, lo que más ilusión le ha hecho al autor, es la aprobación de su amigo y protagonista. «Visité a Aman Paksa la última vez en 2019, y vimos juntos el montaje final de Newtopia. Le ha gustado mucho y está orgulloso de lo que hemos hecho», reconoce el director. Habla con él de vez en cuando, a través de WhatsApp. Ha encontrado un buen terreno en la jungla. Quiere mudarse de nuevo y recuperar su antigua vida.

Another Way Film Festival es un festival cinematográfico sobre progreso sostenible. Celebra su sexta edición del 22 al 29 de octubre en la Cineteca de Madrid, los cines Golem y la Sala Equis de Madrid, además de Filmin y la plataforma online del festival.

 

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