10 de octubre 2017    /   CREATIVIDAD
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¿Nos vestiremos con algas en el futuro?

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Mientras el cambio climático se hace más visible en el día a día, la lista de implicaciones que conlleva no hace sino crecer. La industria de la moda, una de las más contaminantes del planeta, está bien presente en la conversación y, si bien los fabricantes de productos textiles están todavía lejos de cambiar su manera de generar beneficio, la era de los tejidos sintéticos extraídos de derivados del petróleo podría estar cada vez más cerca de quedarse anticuada.

Así al menos lo entienden quienes trabajan en los laboratorios, en la fase previa a la creación de cualquier prenda, y montones de pequeñas compañías innovadoras cuya misión, más allá de la estética de una línea de vestimenta pasajera, buscan sostenibilidad a la hora de vestir a los individuos del mañana.

«La biología es el futuro de la moda», anuncia en grandes letras la web de Algiknit, el grupo de investigación del New York Fashion Institute of Technology (FIT), que acaba de ser galardonado con el premio Chasing Genius de National Geographic, en la categoría Planeta Sostenible. El reto busca innovadores para compartir sus ideas sobre cómo resolver algunos de los problemas más críticos de nuestro tiempo, como erradicar el hambre mundial o mejorar la salud del planeta. Algiknit fue seleccionado entre 2.800 participantes y recibió un premio de 25.000 dolares.

El galardón le queda como un guante a este equipo, premiado por desarrollar un prototipo de biomaterial con el que sustituir tejidos artificiales como el poliéster, cuya creación, como la de otros similares, contamina el planeta con toneladas de microplásticos que terminan en los océanos cada año.

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La aventura que iniciaron como estudiantes Tessa Callaghan, Aleksandra Gosiewski y Aaron Nesser, junto a los profesores Asta Skocir y Theanne Schiros, arrancó en 2016 con su participación en el Biodesign Challenge del propio FIT. Cada uno de los miembros del equipo puso sobre la mesa sus puntos fuertes: física, química, sostenibilidad, diseño industrial e incluso el gusto y la habilidad de tejer. De la colaboración entre científicos y diseñadores, con una iniciativa inspirada en la naturaleza, la justicia social y que respetase los límites para la buena salud del planeta, nació Algiknit.

«Empezamos trabajando con una serie de biopolímeros como quitina, celulosa microbiana y Agar (una sustancia gelatinosa de origen marino) para entender cómo se comportaban en distintas condiciones», explica Aaron Nesser, el experto en diseño industrial del equipo. «Pasamos bastante tiempo creando distintos tipos de películas de biopolímeros, pero nos dimos cuenta de que no se comportaban bien como tejido. Necesitábamos un nuevo enfoque».

Nesser añade cómo se dieron cuenta de que la mayoría de los tejidos están hechos de una fibra que está tejida o cosida, así que cambiaron el objetivo de su investigación, dejaron de centrarse en crear una película para pasar a crear hilo. De ahí al hilo de alginato de sodio, derivado del alga parda, que es el que finalmente se ha convertido en su producto.

El resultado, biohilo de Algiknit, es un material completamente biodegradable y más fuerte que el algodón o la lana, con unas propiedades similares al nailon en cuanto a su fuerza. Al final de la vida útil del producto, Algiknit se descompone en hongos que pueden proveer nutrientes para la próxima generación de materiales, con lo que se consigue un ciclo de vida cerrado completo.

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«Algunas de nuestras primeras versiones tenía una apariencia translúcida parecía al plástico. Pero desde entonces hemos desarrollado distintas variantes en el tamaño y la composición del hilo. Una de las más finas que hemos creado tiene un lustre suave precioso. Es la que hemos utilizado para tejer nuestro primer top completamente biodegradable. Todo su material es natural, así que incluso aunque tiene el look y las propiedades de una fibra de tipo poliéster, es un material que respira», explica la profesora Asta Skocir.

Los bosques de algas pardas son uno de los organismos con una regeneración más rápida del planeta y además pueden procesar las aguas negras procedentes de la agricultura que, de otra manera, terminan en zonas acuáticas muertas. Funcionan como sumideros de carbono, lo cual proporciona una amortiguación fundamental ante los efectos del cambio climático.

Desde Algiknit quieren apostar por un tipo de economía circular que no produzca deshechos ni contaminación en ningún momento del proceso. «Hemos testado varios pigmentos naturales y descubrimos que los biomateriales que usamos absorben el pigmento natural muy rápido, con lo que se evitan las grandes cantidades de agua y toxicidad necesarias en los procesos de teñido de sintéticos».

colores

La industria de la moda todavía no ha dado el gran salto, pero desde Algiknit afirman que antes incluso de ganar el Chasing Genius Award, recibieron interés de artistas y fabricantes textiles por trabajar con biomateriales en un entorno sostenible. «Como la segunda industria mas contaminante del planeta, el negocio de la moda ha sido lento poniéndose al día para ser más sostenible. Pero los fabricantes ya ven la necesidad de hacerlo porque son sus clientes quienes empiezan a reclamar un material más ecológico en sus productos finales», argumenta Skocir.

Aún es pronto para saber cuál sería el precio de una prenda hecha de Algiknit. Sus creadores siguen trabajando en su desarrollo y el próximo paso es conseguir una elasticidad suficiente para tejerlo a nivel industrial. De ahí pasarán a crear la maquinaria para producir el biohilo a pequeña escala. Las puntadas para cambiar la manera en que nos vestiremos de aquí a unos años se dan con cuidado, pero sin pausa.

Mientras el cambio climático se hace más visible en el día a día, la lista de implicaciones que conlleva no hace sino crecer. La industria de la moda, una de las más contaminantes del planeta, está bien presente en la conversación y, si bien los fabricantes de productos textiles están todavía lejos de cambiar su manera de generar beneficio, la era de los tejidos sintéticos extraídos de derivados del petróleo podría estar cada vez más cerca de quedarse anticuada.

Así al menos lo entienden quienes trabajan en los laboratorios, en la fase previa a la creación de cualquier prenda, y montones de pequeñas compañías innovadoras cuya misión, más allá de la estética de una línea de vestimenta pasajera, buscan sostenibilidad a la hora de vestir a los individuos del mañana.

«La biología es el futuro de la moda», anuncia en grandes letras la web de Algiknit, el grupo de investigación del New York Fashion Institute of Technology (FIT), que acaba de ser galardonado con el premio Chasing Genius de National Geographic, en la categoría Planeta Sostenible. El reto busca innovadores para compartir sus ideas sobre cómo resolver algunos de los problemas más críticos de nuestro tiempo, como erradicar el hambre mundial o mejorar la salud del planeta. Algiknit fue seleccionado entre 2.800 participantes y recibió un premio de 25.000 dolares.

El galardón le queda como un guante a este equipo, premiado por desarrollar un prototipo de biomaterial con el que sustituir tejidos artificiales como el poliéster, cuya creación, como la de otros similares, contamina el planeta con toneladas de microplásticos que terminan en los océanos cada año.

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La aventura que iniciaron como estudiantes Tessa Callaghan, Aleksandra Gosiewski y Aaron Nesser, junto a los profesores Asta Skocir y Theanne Schiros, arrancó en 2016 con su participación en el Biodesign Challenge del propio FIT. Cada uno de los miembros del equipo puso sobre la mesa sus puntos fuertes: física, química, sostenibilidad, diseño industrial e incluso el gusto y la habilidad de tejer. De la colaboración entre científicos y diseñadores, con una iniciativa inspirada en la naturaleza, la justicia social y que respetase los límites para la buena salud del planeta, nació Algiknit.

«Empezamos trabajando con una serie de biopolímeros como quitina, celulosa microbiana y Agar (una sustancia gelatinosa de origen marino) para entender cómo se comportaban en distintas condiciones», explica Aaron Nesser, el experto en diseño industrial del equipo. «Pasamos bastante tiempo creando distintos tipos de películas de biopolímeros, pero nos dimos cuenta de que no se comportaban bien como tejido. Necesitábamos un nuevo enfoque».

Nesser añade cómo se dieron cuenta de que la mayoría de los tejidos están hechos de una fibra que está tejida o cosida, así que cambiaron el objetivo de su investigación, dejaron de centrarse en crear una película para pasar a crear hilo. De ahí al hilo de alginato de sodio, derivado del alga parda, que es el que finalmente se ha convertido en su producto.

El resultado, biohilo de Algiknit, es un material completamente biodegradable y más fuerte que el algodón o la lana, con unas propiedades similares al nailon en cuanto a su fuerza. Al final de la vida útil del producto, Algiknit se descompone en hongos que pueden proveer nutrientes para la próxima generación de materiales, con lo que se consigue un ciclo de vida cerrado completo.

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«Algunas de nuestras primeras versiones tenía una apariencia translúcida parecía al plástico. Pero desde entonces hemos desarrollado distintas variantes en el tamaño y la composición del hilo. Una de las más finas que hemos creado tiene un lustre suave precioso. Es la que hemos utilizado para tejer nuestro primer top completamente biodegradable. Todo su material es natural, así que incluso aunque tiene el look y las propiedades de una fibra de tipo poliéster, es un material que respira», explica la profesora Asta Skocir.

Los bosques de algas pardas son uno de los organismos con una regeneración más rápida del planeta y además pueden procesar las aguas negras procedentes de la agricultura que, de otra manera, terminan en zonas acuáticas muertas. Funcionan como sumideros de carbono, lo cual proporciona una amortiguación fundamental ante los efectos del cambio climático.

Desde Algiknit quieren apostar por un tipo de economía circular que no produzca deshechos ni contaminación en ningún momento del proceso. «Hemos testado varios pigmentos naturales y descubrimos que los biomateriales que usamos absorben el pigmento natural muy rápido, con lo que se evitan las grandes cantidades de agua y toxicidad necesarias en los procesos de teñido de sintéticos».

colores

La industria de la moda todavía no ha dado el gran salto, pero desde Algiknit afirman que antes incluso de ganar el Chasing Genius Award, recibieron interés de artistas y fabricantes textiles por trabajar con biomateriales en un entorno sostenible. «Como la segunda industria mas contaminante del planeta, el negocio de la moda ha sido lento poniéndose al día para ser más sostenible. Pero los fabricantes ya ven la necesidad de hacerlo porque son sus clientes quienes empiezan a reclamar un material más ecológico en sus productos finales», argumenta Skocir.

Aún es pronto para saber cuál sería el precio de una prenda hecha de Algiknit. Sus creadores siguen trabajando en su desarrollo y el próximo paso es conseguir una elasticidad suficiente para tejerlo a nivel industrial. De ahí pasarán a crear la maquinaria para producir el biohilo a pequeña escala. Las puntadas para cambiar la manera en que nos vestiremos de aquí a unos años se dan con cuidado, pero sin pausa.

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