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30 de diciembre 2015    /   CREATIVIDAD
por
 

No tienes ni puta idea de internet… y lo sabes

30 de diciembre 2015    /   CREATIVIDAD     por          
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Sé sincero. Tu nivel de internet no está a la altura del de tu inglés o del paquete Microsoft Office. Tú sabes que, a diferencia de estos, el de internet no es medio, ni medio-alto. Más bien es nivel usuario, por no decir básico. Encender, Facebook, descargar, Facebook, chatear, porno, Facebook y apagar.

Utilizas internet, sí, pero eres incapaz de valorar la trascendencia de tus acciones. Te resulta imposible interpretar qué supone que hayas dado todos tus datos a una web de contactos. No sospechas que puedes estar siendo parte de un experimento sociológico o sirviendo de diversión a un genio de Silicon Valley.

Tampoco ponderas la magnitud de la crisis que podría suponer que Google Maps no funcione correctamente. Podrías viajar a conocer a tu nueva novia a Australia y morir deshidratado en un desierto… y no lo sabes.

No te preocupes. Noel Ceballos tiene la solución. Su nueva obra, Internet safari (Blackie Books, 2015), es un exhaustivo recorrido por el universo de la WWW que sienta las bases de lo que serán los ensayos sobre este nuevo medio y que plantea cosas que no son de ciencia ficción porque, además de ser ya una realidad, pocos autores de anticipación acertaron a aventurar.

Un libro que es aconsejable leer con una sola mano. La otra, mejor que esté en el ratón y el teclado para poder comprobar a tiempo real las teorías de Ceballos sobre Facebook, BuzzFeed, ClickHole, The Onion, Hunter Moore, Amina Arraf, Porn for normal people, OkCupid, Her, El Club de la Lucha y mil referencias más.

Internet safari, como el mundo que recrea, va abriendo ventanas y sugiriendo enlaces que hacen que su contenido no se vea circunscrito a las más de trescientas páginas que lo conforman. A pesar de ello, y como si fuera una broma pesada, no existe versión digital de este título que facilite esa dimensión porque «la paradoja de leer sobre internet en una edición en papel tan bonita como la que han hecho los titanes de la editorial es demasiado valiosa». Señoras y señores, prepárense a recorrer internet como nunca antes lo habían hecho de la mano de Noel Ceballos.

Yorokobu: Internet Safari está escrito en un tono coloquial. El lector es tratado como un amigo y, en muchos casos, tú mismo te pones como ejemplo de lo que narras. Para hablar actualmente de internet, ¿hay que hacerlo en primera persona?

Noel Ceballos: Para mí era importante transmitirle al lector la idea de que este era un libro sobre internet escrito por un internauta. No un gurú de las nuevas tecnologías, ni un nuevo millonario que creó una start up en la universidad, ni un sociólogo con fórmulas para monetizar tu marca personal en las redes sociales, sino un internauta de a pie. Un peón de base. La forma más sencilla de hacerlo era a través del lenguaje y de la primera persona, que fue una de las cosas que más me costaron. No estoy acostumbrado a escribir desde la experiencia personal, pero aquí tenía que hacerlo si quería provocar una identificación con la persona que me leyese.

Y: ¿No es frustrante escribir un libro sobre un medio en continua transformación? En este sentido, ¿Internet Safari es un libro de anticipación, de sociología o de arqueología tecnológica?

NC: Fue frustrante y, a la vez, estimulante escribir un libro que, por su propia naturaleza, solo podía ser una polaroid de un momento muy concreto en el tiempo. Es la manera en la que yo veo, ¿veía?, internet circa 2015, así que tiene algo de cápsula del tiempo. Intenté no hacer demasiada anticipación, pero creo que incluso eso puede tener su encanto cuando uno de nuestros nietos, seguramente por error, se encuentre con una copia en muy mal estado de este libro. Será como esos periodistas de principios del siglo XX explicando los coches voladores del año 2000.

Y: Internet Safari distingue tres tipos de público: el analógico, el nativo digital y aquel nacido a mitad de camino entre una y otra forma de entender el mundo. ¿Crees que un analógico o un millennial hubieran podido escribir este libro? ¿Hasta qué punto puede interesar a los nativos de internet un libro con referencias a una tradición cultural que les es ajena, empezando por su formato en papel sin una sola foto?

NC: A medida que iba escribiéndolo, me di cuenta de que un libro así es la prerrogativa de mi generación, que sirve de puente entre analógicos y millennials. Somos la única generación en la historia que vamos a tener un pie entre las dos aguas, así que quise hacer algo al respecto, algo que no estuviera escorado hacia un punto de vista u otro por una cuestión meramente generacional. Los lectores jóvenes aún pueden encontrar asideros a los que agarrarse aquí, porque algunas de sus experiencias aún son compartidas con los de la generación anterior, la mía.

Y: Cuando hablas de los orígenes de internet mencionas películas como El show de Truman, pero ¿no crees que hay mucho de internet en cintas como Mondo Cane o Mondo Pazzo? ¿No son Holocausto caníbal o La Bruja de Blair precedentes de los YouTubers?

NC: Muy buena pregunta.

Y: Muchas gracias. No todas van a ser así de buenas, no te confíes…

NC: Sí, el cine mondo sigue vivo en algunas webs de vídeos especializadas en truculencia y orgullosas de los, supuestos, orígenes remotos de sus grabaciones. Pero también en YouTube. Ese impulso amarillista siempre ha estado ahí, desde antes de lo audiovisual y desde los primeros noticiarios cinematográficos, que falseaban la erupción de un volcán para maravillar a la audiencia. Somos unos adictos a los impactos baratos, como demostraron esos programas de vídeos domésticos que, también, continúan vivos ahora mismo gracias a YouTube. Si El show de Truman avanzó lo que suponía la constante documentación de nuestras vidas a nivel metafísico, el cine mondo y el found footage de El proyecto de la bruja de Blair fueron pioneras en lo que se refiere a formatos. Creo que la película de Peter Weir solo erró el tiro cuando consideró que nos importaría la calidad de imagen: en realidad, no somos unos consumidores audiovisuales muy refinados. Si algo muy loco está grabado con el móvil y se entiende mínimamente, nos vale. Le damos a Compartir.

Y: Una de las premisas del libro es que internet es mentira. Sin embargo, como sucede con otros medios de comunicación, cuando vemos algo en internet lo dotamos de verosimilitud. ¿Por qué es así incluso cuando hay elementos que nos indican claramente que no es cierto?

NC: Hay un grado de mentira cotidiana que aceptamos e incluso decidimos ignorar. Son las mentiras que nos contamos a nosotros mismos y a nuestros círculos: la manera en que editamos nuestro perfil en las redes sociales para proyectar exactamente la imagen de nosotros mismos que queremos que los demás perciban. Hemos interiorizado tanto ese proceso de maquillaje de la realidad que, efectivamente, olvidamos lo fácil que es lograr cierta verosimilitud en internet. Así nos comemos las bolas que nos comemos.

Y: Al analizar la relación entre internet y el porno, mencionas que la red está haciéndonos inmunes al sexo. ¿Acabará internet con la raza humana al eliminar el deseo sexual al mismo tiempo que promete una vida eterna gracias a la tecnología?

NC: No creo que la especie humana esté en peligro.

Y: Te lo dije, esta es de las preguntas malas… Me he venido arriba. A ver si así lo explico mejor: ¿crees que no existe ese riesgo porque se impondrá esa nueva pornografía que consiste en recrear actos cotidianos como abrir puertas, entrar en una habitación…?

NC: Por mucho que la tecnología pueda modular nuestras parafilias, o incluso crear otras nuevas, el deseo sexual siempre estará ahí. No somos inmunes a él, sino que ahora tenemos más medios que nunca para encontrar lo que realmente nos pone. Y para conocer a almas gemelas, claro. El sexo tradicional, el sexo mainstream, siempre ha tenido sus apóstatas: gente a la que, sencillamente, dejó de ponerle la ruta habitual. Bueno, pues ahora puede encontrar información sobre otros senderos a golpe de click. Creo que, incluso cuando nos volvamos entidades posthumanas, si eso llega a ocurrir algún día, seguiremos queriendo experimentar eso. Las máquinas también pueden amar.

Y: Todo lo anterior resulta muy nuevo y muy inquietante… Por cierto, ¿qué es el «Nuevo Inquietante» del que hablas en Internet Safari?

NC: Es una teoría que leí por primera vez al crítico de arte Jerry Saltz. Tiene que ver con la forma en que las estrellas del pop más avanzadas, las Mileys y Kanyes y Drakes, absorben estilemas del arte moderno en sus videoclips. Y ese gesto no es casual, sino que muchos analistas piensan que se trata de una nueva y muy alambicada forma de comunicar su verdad última a sus fans.

Y: ¿Y qué papel juega internet en todo eso?

NC: Ahora mismo, muy pocos artistas pueden estar realmente recluidos: las redes sociales los convierten en una presencia constante en las vidas cotidianas de sus seguidores. Los han convertido en algo banal y mundano, cuando de toda la vida han sido una aristocracia pop, un estadio superior de la sociedad. La única manera de recuperar ese terreno es volverse muy raros, más que un perro verde. Pero la paradoja del Nuevo Inquietante es que, al hacerlo, están desnudándose más que cuando comparten una foto por Instagram. Lady Gaga expone de verdad su alma en un aparatoso directo, concebido casi como una instalación artística, o en un videoclip sobreproducido. Lo que vemos cuando la persona real detrás de ese nombre es cazada por los paparazzi es mentira, lo que vemos cuando está transformada en una superestrella es lo único real.

Y: Ya que estamos con terminología de internet, ¿se dice «el selfi» o «la selfi»?

NC: Yo creo que es femenino. O sea, es una foto, ¿no? Quiero liderar la campaña para feminizar esa palabra.


Y: Pues nada, ya tienes un nuevo seguidor en la cruzada por feminizar selfi. Por cierto, hablando de seguidores y de líderes, uno de los capítulos del libro está dedicado a los malvados de internet y entre ellos citas a Jenaro García. ¿Por qué Jenaro?

NC: Me fascinan los villanos de internet, porque muchos de ellos son gente sin un plan. ¿Da más miedo un villano con un gran objetivo final o uno que simplemente hace el mal sin ser consciente de ello? Jenaro García es otra cosa: un villano con un sueño. Soñaba con un mañana de ciudades interconectadas como tejido viviente, y ese sueño blanco y puro lo llevó a hacer literalmente de todo para convertirlo en realidad. Fue una huida hacia delante en la que, por supuesto, se forró, pero me gusta pensar que el dinero fue solamente un beneficio colateral. Lo que realmente le motivaba era su sueño de wifi gratis para todos, amén.

Y: ¿Es internet un campo abonado para ese perfil de sociópatas como Jenaro?

NC: Durante los primeros años de internet, su periodo de crecimiento y de búsqueda de la propia identidad, han estado marcados por una mentira necesaria: que nuestras vidas online no son realmente nuestras vidas. O, en otras palabras, que podíamos inventarnos versiones de nosotros mismos y ponerlas a jugar en un juego de realidad virtual sin consecuencia alguna al otro lado de la máquina. Eso llevó a muchos sociópatas a refugiarse en un constructo: el personaje. Cuando alguien se comporta en internet de un modo que percibe como indigno, siempre se justifica diciendo que no es realmente él, sino un personaje que ha creado para las redes sociales. Un personaje malote y bukowskiano, o eso quisieran ellos, con el que puedan dar rienda suelta a comportamientos que jamás se atreverían a desarrollar en su vida analógica.

Y: ¿Ha cambiado eso con la evolución de internet? ¿No sigue más o menos igual?

NC: No. Estos últimos tres o cuatro años hemos asistido a unos cuantos shocks que nos han abierto los ojos: lo que hacen esos personajes en internet, por ejemplo, robar y publicar fotos íntimas de otras personas, tiene consecuencias muy muy palpables en nuestro día a día. Hay un impacto real. Así que creo que ahora mismo estamos asistiendo a una suerte de despertar: hemos disculpado a muchos sociópatas con la excusa del personaje durante demasiado tiempo.

Y: Hablando de la verdad, la mentira, las consecuencias de internet, recientemente se ha reactivado la acusación contra Cesar Strawberry por apología del terrorismo y ofensa a las víctimas. ¿Es relevante que esa acusación la realice Carlos Bautista, fiscal de la Audiencia Nacional que tuvo problemas con sus superiores por mofarse de sus colegas a través de una cuenta de Twitter anónima?

NC: Sí, como también lo es que los dos jueces de la Audiencia Nacional que han decidido reactivar el caso Zapata fuesen en su día recusados en el caso Gürtel por su afinidad con el Partido Popular. La derecha de este país ha sabido liderar sin problemas la demonización de los tuits del enemigo político: controlan los recursos legales y jurídicos que podrían hacer pagar a sus rivales por cosas que, desde luego, saben que no van a ningún sitio. Algunos, como Bautista, lo saben por experiencia propia. Pero figuras como Strawberry o Zapata sirven para crear la ilusión de una izquierda radicial y peligrosísima que utiliza su conocimiento arcano de las nuevas tecnologías para extender mensajes de terror. Es una ficción ridícula, pero lo suficientemente válida como para que sigan agotando recursos públicos en unas persecuciones que solo traen despilfarro y dolor para todas las partes.

Y: ¿Por qué tanta gente reclama que se ponga fin al anonimato en las redes? ¿No entienden que internet no es la vida real?

NC: En un episodio de Los Simpson, Moe grita una solución para que dejen de caer meteoritos sobre Springfield: «¡Quememos el observatorio para que esto no nos vuelva a pasar nunca más!». Lo mismo pasa con el anonimato: la gente puede escudarse en él para hacer daño, pero el anonimato no es malo per se. Además, viene con el territorio. Es inherente a internet, vamos. Deberíamos educar e intentar comprender el anonimato, no demonizarlo.

Y: Al hilo de esto, otra pregunta rara. Prepárate… ¿Crees que hay una línea que une «El bando de capas y sombreros» que dio lugar al motín de Esquilache, la prohibición de los carnavales por parte de los gobiernos dictatoriales y los que critican el anonimato en internet?

NC: ¡Jajajaja, sí! Es cierto: es una nueva forma de miedo a un motín. Esa gente con la cara descubierta se reúne cuando no miramos: solo puede ser para conspirar cosas malas. Necesariamente. Bueno, pues algunos se reúnen para poder compartir, por ejemplo, experiencias vitales dolorosas, que en ocasiones les queman por dentro, sin que tengan consecuencias en su vida personal. ¿Ese anonimato también es nocivo?

Y: En el libro relacionas aplicaciones como Google Maps con situaciones de hegemonía por parte de las autoridades. ¿Podría suceder lo mismo con herramientas como Wikipedia o los archivos de imágenes digitalizados? ¿Podrían esas empresas reescribir la historia? Y, lo peor de todo, ¿no pasaba ya eso sin necesidad de internet?

NC: Google pretenden mapear cada milímetro de la Tierra. Google tiene un mapa de todo el mundo conocido. Antiguamente, el país o imperio que tenía mejores mapas era el que acababa ganando la guerra. Esa ambición de dominar toda la información para poder editarla no es privativa de internet, pero internet es relativamente nueva, accesible y nos da miedo.

Y: ¿Miedo en qué sentido? ¿A lo desconocido? ¿O a un poder que no podemos ni siquiera medir?

NC: Es muy fácil temer a internet. El pensamiento conspiranoico es terapéutico, porque en el fondo se trata de filtrar y limpiar la cacofonía del mundo contemporáneo. ¿Y si no existe una gran conspiración? La alternativa es que todo este nuevo orden mundial esté compuesto por diferentes agentes e intereses que se relacionan entre sí en completa disonancia, sin enterarse de mucho, sin tener nunca nada parecido a una visión de conjunto. Es decir, que la casualidad y el caos rigen nuestro destino. ¿No es más tranquilizador pensar que gigantes como Google tienen un plan?

Y: Sí, es lo que hablábamos antes de los villanos. Por cierto, ¿con quién te quedas? ¿Snowden, Assange o Manning?

NC: El que más me fascina es Assange, porque es el que más comprometido está con su faceta de superestrella. Manning lo está teniendo tan difícil que solo quiere que la dejen en paz. Snowden quiere controlar su imagen mediática y enfocarla siempre hacia su mensaje patriótico, aunque muchos lo vean como un traidor. Assange está a tope. Assange es lo más parecido a un supervillano de James Bond que tenemos en la vida real. Da igual si piensas que tiene más de héroe que de elemento peligro: su forma de ser y de comunicarse es la de un villano megalómano pulp. Bueno, también tiene un poco de nueva estrella del rock. Y eso me fascina.

Y: Cuentas que Angry Birds ha proporcionado infinidad de datos personales de usuarios a gobiernos sin que aquellos lo supieran. Si es imposible evitar este tipo de situaciones, ¿no sería una forma más efectiva de ciberactivismo la cesión total de nuestros datos? Cribar y evaluar todo tipo de información de miles de millones de personas colapsaría el sistema.

NC: Mmm, una huelga a la japonesa de metadata. Sería interesante.

Y: Hablando de la notoria debilidad de las redes en lo que a seguridad se refiere, ¿crees que lo de Alfonso Merlos fue realmente un hackeo?

NC: No lo sé, pero ahora acaba de pasar con el futbolista Sergi Guardiola, a quien han echado del Barcelona horas después de ficharlo. Al parecer, escribió unos tuits claramente anticulés y anticatalanistas en general, pero él insiste en que le dejó el móvil a un amigo. Es decir, que también le hackearon la cuenta, en cierto modo. Además de Merlos, gente como Donald Trump o Kiko Rivera también han utilizado ese argumento cuando se han descubierto tuits polémicos en sus perfiles. No sé, quizá haya uno o varios grupos de hackers expertos en este tipo de ciberdelitos tan sofisticados. O quizá «me han hackeado la cuenta» es el «agente, le juro que es de un amigo» más socorrido de nuestra era.

Y: Afirmas que la tecnología progresa a más velocidad que la ética. Sin embargo, la falta de ética nunca ha necesitado ayuda exterior para desarrollarse. Aunque tengamos conceptos éticos claros y definidos, siempre hay gente dispuesta a violentarlos con ayuda de la tecnología o no.

NC: Sí, y eso siempre nos ha provocado problemones. La ciencia-ficción que más me interesa siempre va de eso: científicos capaces de reírse en la cara de la mismísima creación, pero incapaces de plantearse las consecuencias. En el caso de internet, directamente creo que durante mucho tiempo nos ha dado igual. Es decir, que no hemos creído necesaria una ética. Y ahora estamos pagando las consecuencias, pues mucha gente va a seguir tirando como hasta ahora, sin importar lo grandes que sean los problemones.

Y: Pero no todo da miedo en internet, claro. En el libro auguras nuevas tecnologías que nos harán la vida más sencilla, como el coche sin conductor en el que entraremos, daremos la dirección y nos relajaremos. ¿No es eso un taxi de toda la vida?

NC: ¡Sí, pero sin tener que darle conversación cuando es evidente que estás tan borracho que te cuesta pestañear!

Y: Para finalizar, ¿podrías decirnos qué Tortuga Ninja eres? Y si no es mucho abusar, ¿qué sabor de pizza?

NC: Soy la rata que enseñó todo lo que saben a las Tortugas Ninja y la pizza hawaiana que te sobró de la noche anterior.

Sé sincero. Tu nivel de internet no está a la altura del de tu inglés o del paquete Microsoft Office. Tú sabes que, a diferencia de estos, el de internet no es medio, ni medio-alto. Más bien es nivel usuario, por no decir básico. Encender, Facebook, descargar, Facebook, chatear, porno, Facebook y apagar.

Utilizas internet, sí, pero eres incapaz de valorar la trascendencia de tus acciones. Te resulta imposible interpretar qué supone que hayas dado todos tus datos a una web de contactos. No sospechas que puedes estar siendo parte de un experimento sociológico o sirviendo de diversión a un genio de Silicon Valley.

Tampoco ponderas la magnitud de la crisis que podría suponer que Google Maps no funcione correctamente. Podrías viajar a conocer a tu nueva novia a Australia y morir deshidratado en un desierto… y no lo sabes.

No te preocupes. Noel Ceballos tiene la solución. Su nueva obra, Internet safari (Blackie Books, 2015), es un exhaustivo recorrido por el universo de la WWW que sienta las bases de lo que serán los ensayos sobre este nuevo medio y que plantea cosas que no son de ciencia ficción porque, además de ser ya una realidad, pocos autores de anticipación acertaron a aventurar.

Un libro que es aconsejable leer con una sola mano. La otra, mejor que esté en el ratón y el teclado para poder comprobar a tiempo real las teorías de Ceballos sobre Facebook, BuzzFeed, ClickHole, The Onion, Hunter Moore, Amina Arraf, Porn for normal people, OkCupid, Her, El Club de la Lucha y mil referencias más.

Internet safari, como el mundo que recrea, va abriendo ventanas y sugiriendo enlaces que hacen que su contenido no se vea circunscrito a las más de trescientas páginas que lo conforman. A pesar de ello, y como si fuera una broma pesada, no existe versión digital de este título que facilite esa dimensión porque «la paradoja de leer sobre internet en una edición en papel tan bonita como la que han hecho los titanes de la editorial es demasiado valiosa». Señoras y señores, prepárense a recorrer internet como nunca antes lo habían hecho de la mano de Noel Ceballos.

Yorokobu: Internet Safari está escrito en un tono coloquial. El lector es tratado como un amigo y, en muchos casos, tú mismo te pones como ejemplo de lo que narras. Para hablar actualmente de internet, ¿hay que hacerlo en primera persona?

Noel Ceballos: Para mí era importante transmitirle al lector la idea de que este era un libro sobre internet escrito por un internauta. No un gurú de las nuevas tecnologías, ni un nuevo millonario que creó una start up en la universidad, ni un sociólogo con fórmulas para monetizar tu marca personal en las redes sociales, sino un internauta de a pie. Un peón de base. La forma más sencilla de hacerlo era a través del lenguaje y de la primera persona, que fue una de las cosas que más me costaron. No estoy acostumbrado a escribir desde la experiencia personal, pero aquí tenía que hacerlo si quería provocar una identificación con la persona que me leyese.

Y: ¿No es frustrante escribir un libro sobre un medio en continua transformación? En este sentido, ¿Internet Safari es un libro de anticipación, de sociología o de arqueología tecnológica?

NC: Fue frustrante y, a la vez, estimulante escribir un libro que, por su propia naturaleza, solo podía ser una polaroid de un momento muy concreto en el tiempo. Es la manera en la que yo veo, ¿veía?, internet circa 2015, así que tiene algo de cápsula del tiempo. Intenté no hacer demasiada anticipación, pero creo que incluso eso puede tener su encanto cuando uno de nuestros nietos, seguramente por error, se encuentre con una copia en muy mal estado de este libro. Será como esos periodistas de principios del siglo XX explicando los coches voladores del año 2000.

Y: Internet Safari distingue tres tipos de público: el analógico, el nativo digital y aquel nacido a mitad de camino entre una y otra forma de entender el mundo. ¿Crees que un analógico o un millennial hubieran podido escribir este libro? ¿Hasta qué punto puede interesar a los nativos de internet un libro con referencias a una tradición cultural que les es ajena, empezando por su formato en papel sin una sola foto?

NC: A medida que iba escribiéndolo, me di cuenta de que un libro así es la prerrogativa de mi generación, que sirve de puente entre analógicos y millennials. Somos la única generación en la historia que vamos a tener un pie entre las dos aguas, así que quise hacer algo al respecto, algo que no estuviera escorado hacia un punto de vista u otro por una cuestión meramente generacional. Los lectores jóvenes aún pueden encontrar asideros a los que agarrarse aquí, porque algunas de sus experiencias aún son compartidas con los de la generación anterior, la mía.

Y: Cuando hablas de los orígenes de internet mencionas películas como El show de Truman, pero ¿no crees que hay mucho de internet en cintas como Mondo Cane o Mondo Pazzo? ¿No son Holocausto caníbal o La Bruja de Blair precedentes de los YouTubers?

NC: Muy buena pregunta.

Y: Muchas gracias. No todas van a ser así de buenas, no te confíes…

NC: Sí, el cine mondo sigue vivo en algunas webs de vídeos especializadas en truculencia y orgullosas de los, supuestos, orígenes remotos de sus grabaciones. Pero también en YouTube. Ese impulso amarillista siempre ha estado ahí, desde antes de lo audiovisual y desde los primeros noticiarios cinematográficos, que falseaban la erupción de un volcán para maravillar a la audiencia. Somos unos adictos a los impactos baratos, como demostraron esos programas de vídeos domésticos que, también, continúan vivos ahora mismo gracias a YouTube. Si El show de Truman avanzó lo que suponía la constante documentación de nuestras vidas a nivel metafísico, el cine mondo y el found footage de El proyecto de la bruja de Blair fueron pioneras en lo que se refiere a formatos. Creo que la película de Peter Weir solo erró el tiro cuando consideró que nos importaría la calidad de imagen: en realidad, no somos unos consumidores audiovisuales muy refinados. Si algo muy loco está grabado con el móvil y se entiende mínimamente, nos vale. Le damos a Compartir.

Y: Una de las premisas del libro es que internet es mentira. Sin embargo, como sucede con otros medios de comunicación, cuando vemos algo en internet lo dotamos de verosimilitud. ¿Por qué es así incluso cuando hay elementos que nos indican claramente que no es cierto?

NC: Hay un grado de mentira cotidiana que aceptamos e incluso decidimos ignorar. Son las mentiras que nos contamos a nosotros mismos y a nuestros círculos: la manera en que editamos nuestro perfil en las redes sociales para proyectar exactamente la imagen de nosotros mismos que queremos que los demás perciban. Hemos interiorizado tanto ese proceso de maquillaje de la realidad que, efectivamente, olvidamos lo fácil que es lograr cierta verosimilitud en internet. Así nos comemos las bolas que nos comemos.

Y: Al analizar la relación entre internet y el porno, mencionas que la red está haciéndonos inmunes al sexo. ¿Acabará internet con la raza humana al eliminar el deseo sexual al mismo tiempo que promete una vida eterna gracias a la tecnología?

NC: No creo que la especie humana esté en peligro.

Y: Te lo dije, esta es de las preguntas malas… Me he venido arriba. A ver si así lo explico mejor: ¿crees que no existe ese riesgo porque se impondrá esa nueva pornografía que consiste en recrear actos cotidianos como abrir puertas, entrar en una habitación…?

NC: Por mucho que la tecnología pueda modular nuestras parafilias, o incluso crear otras nuevas, el deseo sexual siempre estará ahí. No somos inmunes a él, sino que ahora tenemos más medios que nunca para encontrar lo que realmente nos pone. Y para conocer a almas gemelas, claro. El sexo tradicional, el sexo mainstream, siempre ha tenido sus apóstatas: gente a la que, sencillamente, dejó de ponerle la ruta habitual. Bueno, pues ahora puede encontrar información sobre otros senderos a golpe de click. Creo que, incluso cuando nos volvamos entidades posthumanas, si eso llega a ocurrir algún día, seguiremos queriendo experimentar eso. Las máquinas también pueden amar.

Y: Todo lo anterior resulta muy nuevo y muy inquietante… Por cierto, ¿qué es el «Nuevo Inquietante» del que hablas en Internet Safari?

NC: Es una teoría que leí por primera vez al crítico de arte Jerry Saltz. Tiene que ver con la forma en que las estrellas del pop más avanzadas, las Mileys y Kanyes y Drakes, absorben estilemas del arte moderno en sus videoclips. Y ese gesto no es casual, sino que muchos analistas piensan que se trata de una nueva y muy alambicada forma de comunicar su verdad última a sus fans.

Y: ¿Y qué papel juega internet en todo eso?

NC: Ahora mismo, muy pocos artistas pueden estar realmente recluidos: las redes sociales los convierten en una presencia constante en las vidas cotidianas de sus seguidores. Los han convertido en algo banal y mundano, cuando de toda la vida han sido una aristocracia pop, un estadio superior de la sociedad. La única manera de recuperar ese terreno es volverse muy raros, más que un perro verde. Pero la paradoja del Nuevo Inquietante es que, al hacerlo, están desnudándose más que cuando comparten una foto por Instagram. Lady Gaga expone de verdad su alma en un aparatoso directo, concebido casi como una instalación artística, o en un videoclip sobreproducido. Lo que vemos cuando la persona real detrás de ese nombre es cazada por los paparazzi es mentira, lo que vemos cuando está transformada en una superestrella es lo único real.

Y: Ya que estamos con terminología de internet, ¿se dice «el selfi» o «la selfi»?

NC: Yo creo que es femenino. O sea, es una foto, ¿no? Quiero liderar la campaña para feminizar esa palabra.


Y: Pues nada, ya tienes un nuevo seguidor en la cruzada por feminizar selfi. Por cierto, hablando de seguidores y de líderes, uno de los capítulos del libro está dedicado a los malvados de internet y entre ellos citas a Jenaro García. ¿Por qué Jenaro?

NC: Me fascinan los villanos de internet, porque muchos de ellos son gente sin un plan. ¿Da más miedo un villano con un gran objetivo final o uno que simplemente hace el mal sin ser consciente de ello? Jenaro García es otra cosa: un villano con un sueño. Soñaba con un mañana de ciudades interconectadas como tejido viviente, y ese sueño blanco y puro lo llevó a hacer literalmente de todo para convertirlo en realidad. Fue una huida hacia delante en la que, por supuesto, se forró, pero me gusta pensar que el dinero fue solamente un beneficio colateral. Lo que realmente le motivaba era su sueño de wifi gratis para todos, amén.

Y: ¿Es internet un campo abonado para ese perfil de sociópatas como Jenaro?

NC: Durante los primeros años de internet, su periodo de crecimiento y de búsqueda de la propia identidad, han estado marcados por una mentira necesaria: que nuestras vidas online no son realmente nuestras vidas. O, en otras palabras, que podíamos inventarnos versiones de nosotros mismos y ponerlas a jugar en un juego de realidad virtual sin consecuencia alguna al otro lado de la máquina. Eso llevó a muchos sociópatas a refugiarse en un constructo: el personaje. Cuando alguien se comporta en internet de un modo que percibe como indigno, siempre se justifica diciendo que no es realmente él, sino un personaje que ha creado para las redes sociales. Un personaje malote y bukowskiano, o eso quisieran ellos, con el que puedan dar rienda suelta a comportamientos que jamás se atreverían a desarrollar en su vida analógica.

Y: ¿Ha cambiado eso con la evolución de internet? ¿No sigue más o menos igual?

NC: No. Estos últimos tres o cuatro años hemos asistido a unos cuantos shocks que nos han abierto los ojos: lo que hacen esos personajes en internet, por ejemplo, robar y publicar fotos íntimas de otras personas, tiene consecuencias muy muy palpables en nuestro día a día. Hay un impacto real. Así que creo que ahora mismo estamos asistiendo a una suerte de despertar: hemos disculpado a muchos sociópatas con la excusa del personaje durante demasiado tiempo.

Y: Hablando de la verdad, la mentira, las consecuencias de internet, recientemente se ha reactivado la acusación contra Cesar Strawberry por apología del terrorismo y ofensa a las víctimas. ¿Es relevante que esa acusación la realice Carlos Bautista, fiscal de la Audiencia Nacional que tuvo problemas con sus superiores por mofarse de sus colegas a través de una cuenta de Twitter anónima?

NC: Sí, como también lo es que los dos jueces de la Audiencia Nacional que han decidido reactivar el caso Zapata fuesen en su día recusados en el caso Gürtel por su afinidad con el Partido Popular. La derecha de este país ha sabido liderar sin problemas la demonización de los tuits del enemigo político: controlan los recursos legales y jurídicos que podrían hacer pagar a sus rivales por cosas que, desde luego, saben que no van a ningún sitio. Algunos, como Bautista, lo saben por experiencia propia. Pero figuras como Strawberry o Zapata sirven para crear la ilusión de una izquierda radicial y peligrosísima que utiliza su conocimiento arcano de las nuevas tecnologías para extender mensajes de terror. Es una ficción ridícula, pero lo suficientemente válida como para que sigan agotando recursos públicos en unas persecuciones que solo traen despilfarro y dolor para todas las partes.

Y: ¿Por qué tanta gente reclama que se ponga fin al anonimato en las redes? ¿No entienden que internet no es la vida real?

NC: En un episodio de Los Simpson, Moe grita una solución para que dejen de caer meteoritos sobre Springfield: «¡Quememos el observatorio para que esto no nos vuelva a pasar nunca más!». Lo mismo pasa con el anonimato: la gente puede escudarse en él para hacer daño, pero el anonimato no es malo per se. Además, viene con el territorio. Es inherente a internet, vamos. Deberíamos educar e intentar comprender el anonimato, no demonizarlo.

Y: Al hilo de esto, otra pregunta rara. Prepárate… ¿Crees que hay una línea que une «El bando de capas y sombreros» que dio lugar al motín de Esquilache, la prohibición de los carnavales por parte de los gobiernos dictatoriales y los que critican el anonimato en internet?

NC: ¡Jajajaja, sí! Es cierto: es una nueva forma de miedo a un motín. Esa gente con la cara descubierta se reúne cuando no miramos: solo puede ser para conspirar cosas malas. Necesariamente. Bueno, pues algunos se reúnen para poder compartir, por ejemplo, experiencias vitales dolorosas, que en ocasiones les queman por dentro, sin que tengan consecuencias en su vida personal. ¿Ese anonimato también es nocivo?

Y: En el libro relacionas aplicaciones como Google Maps con situaciones de hegemonía por parte de las autoridades. ¿Podría suceder lo mismo con herramientas como Wikipedia o los archivos de imágenes digitalizados? ¿Podrían esas empresas reescribir la historia? Y, lo peor de todo, ¿no pasaba ya eso sin necesidad de internet?

NC: Google pretenden mapear cada milímetro de la Tierra. Google tiene un mapa de todo el mundo conocido. Antiguamente, el país o imperio que tenía mejores mapas era el que acababa ganando la guerra. Esa ambición de dominar toda la información para poder editarla no es privativa de internet, pero internet es relativamente nueva, accesible y nos da miedo.

Y: ¿Miedo en qué sentido? ¿A lo desconocido? ¿O a un poder que no podemos ni siquiera medir?

NC: Es muy fácil temer a internet. El pensamiento conspiranoico es terapéutico, porque en el fondo se trata de filtrar y limpiar la cacofonía del mundo contemporáneo. ¿Y si no existe una gran conspiración? La alternativa es que todo este nuevo orden mundial esté compuesto por diferentes agentes e intereses que se relacionan entre sí en completa disonancia, sin enterarse de mucho, sin tener nunca nada parecido a una visión de conjunto. Es decir, que la casualidad y el caos rigen nuestro destino. ¿No es más tranquilizador pensar que gigantes como Google tienen un plan?

Y: Sí, es lo que hablábamos antes de los villanos. Por cierto, ¿con quién te quedas? ¿Snowden, Assange o Manning?

NC: El que más me fascina es Assange, porque es el que más comprometido está con su faceta de superestrella. Manning lo está teniendo tan difícil que solo quiere que la dejen en paz. Snowden quiere controlar su imagen mediática y enfocarla siempre hacia su mensaje patriótico, aunque muchos lo vean como un traidor. Assange está a tope. Assange es lo más parecido a un supervillano de James Bond que tenemos en la vida real. Da igual si piensas que tiene más de héroe que de elemento peligro: su forma de ser y de comunicarse es la de un villano megalómano pulp. Bueno, también tiene un poco de nueva estrella del rock. Y eso me fascina.

Y: Cuentas que Angry Birds ha proporcionado infinidad de datos personales de usuarios a gobiernos sin que aquellos lo supieran. Si es imposible evitar este tipo de situaciones, ¿no sería una forma más efectiva de ciberactivismo la cesión total de nuestros datos? Cribar y evaluar todo tipo de información de miles de millones de personas colapsaría el sistema.

NC: Mmm, una huelga a la japonesa de metadata. Sería interesante.

Y: Hablando de la notoria debilidad de las redes en lo que a seguridad se refiere, ¿crees que lo de Alfonso Merlos fue realmente un hackeo?

NC: No lo sé, pero ahora acaba de pasar con el futbolista Sergi Guardiola, a quien han echado del Barcelona horas después de ficharlo. Al parecer, escribió unos tuits claramente anticulés y anticatalanistas en general, pero él insiste en que le dejó el móvil a un amigo. Es decir, que también le hackearon la cuenta, en cierto modo. Además de Merlos, gente como Donald Trump o Kiko Rivera también han utilizado ese argumento cuando se han descubierto tuits polémicos en sus perfiles. No sé, quizá haya uno o varios grupos de hackers expertos en este tipo de ciberdelitos tan sofisticados. O quizá «me han hackeado la cuenta» es el «agente, le juro que es de un amigo» más socorrido de nuestra era.

Y: Afirmas que la tecnología progresa a más velocidad que la ética. Sin embargo, la falta de ética nunca ha necesitado ayuda exterior para desarrollarse. Aunque tengamos conceptos éticos claros y definidos, siempre hay gente dispuesta a violentarlos con ayuda de la tecnología o no.

NC: Sí, y eso siempre nos ha provocado problemones. La ciencia-ficción que más me interesa siempre va de eso: científicos capaces de reírse en la cara de la mismísima creación, pero incapaces de plantearse las consecuencias. En el caso de internet, directamente creo que durante mucho tiempo nos ha dado igual. Es decir, que no hemos creído necesaria una ética. Y ahora estamos pagando las consecuencias, pues mucha gente va a seguir tirando como hasta ahora, sin importar lo grandes que sean los problemones.

Y: Pero no todo da miedo en internet, claro. En el libro auguras nuevas tecnologías que nos harán la vida más sencilla, como el coche sin conductor en el que entraremos, daremos la dirección y nos relajaremos. ¿No es eso un taxi de toda la vida?

NC: ¡Sí, pero sin tener que darle conversación cuando es evidente que estás tan borracho que te cuesta pestañear!

Y: Para finalizar, ¿podrías decirnos qué Tortuga Ninja eres? Y si no es mucho abusar, ¿qué sabor de pizza?

NC: Soy la rata que enseñó todo lo que saben a las Tortugas Ninja y la pizza hawaiana que te sobró de la noche anterior.

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Opiniones 3
  • Me iba a comprar el libro hoy mismo hasta que he leido la frase «la derecha de este país». El autor enseña la patita por debajo de la puerta de «progre de este país» con todo lo que ello implica.

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