22 de octubre 2014    /   IDEAS
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El sentimiento de pertenencia en las empresas

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—¿Tarjeta de puntos? —dice el gasolinero.
—No —respondo.
—Pues conviene tenerla —dice con una sonrisa. Prosigue moviendo las manos como un profesor—. Hemos hecho un acuerdo con el banco (…) y los supermercados (…) para que los que tengan la tarjeta, tengan descuentos en muchos sitios.
EL GASOLINERO Y LOS EJECUTIVOS
Mientras echo la gasolina (el gasolinero, tras una mampara) pienso: «Hemos hecho un acuerdo». Imagino al gasolinero con su uniforme azul a la mesa de los acuerdos de la tarjeta de puntos.
—Tenemos chipi, choco, ortiguillas… —dicen los camareros, pero este uso del plural no me extraña. Será porque me he criado en un bar.
Comento la anécdota del gasolinero a familiares, amigos y conocidos.
EL «NOSOTROS» EN LAS EMPRESAS GRANDES
«Si la empresa es pequeña, es fácil que el trabajador la asimile como propia», dice Ernesto H., que ha pasado por varias empresas. «Si la empresa es grande, hablará en plural con los clientes, pero fuera hablará de en tercera persona, y seguramente mal».
Ernesto habla de cuando fue teleoperador de una compañía telefónica: usaba el nombre de la empresa en todo momento. «La compañía era como un ente superior, como un dios», dice Ernesto.
Ernesto también habla de su trabajo en una compañía de seguros: «Allí se hablaba en primera persona del plural».
Para mostrar cercanía al cliente, pienso.
«Como si la empresa les perteneciera», remata Ernesto.
¿El síndrome de «heredero de la empresa»?
EL «NOSOTROS» EN LAS EMPRESAS PEQUEÑAS

Ernesto acaba hablando de su trabajo en una tienda de ropa militar con dos o tres empleados: «Usábamos el plural con el cliente. Hablábamos como si nosotros fuéramos no la empresa, sino la propia tienda».
Pienso que en casos como la tienda mencionada, los trabajadores usan el «nosotros» por camaradería. El «nosotros» no significa: «Nosotros, la empresa». Significa: «Nosotros, los que arrimamos el hombro aquí, en este lugar».
El «nosotros» puede surgir entre empleados y jefes de pequeños negocios y pequeñas empresas. Claudia L., profesora de danza, es un ejemplo: «Digo “estamos haciendo esto” o “estamos preparando lo otro”. Lo hago porque me gusta cómo suena: me hace sentir parte del sitio».
EL «NOSOTROS» Y EL COMPROMISO CON EL TRABAJO

Otras personas consideran que el «nosotros» llega con el compromiso con el trabajo. C. R., compradora de una empresa de energía eléctrica de tamaño medio, dice: «Es indispensable pensar que lo que haces impacta en el resultado final. Es para sentirse orgullosa y tomar el trabajo como importante y gratificante».
Por otro lado, ¿qué ocurre si el trabajador es eficiente, está mal remunerado y no ve cómo impacta en el resultado final?
NO HAY UN «NOSOTROS» EN EL DEPARTAMENTO DE QUEJAS

«Estoy harta de escuchar: “Sois unos ladrones”», dice P.M., administrativa en un servicio público. «Recojo papeles, tramito quejas, pero no decido nada y recibo insultos». P.M. no siente que forma parte de la empresa y evita el uso del plural corporativo. «En lugar de “nosotros”, digo (la empresa): son normas de (…), son los requisitos de (…) Si uso el plural, es por error».
Es extraño el plural corporativo entre los empleados de los departamentos de reclamaciones. Estos trabajadores usan el lenguaje para apartarse de la empresa y defenderse del airado cliente.
«En las empresas donde los trabajadores no tienen entidad humana, no tiene sentido hablar como si fuéramos uno», dice P.M., la administrativa.
Javier P., informático, relata una anécdota: «Una conocida empresa obligaba a sus trabajadores a llevar chaqueta y corbata hasta llegar a casa. En Sevilla, en agosto, con cuarenta a la sombra. No vaya a ser que te cruces con un cliente y se pierda la magia. Seguro que hubieran preferido hablar en plural desde la comodidad de la manga corta».
El «nosotros» espontáneo, sin imposición de «arriba», no es posible con jefes que cosifican a los empleados.

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—No —respondo.
—Pues conviene tenerla —dice con una sonrisa. Prosigue moviendo las manos como un profesor—. Hemos hecho un acuerdo con el banco (…) y los supermercados (…) para que los que tengan la tarjeta, tengan descuentos en muchos sitios.
EL GASOLINERO Y LOS EJECUTIVOS
Mientras echo la gasolina (el gasolinero, tras una mampara) pienso: «Hemos hecho un acuerdo». Imagino al gasolinero con su uniforme azul a la mesa de los acuerdos de la tarjeta de puntos.
—Tenemos chipi, choco, ortiguillas… —dicen los camareros, pero este uso del plural no me extraña. Será porque me he criado en un bar.
Comento la anécdota del gasolinero a familiares, amigos y conocidos.
EL «NOSOTROS» EN LAS EMPRESAS GRANDES
«Si la empresa es pequeña, es fácil que el trabajador la asimile como propia», dice Ernesto H., que ha pasado por varias empresas. «Si la empresa es grande, hablará en plural con los clientes, pero fuera hablará de en tercera persona, y seguramente mal».
Ernesto habla de cuando fue teleoperador de una compañía telefónica: usaba el nombre de la empresa en todo momento. «La compañía era como un ente superior, como un dios», dice Ernesto.
Ernesto también habla de su trabajo en una compañía de seguros: «Allí se hablaba en primera persona del plural».
Para mostrar cercanía al cliente, pienso.
«Como si la empresa les perteneciera», remata Ernesto.
¿El síndrome de «heredero de la empresa»?
EL «NOSOTROS» EN LAS EMPRESAS PEQUEÑAS

Ernesto acaba hablando de su trabajo en una tienda de ropa militar con dos o tres empleados: «Usábamos el plural con el cliente. Hablábamos como si nosotros fuéramos no la empresa, sino la propia tienda».
Pienso que en casos como la tienda mencionada, los trabajadores usan el «nosotros» por camaradería. El «nosotros» no significa: «Nosotros, la empresa». Significa: «Nosotros, los que arrimamos el hombro aquí, en este lugar».
El «nosotros» puede surgir entre empleados y jefes de pequeños negocios y pequeñas empresas. Claudia L., profesora de danza, es un ejemplo: «Digo “estamos haciendo esto” o “estamos preparando lo otro”. Lo hago porque me gusta cómo suena: me hace sentir parte del sitio».
EL «NOSOTROS» Y EL COMPROMISO CON EL TRABAJO

Otras personas consideran que el «nosotros» llega con el compromiso con el trabajo. C. R., compradora de una empresa de energía eléctrica de tamaño medio, dice: «Es indispensable pensar que lo que haces impacta en el resultado final. Es para sentirse orgullosa y tomar el trabajo como importante y gratificante».
Por otro lado, ¿qué ocurre si el trabajador es eficiente, está mal remunerado y no ve cómo impacta en el resultado final?
NO HAY UN «NOSOTROS» EN EL DEPARTAMENTO DE QUEJAS

«Estoy harta de escuchar: “Sois unos ladrones”», dice P.M., administrativa en un servicio público. «Recojo papeles, tramito quejas, pero no decido nada y recibo insultos». P.M. no siente que forma parte de la empresa y evita el uso del plural corporativo. «En lugar de “nosotros”, digo (la empresa): son normas de (…), son los requisitos de (…) Si uso el plural, es por error».
Es extraño el plural corporativo entre los empleados de los departamentos de reclamaciones. Estos trabajadores usan el lenguaje para apartarse de la empresa y defenderse del airado cliente.
«En las empresas donde los trabajadores no tienen entidad humana, no tiene sentido hablar como si fuéramos uno», dice P.M., la administrativa.
Javier P., informático, relata una anécdota: «Una conocida empresa obligaba a sus trabajadores a llevar chaqueta y corbata hasta llegar a casa. En Sevilla, en agosto, con cuarenta a la sombra. No vaya a ser que te cruces con un cliente y se pierda la magia. Seguro que hubieran preferido hablar en plural desde la comodidad de la manga corta».
El «nosotros» espontáneo, sin imposición de «arriba», no es posible con jefes que cosifican a los empleados.

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