19 de junio 2018    /   BUSINESS
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Nintendo Labo: A Nintendo se le ve el cartón

19 de junio 2018    /   BUSINESS     por          
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La posibilidad de que cuatro adultos pasen un viernes por la noche tirados en el suelo jugando con juguetes de cartón es bastante remota. Tirar adornos de las estanterías y material de oficina por el suelo para hacer una yincana y recorrerla con bichos de cartón que se mueven despacio no es el plan de viernes más normal para cuatro personas de ventimuchos. Sin embargo, esto ha ocurrido en el hogar del que firma este artículo. Y seguramente volverá a ocurrir, porque es divertidísimo.

Parte de la culpa la tienen los cuatro adultos citados en el párrafo anterior, seguramente. Pero los juguetes de cartón también tienen cierta responsabilidad. Nintendo Labo, el último invento loco de la compañía japonesa Nintendo, es un juego capaz de transformar a los adultos en niños. A algunos adultos, al menos.

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Antes de analizar el efecto Benjamin Button que produce Nintendo Labo, vamos a explicar brevemente qué es y cómo funciona. Labo es un videojuego para Nintendo Switch. Tiene un cartucho que se introduce en la consola y que funciona como cualquier otro. La diferencia es que viene acompañado de una caja enorme con numerosas planchas de cartón, pegatinas, gomas y cuerdas.

Con estos materiales se construyen los toy-con, unos periféricos de cartón que son necesarios para jugar a los juegos. El piano, la moto, la caña de pescar o el robot gigante son algunos de los toy-con que vienen en los kits de Labo. El cartucho del juego contiene las instrucciones para montar los periféricos y los juegos y los consejos para exprimirlos al máximo una vez los has acabado.

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Durante el montaje, se empieza a sentir la magia que hay en estos trozos de cartón. Por ejemplo: cada una de las teclas del piano tiene una pegatina reflectante en la parte de atrás; al pulsarla, la parte trasera se eleva y el visor de infrarrojos del mando de Nintendo Switch detecta qué tecla has pulsado y hace que suene la nota musical adecuada. Todo funciona de forma fluida. Parece que el cartón hace música.

Toy-con es un acrónimo formado por las palabras inglesas toy (juguete) y controller (mando). El nombre es una declaración de intenciones. Labo se juega como un juguete: tirado en el suelo, usando las manos, hablando, en grupo, imaginando. Nintendo fue una compañía juguetera antes de pasarse a los videojuegos y ese espíritu se ha mantenido en sus productos.

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Entonces, ¿Labo es un juguete o un videojuego? No está claro. Es un poco de cada cosa. O ninguna de las dos. Es un juguete que cobra vida con una consola. Es un videojuego que se maneja con juguetes de cartón. Es un taller para construir juguetes. Es una herramienta para inventar juegos. Montar los cacharros de Nintendo Labo es como hacer manualidades.

Jugar con el Antenauta, un bicho de cartón que se mueve aprovechando la vibración de los mandos, es como jugar con un juguete teledirigido. La moto de Nintendo Labo es un videojuego de carreras convencional que se controla con un manillar de cartón.

Labo lleva unas semanas en las tiendas y ya se han visto nuevas creaciones que aprovechan estas funciones del juego. Algunas de ellas están claramente promovidas por Nintendo, como la aparición de Ariana Grande en el programa de Jimmy Fallon actuando con una banda compuesta exclusivamente por instrumentos de Labo. Pianos, guitarras, bongos, un triángulo y una caña de pescar musical acompañaron a la cantante mientras interpretaba No tears left to cry.

Otras han salido de la comunidad. Los jugadores han fabricado nuevos instrumentos musicales, relojes, dioramas e incluso catapultas con Nintendo Labo. Una de las creaciones más impresionantes la realizó el investigador japonés Kentaro Yoshifuji, que consiguió que el manillar de la moto de cartón sirviese para conducir una silla de ruedas.

Según recoge la web especializada en videojuegos Kotaku, Yoshifuji es especialista en crear tecnología para sillas de ruedas y desarrolló esta modificación para un chaval de 13 años con una enfermedad de corazón que le impide caminar.

Hay tantas formas de jugar a Nintendo Labo como jugadores. Las historias que cuenta Nintendo Labo surgen a medio camino entre el contenido del cartucho y lo que el jugador se imagina mientras monta sus juguetes y juega con ellos. Las forma de interactuar con los toy-con en el mundo físico tiene consecuencias en el mundo que hay dentro de la pantalla. Y viceversa.

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En Nintendo Labo las fronteras entre el juguete y el videojuego son difusas. Cualquiera de las características que se explican en este artículo podrían aplicarse por igual a videojuegos y a juguetes.

¿Acaso no existen juguetes electrónicos en los que se mezcla lo analógico y lo digital? ¿No existen ya videojuegos que utilizan periféricos que parecen juguetes? ¿No es normal que cada jugador interprete y juegue a un videojuego a su manera? ¿Los niños y las niñas no se montan películas jugando con sus muñecos?

A lo mejor los juguetes y los videojuegos no son tan diferentes. A lo mejor todos los videojuegos son juguetes. Pero muchos videojuegos huyen de esa idea. Su objetivo es aparentar ser lo contrario a un juguete. Como si la idea de jugar fuera incompatible con tener una experiencia adulta y madura. Es una postura legítima, por supuesto.

Pero Nintendo tiene dos siglos de tradición juguetera. Ese trasfondo sigue muy presente en sus productos. El éxito que tuvieron con la Nintendo Wii o la Nintendo DS tiene que ver con inventar nuevas formas de jugar a videojuegos: tocando la pantalla, agitando el mando, como si fueran juguetes.

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Muchos de sus videojuegos están diseñados como juguetes. En los juegos de Super Mario todos los elementos del escenario producen ruidos, colores y luces cuando los tocas, como si fueran un parque de juegos infantiles. Con Nintendo Labo, no solo conservan esta idea, sino que le dan la vuelta. Se atreven a poner el juguete por delante del videojuego.

Y así es como se consigue que cuatro adultos pasen un viernes por la noche tirados en el suelo jugando con juguetes de cartón.

La posibilidad de que cuatro adultos pasen un viernes por la noche tirados en el suelo jugando con juguetes de cartón es bastante remota. Tirar adornos de las estanterías y material de oficina por el suelo para hacer una yincana y recorrerla con bichos de cartón que se mueven despacio no es el plan de viernes más normal para cuatro personas de ventimuchos. Sin embargo, esto ha ocurrido en el hogar del que firma este artículo. Y seguramente volverá a ocurrir, porque es divertidísimo.

Parte de la culpa la tienen los cuatro adultos citados en el párrafo anterior, seguramente. Pero los juguetes de cartón también tienen cierta responsabilidad. Nintendo Labo, el último invento loco de la compañía japonesa Nintendo, es un juego capaz de transformar a los adultos en niños. A algunos adultos, al menos.

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Antes de analizar el efecto Benjamin Button que produce Nintendo Labo, vamos a explicar brevemente qué es y cómo funciona. Labo es un videojuego para Nintendo Switch. Tiene un cartucho que se introduce en la consola y que funciona como cualquier otro. La diferencia es que viene acompañado de una caja enorme con numerosas planchas de cartón, pegatinas, gomas y cuerdas.

Con estos materiales se construyen los toy-con, unos periféricos de cartón que son necesarios para jugar a los juegos. El piano, la moto, la caña de pescar o el robot gigante son algunos de los toy-con que vienen en los kits de Labo. El cartucho del juego contiene las instrucciones para montar los periféricos y los juegos y los consejos para exprimirlos al máximo una vez los has acabado.

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Durante el montaje, se empieza a sentir la magia que hay en estos trozos de cartón. Por ejemplo: cada una de las teclas del piano tiene una pegatina reflectante en la parte de atrás; al pulsarla, la parte trasera se eleva y el visor de infrarrojos del mando de Nintendo Switch detecta qué tecla has pulsado y hace que suene la nota musical adecuada. Todo funciona de forma fluida. Parece que el cartón hace música.

Toy-con es un acrónimo formado por las palabras inglesas toy (juguete) y controller (mando). El nombre es una declaración de intenciones. Labo se juega como un juguete: tirado en el suelo, usando las manos, hablando, en grupo, imaginando. Nintendo fue una compañía juguetera antes de pasarse a los videojuegos y ese espíritu se ha mantenido en sus productos.

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Entonces, ¿Labo es un juguete o un videojuego? No está claro. Es un poco de cada cosa. O ninguna de las dos. Es un juguete que cobra vida con una consola. Es un videojuego que se maneja con juguetes de cartón. Es un taller para construir juguetes. Es una herramienta para inventar juegos. Montar los cacharros de Nintendo Labo es como hacer manualidades.

Jugar con el Antenauta, un bicho de cartón que se mueve aprovechando la vibración de los mandos, es como jugar con un juguete teledirigido. La moto de Nintendo Labo es un videojuego de carreras convencional que se controla con un manillar de cartón.

Labo lleva unas semanas en las tiendas y ya se han visto nuevas creaciones que aprovechan estas funciones del juego. Algunas de ellas están claramente promovidas por Nintendo, como la aparición de Ariana Grande en el programa de Jimmy Fallon actuando con una banda compuesta exclusivamente por instrumentos de Labo. Pianos, guitarras, bongos, un triángulo y una caña de pescar musical acompañaron a la cantante mientras interpretaba No tears left to cry.

Otras han salido de la comunidad. Los jugadores han fabricado nuevos instrumentos musicales, relojes, dioramas e incluso catapultas con Nintendo Labo. Una de las creaciones más impresionantes la realizó el investigador japonés Kentaro Yoshifuji, que consiguió que el manillar de la moto de cartón sirviese para conducir una silla de ruedas.

Según recoge la web especializada en videojuegos Kotaku, Yoshifuji es especialista en crear tecnología para sillas de ruedas y desarrolló esta modificación para un chaval de 13 años con una enfermedad de corazón que le impide caminar.

Hay tantas formas de jugar a Nintendo Labo como jugadores. Las historias que cuenta Nintendo Labo surgen a medio camino entre el contenido del cartucho y lo que el jugador se imagina mientras monta sus juguetes y juega con ellos. Las forma de interactuar con los toy-con en el mundo físico tiene consecuencias en el mundo que hay dentro de la pantalla. Y viceversa.

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En Nintendo Labo las fronteras entre el juguete y el videojuego son difusas. Cualquiera de las características que se explican en este artículo podrían aplicarse por igual a videojuegos y a juguetes.

¿Acaso no existen juguetes electrónicos en los que se mezcla lo analógico y lo digital? ¿No existen ya videojuegos que utilizan periféricos que parecen juguetes? ¿No es normal que cada jugador interprete y juegue a un videojuego a su manera? ¿Los niños y las niñas no se montan películas jugando con sus muñecos?

A lo mejor los juguetes y los videojuegos no son tan diferentes. A lo mejor todos los videojuegos son juguetes. Pero muchos videojuegos huyen de esa idea. Su objetivo es aparentar ser lo contrario a un juguete. Como si la idea de jugar fuera incompatible con tener una experiencia adulta y madura. Es una postura legítima, por supuesto.

Pero Nintendo tiene dos siglos de tradición juguetera. Ese trasfondo sigue muy presente en sus productos. El éxito que tuvieron con la Nintendo Wii o la Nintendo DS tiene que ver con inventar nuevas formas de jugar a videojuegos: tocando la pantalla, agitando el mando, como si fueran juguetes.

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Muchos de sus videojuegos están diseñados como juguetes. En los juegos de Super Mario todos los elementos del escenario producen ruidos, colores y luces cuando los tocas, como si fueran un parque de juegos infantiles. Con Nintendo Labo, no solo conservan esta idea, sino que le dan la vuelta. Se atreven a poner el juguete por delante del videojuego.

Y así es como se consigue que cuatro adultos pasen un viernes por la noche tirados en el suelo jugando con juguetes de cartón.

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