fbpx
13 de diciembre 2013    /   ENTRETENIMIENTO
por
 

¡No tires tu doble pletina!

13 de diciembre 2013    /   ENTRETENIMIENTO     por          
Compártelo twitter facebook whatsapp
thumb image

Por una vez, tener amor por todos los objetos que pueblan una casa, además de resultar un peligro por el potencial síndrome de Diógenes, puede solucionar la papeleta en el proceso de adaptación a una muy subterránea tendencia que resucita tras unos cuantos años. Es el momento de recuperar la vieja doble pletina que hay en el rincón más polvoriento del trastero porque, aunque suene a broma, ¡vuelve la cinta de casete!

La copia de cintas regresa como reivindicación del amor por los formatos palpables

La histeria del pirateo se desató con la grabación de cintas en los años 80. Ya entonces, las primeras campañas que pretendían proteger los derechos de autor usaban el lema ‘Home Taping is Killing Music’ (la copia casera matará a la música). Eso, claro, no ocurrió. Tres décadas después la copia de cintas regresa como reivindicación del amor por los formatos palpables.

Pasó con la resurrección del disco de vinilo. El melómano irredento es un ser de costumbres extrañas y muy dado al hedonismo táctil. Al fan fatal de la música le gusta escuchar, sí, pero también es un esclavo de toquetear las cosas con las manos, de absorber de ellas la energía vital cual insaciable súcubo sónico. La veneración del objeto es la clave que impulsa al coleccionista a hacerse con soportes que podría escuchar pocas, una o ninguna vez de manera real.

Conviene aclarar que casi el único detalle que une al renacimiento del vinilo con el de la cinta es la del establecimiento del objeto físico como centro del ritual. Mientras que tanto sellos independientes como multinacionales editan referencias en plástico redondo, lo del casete es un fenómeno destinado casi en exclusividad a solistas y bandas de claro posicionamiento underground.

Mucha de la culpa de este homenaje a la historia lo tiene el movimiento hardcore americano que nació a finales de los años 70 en Washington D.C. y, poco después, en Nueva York. Bandas contundentes y muy críticas con el sistema como Bad Brains, Black Flag, Minor Threat o Fugazi tenían por imposible la promoción a través de los canales convencionales. Su música saltaba de casa en casa constreñida en los límites de las cintas de casete y el mensaje identitario del movimiento se expandía en páginas de fanzines como Touch and Go.

El presente es mucho menos antisistema porque todo es mucho menos antisistema en la industria de la música y en el adocenado panorama social. Aun así, sellos como Burger Records en Estados unidos, Suplex Cassettes en Reino Unido o Boston Records y Jamón Vudú en España dedican muchos esfuerzos a lanzar tiradas reducidas de cintas para goce y jolgorio de minorías selectas.

«Para bandas y sellos pequeños es una buena opción para seguir editando música sin demasiado riesgo”

Sergi Alejandre y Andrea Pérez empujan a diario a Boston Records. No tienen cifras que corroboren el auge de este soporte pero sí observan cómo a su alrededor múltiples sellos y bandas utilizan el formato. Alejandre atribuye el fenómeno a la ritualización del proceso de selección, compra y escucha de la música: “El formato digital no es suficiente para muchas personas que buscamos algo más en un disco, vivir el ritual completo de lo que es descubrir o escuchar música, ir a tiendas de discos, apreciar el artwork de cada edición, poner el disco en el tocadiscos o coleccionarlos. El cassette sí tiene esa magia y cuenta con la ventaja de que es relativamente económico. Para bandas y sellos pequeños es una buena opción para seguir editando música sin demasiado riesgo”.

Boston Records se apoya en las más canónicas acepciones de la palabra independiente para definir su sello. “Podemos hacerlo todo nosotros mismos. No mandamos el máster a la fábrica y nos lo devuelven todo hecho, sino que nosotros mismos grabamos cada cinta con una doble pletina profesional que compramos al empezar el sello. Podemos hacer el artwork y vivir cada parte del proceso de crear un disco. Otra ventaja es que te permite hacer tiradas cortas, cosa que con el vinilo es más difícil o caro”, cuenta Andrea Pérez.

Como muchos de los que se mueven entre los 30 y los 40 años, Benjamín Villegas, alma máter de Anicet, creció haciendo rular de mano en mano cintas de sus grupos favoritos. Ahora se considera “un creador de música que se ha formado desde el consumo, como oyente y comprador”. Para él, “la generación que (nacida pirateando) grabábamos y comprábamos cintas recuerda el formato con cariño y lo aprecia, dejando a un lado la calidad que pueda tener”.

Es una cuestión de romanticismo. El músico catalán cree que las plataformas de música digital hacen que los formatos físicos tengan sentido “por su capacidad para encandilar al consumidor a través de la nostalgia”. La consecuencia es que, como consumidor de música, compra cintas para tenerlas en la estantería mientras las escucha en formato digital. Como creador, “¿por qué no editar mi segundo disco en un casete que incluya la descarga en mp3 de alta calidad?”, se plantea.

Foto de Moritz Barcelona, bajo licencia CC BY SA
Foto de Moritz Barcelona, bajo licencia CC BY SA

Borja Prieto, director de la plataforma de crowdfunding My Major Company, agitador y consumidor voraz de casetes, afirma que este soporte “es un objeto sexy, un buen recuerdo para comprar en un show a un precio tentador. Además, históricamente, artistas chulísimos han editado en casetes y eso se contagia. En cuanto al supuesto revival, “lo celebro, aunque no tengo doble pletina, lo que me convierte en una especie de poser”.

La nueva democratización de la cinta tiene incluso su ramalazo masivo. Una marca multinacional como Converse ha apostado también por el uso de este soporte para la difusión en España de un proyecto como Rubber Tracks, un estudio pop-up especializado en descubrir bandas primerizas a las que graba para editar una recopilación en casete.

Como explica Sergi Alejandre, de Boston Records, “desde un punto de vista pragmático está claro que el formato físico cada vez tiene menos sentido, pero para los que coleccionamos discos, a los que nos gusta la experiencia completa de escuchar música, lo pragmático nos importa un pepino”. Si no buscamos lo especial que hay en cada cosa que experimentamos, ¿qué sentido tiene todo el paripé vital?

Por una vez, tener amor por todos los objetos que pueblan una casa, además de resultar un peligro por el potencial síndrome de Diógenes, puede solucionar la papeleta en el proceso de adaptación a una muy subterránea tendencia que resucita tras unos cuantos años. Es el momento de recuperar la vieja doble pletina que hay en el rincón más polvoriento del trastero porque, aunque suene a broma, ¡vuelve la cinta de casete!

La copia de cintas regresa como reivindicación del amor por los formatos palpables

La histeria del pirateo se desató con la grabación de cintas en los años 80. Ya entonces, las primeras campañas que pretendían proteger los derechos de autor usaban el lema ‘Home Taping is Killing Music’ (la copia casera matará a la música). Eso, claro, no ocurrió. Tres décadas después la copia de cintas regresa como reivindicación del amor por los formatos palpables.

Pasó con la resurrección del disco de vinilo. El melómano irredento es un ser de costumbres extrañas y muy dado al hedonismo táctil. Al fan fatal de la música le gusta escuchar, sí, pero también es un esclavo de toquetear las cosas con las manos, de absorber de ellas la energía vital cual insaciable súcubo sónico. La veneración del objeto es la clave que impulsa al coleccionista a hacerse con soportes que podría escuchar pocas, una o ninguna vez de manera real.

Conviene aclarar que casi el único detalle que une al renacimiento del vinilo con el de la cinta es la del establecimiento del objeto físico como centro del ritual. Mientras que tanto sellos independientes como multinacionales editan referencias en plástico redondo, lo del casete es un fenómeno destinado casi en exclusividad a solistas y bandas de claro posicionamiento underground.

Mucha de la culpa de este homenaje a la historia lo tiene el movimiento hardcore americano que nació a finales de los años 70 en Washington D.C. y, poco después, en Nueva York. Bandas contundentes y muy críticas con el sistema como Bad Brains, Black Flag, Minor Threat o Fugazi tenían por imposible la promoción a través de los canales convencionales. Su música saltaba de casa en casa constreñida en los límites de las cintas de casete y el mensaje identitario del movimiento se expandía en páginas de fanzines como Touch and Go.

El presente es mucho menos antisistema porque todo es mucho menos antisistema en la industria de la música y en el adocenado panorama social. Aun así, sellos como Burger Records en Estados unidos, Suplex Cassettes en Reino Unido o Boston Records y Jamón Vudú en España dedican muchos esfuerzos a lanzar tiradas reducidas de cintas para goce y jolgorio de minorías selectas.

«Para bandas y sellos pequeños es una buena opción para seguir editando música sin demasiado riesgo”

Sergi Alejandre y Andrea Pérez empujan a diario a Boston Records. No tienen cifras que corroboren el auge de este soporte pero sí observan cómo a su alrededor múltiples sellos y bandas utilizan el formato. Alejandre atribuye el fenómeno a la ritualización del proceso de selección, compra y escucha de la música: “El formato digital no es suficiente para muchas personas que buscamos algo más en un disco, vivir el ritual completo de lo que es descubrir o escuchar música, ir a tiendas de discos, apreciar el artwork de cada edición, poner el disco en el tocadiscos o coleccionarlos. El cassette sí tiene esa magia y cuenta con la ventaja de que es relativamente económico. Para bandas y sellos pequeños es una buena opción para seguir editando música sin demasiado riesgo”.

Sergi Alejandre y Andrea Pérez empujan a diario a Boston Records. No tienen cifras que corroboren el auge de este soporte pero sí observan cómo a su alrededor múltiples sellos y bandas utilizan el formato. Alejandre atribuye el fenómeno a la ritualización del proceso de selección, compra y escucha de la música: “El formato digital no es suficiente para muchas personas que buscamos algo más en un disco, vivir el ritual completo de lo que es descubrir o escuchar música, ir a tiendas de discos, apreciar el artwork de cada edición, poner el disco en el tocadiscos o coleccionarlos. El cassette sí tiene esa magia y cuenta con la ventaja de que es relativamente económico. Para bandas y sellos pequeños es una buena opción para seguir editando música sin demasiado riesgo”.

Boston Records se apoya en las más canónicas acepciones de la palabra independiente para definir su sello. “Podemos hacerlo todo nosotros mismos. No mandamos el máster a la fábrica y nos lo devuelven todo hecho, sino que nosotros mismos grabamos cada cinta con una doble pletina profesional que compramos al empezar el sello. Podemos hacer el artwork y vivir cada parte del proceso de crear un disco. Otra ventaja es que te permite hacer tiradas cortas, cosa que con el vinilo es más difícil o caro”, cuenta Andrea Pérez.

Como muchos de los que se mueven entre los 30 y los 40 años, Benjamín Villegas, alma máter de Anicet, creció haciendo rular de mano en mano cintas de sus grupos favoritos. Ahora se considera “un creador de música que se ha formado desde el consumo, como oyente y comprador”. Para él, “la generación que (nacida pirateando) grabábamos y comprábamos cintas recuerda el formato con cariño y lo aprecia, dejando a un lado la calidad que pueda tener”.

Es una cuestión de romanticismo. El músico catalán cree que las plataformas de música digital hacen que los formatos físicos tengan sentido “por su capacidad para encandilar al consumidor a través de la nostalgia”. La consecuencia es que, como consumidor de música, compra cintas para tenerlas en la estantería mientras las escucha en formato digital. Como creador, “¿por qué no editar mi segundo disco en un casete que incluya la descarga en mp3 de alta calidad?”, se plantea.

Foto de Moritz Barcelona, bajo licencia CC BY SA
Foto de Moritz Barcelona, bajo licencia CC BY SA

Borja Prieto, director de la plataforma de crowdfunding My Major Company, agitador y consumidor voraz de casetes, afirma que este soporte “es un objeto sexy, un buen recuerdo para comprar en un show a un precio tentador. Además, históricamente, artistas chulísimos han editado en casetes y eso se contagia. En cuanto al supuesto revival, “lo celebro, aunque no tengo doble pletina, lo que me convierte en una especie de poser”.

La nueva democratización de la cinta tiene incluso su ramalazo masivo. Una marca multinacional como Converse ha apostado también por el uso de este soporte para la difusión en España de un proyecto como Rubber Tracks, un estudio pop-up especializado en descubrir bandas primerizas a las que graba para editar una recopilación en casete.

Como explica Sergi Alejandre, de Boston Records, “desde un punto de vista pragmático está claro que el formato físico cada vez tiene menos sentido, pero para los que coleccionamos discos, a los que nos gusta la experiencia completa de escuchar música, lo pragmático nos importa un pepino”. Si no buscamos lo especial que hay en cada cosa que experimentamos, ¿qué sentido tiene todo el paripé vital?

Compártelo twitter facebook whatsapp
Una orquesta de música de ordenadores
El viejo milagro de la polifonía humana
Ficod | El fundador de Atari, Nolan Bushnell: «El próximo Google podría estar en vuestro dormitorio»
¿Qué tipo de pájaro eres en las redes sociales?
 
Especiales
 
facebook twitter whatsapp
Opiniones 7
  • Espero que este artículo esté escrito hace 7 u 8 años, que es cuando empezaron a volver los casetes; desde hace 6 años aprox. ha habido una cantidad ingente de propuestas relacionadas con el formato, desde libros (como el de «Gracias por la música» de Belleza Infinita) hasta sellos que sólo editan en cinta.

    Si una marca como Converse se (ejem) «lanza» a esta piscina será porque, como siempre, el formato ya está asentado. La lógica de estas compañías incluye el llegar tarde y no arriesgar, a la vez que dan la idea opuesta.

    Es decir, que es raro decíroslo a vosotros, pero llegáis muy tarde con este artículo.

  • Deja un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

    El rollo legal de las cookies

    La Ley 34/2002 nos obliga a avisarte de que usamos cookies propias y de terceros (ni de cuartos ni de quintos) con objetivos estadísticos y de sesión y para mostrarte la 'publi' que nos da de comer. Tenemos una política de cookies majísima y bla bla bla. Si continúas navegando, asumimos que aceptas y que todo guay. Si no te parece bien, huye y vuelve por donde has venido, que nadie te obliga a entrar aquí. Pincha este enlace para conocer los detalles. Tranquilo, este mensaje solo sale una vez. Esperamos.

    ACEPTAR
    Aviso de cookies