18 de febrero 2014    /   CREATIVIDAD
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El talibán de la línea recta

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Les pedimos que dejen sus sensibilidades religiosas aparte y traten de entender lo siguiente. Si a la peculiar relación entre lo divino y lo humano o entre lo natural y lo artificial se le pueden poner números, ¿por qué no iba a poder hacerse algo similar desde un prisma visual basado en la geometría?

El creador No Curves tiene un nombre. Sin embargo, prescindiremos de él por expreso deseo del interfecto. Devoto de las relaciones de pares, de las dualidades, piensa que en la que une al artista con la persona es el primero el que ha de imponerse. Al menos en su caso particular.

El artista italiano decidió emprender camino a través de la senda recta, literalmente. Su trabajo creativo se limita a la utilización de la línea sin curvas como medio de expresión. Además, su territorio está en la calle, su idioma es el arte urbano y sus palabras se construyen exclusivamente con cinta adhesiva. «Ese camino, esa línea recta es tu vida, es la voluntad decidida de llevar a cabo una idea», explica. «Para mí, la naturaleza es curva. Por el contrario, la intervención humana, lo artificial es la línea recta, que aliena todo lo natural».

Foto: Marco Montanari
Foto: Marco Montanari

A partir de esa visión del universo y el más allá, No Curves construye obras ricas a base de tiras cortas de cinta adhesiva. Es su propio trayecto de lo básico a lo complejo. «Para mi la cinta es muy instintiva. No me gusta pintar a pesar de que el concepto de creación sea similar. Cambia el medio y eso me ayuda».

Este amante del constructivismo ruso vive en constante movimiento sobre la línea que une Milán y Barcelona. La madurez le está haciendo trasladarse de las calles a la intervención sobre la arquitectura ya presente, ya moldeada por el hombre en los entornos urbanos. «Llevo siete años de trabajo y mi crítica y mi mundo son diferentes ahora. Cuando el mundo entra en decadencia los artistas se vuelven sucios, se hacen más abstractos», cuenta. «La línea me ayuda a mantenerme limpio».

No Curves no tiene planes de variar su manera de expresarse en un futuro próximo. La pureza, la verdad que encierra para sí el uso de las manos, le empuja a descartar cualquier tipo de injerencia creativa, sea analógica o digital. Se considera un artesano y no quiere moverse de esa posición.

Foto: Marco Montanari
Foto: Marco Montanari

El milanés hace ahora intervenciones en espacios cerrados y transforma los lugares provisto de su única arma, la cinta adhesiva. Esos lugares, al alcance de todo el mundo, son un reflejo de a dónde quiere llegar: a un estado en el que el arte rodee a todos, abrace a todos. El italiano piensa que, además, ejecuta así una especie de viaje en el tiempo que le ayuda a rescatar espacios en decadencia.

Lo bueno de luchar en lo dual, es que no se sabe si se hace a favor o en contra. No se sabe si el diálogo es básico o complejo. O, en realidad, sí se sabe. Pero lo bueno es que cualquier postura es correcta si es sincera.

NOCURVES_1_Matteo-Bandiello2013
Foto: Matteo Bandiello
NOCURVES_2_Matteo-Bandiello2013
Foto: Matteo Bandiello
Foto: Matteo Bandiello
Foto: Matteo Bandiello
Foto: Marco Montanari
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El creador No Curves tiene un nombre. Sin embargo, prescindiremos de él por expreso deseo del interfecto. Devoto de las relaciones de pares, de las dualidades, piensa que en la que une al artista con la persona es el primero el que ha de imponerse. Al menos en su caso particular.

El artista italiano decidió emprender camino a través de la senda recta, literalmente. Su trabajo creativo se limita a la utilización de la línea sin curvas como medio de expresión. Además, su territorio está en la calle, su idioma es el arte urbano y sus palabras se construyen exclusivamente con cinta adhesiva. «Ese camino, esa línea recta es tu vida, es la voluntad decidida de llevar a cabo una idea», explica. «Para mí, la naturaleza es curva. Por el contrario, la intervención humana, lo artificial es la línea recta, que aliena todo lo natural».

Foto: Marco Montanari
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A partir de esa visión del universo y el más allá, No Curves construye obras ricas a base de tiras cortas de cinta adhesiva. Es su propio trayecto de lo básico a lo complejo. «Para mi la cinta es muy instintiva. No me gusta pintar a pesar de que el concepto de creación sea similar. Cambia el medio y eso me ayuda».

Este amante del constructivismo ruso vive en constante movimiento sobre la línea que une Milán y Barcelona. La madurez le está haciendo trasladarse de las calles a la intervención sobre la arquitectura ya presente, ya moldeada por el hombre en los entornos urbanos. «Llevo siete años de trabajo y mi crítica y mi mundo son diferentes ahora. Cuando el mundo entra en decadencia los artistas se vuelven sucios, se hacen más abstractos», cuenta. «La línea me ayuda a mantenerme limpio».

No Curves no tiene planes de variar su manera de expresarse en un futuro próximo. La pureza, la verdad que encierra para sí el uso de las manos, le empuja a descartar cualquier tipo de injerencia creativa, sea analógica o digital. Se considera un artesano y no quiere moverse de esa posición.

Foto: Marco Montanari
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El milanés hace ahora intervenciones en espacios cerrados y transforma los lugares provisto de su única arma, la cinta adhesiva. Esos lugares, al alcance de todo el mundo, son un reflejo de a dónde quiere llegar: a un estado en el que el arte rodee a todos, abrace a todos. El italiano piensa que, además, ejecuta así una especie de viaje en el tiempo que le ayuda a rescatar espacios en decadencia.

Lo bueno de luchar en lo dual, es que no se sabe si se hace a favor o en contra. No se sabe si el diálogo es básico o complejo. O, en realidad, sí se sabe. Pero lo bueno es que cualquier postura es correcta si es sincera.

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Foto: Matteo Bandiello
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