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4 de octubre 2013    /   ENTRETENIMIENTO
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La muerte salada del lago Natron

4 de octubre 2013    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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Mucho antes de que existieran libros para contarlo, la sal se utilizaba para detener el tiempo, para conseguir conservar todo aquello que se usaría de alimento más tarde. La sal no entiende ni de vivos ni de muertos. Por eso, si algo se le pone por delante, lo guarda para siempre. Así ocurre en el lago Natron, al norte de Tanzania, donde la altísima concentración de cloruro de sodio ha permitido al fotógrafo Nick Brandt ser testigo del fenómeno y detener el tiempo, al igual que la sal, esta vez con su cámara. Existen algunos lugares que no son de este mundo. Sus condiciones son tan hostiles que actúan como un agujero negro capaz de absorber la vida y convertirla en nada. Uno de esos lugares es el lago salado Natron, en el que el alto índice Ph, la alta concentración en sal y las temperaturas, que alcanzan los 60 grados centígrados, lo convierten en un paraje del que ni siquiera se pretende salir. Allí, los flamencos pueden construir sus nidos con una sustancial rebaja de miedo a los depredadores, ya que muy pocos se atreven a frecuentar ese ecosistema.

El precio a pagar, sin embargo, es otro, y es el salado mineral el que se convierte en verdugo y poeta. La galería de especies recitada por la muerte constituyen un silencioso testimonio de que, tras la muerte, siempre queda algo que denota nuestro paso por el mundo. En este caso, que no siempre es así, el testimonio es físico. Pero también tétrico, áspero, amenazante. Sin vida, sin graznidos. Solo quietud.

El trabajo de Nick Brandt comprende, además de estas, otras especies animales africanas y, por suerte, la mayoría de ellas están vivas. Las fotos se recopilan en el libro Across the Ravaged Land, que ha editado Abrams Brooks.

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Visto en Bored Panda.

 

 

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Mucho antes de que existieran libros para contarlo, la sal se utilizaba para detener el tiempo, para conseguir conservar todo aquello que se usaría de alimento más tarde. La sal no entiende ni de vivos ni de muertos. Por eso, si algo se le pone por delante, lo guarda para siempre. Así ocurre en el lago Natron, al norte de Tanzania, donde la altísima concentración de cloruro de sodio ha permitido al fotógrafo Nick Brandt ser testigo del fenómeno y detener el tiempo, al igual que la sal, esta vez con su cámara. Existen algunos lugares que no son de este mundo. Sus condiciones son tan hostiles que actúan como un agujero negro capaz de absorber la vida y convertirla en nada. Uno de esos lugares es el lago salado Natron, en el que el alto índice Ph, la alta concentración en sal y las temperaturas, que alcanzan los 60 grados centígrados, lo convierten en un paraje del que ni siquiera se pretende salir. Allí, los flamencos pueden construir sus nidos con una sustancial rebaja de miedo a los depredadores, ya que muy pocos se atreven a frecuentar ese ecosistema.

El precio a pagar, sin embargo, es otro, y es el salado mineral el que se convierte en verdugo y poeta. La galería de especies recitada por la muerte constituyen un silencioso testimonio de que, tras la muerte, siempre queda algo que denota nuestro paso por el mundo. En este caso, que no siempre es así, el testimonio es físico. Pero también tétrico, áspero, amenazante. Sin vida, sin graznidos. Solo quietud.

El trabajo de Nick Brandt comprende, además de estas, otras especies animales africanas y, por suerte, la mayoría de ellas están vivas. Las fotos se recopilan en el libro Across the Ravaged Land, que ha editado Abrams Brooks.

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Visto en Bored Panda.

 

 

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