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27 de enero 2012    /   CREATIVIDAD
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«Nuestro modelo urbanístico es del pleistoceno»

27 de enero 2012    /   CREATIVIDAD     por          
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Señores y señoras, nuestro modelo urbanístico es del pleistoceno. «Nunca se ha apoyado en la innovación. Es como si IBM se hubiera quedado en sus macroordenadores de los 60. «¿Cómo puede ser que se construya con una mentalidad de los años 40 y, sin embargo, un ordenador de los 80 está en un museo?», se preguntó José María Ezquiaga, en ¿Recuperar los viejos espacios o construir otros nuevos?, un coloquio sobre urbanismo celebrado anoche en La Casa Encendida.

No es nada nuevo decir que se perdió el norte durante la última década pero ¿realmente se están creando las condiciones para encontrar alternativas?

El nutrido grupo de profesionales que participaron en el encuentro tenían claro que, a pesar de la herencia de un sistema caduco, existen otras vías que se pueden implementar. No requiere edificar nuevos solares ni construir grandes edificios. Es mucho más sencillo que eso. Supone mejorar y rehabilitar los barrios que ya existen.

«Hemos sido una sociedad tan acelerada que nos hemos olvidado de que las ciudades se tienen que hacer lentamente. Hay que ir en contra del acto de la inauguración que tanto daño ha hecho. Se da por sentado que en ese momento el trabajo ha acabado cuando en realidad acaba de empezar», defendió Luis Moya.

El urbanista es un gran defensor del desarrollo del prueba y error, de las cosas pequeñas, de solucionar los problemas cotidianas. «Los barrios no se deben acabar nunca. Se deben estar haciendo continuamente. Más vale hacer trocitos e ir probando y si nos equivocamos, volver atrás y corregir. Hay que defender lo ordinario versus lo extraordinario», añadió Moya.

La clave para realizarlo está precisamente en el concepto de rehabilitación y recuperación. Aquí es donde nos topamos con el primer problema propiciado por la inercia del sistema anterior creado para servir los intereses de los promotores en vez de los ciudadanos.

«La ley del suelo no está diseñada para rehabilitar. Fue creada para reclasificar y recalificar. Se hizo para sostener un modelo especulativo», explicó María Roces, activista urbana.

Como alternativa, Moya propuso un reglamento más sencillo con unas normas básicas que cedan el protagonismo a los habitantes de cada barrio. «Cada casa es un caso. Lo que necesitamos son unas normas básicas de sentido común y que la complejidad venga por usuario y por barrio. Para eso se necesitan técnicos municipales bien pagados que sepan interpretar, no ordenanzas con funcionarios que se limitan a poner aspas», defendió Moya.

Ante la ausencia de acción de las administraciones siempre se puede tomar cartas en el asunto, una opción que defendió Ezquiaga con vehemencia. «Como decía Kennedy, tenemos que dejar de preguntarnos qué puede hacer mi país por mí. Hay que pasar de reivindicar a remangarse y hacerlo».

El arquitecto se apoyó en el caso del Campo de Cebada, un solar que iba a ser destinado para un polideportivo que sigue vacío por falta de fondos, que fue tomado por los vecinos de La Latina y que finalmente obligó al Ayuntamiento a llegar a un acuerdo con ellos tras constatar su aprobación popular. «Un modelo en el cual no reinvidicas, sino que vas y lo haces».

«Todo el mundo pensaba que la nueva administración iba a acabar con la Tabacalera pero no lo han hecho porque es gratis y funciona», añadió.

Según Ezquiaga, este tipo de actuaciones son replicables y los emprendedores deberían tomar la iniciativa para ofrecer soluciones sostenibles. Se requieren nuevas empresas especializadas en la intervención urbana.

Roces matizó que todo esto está muy bien pero que no puede ser usado como pretexto por las administraciones para dejar a los barrios a su suerte. «Hay ciertas cosas que no se pueden hacer sin la involucración del estado como construir ambulatorios o arreglar aceras».

En una época en la que el énfasis está en la eficiencia económica, todos coincidieron en que buscar nuevas construcciones es un disparate en un país donde hay millones de viviendas vacías. «Si esas viviendas las pudiésemos alquilar con un precio medio razonable de 5,56 euros por metro cuadrado, se generarían 10.650 millones de euros para la economía, una tercera parte del recorte que se está pidiendo a España», según José María de la Riva.

Aun así, esto no significa ni mucho menos que los urbanistas presentes buscaran volver a convertir la construcción en el motor de la recuperación. Al contrario. «Para ser una economía seria tenemos que entender que la construcción no puede sobrepasar el 5% del PIB, como sucede en otros países», concluyó José Mariá de la Riva.

Foto: Flickr La Cebada, Tabacalera.

 

 

Señores y señoras, nuestro modelo urbanístico es del pleistoceno. «Nunca se ha apoyado en la innovación. Es como si IBM se hubiera quedado en sus macroordenadores de los 60. «¿Cómo puede ser que se construya con una mentalidad de los años 40 y, sin embargo, un ordenador de los 80 está en un museo?», se preguntó José María Ezquiaga, en ¿Recuperar los viejos espacios o construir otros nuevos?, un coloquio sobre urbanismo celebrado anoche en La Casa Encendida.

No es nada nuevo decir que se perdió el norte durante la última década pero ¿realmente se están creando las condiciones para encontrar alternativas?

El nutrido grupo de profesionales que participaron en el encuentro tenían claro que, a pesar de la herencia de un sistema caduco, existen otras vías que se pueden implementar. No requiere edificar nuevos solares ni construir grandes edificios. Es mucho más sencillo que eso. Supone mejorar y rehabilitar los barrios que ya existen.

«Hemos sido una sociedad tan acelerada que nos hemos olvidado de que las ciudades se tienen que hacer lentamente. Hay que ir en contra del acto de la inauguración que tanto daño ha hecho. Se da por sentado que en ese momento el trabajo ha acabado cuando en realidad acaba de empezar», defendió Luis Moya.

El urbanista es un gran defensor del desarrollo del prueba y error, de las cosas pequeñas, de solucionar los problemas cotidianas. «Los barrios no se deben acabar nunca. Se deben estar haciendo continuamente. Más vale hacer trocitos e ir probando y si nos equivocamos, volver atrás y corregir. Hay que defender lo ordinario versus lo extraordinario», añadió Moya.

La clave para realizarlo está precisamente en el concepto de rehabilitación y recuperación. Aquí es donde nos topamos con el primer problema propiciado por la inercia del sistema anterior creado para servir los intereses de los promotores en vez de los ciudadanos.

«La ley del suelo no está diseñada para rehabilitar. Fue creada para reclasificar y recalificar. Se hizo para sostener un modelo especulativo», explicó María Roces, activista urbana.

Como alternativa, Moya propuso un reglamento más sencillo con unas normas básicas que cedan el protagonismo a los habitantes de cada barrio. «Cada casa es un caso. Lo que necesitamos son unas normas básicas de sentido común y que la complejidad venga por usuario y por barrio. Para eso se necesitan técnicos municipales bien pagados que sepan interpretar, no ordenanzas con funcionarios que se limitan a poner aspas», defendió Moya.

Ante la ausencia de acción de las administraciones siempre se puede tomar cartas en el asunto, una opción que defendió Ezquiaga con vehemencia. «Como decía Kennedy, tenemos que dejar de preguntarnos qué puede hacer mi país por mí. Hay que pasar de reivindicar a remangarse y hacerlo».

El arquitecto se apoyó en el caso del Campo de Cebada, un solar que iba a ser destinado para un polideportivo que sigue vacío por falta de fondos, que fue tomado por los vecinos de La Latina y que finalmente obligó al Ayuntamiento a llegar a un acuerdo con ellos tras constatar su aprobación popular. «Un modelo en el cual no reinvidicas, sino que vas y lo haces».

«Todo el mundo pensaba que la nueva administración iba a acabar con la Tabacalera pero no lo han hecho porque es gratis y funciona», añadió.

Según Ezquiaga, este tipo de actuaciones son replicables y los emprendedores deberían tomar la iniciativa para ofrecer soluciones sostenibles. Se requieren nuevas empresas especializadas en la intervención urbana.

Roces matizó que todo esto está muy bien pero que no puede ser usado como pretexto por las administraciones para dejar a los barrios a su suerte. «Hay ciertas cosas que no se pueden hacer sin la involucración del estado como construir ambulatorios o arreglar aceras».

En una época en la que el énfasis está en la eficiencia económica, todos coincidieron en que buscar nuevas construcciones es un disparate en un país donde hay millones de viviendas vacías. «Si esas viviendas las pudiésemos alquilar con un precio medio razonable de 5,56 euros por metro cuadrado, se generarían 10.650 millones de euros para la economía, una tercera parte del recorte que se está pidiendo a España», según José María de la Riva.

Aun así, esto no significa ni mucho menos que los urbanistas presentes buscaran volver a convertir la construcción en el motor de la recuperación. Al contrario. «Para ser una economía seria tenemos que entender que la construcción no puede sobrepasar el 5% del PIB, como sucede en otros países», concluyó José Mariá de la Riva.

Foto: Flickr La Cebada, Tabacalera.

 

 

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Opiniones 5
  • ‎#SALVEM EL CABANYAL

    Esta mańana, aprovechando que el fin de semana he estado en Valencia dando clase, he aprovechado para visitar el Barrio del Cabanyal. Era la primera vez que estaba en Valencia, pero hará cosa de un año oí hablar sobre este barrio: un antiguo barrio pesquero, con casas de una o dos alturas adornadas con azulejos coloridos situado frente a la Playa de Valencia. El caso es que el Ayuntamiento plantea atravesar el barrio ampliando el paseo que va desde el centro de la ciudad para que así pueda llegar hasta la playa. Atravesar el barrio significa dividirlo en dos y derribar una buena parte del mismo para construir un paseo central con calzada a los dos lados y tapiar, literalmente, a las casas que queden colindando con el propio paseo. Una vez más, he sido testigo de hasta dónde puede llegar la estupidez humana. Me he encontrado con un barrio completamente abandonado a su suerte, de una manera calculada por parte de las instituciones (aunque es cierto que variaba en función de la zona). Han convertido al Cabanyal en un gueto, un barrio marginal con viviendas medio derruídas, algunas, y con problemas de accesibilidad y salubridad evidente, otras. Durante las casi tres horas que he paseado por sus calles, me he cruzado con lugareños, vecinos de otros barrios que iban por el carril-bici que atraviesa el barrio hasta la playa, turistas, marroquíes, sudamericanos, gitanos, rumanos o subsaharianos, y huelga decir que no he tenido ni el más mínimo problema. Hasta que una patrulla de la policía municipal se ha parado junto a mí (metros atrás, habían parado frente a una chica que estaba sentada en el bordillo). El diálogo ha sido más o menos así.

    Policía: Ten cuidado con ese móvil
    Yo, que estaba mirando el Google Maps en el teléfono, los percibo pasar por la calzada, pero ni levanto la vista. Entonces, el coche da marcha atrás hasta volver a mi posición.
    Policía: Do Youtube speak english?
    Yo: Sí, Pero si prefieres podemos hablar en castellano. Policía; ¿De dónde eres?
    Yo: De más al norte (por evitar problemas).
    Policía: Este barrio es peligroso.
    Yo: Pues la verdad es que hasta ahora me he sentido bastante seguro.
    Policía: Márchate de aquí. Vete al centro o a la Ciudad de las Artes y las ciencias.
    Yo: Ya estuve ayer, pero la verdad es que me gusta más esto
    Policía: ¿Que te gusta esto? ¿Por qué?
    Yo: Me parece más interesante y tiene más encanto. Sigo andando por la calle, el coche avanza y se vuelve a poner a m lado
    Policía: Deberías irte de aquí y dar gracias a los agentes.
    Yo: Muy bien, muchas gracias agentes y que tengan un buen día (por evitar polémicas).

    Resulta curioso comprobar cómo la Policía me acosa para que me vaya del barrio. Claro, es que, ¿Os imagináis que a los turistas les empieza a gusta el barrio? ¿Y que la gente que vive allí se organiza para montar bares, restaurantes y tiendas? ¿Y que es atrae más pequeño comercio? ¿Y que los vecinos encuentran trabajo? ¿Y que arreglan las casas y se quedan a vivir en el barrio? Entonces, ¡Rita Barberá no podría encargar la ampliación de su Paseo a algún constructor de la zona! Y no podrían derribar el barrio para construir Torres de 40 alturas frente al mar, ni centros comerciales, ni pisos de lujo. Vamos, que no podrían especular con el suelo (que dicho sea de paso, no les pertenece). Si esto es lo que hacen con los visitantes como yo, no quiero pensar cómo se comportarán con los vecinos.

    Ahora más que nunca, #salvemelcabanyal

  • Pingback: Felix Maocho
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