fbpx
24 de enero 2012    /   IDEAS
por
 

Ni capitalismo ni comunismo: economía del bien común

24 de enero 2012    /   IDEAS     por          
Compártelo twitter facebook whatsapp
thumb image

En los tiempos (económicamente) difíciles en los que estamos viviendo muchos ciudadanos nos vemos “atrapados” (entre comillas) entre dos conceptos distintos y radicalizados de la sociedad, dos formas conceptualmente divergentes de entender los recursos, el dinero y todo lo que ello conlleva. Por un lado, el capitalismo, que nos garantiza (supuestamente) ejercer con libertad creciente toda nuestra potencialidad económica pero parece abocarnos a la desigualdad más profunda. Por el otro, la economía comunista, que parece que elimina (o va, al menos, limando) esas diferencias, a costa de coartar libertades y, al mismo tiempo, generar menos capacidad productiva.

La mayoría de la gente se posiciona más o menos en uno de esos dos extremos mientras se pregunta: ¿No habrá una tercera vía? ¿Algo que combata los prejuicios y elimine esa duplicidad absoluta combinando ambos principios?

Para Christian Felber la respuesta se llama ‘economía del bien común’ y es una propuesta formal que cuenta con la bendición de Attac. La idea no es nada novedosa. Eso de crear una organización económica capaz de hacernos crecer integralmente como personas es casi tan vieja como el mismo dinero. Pero la forma de estructurarla sí parece ser un paso más para conseguir esa economía más humana con la que (casi) todos soñamos.

En concreto, la idea de Felber consiste en encontrar factores capaces de medir cómo una empresa ayuda a generar ‘bien común’. Es decir, poder puntuarla en función de su respeto hacia la sostenibilidad ambiental, la dignidad humana, la solidaridad, la justicia social, la participación democrática y la transparencia, en relación a toda su actividad económica y a todos sus grupos de contacto, empleados, suministradores, clientes y el entorno social. De esta forma nace lo que llama el ‘balance del bien común’, que se antepone, o superpone, al balance económico empresarial.

Una empresa puede tener de 0 a 1.000 puntos de bien común, lo que significa que un comprador, si conociese este dato, puede saber no solo lo que está comprando, sino cómo ese producto revierte valor en su entorno. Si la empresa tiene un buen balance significa que un ciudadano, con su compra, contribuye a generar algo más que riqueza monetaria. Si la empresa tiene un balance pobre, el comprador estaría invitado a pasarse a otro producto, porque, si no lo hace, estaría ayudando a que, socialmente, su compra reste en vez de sumar.

Pero la idea no se queda ahí. Lo que esta acción pretende es la implicación de los estados. Si éstos aceptan este modelo, u otro similar que pudiera surgir, la idea sería incentivar, con ayudas, esta vez sí, económicas, a las mejores empresas (pagar menos impuestos, menos tarifas aduaneras, obtener créditos a menor interés…), y de perjudicar a las que sean peores. De esta forma, los productos más éticos y justos acabarían siendo más baratos, y, por tanto, más competitivos, lo que significa justamente lo contrario de lo que ocurre actualmente. Chistian lo dice con claridad: discriminación entre empresas en función de cómo se comporten.

Parece una utopía, y, en cierta forma, lo es. Sin embargo, ya se está aplicando, y con un cierto éxito. Más de 300 empresas apoyan este proceso. De ellas, 120, en 4 países, implementan el balance del bien común como una parte de su actividad empresarial. Obviamente, de forma voluntaria, y de manera puramente incipiente. Pero es así como comienzan las cosas.

Felder explica aquí su idea con más detalle.

En los tiempos (económicamente) difíciles en los que estamos viviendo muchos ciudadanos nos vemos “atrapados” (entre comillas) entre dos conceptos distintos y radicalizados de la sociedad, dos formas conceptualmente divergentes de entender los recursos, el dinero y todo lo que ello conlleva. Por un lado, el capitalismo, que nos garantiza (supuestamente) ejercer con libertad creciente toda nuestra potencialidad económica pero parece abocarnos a la desigualdad más profunda. Por el otro, la economía comunista, que parece que elimina (o va, al menos, limando) esas diferencias, a costa de coartar libertades y, al mismo tiempo, generar menos capacidad productiva.

La mayoría de la gente se posiciona más o menos en uno de esos dos extremos mientras se pregunta: ¿No habrá una tercera vía? ¿Algo que combata los prejuicios y elimine esa duplicidad absoluta combinando ambos principios?

Para Christian Felber la respuesta se llama ‘economía del bien común’ y es una propuesta formal que cuenta con la bendición de Attac. La idea no es nada novedosa. Eso de crear una organización económica capaz de hacernos crecer integralmente como personas es casi tan vieja como el mismo dinero. Pero la forma de estructurarla sí parece ser un paso más para conseguir esa economía más humana con la que (casi) todos soñamos.

En concreto, la idea de Felber consiste en encontrar factores capaces de medir cómo una empresa ayuda a generar ‘bien común’. Es decir, poder puntuarla en función de su respeto hacia la sostenibilidad ambiental, la dignidad humana, la solidaridad, la justicia social, la participación democrática y la transparencia, en relación a toda su actividad económica y a todos sus grupos de contacto, empleados, suministradores, clientes y el entorno social. De esta forma nace lo que llama el ‘balance del bien común’, que se antepone, o superpone, al balance económico empresarial.

Una empresa puede tener de 0 a 1.000 puntos de bien común, lo que significa que un comprador, si conociese este dato, puede saber no solo lo que está comprando, sino cómo ese producto revierte valor en su entorno. Si la empresa tiene un buen balance significa que un ciudadano, con su compra, contribuye a generar algo más que riqueza monetaria. Si la empresa tiene un balance pobre, el comprador estaría invitado a pasarse a otro producto, porque, si no lo hace, estaría ayudando a que, socialmente, su compra reste en vez de sumar.

Pero la idea no se queda ahí. Lo que esta acción pretende es la implicación de los estados. Si éstos aceptan este modelo, u otro similar que pudiera surgir, la idea sería incentivar, con ayudas, esta vez sí, económicas, a las mejores empresas (pagar menos impuestos, menos tarifas aduaneras, obtener créditos a menor interés…), y de perjudicar a las que sean peores. De esta forma, los productos más éticos y justos acabarían siendo más baratos, y, por tanto, más competitivos, lo que significa justamente lo contrario de lo que ocurre actualmente. Chistian lo dice con claridad: discriminación entre empresas en función de cómo se comporten.

Parece una utopía, y, en cierta forma, lo es. Sin embargo, ya se está aplicando, y con un cierto éxito. Más de 300 empresas apoyan este proceso. De ellas, 120, en 4 países, implementan el balance del bien común como una parte de su actividad empresarial. Obviamente, de forma voluntaria, y de manera puramente incipiente. Pero es así como comienzan las cosas.

Felder explica aquí su idea con más detalle.

Compártelo twitter facebook whatsapp
¿Tiene sentido luchar por una frontera en un mundo cada vez más virtual?
Problemas sexuales del siglo XXI
Tu nombre te marca mucho más de lo que imaginas
Democracia productiva: el ciudadano fabricante
 
Especiales
 
facebook twitter whatsapp
Opiniones 13
  • Me pregunto, por qué ahora? Donde estaban todos los «nuevos economistas» y sus promotores durante los últimos 80 años después de la gran depresión de 1930? No estoy diciendo que la idea sea mala, pero como garantía de sus «buenas intenciones», los países que promuevan o se adhieran a este nuevo modelo deberían TRANSFERIR A TITULO GRATUITO TODA SU TECNOLOGÍA con todos los países que no la tengan. Entonces todos estaremos en condiciones mas o menos iguales para hablar de «bién comun», de otra manera la idea podría interpretarse como «proteccionismo» del status quo.

  • Es necesario el debate sobre nuevos modelos de desarrollo responsables, una economia social de mercado adaptada a la globalización actual
    Si queréis aportar mas reflexiones al debate:
    ‘barcelona@economia-del-bien-comun.org’

  • Esto de la economía del bien común es una idea muy bonita,igual que lo de la banca ética,que sólo pretende ser un medio más de ganarse la vida unos cuantos listillos vendiendo engaños disfrazados de esperanza.Es una pena que haya tanto vividor suelto que se aproveche de la ingenuidad de la buena gente.
    Si disfrazas a una mono,aunque sea de seda,mono se queda,eso si,más bonita.

  • Valores Comunes de la Humanidad
    Ni capitalismo ni comunismo: economía del bien común Cristian Felder y su idea.

    para que no sea otra idea, sin más, considero que los niños y los abuelos de las distintas comunidades de los 5 Continentes, habrían de debatir abiertamente sobre la economía del bien común.

    Hace años que voy persiguiendo a pro-hombres de Andorra, con la esperanza de ilusionarlos, para crear una pelicula, una serie de dibujos animados, un juego, un concurso de televisión, donde conjuntamente niños y abuelos de los 5 continentes compitan por definir los valores del bien común.

    Ojala alguien lea este comentario y se pueda conseguir.

    Un mundo más justo, es posible, y nos toca luchar por conseguirlo

  • Deja un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *