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30 de agosto 2016    /   ENTRETENIMIENTO
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Niceballs: un dispositivo para tocarse las pelotas que puede aumentar el rendimiento laboral

30 de agosto 2016    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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Tocarse las pelotas puede ser muy productivo. Hasta ahora siempre se ha hablado de ese acto con gran descrédito: «Mira el tío, ahí, tocándose las pelotas». Era un reproche por no hacer nada de provecho, pero, al contrario de lo que se piensa, esa acción puede ser muy beneficiosa. Para el que lo hace y para su empresa.

«Tocarse las pelotas es necesario. Incluso beneficioso, si uno sabe administrarse», explica Antonio Piñero, director de Imaginarte. «De ahí que hayamos establecido una relación directa entre dos expresiones: ‘tocarse las pelotas’ y ‘dejarse las pelotas’. La primera es una condición sine qua non para ser eficiente en la segunda».

Niceballs

Piñero asegura que para eso se inventaron las vacaciones: el descanso permite que una persona reúna fuerzas para, después, trabajar más y mejor. Pero el tiempo que transcurre entre unas vacaciones y otras puede ser muy largo. Había que encontrar una fórmula para poder tocarse las pelotas de nuevo sin tener que esperar ni al fin de semana ni a la navidad.

En Imaginarte empezaron a darle vueltas al asunto y llegaron a la conclusión de que tenía que ser un dispositivo que «introdujera esos momentos de ‘desconexión’ en el propio entorno laboral de una manera sencilla y divertida». Y así dieron con el hallazgo: Niceballs.

Esta agencia define el invento como «un complemento protésico pendulante que se adhiere a la mesa de trabajo de una manera sencilla, discreta y eficiente. Su índice de suspensión genera una curva euclídea que relaja y proporciona esos segundos de evasión que todos necesitamos de vez en cuando».

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La idea surgió unos meses antes de vacaciones. Sabían que a la vuelta, lo que más echarían de menos sería, precisamente, tocarse las pelotas. «Todo es trabajo acumulado y tensión. Nuestro objetivo es llegar a un difícil equilibrio: poder seguir siendo productivo mientras te tocas pelotas, literalmente», indica Piñero.

Empezaron a investigar la base teórica de este dispositivo y hallaron un estudio que asegura que «ciertos momentos de inactividad son cruciales para sintetizar, digerir y dar forma a nuevas ideas y experiencias». Pero la vida actual apenas deja espacio para esas ocasiones en que la mente no está ocupada en ninguna actividad concreta.

La investigación es de la Universidad de Wisconsin. «¡Precisamente la universidad en la que siempre pensamos cuando hablamos de un estudio falso y traído por los pelos!», exclama Piñero. «Así que, independientemente de la fiabilidad del artículo y del estudio, nos hizo gracia mencionarlo. Y ojo, que eso no es todo: en él también se menciona la Universidad de California. ¡2×1!».

Esta compañía de Alicante sabía que Raúl Rodríguez-Romeo, uno de los ingenieros de efectos visuales de Gravity, una película galardonada con siete Oscars, vivía por esa zona. Un día le llamaron para contarle la idea. Era la primera persona a quien se lo contaban y la respuesta fue sorprendente. «Le hizo mucha gracia y ese mismo día se puso a trabajar», relata el director de Imaginarte. «Le contamos cómo imaginábamos las NiceBalls y él se comprometió a tener un primer diseño en 3D en pocos días. Después esculpió el molde original, sugirió los materiales y fabricó los primeros prototipos».

Uno de los temas más escabrosos en el proceo de producción del prototipo fue decidir el tamaño. «Cuando un objeto se basa en una referencia real (un escroto humano, en este caso), es necesario descontextualizarlo para convertirlo en otra cosa y darle un uso distinto. El tema de las proporciones es peliagudo», apunta Piñero. «Encontrar el punto de equilibrio entre la sensación que buscábamos en mano y que las NiceBalls siguieran recordando a lo que tenían que recordar, pese a tener un tamaño distinto, fue un pequeño reto». Debatieron mucho. Pensaron durante días. Y, al final, ante las incesantes dudas, confiaron en lo que dijeron las mujeres de la agencia: «Curiosamente, todas prefirieron tirar por el tamaño más grande».

Otro asunto truculento fue determinar qué percepción tendría una persona al tocar las Niceballs. «Los tests de tacto tuvieron mucho que ver con los tests de tamaño», explica. Establecieron dos opciones. Una, «tirar por el hiperrealismo e intentar replicar el auténtico tacto de un escroto real». Dos, «optar por un tacto distinto, pero que resultara agradable y ‘terapéutico’». Al final se decidieron por el segundo. «En general, a la gente le gustaba el tema de acariciar el escroto desde una perspectiva más abstracta y les daba algo de reparo un tacto demasiado real».

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A la vuelta de vacaciones, esta agencia creativa se convertirá por unos días en un taller maker. Entre todos los empleados fabricarán de modo artesanal las Niceballs. Apenas serán unas pocas. Es una cortísima edición limitada destinada a «una serie de potenciales early adopters», indica Piñero. «Gente que, por su condición de currante, por su forma de pensar o por su mindset general, pueden estar en sintonía con la idea. La lista es amplia y variopinta: vamos a intentar hacérselo llegar a personas como Ferrán Adriá, Clara Lago, Matilde Asensi, Mireia Belmonte, la reina Letizia, Amancio Ortega, Pérez Reverte, Buenafuente, Berto, Dani Rovira, Paco León, Emilio Duró, Pablo Motos, Dabiz Muñoz o Mario Vaquerizo».

Por el momento, no planean sacarlas a la venta. «Es el primer producto diseñado para nacer con las existencias totalmente agotadas», dicen. Esta idea cambiaría si, después de esta primera edición, tuviera muchas peticiones. «Si se genera una demanda importante, hablaremos con nuestros compañeros de El Taller de Piñero, que nos han ayudado a hacer realidad el diseño de Raúl Rodríguez Romeo», indica el director. «¡Ojalá en un futuro podamos ganarnos el pan vendiendo escrotos de silicona!».

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Tocarse las pelotas puede ser muy productivo. Hasta ahora siempre se ha hablado de ese acto con gran descrédito: «Mira el tío, ahí, tocándose las pelotas». Era un reproche por no hacer nada de provecho, pero, al contrario de lo que se piensa, esa acción puede ser muy beneficiosa. Para el que lo hace y para su empresa.

«Tocarse las pelotas es necesario. Incluso beneficioso, si uno sabe administrarse», explica Antonio Piñero, director de Imaginarte. «De ahí que hayamos establecido una relación directa entre dos expresiones: ‘tocarse las pelotas’ y ‘dejarse las pelotas’. La primera es una condición sine qua non para ser eficiente en la segunda».

Niceballs

Piñero asegura que para eso se inventaron las vacaciones: el descanso permite que una persona reúna fuerzas para, después, trabajar más y mejor. Pero el tiempo que transcurre entre unas vacaciones y otras puede ser muy largo. Había que encontrar una fórmula para poder tocarse las pelotas de nuevo sin tener que esperar ni al fin de semana ni a la navidad.

En Imaginarte empezaron a darle vueltas al asunto y llegaron a la conclusión de que tenía que ser un dispositivo que «introdujera esos momentos de ‘desconexión’ en el propio entorno laboral de una manera sencilla y divertida». Y así dieron con el hallazgo: Niceballs.

Esta agencia define el invento como «un complemento protésico pendulante que se adhiere a la mesa de trabajo de una manera sencilla, discreta y eficiente. Su índice de suspensión genera una curva euclídea que relaja y proporciona esos segundos de evasión que todos necesitamos de vez en cuando».

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La idea surgió unos meses antes de vacaciones. Sabían que a la vuelta, lo que más echarían de menos sería, precisamente, tocarse las pelotas. «Todo es trabajo acumulado y tensión. Nuestro objetivo es llegar a un difícil equilibrio: poder seguir siendo productivo mientras te tocas pelotas, literalmente», indica Piñero.

Empezaron a investigar la base teórica de este dispositivo y hallaron un estudio que asegura que «ciertos momentos de inactividad son cruciales para sintetizar, digerir y dar forma a nuevas ideas y experiencias». Pero la vida actual apenas deja espacio para esas ocasiones en que la mente no está ocupada en ninguna actividad concreta.

La investigación es de la Universidad de Wisconsin. «¡Precisamente la universidad en la que siempre pensamos cuando hablamos de un estudio falso y traído por los pelos!», exclama Piñero. «Así que, independientemente de la fiabilidad del artículo y del estudio, nos hizo gracia mencionarlo. Y ojo, que eso no es todo: en él también se menciona la Universidad de California. ¡2×1!».

Esta compañía de Alicante sabía que Raúl Rodríguez-Romeo, uno de los ingenieros de efectos visuales de Gravity, una película galardonada con siete Oscars, vivía por esa zona. Un día le llamaron para contarle la idea. Era la primera persona a quien se lo contaban y la respuesta fue sorprendente. «Le hizo mucha gracia y ese mismo día se puso a trabajar», relata el director de Imaginarte. «Le contamos cómo imaginábamos las NiceBalls y él se comprometió a tener un primer diseño en 3D en pocos días. Después esculpió el molde original, sugirió los materiales y fabricó los primeros prototipos».

Uno de los temas más escabrosos en el proceo de producción del prototipo fue decidir el tamaño. «Cuando un objeto se basa en una referencia real (un escroto humano, en este caso), es necesario descontextualizarlo para convertirlo en otra cosa y darle un uso distinto. El tema de las proporciones es peliagudo», apunta Piñero. «Encontrar el punto de equilibrio entre la sensación que buscábamos en mano y que las NiceBalls siguieran recordando a lo que tenían que recordar, pese a tener un tamaño distinto, fue un pequeño reto». Debatieron mucho. Pensaron durante días. Y, al final, ante las incesantes dudas, confiaron en lo que dijeron las mujeres de la agencia: «Curiosamente, todas prefirieron tirar por el tamaño más grande».

Otro asunto truculento fue determinar qué percepción tendría una persona al tocar las Niceballs. «Los tests de tacto tuvieron mucho que ver con los tests de tamaño», explica. Establecieron dos opciones. Una, «tirar por el hiperrealismo e intentar replicar el auténtico tacto de un escroto real». Dos, «optar por un tacto distinto, pero que resultara agradable y ‘terapéutico’». Al final se decidieron por el segundo. «En general, a la gente le gustaba el tema de acariciar el escroto desde una perspectiva más abstracta y les daba algo de reparo un tacto demasiado real».

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A la vuelta de vacaciones, esta agencia creativa se convertirá por unos días en un taller maker. Entre todos los empleados fabricarán de modo artesanal las Niceballs. Apenas serán unas pocas. Es una cortísima edición limitada destinada a «una serie de potenciales early adopters», indica Piñero. «Gente que, por su condición de currante, por su forma de pensar o por su mindset general, pueden estar en sintonía con la idea. La lista es amplia y variopinta: vamos a intentar hacérselo llegar a personas como Ferrán Adriá, Clara Lago, Matilde Asensi, Mireia Belmonte, la reina Letizia, Amancio Ortega, Pérez Reverte, Buenafuente, Berto, Dani Rovira, Paco León, Emilio Duró, Pablo Motos, Dabiz Muñoz o Mario Vaquerizo».

Por el momento, no planean sacarlas a la venta. «Es el primer producto diseñado para nacer con las existencias totalmente agotadas», dicen. Esta idea cambiaría si, después de esta primera edición, tuviera muchas peticiones. «Si se genera una demanda importante, hablaremos con nuestros compañeros de El Taller de Piñero, que nos han ayudado a hacer realidad el diseño de Raúl Rodríguez Romeo», indica el director. «¡Ojalá en un futuro podamos ganarnos el pan vendiendo escrotos de silicona!».

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  • Jaja, ¡Genial la propuesta! Cuanto menos muy ingeniosa y original. Sólo echo de menos una mano masculina por esas fotos, que esa expresión la llevan a la realidad más amenudo los chicos que las chicas ;P

  • Hoy me he tropezado con un libro precioso. «Recibe un fuerte abrazo» de Thich Nhat Hanh. Un libro BONITO. El colorido, la suavidad de sus páginas, sus breves y encantadores textos, la belleza de sus ilustraciones. Es un placer para todos los sentidos. !Bravo!!!!

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