28 de octubre 2021    /   CREATIVIDAD
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Noche de techno en el museo

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Sonia Fernández Pan y Carolina Jiménez se conocían por trabajo. Ambas son comisarias y el mundo del arte contemporáneo es reducido. Se habían visto en algún museo, en algún evento, cuando empezaron a coincidir también en la pista de baile. La escena techno tampoco es tan grande, así que a fuerza de verse se hicieron amigas. Y pensaron en hacer un proyecto juntas. «Nunca nos imaginamos que estas dos vidas, la del arte y la del techno, fueran a coincidir», explicaba Carolina en el acto de presentación de su exposición conjunta. «Y menos en una institución como La Casa Encendida».

You Got To Get In To Get Out. El continuo sonoro que nunca se acaba tiene un nombre rebuscado. Pero las sensaciones que recrea las puede entender cualquiera que haya estado en una discoteca alguna vez en su vida. «No queríamos fotografías. No queríamos representar la pista de baile. No queríamos reproducir algo que es eminentemente experiencial», señalaba Carolina. You Got To Get In To Get Out quiere que sientas lo que podrías sentir colocado, bailongo y eufórico en una discoteca de Berlín. Pero sin salir de las cuatro paredes de La Casa Encendida, de Madrid. 

Así Nightlife, la instalación de videoarte que da la bienvenida al espectador, no le atosiga con datos ni imágenes. Vídeos en tres dimensiones y una envolvente canción (Blackman’s Word de Alton Ellis en versión dub) lo introducen en un estado amniótico y narcotizado en el que los machacones ritmos 4×4 y la belleza de las imágenes lisérgicas le van meciendo. «Creemos que es una buena forma de empezar a ver la exposición porque te pone en el mood», señala Sonia. 

La exposición se compone de siete piezas, tres de ellas de nueva producción, a cargo de los artistas John Akomfrah, Sergi Botella, Lucía C. Pino, Tony Cokes, Lou Drago, Cyprien Gaillard, Paula García-Masedo, Frédéric Gies, Rubén Grilo, Ania Nowak, Michele Rizzo y Alona Rodeh. Es solo una muestra de un proyecto multidisciplinar, que se completa con un libro de ensayos, una serie de performances y talleres  y unos podcasts de carácter mensual.

You Got To Get In To Get Out reflexiona sobre cómo nos hace sentir el baile. Y se fraguó, irónicamente, cuando nos prohibieron el baile. «Creo que la pandemia le ha dado una capa más, de alguna forma», señala Sonia. «Todo se paró, las discotecas se cerraron. Fue una reflexión interesante, hemos pensado la exposición desde ese lugar».  

Reivindicar el baile en el techno era una forma también de echar luz sobre las tinieblas. Las comisarias querían contar el techno lejos del relato canónico, fuera de los focos de la cabina del DJ. «Queríamos reivindicar también ese lugar más invisibilizado que es la pista de baile. Queríamos hablar de los cuerpos que nunca aparecen en las historiografías del techno», señala Sonia. Creen que es interesante porque la música permanece, pero la escena se marchita. Ha pasado con otros géneros menos resilientes que el techno, con estilos que tuvieron su auge y murieron. «Es que el caso del techno es raro, ha sabido adaptarse y permear en la sociedad, sigue muy vivo», explica Sonia. Por eso es interesante registrarlo, para que cuando desaparezca no solo quede la música. Para que las generaciones futuras puedan imaginar o recrear algo tan intangible como la escena.

«Es que las historias del baile prescinden del baile», añade Carolina.  «El cuerpo es fundamental, pero nunca está enunciado. Falta trazar cómo se ha ido bailando, los movimientos que nacieron en los clubs de Berlín o de Bélgica, porque dependiendo de si eres de un sitio o de otro bailas de una u otra forma. Y eso es importante. No producimos música pero producimos escena». You Got To Get In To Get Out reconstruye esa escena. Y lo hace en un lugar tan impensable como un museo. Es el resultado de un trabajo colectivo realizado durante más de dos años. Ahora que podemos volver a bailar, es más que recomendable adentrarse en este trabajo, y analizar cómo nos hace sentir ese baile.

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Sonia Fernández Pan y Carolina Jiménez se conocían por trabajo. Ambas son comisarias y el mundo del arte contemporáneo es reducido. Se habían visto en algún museo, en algún evento, cuando empezaron a coincidir también en la pista de baile. La escena techno tampoco es tan grande, así que a fuerza de verse se hicieron amigas. Y pensaron en hacer un proyecto juntas. «Nunca nos imaginamos que estas dos vidas, la del arte y la del techno, fueran a coincidir», explicaba Carolina en el acto de presentación de su exposición conjunta. «Y menos en una institución como La Casa Encendida».

You Got To Get In To Get Out. El continuo sonoro que nunca se acaba tiene un nombre rebuscado. Pero las sensaciones que recrea las puede entender cualquiera que haya estado en una discoteca alguna vez en su vida. «No queríamos fotografías. No queríamos representar la pista de baile. No queríamos reproducir algo que es eminentemente experiencial», señalaba Carolina. You Got To Get In To Get Out quiere que sientas lo que podrías sentir colocado, bailongo y eufórico en una discoteca de Berlín. Pero sin salir de las cuatro paredes de La Casa Encendida, de Madrid. 

Así Nightlife, la instalación de videoarte que da la bienvenida al espectador, no le atosiga con datos ni imágenes. Vídeos en tres dimensiones y una envolvente canción (Blackman’s Word de Alton Ellis en versión dub) lo introducen en un estado amniótico y narcotizado en el que los machacones ritmos 4×4 y la belleza de las imágenes lisérgicas le van meciendo. «Creemos que es una buena forma de empezar a ver la exposición porque te pone en el mood», señala Sonia. 

La exposición se compone de siete piezas, tres de ellas de nueva producción, a cargo de los artistas John Akomfrah, Sergi Botella, Lucía C. Pino, Tony Cokes, Lou Drago, Cyprien Gaillard, Paula García-Masedo, Frédéric Gies, Rubén Grilo, Ania Nowak, Michele Rizzo y Alona Rodeh. Es solo una muestra de un proyecto multidisciplinar, que se completa con un libro de ensayos, una serie de performances y talleres  y unos podcasts de carácter mensual.

You Got To Get In To Get Out reflexiona sobre cómo nos hace sentir el baile. Y se fraguó, irónicamente, cuando nos prohibieron el baile. «Creo que la pandemia le ha dado una capa más, de alguna forma», señala Sonia. «Todo se paró, las discotecas se cerraron. Fue una reflexión interesante, hemos pensado la exposición desde ese lugar».  

Reivindicar el baile en el techno era una forma también de echar luz sobre las tinieblas. Las comisarias querían contar el techno lejos del relato canónico, fuera de los focos de la cabina del DJ. «Queríamos reivindicar también ese lugar más invisibilizado que es la pista de baile. Queríamos hablar de los cuerpos que nunca aparecen en las historiografías del techno», señala Sonia. Creen que es interesante porque la música permanece, pero la escena se marchita. Ha pasado con otros géneros menos resilientes que el techno, con estilos que tuvieron su auge y murieron. «Es que el caso del techno es raro, ha sabido adaptarse y permear en la sociedad, sigue muy vivo», explica Sonia. Por eso es interesante registrarlo, para que cuando desaparezca no solo quede la música. Para que las generaciones futuras puedan imaginar o recrear algo tan intangible como la escena.

«Es que las historias del baile prescinden del baile», añade Carolina.  «El cuerpo es fundamental, pero nunca está enunciado. Falta trazar cómo se ha ido bailando, los movimientos que nacieron en los clubs de Berlín o de Bélgica, porque dependiendo de si eres de un sitio o de otro bailas de una u otra forma. Y eso es importante. No producimos música pero producimos escena». You Got To Get In To Get Out reconstruye esa escena. Y lo hace en un lugar tan impensable como un museo. Es el resultado de un trabajo colectivo realizado durante más de dos años. Ahora que podemos volver a bailar, es más que recomendable adentrarse en este trabajo, y analizar cómo nos hace sentir ese baile.

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