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8 de marzo 2019    /   ENTRETENIMIENTO
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El origen de los dichos: Pasar una noche toledana

8 de marzo 2019    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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Si tienes hijos, sabes de sobra lo que es pasar una de estas noches: en vela, sin pegar ojo y preguntándote desesperada por qué puñeta no te ligaste las trompas cuando tuviste ocasión.

Nos dice el diccionario que una noche toledana es aquella «que se pasa sin conciliar el sueño». No es solo no poder dormir, que ya es mala leche, sino un cúmulo de circunstancias que se confabulan en contra de tu descanso. Las razones, muchas: un vecino marchoso que ha invitado a todo el barrio a su piso para bailar cumbia; un bebé llorón; o un marrón tamaño XXL que te ronda sin tregua el coco y te llena de pura desazón.

Qué día el de aquella noche

Cuenta la historia y magnifica la leyenda que el origen de esta expresión está en una matanza acaecida en Toledo en los tiempos de la ocupación musulmana de la península Ibérica. Es la conocida como Jornada del Foso de Toledo, y aquí viene lo bueno para los amantes de lo truculento.

Se dice que hacia el año 806 d.C. (en versión de José María Iribarren) o el 795 d.C. (según Levi Provençal) y 175 de la hégira, el gobernador Amrús-al Lleridi hizo acudir a su palacio a cientos de nobles toledanos con el inocente pretexto de celebrar una fiesta de concordia.

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Años antes, su hijo y anterior gobernador había muerto en una revuelta llevada a cabo por los nobles de Toledo, y Amrús quiso vengarle. La excusa fue celebrar con todos ellos la llegada del hijo del califa, el futuro Abd al-Rahman II, preparando un fiestón de esos a los que no puedes decir que no. Y al muy animal no se le ocurrió otra cosa que ir decapitándolos según iban apareciendo por la puerta, arrojando los cadáveres a un foso y exponiendo las cabezas de los ajusticiados en público para atemorizar y avisar a la población, que andaba un poco revuelta.

Ya el propio Iribarren tilda esta historia de «carente de fundamento». Y no es el único: el filólogo Álvaro Galmés de Fuentes, que para satisfacer vuestra curiosidad –y la mía– os diré que es sobrino nieto de Menéndez Pidal, pensaba que estas historias tenían su base en otra leyenda preislámica que hablaba de los engaños del rey de Persia para acabar con la tribu de los Tamim, tal y como cuenta Enrique Sánchez Lubián en un artículo para el ABC titulado Orígenes literarios de la noche toledana.

Y aunque los datos de la matanza estén documentados en crónicas toledanas de los siglos XVI y XVII, «relatos similares a la Jornada del Foso se repiten en episodios como la Campana de Huesca o la muerte de los Abencerrajes, ubicados en la ciudad aragonesa y Granada, respectivamente».

Una explicación alternativa

Si lo contado hasta ahora no es real, habrá que buscar otra explicación. Correas, en su Vocabulario de refranes (siglo XVII), cuenta que el dicho proviene de la creencia que tenían las mozas toledanas de que, en la noche de San Juan, se casarían con el hombre cuyo nombre fuera el primero que escucharan a partir de las doce de la noche.

Así que las crédulas muchachas se pasaban la noche en vela con el oído atento a lo que pudiera sonar. En palabras de Correas, «lo hacían las mozas necias, y de allí salió decir noche toledana por mala noche, por el desvelo que pasaban».

Sin embargo, en opinión de Iribarren, el único que acierta realmente con el origen de la expresión no es otro que Sebastián de Covarrubias, ya que, al ser toledano, «hombre erudito y amigo de buscar el origen de frases y proverbios, sabía de esto más que nadie». En su Tesoro de la lengua castellana, escribe Covarrubias: «Noche toledana, la que se pasa de claro en claro, sin dormir, porque los mosquitos persiguen a los forasteros, que no están prevenidos de remedios como los demás».

Así de simple. Así de soso. Ni maternidades complicadas, ni moros decapitadores ni mozas con ganas de pillar. Mosquitos. ¡Qué poca imaginación!

Si tienes hijos, sabes de sobra lo que es pasar una de estas noches: en vela, sin pegar ojo y preguntándote desesperada por qué puñeta no te ligaste las trompas cuando tuviste ocasión.

Nos dice el diccionario que una noche toledana es aquella «que se pasa sin conciliar el sueño». No es solo no poder dormir, que ya es mala leche, sino un cúmulo de circunstancias que se confabulan en contra de tu descanso. Las razones, muchas: un vecino marchoso que ha invitado a todo el barrio a su piso para bailar cumbia; un bebé llorón; o un marrón tamaño XXL que te ronda sin tregua el coco y te llena de pura desazón.

Qué día el de aquella noche

Cuenta la historia y magnifica la leyenda que el origen de esta expresión está en una matanza acaecida en Toledo en los tiempos de la ocupación musulmana de la península Ibérica. Es la conocida como Jornada del Foso de Toledo, y aquí viene lo bueno para los amantes de lo truculento.

Se dice que hacia el año 806 d.C. (en versión de José María Iribarren) o el 795 d.C. (según Levi Provençal) y 175 de la hégira, el gobernador Amrús-al Lleridi hizo acudir a su palacio a cientos de nobles toledanos con el inocente pretexto de celebrar una fiesta de concordia.

Años antes, su hijo y anterior gobernador había muerto en una revuelta llevada a cabo por los nobles de Toledo, y Amrús quiso vengarle. La excusa fue celebrar con todos ellos la llegada del hijo del califa, el futuro Abd al-Rahman II, preparando un fiestón de esos a los que no puedes decir que no. Y al muy animal no se le ocurrió otra cosa que ir decapitándolos según iban apareciendo por la puerta, arrojando los cadáveres a un foso y exponiendo las cabezas de los ajusticiados en público para atemorizar y avisar a la población, que andaba un poco revuelta.

Ya el propio Iribarren tilda esta historia de «carente de fundamento». Y no es el único: el filólogo Álvaro Galmés de Fuentes, que para satisfacer vuestra curiosidad –y la mía– os diré que es sobrino nieto de Menéndez Pidal, pensaba que estas historias tenían su base en otra leyenda preislámica que hablaba de los engaños del rey de Persia para acabar con la tribu de los Tamim, tal y como cuenta Enrique Sánchez Lubián en un artículo para el ABC titulado Orígenes literarios de la noche toledana.

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Y aunque los datos de la matanza estén documentados en crónicas toledanas de los siglos XVI y XVII, «relatos similares a la Jornada del Foso se repiten en episodios como la Campana de Huesca o la muerte de los Abencerrajes, ubicados en la ciudad aragonesa y Granada, respectivamente».

Una explicación alternativa

Si lo contado hasta ahora no es real, habrá que buscar otra explicación. Correas, en su Vocabulario de refranes (siglo XVII), cuenta que el dicho proviene de la creencia que tenían las mozas toledanas de que, en la noche de San Juan, se casarían con el hombre cuyo nombre fuera el primero que escucharan a partir de las doce de la noche.

Así que las crédulas muchachas se pasaban la noche en vela con el oído atento a lo que pudiera sonar. En palabras de Correas, «lo hacían las mozas necias, y de allí salió decir noche toledana por mala noche, por el desvelo que pasaban».

Sin embargo, en opinión de Iribarren, el único que acierta realmente con el origen de la expresión no es otro que Sebastián de Covarrubias, ya que, al ser toledano, «hombre erudito y amigo de buscar el origen de frases y proverbios, sabía de esto más que nadie». En su Tesoro de la lengua castellana, escribe Covarrubias: «Noche toledana, la que se pasa de claro en claro, sin dormir, porque los mosquitos persiguen a los forasteros, que no están prevenidos de remedios como los demás».

Así de simple. Así de soso. Ni maternidades complicadas, ni moros decapitadores ni mozas con ganas de pillar. Mosquitos. ¡Qué poca imaginación!

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