7 de diciembre 2017    /   CREATIVIDAD
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Cultura indígena para devolver una plaza a los vecinos

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«Fui» «Soy» «Seré». Las fachadas de los edificios que rodean la plaza de la Colonia Infonavit Independencia en Guadalajara (México) gritan ahora estas palabras tras el proyecto Nierika, llevado a cabo por Boa Mistura.

En enero de este año comenzaron con esta iniciativa en uno de los puntos más deprimidos de la zona. «La plaza tenía un gran potencial como lugar de encuentro entre los vecinos pero ninguno de ellos sentía aquel espacio como suyo», cuentan. Que estuviera tomado por el narcomenudeo tenía mucho que ver en esta situación.

Pero para Boa Mistura aquella plaza, además, era «un claro en mitad de la complexión laberíntica» en la que se articula el barrio. De ahí que, de todas las áreas propuestas por el ayuntamiento de la ciudad, eligieran Infonavit Independencia.

En total, 5.000 metros cuadrados, repartidos entre tres edificios, dos fachadas y el suelo de la plaza, serían intervenidos por el colectivo artístico. Antes de eso, se consultó a los vecinos sobre la línea de trabajo que debían seguir.

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La plaza, a principios de 2017
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Plaza de la Colonia Infovanit Independencia, a finales de noviembre

De las 10 propuestas con las que Boa Mistura había partido en su investigación inicial, la lista corta se redujo a dos: «Ambas tomaban como referencia la cultura wixàrika, pueblo indígena mayoritario en el área de Jalisco y los estados adyacentes. Una de las líneas de trabajo era más figurativa, la otra, la ganadora, era tipográfica». Cerca de 600 vecinos fueron llamados a las urnas. Nierika, la propuesta triunfadora, obtuvo cinco votos más que su rival.

«El niérika es el espejo transgeneracional de los wixàricas», cuenta Boa Mistura. «Una amalgama de energía que prolonga la sabiduría de los antepasados en las generaciones siguientes y las guía para construir el porvenir». El colectivo toma prestadas las palabras de la escritora Luz Chapela para completar su explicación:

El niérika permite a los wixaritari poner orden en su vida cotidiana, vivir en unidad en un mundo en el que, de otra manera, resultaría caótico e impredecible. También les permite relacionar el presente con el pasado, y, por esto mismo, les permite vivir con conciencia de su historia y saber que son ellos mismos los que habrán de diseñar su propio porvenir.

Las escenas pintadas en los edificios de la plaza representan dos de los principales instrumentos para acceder al niérika: «En las dos fachadas centrales aparece el hi’íkuri, como se denomina al peyote en la cultura wixárika. Su consumo ritual está asociado a la capacidad de ver, de entender el mundo desde las revelaciones divinas. Aporta una manera de entender el mundo mas allá de lo evidente». En el suelo de la plaza se recoge el Tsi+kri, un niérika de suma importancia.

«Cuenta la leyenda wixárika que Kayumarie, uno de los dioses de la creación, miró a través del Tsik+ri para ver el mundo en su totalidad, y saber qué era exactamente lo que quería que crear. También sirve de guía y como elemento de protección».

Durante la ejecución, realizada el pasado mes de noviembre, contrataron a cinco vecinos sin empleo para formar parte del equipo. A estos se sumaron otros muchos vecinos de manera desinteresada, así como un nutrido grupo de universitarios. «Cada día recibíamos entre 10 y 20 voluntarios de la Universidad de Guadalajara. Durante los días de trabajo, las diversas realidades de la ciudad se mezclaban con un objetivo en común y eso, tras un mes de convivencia, ha dejado un poso en todas ellas».

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La implicación del vecindario fue total desde el inicio de la intervención. «Muchos vecinos mostraban su apoyo al proyecto en la medida de sus posibilidades: facilitándonos agua para limpiar el material, ayudándonos a transportar herramientas y cubos de pintura, ofreciéndonos café, unos tacos o un rato de sombra en sus salones». La comunidad empatizó con la iniciativa desde el principio. Intuían que el proyecto les empoderaría.

«Aquel lugar oscuro al que los vecinos daban la espalda, hoy se ha transformado en una plaza donde los niños juegan fútbol, baloncesto o montan en bici, las señoras conversan alrededor de la cancha y riegan los jardines que la rodean. Han sido parte activa del cambio, y ello hace que lo quieran, lo cuiden y lo respeten».

«Una vez, en Sudáfrica –continúan— nos dijeron que el ser humano se comporta a imagen y semejanza de su entorno. Si lo que le rodea es basura y negatividad, dentro de él solo habrá eso. El entorno influye directamente en las personas que lo habitan. Por eso hacemos lo que hacemos, y por eso, creemos que nuestro trabajo índice de forma positiva».

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05_nierika_boamistura

11_nierika_boamistura

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15_nierika_boamistura

Además de la colaboración de vecinos y estudiantes y del Ayuntamiento de Guadalajara, la obra ha contado con el apoyo del Ayuntamiento de Madrid, de la Feria Internacional del libro de Guadalajara y la compañía Pinturas Prisa.

«Fui» «Soy» «Seré». Las fachadas de los edificios que rodean la plaza de la Colonia Infonavit Independencia en Guadalajara (México) gritan ahora estas palabras tras el proyecto Nierika, llevado a cabo por Boa Mistura.

En enero de este año comenzaron con esta iniciativa en uno de los puntos más deprimidos de la zona. «La plaza tenía un gran potencial como lugar de encuentro entre los vecinos pero ninguno de ellos sentía aquel espacio como suyo», cuentan. Que estuviera tomado por el narcomenudeo tenía mucho que ver en esta situación.

Pero para Boa Mistura aquella plaza, además, era «un claro en mitad de la complexión laberíntica» en la que se articula el barrio. De ahí que, de todas las áreas propuestas por el ayuntamiento de la ciudad, eligieran Infonavit Independencia.

En total, 5.000 metros cuadrados, repartidos entre tres edificios, dos fachadas y el suelo de la plaza, serían intervenidos por el colectivo artístico. Antes de eso, se consultó a los vecinos sobre la línea de trabajo que debían seguir.

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La plaza, a principios de 2017
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Plaza de la Colonia Infovanit Independencia, a finales de noviembre

De las 10 propuestas con las que Boa Mistura había partido en su investigación inicial, la lista corta se redujo a dos: «Ambas tomaban como referencia la cultura wixàrika, pueblo indígena mayoritario en el área de Jalisco y los estados adyacentes. Una de las líneas de trabajo era más figurativa, la otra, la ganadora, era tipográfica». Cerca de 600 vecinos fueron llamados a las urnas. Nierika, la propuesta triunfadora, obtuvo cinco votos más que su rival.

«El niérika es el espejo transgeneracional de los wixàricas», cuenta Boa Mistura. «Una amalgama de energía que prolonga la sabiduría de los antepasados en las generaciones siguientes y las guía para construir el porvenir». El colectivo toma prestadas las palabras de la escritora Luz Chapela para completar su explicación:

El niérika permite a los wixaritari poner orden en su vida cotidiana, vivir en unidad en un mundo en el que, de otra manera, resultaría caótico e impredecible. También les permite relacionar el presente con el pasado, y, por esto mismo, les permite vivir con conciencia de su historia y saber que son ellos mismos los que habrán de diseñar su propio porvenir.

Las escenas pintadas en los edificios de la plaza representan dos de los principales instrumentos para acceder al niérika: «En las dos fachadas centrales aparece el hi’íkuri, como se denomina al peyote en la cultura wixárika. Su consumo ritual está asociado a la capacidad de ver, de entender el mundo desde las revelaciones divinas. Aporta una manera de entender el mundo mas allá de lo evidente». En el suelo de la plaza se recoge el Tsi+kri, un niérika de suma importancia.

«Cuenta la leyenda wixárika que Kayumarie, uno de los dioses de la creación, miró a través del Tsik+ri para ver el mundo en su totalidad, y saber qué era exactamente lo que quería que crear. También sirve de guía y como elemento de protección».

Durante la ejecución, realizada el pasado mes de noviembre, contrataron a cinco vecinos sin empleo para formar parte del equipo. A estos se sumaron otros muchos vecinos de manera desinteresada, así como un nutrido grupo de universitarios. «Cada día recibíamos entre 10 y 20 voluntarios de la Universidad de Guadalajara. Durante los días de trabajo, las diversas realidades de la ciudad se mezclaban con un objetivo en común y eso, tras un mes de convivencia, ha dejado un poso en todas ellas».

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La implicación del vecindario fue total desde el inicio de la intervención. «Muchos vecinos mostraban su apoyo al proyecto en la medida de sus posibilidades: facilitándonos agua para limpiar el material, ayudándonos a transportar herramientas y cubos de pintura, ofreciéndonos café, unos tacos o un rato de sombra en sus salones». La comunidad empatizó con la iniciativa desde el principio. Intuían que el proyecto les empoderaría.

«Aquel lugar oscuro al que los vecinos daban la espalda, hoy se ha transformado en una plaza donde los niños juegan fútbol, baloncesto o montan en bici, las señoras conversan alrededor de la cancha y riegan los jardines que la rodean. Han sido parte activa del cambio, y ello hace que lo quieran, lo cuiden y lo respeten».

«Una vez, en Sudáfrica –continúan— nos dijeron que el ser humano se comporta a imagen y semejanza de su entorno. Si lo que le rodea es basura y negatividad, dentro de él solo habrá eso. El entorno influye directamente en las personas que lo habitan. Por eso hacemos lo que hacemos, y por eso, creemos que nuestro trabajo índice de forma positiva».

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Además de la colaboración de vecinos y estudiantes y del Ayuntamiento de Guadalajara, la obra ha contado con el apoyo del Ayuntamiento de Madrid, de la Feria Internacional del libro de Guadalajara y la compañía Pinturas Prisa.

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