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29 de marzo 2014    /   CREATIVIDAD
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Truffaut para blogueros

29 de marzo 2014    /   CREATIVIDAD     por          
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François Truffaut fue crítico de cine antes que director. En ambas profesiones dejó ejemplos sobre cómo trabajar que pueden interesar a currantes de la escritura.

Como crítico enseñó la práctica de la «crítica apreciativa», la crítica de las cosas que gustan. Truffaut solo escribió de películas que le gustaron. Su intención, heredada de Bazin —su mentor—, era promover el amor al cine. Y lo hizo con un estilo desenfado y entusiasta.
Truffaut reunió algunas críticas en el libro Las películas de mi vida, en el que también habló del oficio cinematográfico. En la introducción expuso qué actitudes debe tomar el cineasta, el artista, ante los resultados de su obra. (Realmente, es un pequeño listado sin explicaciones). Antes, Truffaut menciona la teoría de la mayonesa de Bazin:

Las películas, como la mayonesa, cuajan o no cuajan.

Esto significa que las películas no son buenas ni malas; las películas gustan, convencen o no.
Conforme a la teoría de la mayonesa, Truffaut escribió «cosas que hemos aprendido haciendo cine», también aplicables a la escritura. Algún lector quizá considere que Truffaut desalienta a futuros artistas. No es así; el director expone «cosas» que el artista debería asimilar tras finalizar una obra para concentrarse en la siguiente.

Los «consejos» de Truffaut

O cómo aprender a pasar página. Aquí están los consejos acompañados por imágenes del director. El resto del texto es libre interpretación.
El esfuerzo
A veces uno se sorprende diciendo: «Me he currado 3.000 palabras y lo han leído cuatro gatos», o «tres días en escribirlo y lo han puesto a parir con dos líneas… cuatro gatos». Estos pensamientos confunden el esfuerzo con los resultados. Dar vueltas sobre ellos podría llevar a dos caminos contrapuestos, ambos peligrosos:

  1. Por un lado, lleva a considerar que «no merece la pena el esfuerzo». Una actitud que podría traducirse en trabajos deslucidos y acabar con cualquier carrera.
  2. Por otro lado, lleva a pensar que «si me esfuerzo más podría triunfar…» Esto no tiene necesariamente por qué ser así y puede acabar con la salud. Hay un momento en que todo esfuerzo es baldío.

Todo trabajo requiere un esfuerzo, una atención y un tiempo concreto. Ni más ni menos. Uno sabe cuándo el trabajo está hecho; cuándo lo muestra al mundo mal acabado o lo retiene por miedo o para retocarlo hasta la extenuación.
Una cosa tonta
No hay ideas tontas: hay ideas que uno deja escapar… y que otros acaban haciendo. Lo que importa son las ganas de dar forma a la idea y el deseo de gritar al mundo: «¡Mirad!» También conviene recordar que la seriedad también puede ser hueca.
Con poca maña
En ocasiones uno carece de los conocimientos o las aptitudes necesarias para encarar ciertos temas. Esto no debería ser un impedimento para escribir sobre lo que uno desea. Truffaut es un ejemplo de esto: huye de lo académico y de lo formal, tanto como crítico como director. Las críticas de Truffaut son muy fáciles de leer y sus películas parecen desmañadas, pero en ellas hay honestidad, energía y un deseo de contar historias. Contar historias, contar la verdad. Ese debería ser el único propósito del que escribe.
Sinceridad
Has sido sincero y el mundo te llama MENTIROSO… Esto no puede preverse, ocurre. Puede que el lector tenga mala fe o que uno no haya sabido explicarse o que, a pesar del cuidado puesto, el malentendido sea inevitable. (Todo lo que pueda ser malinterpretado lo será). Uno puede defenderse, aunque esto a veces no funciona. En todo caso, la mejor idea es dar carpetazo y comenzar otra cosa.
Finalmente, uno debe pensar que la escritura es como la mayonesa: hay escritos que cuajan y escritos que no.
 

François Truffaut fue crítico de cine antes que director. En ambas profesiones dejó ejemplos sobre cómo trabajar que pueden interesar a currantes de la escritura.

Como crítico enseñó la práctica de la «crítica apreciativa», la crítica de las cosas que gustan. Truffaut solo escribió de películas que le gustaron. Su intención, heredada de Bazin —su mentor—, era promover el amor al cine. Y lo hizo con un estilo desenfado y entusiasta.
Truffaut reunió algunas críticas en el libro Las películas de mi vida, en el que también habló del oficio cinematográfico. En la introducción expuso qué actitudes debe tomar el cineasta, el artista, ante los resultados de su obra. (Realmente, es un pequeño listado sin explicaciones). Antes, Truffaut menciona la teoría de la mayonesa de Bazin:

Las películas, como la mayonesa, cuajan o no cuajan.

Esto significa que las películas no son buenas ni malas; las películas gustan, convencen o no.
Conforme a la teoría de la mayonesa, Truffaut escribió «cosas que hemos aprendido haciendo cine», también aplicables a la escritura. Algún lector quizá considere que Truffaut desalienta a futuros artistas. No es así; el director expone «cosas» que el artista debería asimilar tras finalizar una obra para concentrarse en la siguiente.

Los «consejos» de Truffaut

O cómo aprender a pasar página. Aquí están los consejos acompañados por imágenes del director. El resto del texto es libre interpretación.
El esfuerzo
A veces uno se sorprende diciendo: «Me he currado 3.000 palabras y lo han leído cuatro gatos», o «tres días en escribirlo y lo han puesto a parir con dos líneas… cuatro gatos». Estos pensamientos confunden el esfuerzo con los resultados. Dar vueltas sobre ellos podría llevar a dos caminos contrapuestos, ambos peligrosos:

  1. Por un lado, lleva a considerar que «no merece la pena el esfuerzo». Una actitud que podría traducirse en trabajos deslucidos y acabar con cualquier carrera.
  2. Por otro lado, lleva a pensar que «si me esfuerzo más podría triunfar…» Esto no tiene necesariamente por qué ser así y puede acabar con la salud. Hay un momento en que todo esfuerzo es baldío.

Todo trabajo requiere un esfuerzo, una atención y un tiempo concreto. Ni más ni menos. Uno sabe cuándo el trabajo está hecho; cuándo lo muestra al mundo mal acabado o lo retiene por miedo o para retocarlo hasta la extenuación.
Una cosa tonta
No hay ideas tontas: hay ideas que uno deja escapar… y que otros acaban haciendo. Lo que importa son las ganas de dar forma a la idea y el deseo de gritar al mundo: «¡Mirad!» También conviene recordar que la seriedad también puede ser hueca.
Con poca maña
En ocasiones uno carece de los conocimientos o las aptitudes necesarias para encarar ciertos temas. Esto no debería ser un impedimento para escribir sobre lo que uno desea. Truffaut es un ejemplo de esto: huye de lo académico y de lo formal, tanto como crítico como director. Las críticas de Truffaut son muy fáciles de leer y sus películas parecen desmañadas, pero en ellas hay honestidad, energía y un deseo de contar historias. Contar historias, contar la verdad. Ese debería ser el único propósito del que escribe.
Sinceridad
Has sido sincero y el mundo te llama MENTIROSO… Esto no puede preverse, ocurre. Puede que el lector tenga mala fe o que uno no haya sabido explicarse o que, a pesar del cuidado puesto, el malentendido sea inevitable. (Todo lo que pueda ser malinterpretado lo será). Uno puede defenderse, aunque esto a veces no funciona. En todo caso, la mejor idea es dar carpetazo y comenzar otra cosa.
Finalmente, uno debe pensar que la escritura es como la mayonesa: hay escritos que cuajan y escritos que no.
 

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